En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.
Tú, a quien amo en este momento
y siento más cercano que cualquier cosa.
—Eros Alesi
Padre: lo único cierto
es que tú no estás muerto.
—Nicolás Guillén
A mi familia,
y a todas aquellas personas que de alguna u otra manera
nos apoyaron y pidieron por la salud de mi padre.
Querido padre:
El viernes 26 de junio te internamos en el Hospital General Dr. Belisario Domínguez, del ISSSTE. Con miedo. Mi madre, mi hermana Caro y yo deseábamos hacer lo correcto. No supe en qué momento, ese poderoso cuerpo tuyo, con sus manos grandes, con sus morenos brazos, habría de necesitar un tanque de oxígeno.
El paramédico de la ambulancia te ayudó a bajar las escaleras de la casa. No pude tocarte. No pude ayudarte a bajar las escaleras. Me miraste, me dijiste algo que no recuerdo. Sé que lo intentaste todo para actuar como si nada, para que no sufriera al verte. Fuiste fuerte, papá, con tu mirada cabiéndome en los ojos, reconociéndome a medias, con tu grandeza frágil, con tu corazón aún conectado a la vida.
El paramédico me pidió acompañarte en la ambulancia. Le agradezco tanto. No sabes, cuánto le agradezco. Pude escucharte, respondiste todo: tu lugar y fecha de nacimiento, tu nombre completo, tus padecimientos que, si varios, estaban tratados, tu operación. Luego te acordaste de tu hija y de tu esposa. Y yo queriéndote agarrar la mano, sólo pude decirte: están bien. Ellas están bien. Entonces la ambulancia se detuvo y tu corazón y tu pecho empezaron a zumbar.
Esa fue la última vez que te vi, papá. Y ni siquiera pude ayudarte a bajar las escaleras. Porque los protocolos hospitalarios deben ser igual de fríos que sus propios pasillos. Tenían que aislarte y enviarnos notificaciones de tu estado de salud a través de un padrino, que en un principio fue mi primo Martín. Reconociste a mi amigo Manuel, y yo supuse, entonces, que no todo estaba mal, que había algo en ti que, todavía, te acercaba a la vida. Firmé los papeles, contesté las preguntas del médico con mi hermana Caro al teléfono, entendí la gravedad. Tuve miedo, pero sabía que estábamos haciendo lo correcto.
Ilustración: Kathia Recio

Ese amanecer me hice amigo de varios colaboradores de Trabajo Social, de algunos oficiales de la Guardia Nacional y de la seguridad en los filtros de entrada y de salida del hospital. Creía que si todo se acomodaba tendríamos más cercanía contigo, más posibilidades de cualquier cosa. Pensé que mi madre y Caro te recibirían nuevamente en casa. Así fueron las tres semanas siguientes. Durante catorce días tuve que vivir en una habitación para no contagiar a mi esposa y a mis hijos, de haberme infectado. Afortunadamente al primer momento de los resultados negativos, corrí a sus brazos.
Alma, Azucena, Sofía, Jennifer, Eneyda: ellas fueron tus enfermeras estas semanas. Pero también fueron nuestros ojos y nuestra voz, nuestro consuelo y nuestro abrazo. Una extensión de nuestro amor, papá. Una esperanza diaria, creciéndose tanto en tus pulmones como en los corazones de mi madre, mi hermana, mi esposa y mis hijos. Les agradezco tanto.
El 7 de julio cumplió años mamá. Recuerdo que hablamos por teléfono un día antes, y estabas preocupado por la fecha, por los diagnósticos y por tus nietos. Te respondí a todo en los pocos dos minutos que nos permitían. Y todavía tu voz tenía esa potencia, esa velocidad, la voluntad de Base Atenas —tu cuarto de radioaficionado. Se puede abrazar a través de las palabras. Recordé tus frases, tu sencillez, tu calidad de gente. A todos lados tu pasaporte fue siempre la sonrisa, la amabilidad de hacer todo por todos.
Esa tarde me llamaron para “recibir una información”. Una licenciada de Trabajo Social me acompañó al segundo piso del hospital, el área restringida. El doctor me atendió centímetros atrás de la línea que dividía la “zona infectada”: un halo de esperanza entre la vida y la muerte. A través de su voz acartonada, apenas audible, el doctor me preguntó: ¿qué es usted de Trejo Molina? Y te juro, papá, que yo quería decirle tantas cosas que sólo dije: su hijo. Y recibí la información como costales de cal, como piedras cayéndome. Esa tarde preferí guardarme esa constelación de rocas para mí y dejar que mamá cumpliera con sus años la esperanza de volvernos a encontrar.
Te fuiste un sábado por la mañana. El 18 de julio de 2020. Tu bendición desde una fotografía, donde sostienes un escapulario, nos ha llenado la esperanza de que existes en nosotros, con tus puertas abiertas, con tu llamita encendiéndose, con tus morenos brazos abrazándonos, todavía. Nos volveremos a encontrar.
Te amo, papá.
Fernando Trejo
29 de julio, 2020
Natalia Trigo
28 de julio, 2020
Paulina Chavira
27 de julio, 2020
Rodrigo Salido Moulinié
25 de julio, 2020
Santiago Hernández Zarauz
24 de julio, 2020
Pablo Tortolero
23 de julio, 2020
Saúl López Noriega
22 de julio, 2020
Santiago Ruy Sánchez
21 de julio, 2020
Vicente Quirarte
20 de julio, 2020
Adriana Malvido
19 de julio, 2020
Fernanda Pérez-Gay Juárez
18 de julio, 2020
Paulina Morales
17 de julio, 2020
Alexandra Délano Alonso
16 de julio, 2020
Sandra Lorenzano
15 de julio, 2020
Anaïs Lazerges
14 de julio, 2020
Camila Ordorica
13 de julio, 2020
Valeria Sánchez Michel
12 de julio, 2020
Mario Arriagada Cuadriello
11 de julio, 2020
Modesta Suárez
10 de julio, 2020
Camilo Rodríguez
9 de julio, 2020
Rebecca Leal Singer
8 de julio, 2020
Camila Medina Mora
7 de julio, 2020
Guillermo Fajardo
5 de julio, 2020
María José Rodilla
4 de julio, 2020
Lorena Migoya Mastretta
3 de julio, 2020
Álvaro Ruiz Abreu
2 de julio, 2020
Sandra Aguilar Gómez
1 de julio, 2020
Horacio Cano Vargas
30 de junio, 2020
Nicolás Ruiz Berruecos
29 de junio, 2020
Natalia Beristain
28 de junio, 2020
Alejandra Márquez Abella
26 de junio, 2020
Verónica Mastretta
25 de junio, 2020
Sofía Rulloni
24 de junio, 2020
Sergio Mastretta
23 de junio, 2020
Nicolás Celis
22 de junio, 2020
Regina Blandón Marrón
20 de junio, 2020
Antonio Saborit
19 de junio, 2020
Tania Ruiz Montalvo
18 de junio, 2020
Caroline Tracey
17 de junio, 2020
Ricardo Alvarado Andalón
16 de junio, 2020
Ana Lucía Guerrero
15 de junio, 2020
José Manuel Velasco
14 de junio, 2020
Mercedes Aguilar Soto
13 de junio, 2020
Margarito Cuéllar
12 de junio, 2020
José Ignacio Lanzagorta García
11 de junio, 2020
Mary Carmen Sánchez Ambriz
10 de junio, 2020
Jennifer Clement
9 de junio, 2020
Felipe Aguilar
8 de junio, 2020
Luisa del Rosario Aguilar Ruz
7 de junio, 2020
Luis Javier Plata Rosas
6 de junio, 2020
Lilian Chapa Koloffon
5 de junio, 2020
José Antonio Aguilar Rivera
4 de junio, 2020
Alma Maldonado-Maldonado
3 de junio, 2020
Latife Salame Khouri
1 de junio, 2020
Carlos Eduardo López Cafaggi
31 de mayo, 2020
Yolanda Soler Onís
28 de mayo, 2020
Luis Miguel Aguilar
27 de mayo, 2020
Sofía Ramírez Aguilar
25 de mayo, 2020
Catalina Aguilar Mastretta
24 de mayo, 2020
Sergio Ramírez
23 de mayo, 2020
Valeria Villalobos Guízar
22 de mayo, 2020
Ariel Rodríguez Kuri
21 de mayo, 2020
Raúl Bravo Aduna
20 de mayo, 2020
Rafael Pérez Gay
16 de mayo, 2020
Hernán Bravo Varela
15 de mayo, 2020
Esther Charabati
14 de mayo, 2020
Mateo Aguilar Mastretta
13 de mayo, 2020
Teresa Zerón-Medina Laris
12 de mayo, 2020
José Woldenberg
11 de mayo, 2020
Melissa Cassab
10 de mayo, 2020
Guillermo Fadanelli
9 de mayo, 2020
Delia Juárez G.
8 de mayo, 2020
Nicolás Medina Mora
7 de mayo, 2020
Natalia Mendoza
6 de mayo, 2020
Juan Pablo García Moreno
4 de mayo, 2020
Esteban Illades
3 de mayo, 2020
Daniela Tarazona
2 de mayo, 2020
Álvaro Ruiz Rodilla
1 de mayo, 2020
Kathya Millares
30 de abril, 2020
Arnoldo Kraus
29 de abril, 2020
Soledad Loaeza
28 de abril, 2020
Héctor Aguilar Camín
27 de abril, 2020
Andrea Januta
26 de abril, 2020
Ronaldo González Valdés
25 de abril, 2020
Ana Sofía Rodríguez Everaert
23 de abril, 2020
Ángeles Mastretta
Gran texto, una de las marcas más altas de este Covidiario. Pena por el hecho que motiva su escritura. Pena pensando en la inhumanidad de ciertos protocolos clínicos. Pero es también con las Coplas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique, por donde comienza la gran poesía en castellano. Transmutar el dolor en poesía, en buena prosa, no está al alcance de todos.
Muchas gracias Ricardo, por leer este texto y por sus comentarios. Le mando un abrazo sincero.