En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.
No tolero arrugas en mis pijamas, cosa que no me pasaba antes del encierro. Atrás quedaron para ellas los cajones donde se mezclaban con la ropa deportiva; ahora tienen su propio gancho en mi clóset. Es más: ya van dos veces que las plancho con vapor. Sin quererlo trasladé la meticulosidad con la que observaba mis camisas o blusas en mi vida anterior a mi ropa para dormir. Las pijamas más lisas de las que se tenga registro.

Ilustración: Patricio Betteo
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La pandemia, dice el filósofo Byung-Chul Han, nos tiene en “la histeria de la supervivencia”. En un estado de miedo permanente a la muerte que cambió la forma en la que nos relacionamos con los otros. Por mi parte, en esta prolongada cuarentena veo nacer una especie de moralidad del apego a las medidas de prevención del contagio del coronavirus: la moral del encierro. Las personas seremos calificadas en la medida de nuestro apego a las medidas de distancia social. Desde la ventana se mira con aires de superioridad a quienes están en la calle: se ignora todo sobre sus razones pero sabemos que hacen mal. Mejor no comentar si se salió por víveres. “Que te los lleve un repartidor” (persona a la que le trasladamos sin pesar el riesgo de contagio). Quizá nos ayude a salvarnos, quizá nos separe aún más.
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En otro sábado de cuarentena me surge la hipótesis, o quizá deseo reprimido, de que tarde o temprano habrá una industria de fiestas clandestinas o centros nocturnos a la usanza de los speakeasies (bares clandestinos) en Estados Unidos en los años 20, durante la prohibición. Quizás ya operan y no soy lo suficientemente joven o cool para estar enterada.
Lilian Chapa Koloffon
5 de junio, 2020
José Antonio Aguilar Rivera
4 de junio, 2020
Alma Maldonado-Maldonado
3 de junio, 2020
Latife Salame Khouri
1 de junio, 2020
Carlos Eduardo López Cafaggi
31 de mayo, 2020
Yolanda Soler Onís
28 de mayo, 2020
Luis Miguel Aguilar
27 de mayo, 2020
Sofía Ramírez Aguilar
25 de mayo, 2020
Catalina Aguilar Mastretta
24 de mayo, 2020
Sergio Ramírez
23 de mayo, 2020
Valeria Villalobos Guízar
22 de mayo, 2020
Ariel Rodríguez Kuri
21 de mayo, 2020
Raúl Bravo Aduna
20 de mayo, 2020
Rafael Pérez Gay
16 de mayo, 2020
Hernán Bravo Varela
15 de mayo, 2020
Esther Charabati
14 de mayo, 2020
Mateo Aguilar Mastretta
13 de mayo, 2020
Teresa Zerón-Medina Laris
12 de mayo, 2020
José Woldenberg
11 de mayo, 2020
Melissa Cassab
10 de mayo, 2020
Guillermo Fadanelli
9 de mayo, 2020
Delia Juárez G.
8 de mayo, 2020
Nicolás Medina Mora
7 de mayo, 2020
Natalia Mendoza
6 de mayo, 2020
Juan Pablo García Moreno
4 de mayo, 2020
Esteban Illades
3 de mayo, 2020
Daniela Tarazona
2 de mayo, 2020
Álvaro Ruiz Rodilla
1 de mayo, 2020
Kathya Millares
30 de abril, 2020
Arnoldo Kraus
29 de abril, 2020
Soledad Loaeza
28 de abril, 2020
Héctor Aguilar Camín
27 de abril, 2020
Andrea Januta
26 de abril, 2020
Ronaldo González Valdés
25 de abril, 2020
Ana Sofía Rodríguez Everaert
23 de abril, 2020
Ángeles Mastretta

Bueno, el primer speakeasy lo inauguró trágicamente George Floyd, a quien al final terminaron por silenciarlo. Tiemblo de pensar en los speakeasies que se avecinan con the fake president convirtiendo la Casa Blanca en un cuartel.