En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.
Siempre he sido dominguero. Un amanecer luminoso en el semitrópico me recuerda a mi padre escuchando a Satie en una vieja consola marca Majestic. Con todo y pandemia, creo que él estaría sentado en su sofá leyendo la revista Duda o cocinando unos huevos revueltos picosos para toda la familia (“revoltijo” le llamaba a ese riquísimo guiso vernáculo).
Como culichi doy pena, lo sé. Me gustan los domingos en casa. Los domingos normales salgo eventualmente a misa con Ana. Ahora ni eso. Y en serio: no es queja. Todo lo contrario. A un lado de mi estudio hay un tejado. Lo puedo alcanzar con un solo paso. Puedo hacerlo, pero no quiero. Aquí estoy bien, confinado.
Mentiría si dijera que la estoy pasando mal en el encierro. No es así. Desde hace rato deseaba quitarme de en medio. A pesar del home-office y las clases en línea, me queda tiempo para avanzar en escritos pendientes y lecturas sin interrupciones. Entiendo que esto es una tragedia para mucha gente que tiene que ganarse el sustento diario en la calle, y de ese tema habrá que ocuparse en otro espacio que no es esta hoja suelta de un cuaderno personal.
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El culichi medio es dado al ágape sudoroso y a todas esas efusiones, más espirituosas que espirituales, parte de nuestra orgullosa “sinaloidad”. Los personajes públicos sinaloenses explotan esta emoción y por eso adoptan clisés como “¡Fierro, plebes!” y declaran su gusto por alguna pieza de banda regional. Este es algo más que un estereotipo. Desde que Dios anocheció hasta que Dios amaneció, ayer, en plena fase 3 de la pandemia, sonó la tambora en las cercanías.
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Leo el artículo semanal de Jean Meyer, “Narciso rey”. Los narcisos en el poder gobiernan con emociones básicas y son gobernados por esas mismas emociones. Son emociones vendibles cuya mayor aspiración es convertirse en eslóganes. Mi amigo Enrique Gil me pasa una nota de hoy en Excélsior: en marzo hubo un promedio de 155 mujeres violentadas cada hora en México. AMLO no ha dejado de insistir en que la familia es la primera institución de seguridad social en el país. Eso es vender una emoción, como el “pueblo bueno” y su contraparte “los fifís”. Habrá un tema más que discutir en la agenda nacional los días que vienen.

Ilustración: Patricio Betteo
Apenas me han compartido otro mensaje vía Whats, esta vez de Agustín Coppel Luken, presidente del corporativo. Una visión desde arriba. Cuando habla de los méritos de la sociedad civil (y la lenta reacción de los gobiernos, en particular del federal), se refiere a organismos privados: sus ejemplos son el Tec de Monterrey y sus propias empresas. La gente se está cuidando, en general, por decisión propia, esto es más o menos cierto. Una suerte de proyección que juega como consolador estereotipo. Los Coppel viven en el aislamiento desde siempre: en los sectores bunkerizados de la ciudad. Mi impresión es que importantes franjas de la población siguen sin tomarse el asunto muy en serio. Hay que vivir en la ciudad pagana para advertirlo.
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Esta es una ciudad ruralizada. La gente de Culiacán sigue viviendo, como en el campo, en la repetición de los ciclos básicos de la vida. Necesita espacio abierto, no vida intramuros. Por eso le cuesta tanto atender las medidas de sana distancia y confinamiento. Ah, y no hay ley seca que valga. Más bien creo que eso incentiva el culto de lo-no-permitido, lo que te hace interpelador de la sociedad convencional y sus normas.
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Se pone el sol y cavilo: por lo menos los filósofos kantianos pueden pensar que este es el plan secreto de la naturaleza, el ardid de la razón para cumplirse en la historia. ¿Sirve eso de consuelo para quienes ahora mismo necesitan una cierta metafísica para sobrellevar, como escribía Juan Gelman, “esta esperanza que come platos desesperados”?
Reviso cosas para el cuaderno de la pandemia. Hace dos domingos, Angélica, una alumna, me mandó un mensaje preguntándome si era cierto que el primer ministro italiano había declarado que su país “perdió la guerra ante el Covid”. No sé si por su imaginación historiadora pasaron cruentas imágenes de la caída del imperio romano, pero después de enviarle el desmentido oficial a la evidentísima Fake, me respondió: “ya me había asustado, hasta anoche estuve pensando cómo podría irse abajo un país como Italia”. Inevitablemente me asalta el manido pensamiento: en este justo momento se está escribiendo un nuevo Decamerón, pero no en una villa, sino en un edificio de departamentos de una ciudad norteña en Italia.
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Las estadísticas dicen que Culiacán es una de las ciudades con un porcentaje más elevado de casos de contagio y de índice de letalidad del covid, pero eso se escucha distante y ajeno. Parece fría numeralia. La realidad sentida está en otra parte. En la emoción de la transgresión y la incredulidad ante la alarma “impuesta”.
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¿No pasa nada? Sólo que anda un virus canijo ahí fuera. Un virus que, con cifras oficiales, tiene una letalidad de un 9.5% en México y más del 12% en Culiacán.
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El-panadero-que-pasa-religiosamente-a-esta-hora-con-la-grabación-de-Tin-Tan-a-todo-volumen-en-el-altavoz-no-se-imagina-que-cada-tarde-nos-salva-la-vida.
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Cierro el día sintiéndome kafkiano tropical y arrepintiéndome de no haber iniciado este diario de otro modo: 26 de abril. La pandemia no ha llegado a su pico. Por la tarde di de comer a los gatos.
Ronaldo González Valdés
25 de abril, 2020
Ana Sofía Rodríguez Everaert
Cada quien tiene derecho a elegir su propio viaje al pasado en estos días que duran tanto, sobre todo si, como hoy, llueve a media tarde y la lluvia se detiene un par de horas después para declarar que el día puede seguir. Otras cuatro horas de luz para llenar un sábado que se volvió uno de esos sábados en los que antes hubiera sido una victoria atrincherarse en el sillón y no salir.
24 de abril, 2020
Ricardo Bada
Está por terminar el día, el 38.º de mi confinamiento. Un día sin historia. Ni siquiera llamadas telefónicas, únicamente las que hace Diny apacentando a su grey, ella es la matriarca de los Hansen Kluitman.
23 de abril, 2020
Ángeles Mastretta
Riego las violetas que dan a mi ventana. Hoy es el día mundial del libro. Ayer empezó a llover. Esta noche cumpliremos un mes y una semana de retiro.



Es una buena manera de terminar el día. Los gatos tan contentos.
Se me vino a la mente la anotación de Kafka en su diario en 1914: «2 de agosto. Hoy Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar». Gracias por la lectura.
Siempre un placer muy grato leerlo
Recuento y registro de recuerdos, emociones, sentimientos personales y una que otra reflexión sobre sociedad, economía y política. Muy interesante. Continua como diario. Saludos.
Covidiario,que excelente lectura! Gracias, saludos!
Muy cierto como dicen por ahí la vida sigue.. saludos tío.