Covidiario
29 de abril, 2020

En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.

Hoy fue día de mi cumpleaños. Pensé que no tendría nada de particular, que sería como los otros días de las últimas seis semanas, que no tendría fecha, y tampoco horas, que no dejaría huella a menos de que lo consignara en éste, mi diario. Así me había propuesto hacerlo, anotar en un cuaderno lo más importante que ocurriera cada día de este encierro forzado para no dejar escapar el tiempo que es un espíritu chocarrero y en condiciones como las que ahora nos han tocado, viene y se va sin avisar. Decidí también que mi vida cotidiana estaría gobernada por una rigurosa disciplina similar a la que me salvó de las tentaciones de los bajos mundos del posgrado (neoliberal, por supuesto). Levantarse temprano, hacer ejercicio, desayunar, “alzar” la casa, hacer la comida, seguir la lectura del libro sobre la llegada de Mussolini al poder… etc, etc. En sentido estricto no he hecho ni lo uno ni lo otro.

Ilustración: Gonzalo Tassier

La verdad es que la ansiedad que me produce la pandemia, las tareas domésticas, el cuidado de mi nieta Luisa de dos años, la preparación de clases y la rápida visita a periódicos y revistas se han llevado lo mejor de mi capacidad de concentración y de mi voluntad de registro de un tiempo que parece suspendido en el aire, no obstante el ajetreo. En las noches me quedan pocas ganas de escribir, leer o hacer cualquier otra cosa que no sea tirarme a la cama a dormir. Así se han ido adocenando las horas largas del encierro sanitario. Tengo el privilegio de poder caminar en un jardín, pero en mi cabeza este espacio no existe, porque siento como si estuviera en un armario.

Los días pasan inexorables y lo único que cambia es la estadística de la pandemia, y para mal. Entiendo bien que una estadística neoliberal como ésta, miente, pero algo debe indicar. Mi cumpleaños se acercaba y me dediqué a imaginar cómo lo habría celebrado si no hubiera el deber y la necesidad de mantenerme a distancia de parientes y amigos. Pensé además, que estamos todos tan agobiados por el neoliberalismo que nadie se acordaría de que hoy, 29 de abril, era mi cumpleaños. No contaba con el espíritu juguetón de mis hijos que levanta la cabeza en las fiestas familiares y se aparece en formas diversas, desde Han Solo hasta Santa Claus, pasando por James Bond. La sorpresa que me dieron en esta ocasión fue un video en el que todos, o casi todos, los miembros de mi familia: hijos, nueras, nietos, hermanas, sobrinos, cuñadas, sobrinos nietos me felicitan, dicen cosas lindas uno a uno y en grupo, acompañados de fotografías de distintas épocas de mi vida. Cuando empecé a verlo se me subió a los ojos una gigantesca ola de lágrimas que primero me estranguló la garganta, y después me bañó la cara. No se detuvo sino mucho después. El video se había terminado, pero la emoción duró un tiempo que se hizo como nunca presente. ¿Será que tuve una reacción neoliberal?

Apenas me recuperaba de la embestida emotiva que había agudizado mi ansiedad neoliberal, cuando los estudiantes de relaciones internacionales de El Colegio de México, a quienes les doy clase, me recibieron en el espacio cibernético con Las Mañanitas cantadas por Pedro Infante y una carta de felicitación generosa, pero sobre todo, muy afectuosa. No supe qué decir, confundida en la bruma neoliberal de mi emoción. Les di las gracias por “el gallo”. Cuando esto dije, se formó un pesado silencio que se transmitió en el espacio y me di cuenta que los estudiantes universitarios de hoy no tienen idea de que “llevar gallo” significa llevar serenata. ¡Oh, Dios! Lo que ha hecho el neoliberalismo de nosotros que ya ni siquiera eso sabemos. Ya no digamos aquella parte de Las Mañanitas que dice: Amapolita morada/ de los llanos de Tepic/ si no estás enamorada/ enamórate de mí.

Me apresuré a explicar a los estudiantes de qué se trataba lo del gallo y recordé un incidente —que algo tiene de neoliberal— de un 29 de abril pasado. Hacia medianoche, en la calle donde estaba la casa de mis papás, se oyeron las guitarras de un mariachi que comenzaba a cantar. Ilusionadísimas, una de mis hermanas y yo corrimos a la ventana a ver a cuál de las dos se dedicaba el gallo y quién era el galán que lo llevaba, sólo para encontrarnos con las espaldas del mariachi que les cantaba a las de enfrente.

Contra toda expectativa este 29 de abril fue distinto y memorable. También creo que ha sido el más neoliberal de todos mis cumpleaños.

 

Soledad Loaeza

 


 

28 de abril, 2020
Héctor Aguilar Camín

Visito libros y modas de los años sesenta. Me he perdido estos días faltos de forma en la escritura de lo que quizá será una novela cuando el tiempo vuelva.

 


 

27 de abril, 2020
Andrea Januta

El sonido que me despierta es el canto de un pájaro cardenal. Así comienzan los días: con pájaros o con sirenas. Esas son las dos melodías que dominan la vida de nuestra ciudad ahora que todo lo demás ha callado. Últimamente me voy a dormir tratando de adivinar qué me traerá la mañana siguiente: pájaros o sirenas. Hoy los pájaros ganaron.

 


 

26 de abril, 2020
Ronaldo González Valdés

Me gustan los domingos en casa. Los domingos normales salgo eventualmente a misa con Ana. Ahora ni eso. Y en serio: no es queja. Todo lo contrario. A un lado de mi estudio hay un tejado. Lo puedo alcanzar con un solo paso. Puedo hacerlo, pero no quiero. Aquí estoy bien, confinado.


 

25 de abril, 2020
Ana Sofía Rodríguez Everaert

Cada quien tiene derecho a elegir su propio viaje al pasado en estos días que duran tanto, sobre todo si, como hoy, llueve a media tarde y la lluvia se detiene un par de horas después para declarar que el día puede seguir. Otras cuatro horas de luz para llenar un sábado que se volvió uno de esos sábados en los que antes hubiera sido una victoria atrincherarse en el sillón y no salir.


 

24 de abril, 2020
Ricardo Bada

Está por terminar el día, el 38.º de mi confinamiento. Un día sin historia. Ni siquiera llamadas telefónicas, únicamente las que hace Diny apacentando a su grey, ella es la matriarca de los Hansen Kluitman.


 

23 de abril, 2020
Ángeles Mastretta

Riego las violetas que dan a mi ventana. Hoy es el día mundial del libro. Ayer empezó a llover. Esta noche cumpliremos un mes y una semana de retiro.

 

 

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Publicado en: Covidiario

Un comentario en “Covidiario
29 de abril, 2020

  1. De este Covidiario saldrá un maravilloso y entrañable libro, que yo atesoraré y completaré con mi propia historia. Por enésima vez, ¡Gracias por compartir!

Comentarios cerrados