En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.
El Universal, con razón, destaca en la de ocho columnas: “Suprema Corte invalida Ley Bonilla”. Una buena nueva. No podía ser de otra forma. Y no comento otras noticias. Si usted quiere amargarse el día hágalo sin mi ayuda.
Días circulares. El lunes es igual que el sábado y el miércoles igual que el viernes. Hoy, me levanté, fui al baño, me lavé los dientes, la cara y las manos, leí el periódico, desayuné, caminé, me bañé y vestí, leí, escribí, comí, volví a leer, a caminar, lavé trastes, consumí mi dosis diaria de Netflix, cené, volví a leer y se acabó. También hablé por teléfono con tres amigos. Aquí podría terminar, sin dramatismo, la página de mi posible diario. No hay nada sobresaliente, tampoco dramático ni chusco. Lo dicho: días circulares.
Ayer terminé de releer el libro de Stefan Zweig, El mundo de ayer. Memorias de un europeo, o como lo que parecía sólido puede ser destruido por una marcada convulsión de irracionalidad y odio. Al final del libro (que es una especie de biografía intelectual y reconstrucción de épocas), en 1939, Zweig mantiene frecuentes encuentros con Freud en Londres. Freud tiene 83 años, Zweig está por cumplir 60. Se hallan a las puertas de la Segunda Guerra Mundial y ambos han tenido que huir de Austria y refugiarse en Inglaterra. Escribe sobre Freud: “Como persona estaba profundamente conmovido, pero como pensador no le sorprendía en absoluto aquel escalofriante estallido de bestialidad. Siempre lo habían tachado de pesimista, decía, porque negaba la supremacía de la cultura sobre los instintos: ahora se podía ver horriblemente confirmada —y en verdad no estaba nada orgulloso de ello— su opinión de que la barbarie, el elemental instinto de destrucción, era inextirpable del alma humana”. Nada de que los hombres son buenos por naturaleza ni boberías similares, cargan (cargamos) pulsiones destructivas que la civilización intenta contener, modelar, guiar. Y en ocasiones lo logra. Y en otras, pues no.
Puedo también escribir algo sobre las series que he visto en televisión, el número de kilómetros caminado, las horas de sueño, los placeres de los quehaceres del hogar, los temas de conversación con los amigos, las desoladoras noticias de todos los días, pero no. Ni ustedes (eventuales lectores) ni yo lo merecemos.
He decidido hacer el elogio de la comida enlatada, semipreparada, empacada al vacío. Esa conquista civilizatoria que a muchos nos permite ingerir sin mayor dificultad lo que otros llaman los sagrados alimentos. Ante la poderosa ola que clama por comer “natural”, “sano”, “balanceado”, los “productos nativos”; ante el rosario interminable de programas de televisión que enseñan a preparar “deliciosos platillos”, “suculentos menús”, “comidas buenas, bonitas y baratas”; e incluso ante el nuevo espectáculo de algunos amigos queridos que se presumen mutuamente sus artes culinarias, tengo que hacer el elogio de los alimentos procesados y empacados, listos (casi) para servir.

Ilustración: Adriana Quezada
Hablo de la leche deslactosada que dura semanas, quizá meses. Cereales, granolas y yogures; latas de frijoles, sardinas, ostiones, mejillones, almejas, aceitunas, palmitos; sopas y caldos; botes de salsas, cajas de galletas, jugos, dulces, chocolates, mermeladas; productos congelados como hamburguesas, atún, salmón ahumado, verduras, empanadas, tamales. Para no hablar del whisky, el ron o el vodka que duran años. Hasta parecen no perecederos. ¿Cómo sería la vida del enclaustrado —o la vida a secas— sin esos auxilios?
Todavía recuerdo la leche bronca de mi infancia que debía ser hervida y de la cual se podían obtener unos generosos chongos zamoranos o nata para untar al pan. Hoy la leche no da ni para nata ni para chongos, pero puede estar en la alacena por semanas. Esa comida para la cual no hay que tener aptitud ninguna (no se requiere ser cocinero y menos cocinero sofisticado), es la tabla de salvación de millones de individuos en el mundo; uno de los cuales, por supuesto, soy yo.
Y finalizo con una buena noticia en medio de la reclusión: quienes tenemos bien afilada la vena misantrópica nos hemos ahorrado un buen número de reuniones inservibles, molestas, enojosas, e incluso hemos podido evitar a esas personas odiosas a las que la buena educación obliga a saludar. Vivir aislado tiene sus ventajas. Hay que decirlo.
José Woldenberg
11 de mayo, 2020
Melissa Cassab
Decidí vestirme como si el mundo no hubiera cambiado, con zapatos y calcetines, después de varios días de refugiarme en la comodidad de las pantuflas. Después de tender mi cama admiro el orden a mi alrededor. La semana pasada decidí ordenar mi habitación. Tal vez si organizo mi espacio, organice mi mente, me dije en un intento inútil para calmarme. Les advierto que no funciona, pero al menos descubrí un viejo diario.
10 de mayo, 2020
Guillermo Fadanelli
Recojo, como un limosnero de buen ánimo, las noticias que hoy parecen insignificantes —el tornado en Nuevo León; el pastelero que mata a un asaltante en el Estado de México; el bombardeo al aeropuerto de Trípoli—, noticias nimias comparadas con el concierto viral que se anuncia a cada minuto como una de las facetas de la eternidad.
9 de mayo, 2020
Delia Juárez G.
Esto que estamos pasando, lo anunciaron las jacarandas. Me sucedió ya antes, en 2013 cuando hubo una explosión de esas flores que nadie entendió y coincidió con una explosión de las flores de los árboles de cerezo en Japón.
8 de mayo, 2020
Nicolás Medina Mora
Mi cuarentena ha sido una era de planes fallidos. Que si me iba a levantar a las seis para escribir; que si iba a correr todos los días; que si iba a aprender a tocar los Piano Études de Philip Glass; que si iba a leer La guerra y paz y Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister y La sombra del caudillo y el libro de Kojève sobre Hegel.
7 de mayo, 2020
Natalia Mendoza
Me parece que la forma literaria más afín al tiempo de cuarentena no es el diario, sino el haikú. Es verdad que el recuento cotidiano del diario tiene una cercanía natural con el encierro y la reclusión, sobre todo el diario íntimo abocado a la exploración minuciosa del yo, como los cuadernos femeninos y dulcemente burgueses que describe Peter Gay en The Naked Heart.
6 de mayo, 2020
Juan Pablo García Moreno
Me encantaría dejar constancia de alguna reflexión a la altura de las circunstancias. Algo sobre el futuro, la ruptura, el mundo por venir. Pero no: hoy llegaron las cervezas. En estos días de incertidumbres se agradece tener certezas. Y si algo es cierto es que estas son las últimas cervezas que tendremos por tiempo indefinido.
5 de mayo, 2020
Rebecca Zweig
Últimamente paso mucho tiempo parada de cabeza. Me paro de cabeza hasta que el amor y la furia y la impotencia se drenan de mi y lo único que queda es una vibración que casi es un sonido y que me enferma. No soy esencial; mi trabajo no es esencial; y pararme de cabeza no es más que otra forma de sentir mi carencia de esencialidad.
4 de mayo, 2020
Esteban Illades
Ningún ruido avasalla más que el de cada martes en la madrugada, cuando una decena de camiones llega de un lugar remoto y arma el tianguis semanal. Seis de la mañana y se oyen los gritos de quienes cuelgan lonas en los árboles; seis y media y a alguien se le cayeron los tubos que sostienen el puesto hechizo; ocho y el primer grito de “pásele, güerita”.
3 de mayo, 2020
Daniela Tarazona
Nos pasa lo mismo que a todos: sabemos que nos hallamos inmersos en un pozo bajo la tierra, pero le echamos ganas y miramos hacia la luz de su boca. Allá arriba deben estar los laboratoristas que preparan la vacuna. Quieran los dioses que así sea.
2 de mayo, 2020
Álvaro Ruiz Rodilla
Cualquier rutina pierde su norma y su horma cuando una pareja espera un bebé y se acortan las semanas hasta su llegada. Por esa otra impaciente normalidad pensé en escribirle, mejor, al niño que viene en camino.
1.º de mayo, 2020
Kathya Millares
Antes de que suene la melodía del bosque que me obliga a salir de la cama, busco a tientas en la mesa de noche el celular. Hoy no quiero escucharla. Sostengo el teléfono con la mano derecha y concentro mi fuerza en los pies para mover las sábanas. Estoy tumbada boca arriba con los párpados abajo. Lamento haber alterado mi ciclo del sueño: sólo dormí cuatro horas. No fue insomnio, fue voluntad.
30 de abril, 2020
Arnoldo Kraus
Las tragedias retratan nuestras debilidades. Enseñan más que los éxitos. Ahora el turno es el del maestro COVID-19. Zygmunt Bauman cavilaba acerca de “el fin de la era del compromiso mutuo” e invitaba a reflexionar acerca de la capacidad humana para eludir.
29 de abril, 2020
Soledad Loaeza
Hoy fue día de mi cumpleaños. Pensé que no tendría nada de particular, que sería como los otros días de las últimas seis semanas, que no tendría fecha, y tampoco horas, que no dejaría huella a menos de que lo consignara en éste, mi diario.
28 de abril, 2020
Héctor Aguilar Camín
Visito libros y modas de los años sesenta. Me he perdido estos días faltos de forma en la escritura de lo que quizá será una novela cuando el tiempo vuelva.
27 de abril, 2020
Andrea Januta
El sonido que me despierta es el canto de un pájaro cardenal. Así comienzan los días: con pájaros o con sirenas. Esas son las dos melodías que dominan la vida de nuestra ciudad ahora que todo lo demás ha callado. Últimamente me voy a dormir tratando de adivinar qué me traerá la mañana siguiente: pájaros o sirenas. Hoy los pájaros ganaron.
26 de abril, 2020
Ronaldo González Valdés
Me gustan los domingos en casa. Los domingos normales salgo eventualmente a misa con Ana. Ahora ni eso. Y en serio: no es queja. Todo lo contrario. A un lado de mi estudio hay un tejado. Lo puedo alcanzar con un solo paso. Puedo hacerlo, pero no quiero. Aquí estoy bien, confinado.
25 de abril, 2020
Ana Sofía Rodríguez Everaert
Cada quien tiene derecho a elegir su propio viaje al pasado en estos días que duran tanto, sobre todo si, como hoy, llueve a media tarde y la lluvia se detiene un par de horas después para declarar que el día puede seguir. Otras cuatro horas de luz para llenar un sábado que se volvió uno de esos sábados en los que antes hubiera sido una victoria atrincherarse en el sillón y no salir.
24 de abril, 2020
Ricardo Bada
Está por terminar el día, el 38.º de mi confinamiento. Un día sin historia. Ni siquiera llamadas telefónicas, únicamente las que hace Diny apacentando a su grey, ella es la matriarca de los Hansen Kluitman.
23 de abril, 2020
Ángeles Mastretta
Riego las violetas que dan a mi ventana. Hoy es el día mundial del libro. Ayer empezó a llover. Esta noche cumpliremos un mes y una semana de retiro.


















