Covidiario
16 de mayo, 2020

FICCIÓN DE CAUTIVERIO

   Oh Fortuna,
   cual la luna,
que es por natura mudable,
   siempre creces
   o decreces;
esta vida miserable
   neciamente
   de la mente
la agudeza quita o vuelve;
   la pobreza
   y riqueza
como al hielo las disuelve.1

Ilustración: Izak Peón

   Los goliardos
   —esos bardos
traducidos por Requena—
   no dejaron
   ni cantaron
sino al mundo en cuarentena.
   Medieval
   o global,
seguimos en él girando
   sin hacer
   lo que ayer
no tenía para cuándo.

   Todos juntos
   (ya difuntos
o en espera, por lo menos)
   resistimos,
   confundimos
al día soleado con truenos;
   a la luna,
   con alguna
medalla al valor de plata;
   a la puerta
   nunca abierta,
con el tema que se trata.

   Lo que somos
   tiene cómos,
también sus peros y qués,
   pero ahora
   nos devora
lo que no vemos y es
   exterior
   —y, peor,
su autoría es de nosotros,
   y el adagio
   del contagio:
“El infierno son los otros”.

   Oh personas
   en sus zonas
de confort y de misterio,
   que se sientan
   y lamentan
su ficción de cautiverio:
   nada es falso,
   ni el cadalso
donde penden cuello y suerte;
   nada es cierto,
   ni ese muerto
que desconfía de la muerte.

 

Hernán Bravo Varela


1 Poesía goliárdica (Miguel Requena, traducción métrica).

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