En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.
Hoy enterraron a Chaneca y no pude ir al panteón a despedirla. Su hija Aline me dijo que sólo podían ir dos personas, que mejor prenda una vela en casa, que ya habrá tiempo de hacer una ceremonia con sus amigas de los viernes. Chaneca no murió de COVID-19. Tenía 92 años y llevaba un rato enferma.

Ilustración: Gonzalo Tassier
Era la mayor de un grupo de amigas que nos veíamos todos los viernes, en una comida que inició en 1985, cuando regresé de Barcelona. Al principio éramos las compañeras feministas del pequeño grupo y luego se fueron incluyendo otras, entre ellas Chaneca. A lo largo de estos treinta y pico años el grupo se fue ampliando en la medida en que algunas fueron trayendo a otra amiga que les era “indispensable”. Unas dejaron de asistir por fuertes diferencias políticas o conflictos personales, pero al mismo tiempo llegaron amigas nuevas, mucho más jóvenes. Hoy el rango de edad va de treintañeras a ochenteras. Estas comidas, con una población flotante de entre 12 y 16 mujeres, resultan muy entretenidas, pero también son un campo de intenso debate político, ya que en el grupo hay posturas muy encontradas: algunas, como Chaneca, adoran a AMLO, muchas lo critican y otras lo detestan. ¡Combinación explosiva! Si fuera una comida de hombres seguro ya habría habido golpes.
Chaneca fue mi jefa en el primer trabajo asalariado que tuve. Hablo de 1971. Era la directora creativa en McCann Erickson-Stanton. Mi psicoanalista Ramón Parres la conminó a que me contratara, porque estaba convencido de que yo necesitaba trabajar para curarme. El día en que me entrevistó me preguntó: “¿Qué sabes hacer?”. Respondí: “Leer y escribir”, y eso fue mi boleto de entrada. Fui su copywriter (redactora) durante un tiempo, pero desde que la conocí decidí que la quería para amiga. El día que se lo dije, me respondió: “Ya no tengo espacio para tener más amigas”. El tiempo nos demostró a todas cuánto espacio había en su corazonsote.
Era una salvadora de animales que recogía, curaba y daba en adopción. Un día se paró en el Periférico, arriesgándose a provocar un choque, para salvar a un perro paralizado del terror. También rescataba personas. A los numerosos sobrinos de Rafful les abrió su casa y su corazón, los terapeó y los consintió, al grado de que cuando se divorció ellos la siguieron visitando y llamando “tía”.
Era divertida, generosa y muy intrépida. A los 70 años subió a la cima del monte del Quemado, en Wirikuta, y desde ahí contempló extasiada una tormenta de granizo que ocurría unos metros más abajo. Jesusa y Liliana, con quienes emprendió esa aventura, recuerdan que de regreso en el hotel, cuando después de un rato la buscaron, la encontraron acostada en la tierra, dialogando con un bichito diminuto bajo los efectos del peyote.
En octubre de 2010, en la revista debate feminista, Chaneca (entonces de 82 años) escribió un texto titulado “¿Cuál vejez?”. Ahí dice: “Hay un ejercicio o juego mental muy padre: defínete en dos palabras. Tardé mucho en encontrar las mías: curiosa y autónoma. Y sí, la curiosidad me mantiene alerta, y la autonomía me mantiene libre”. ¡Vaya que si acertó! En nuestras comidas del viernes nos solazábamos escuchando unas anécdotas increíbles, que algún día habría que redactar. Hace unos meses dejó de venir a las comidas, pues empezó a tener una complicación de salud tras otra. Hoy, un día para acompañarla por última vez y abrazarnos llorando en el cementerio, sus amigas sólo podemos mandarnos condolencias por mensaje. Y me dolió no poder ir a la casa de San Jerónimo a abrazar a Aline, y a Tina, Hila y Miguel, que tanto la querían y cuidaban.
Y también me duele que hoy 19 de mayo es el cumpleaños de Elena y no pude ir a darle un abrazo. Sus amigas tenemos pensado festejarla en la actual versión de nuestra comida de los viernes. En un esfuerzo por no perder ese espacio que cultivamos desde hace años cada quien come con su plato frente a la pantalla de su computadora con esa magia que es el ZOOM. El próximo viernes, el mismo grupo que hoy hacemos duelo por Chaneca, agradeceremos a la vida tener entre nosotras a Elena y poder felicitarla.
Marta Lamas
16 de mayo, 2020
Hernán Bravo Varela
15 de mayo, 2020
Esther Charabati
14 de mayo, 2020
Mateo Aguilar Mastretta
13 de mayo, 2020
Teresa Zerón-Medina Laris
12 de mayo, 2020
José Woldenberg
11 de mayo, 2020
Melissa Cassab
10 de mayo, 2020
Guillermo Fadanelli
9 de mayo, 2020
Delia Juárez G.
8 de mayo, 2020
Nicolás Medina Mora
7 de mayo, 2020
Natalia Mendoza
6 de mayo, 2020
Juan Pablo García Moreno
4 de mayo, 2020
Esteban Illades
3 de mayo, 2020
Daniela Tarazona
2 de mayo, 2020
Álvaro Ruiz Rodilla
1 de mayo, 2020
Kathya Millares
30 de abril, 2020
Arnoldo Kraus
29 de abril, 2020
Soledad Loaeza
28 de abril, 2020
Héctor Aguilar Camín
27 de abril, 2020
Andrea Januta
26 de abril, 2020
Ronaldo González Valdés
25 de abril, 2020
Ana Sofía Rodríguez Everaert
23 de abril, 2020
Ángeles Mastretta

























