En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.
I
Habrá sido una curiosidad soterrada la que puso la idea en mi cerebro.
II
Dejé mi asiento. Llevaba varios minutos leyendo, con cierta monotonía del horror, aquellas cifras diarias que poco a poco han comenzado a diluirse en mis pupilas: los efectos de este desastre compartido.
Tengo que conocer mejor mi casa, me dije. Entonces fue un suspiro y después la determinación de mover las piernas, aplazar la ansiedad de lo que está allá afuera, y empezar a memorizar cada detalle de esta caverna. Finalmente, ¿qué es un hogar sino el espacio más oportuno para el orden, la estructura, cierto cosmos familiar desde donde enjaularnos para sentirnos protegidos?
III
Cuando inició la cuarentena creí que el confinamiento no podría durar más de un mes. Hemos visto los días caducar uno sobre el otro como un ciclo de memorias iguales. Días perfectamente genéricos. Mi casa me resultó, desde el principio del encierro, un monstruo diferente. Comenzó a preocuparme el no conocerla lo suficiente. Fue entonces cuando me presenté en mi jardín para poder avistar ciertas apariciones oportunas de aves que, de vez en cuando, trinan en su cielo. Justo ahora un pájaro —espalda parda, pecho iluminado, alas azulosas— explora con verosimilitud la tierra seca en busca de gusanos.
IV
Es mucho a lo que aspira la soledad. Busca mantenernos ensimismados y más conscientes de nosotros mismos. Es difícil, sin embargo, engendrar ciertas lecciones a partir de ella. La cuarentena, pues, me ha puesto en mi lugar, justo en el centro de mí mismo, pero es un lugar vacío, de video llamadas que llegan como ecos, de figuras cuyas voces no se corresponden con las muecas de sus bocas, con la imaginación desbordada por la falta de contacto, con la amplitud de sonidos cuando los aparatos humanos se han silenciado. Todo, en este encierro, resulta un poco irreal. Excepto mi casa.

Ilustración: Sergio Bordón
Hace poco, por ejemplo, descubrí la huella de un perro impresa en el suelo. Seguramente, cuando la casa se estaba construyendo, uno de esos animales llegó, entre curioso y hambriento, a ver la obra. Me lo imagino mixto y un poco acalorado. Su huella es profunda, quizá era un ejemplar pesado. ¿Qué habrá sido de ese animal que me sigue llegando a través del tiempo? ¿Habrá muerto en un accidente? ¿De alguna enfermedad terrible? ¿De abandono o soledad? ¿Por qué no hay más huellas sino una sola impresión paralizada y distante, un tatuaje perruno que acaso también es mío como de aquel que se atrevió a dejarlo?
Un país lleno de estas huellas que se sigue preguntando cómo responder a cada una de ellas. Ensimismados y erráticos. El paso colapsado del tiempo.
V
En la azotea descubrí, entre dos cristales, una mosca muerta: peluda, salvaje, rechoncha. Imposible saber cómo llegó ahí.
VI
He notado, con escalofriante exactitud, las hileras de hormigas que invaden el jardín. Son negras. Llevan un ritmo lento, contrario a otras especies que corren como buscando algo, una vida de trabajos más urgentes. Migajas de pan, insectos cansados o viejos, fragmentos de cosas que aparecen a su vera: todo es arrasado. En alguna ocasión, mi perra descubrió que el hueso que había dejado el día de ayer estaba lleno de esas sombras diminutas que lo invadían. Lo lamió y comenzó a estornudar. No volvió a intentarlo.
VII
Escucho un grito inmediato. Interrumpo este diario. Acudo a ver qué pasa. Es un alacrán, ese otro nombre del terror cotidiano.
Afuera tal vez pase lo mismo. Otros gritos. Igual de urgentes.
VIII
Hoy abrí una carta que no iba dirigida a mí. De vez en cuando recibimos correspondencia dirigida a los antiguos dueños. Hace diez años que habitamos la casa, así que esa intrusión en la vida de los demás siento que me pertenece. La carta es una invitación para que el señor X acuda a una conferencia sobre microscopios. La invitación me parece relevante, ahora que busco develar cada detalle de esta casa saturada por nosotros. Nunca la habíamos habitado tanto como ahora. Nuestras voces son constantes, nuestras presencias la cansan, tal vez nos quiera expulsar para que también ella pueda descansar. Recuerdo la casa tomada de Julio Cortázar. ¿Y si esta construcción decide lo mismo?
Debajo de las escaleras que dan al jardín hay un cuarto donde guardamos escobas, trastos viejos, cosas de limpieza. Ahí había visto una caja con la imagen de un microscopio con el nombre que también estaba en la carta. Después de varios minutos la encontré. Estaba arrumbada hasta atrás, perpetuamente escondida frente a nosotros, algo que había pertenecido pero que ya no pertenecía. La moví y, detrás de ella, vi una puertecita pequeña de metal, un pasador oxidado que logré destrabar, y un tufo antiguo, entre deshecho y podrido, me entró de lleno. Con la lucecita de mi celular alumbré aquel espacio secreto y codicioso. Al principio no logré distinguir lo que estaba viendo, pero después de unos segundos me di cuenta que allí había huesos. Un hato de huesos pequeños desparramados sin orden específico. Con un tubo de metal removí uno. Eran de animales. Atrás, casi imperceptible, un hoyo de algo que había reptado hasta allí.
IX
Me explicaron que seguramente eran las crías de algún tlacuache que, por razones desconocidas, habían muerto. La explicación me satisfizo, pues los he visto en el jardín, y reptando y escondiéndose entre los huecos de las casas vecinas. Hoy, siete de julio, escuché, detrás de mi cama, los movimientos tristes del animal, que a veces veo cuando sale de su escondite. ¿Estará buscando a sus crías? ¿Querrá recoger sus huesos? ¿Aullará de dolor?
X
Continúo explorando.
Guillermo Fajardo
5 de julio, 2020
María José Rodilla
4 de julio, 2020
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3 de julio, 2020
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1 de julio, 2020
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1 de junio, 2020
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27 de mayo, 2020
Sofía Ramírez Aguilar
25 de mayo, 2020
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24 de mayo, 2020
Sergio Ramírez
23 de mayo, 2020
Valeria Villalobos Guízar
22 de mayo, 2020
Ariel Rodríguez Kuri
21 de mayo, 2020
Raúl Bravo Aduna
20 de mayo, 2020
Rafael Pérez Gay
16 de mayo, 2020
Hernán Bravo Varela
15 de mayo, 2020
Esther Charabati
14 de mayo, 2020
Mateo Aguilar Mastretta
13 de mayo, 2020
Teresa Zerón-Medina Laris
12 de mayo, 2020
José Woldenberg
11 de mayo, 2020
Melissa Cassab
10 de mayo, 2020
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