En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.
Es miércoles y son alrededor de las siete de la mañana. Lo sé porque escucho al gasero en la calle que está a espaldas de mi casa. Al igual que a muchas personas durante este confinamiento, me cuesta trabajo dar de una con el día que vivimos, pero estoy muy consciente de la hora gracias a los pregones de los vendedores que entran por mi ventana. Al levantarme, el gato me recuerda la más apremiante de mis obligaciones y sus reclamos no paran hasta que ve servido su plato con la dosis diaria de alimento húmedo.
A las ocho, mientras preparo el desayuno, pongo café y reviso algunas noticias, la cortina de la pequeña fonda de la esquina se levanta con precisión ensayada. Debo confesar que ese ruido me tranquiliza: llevamos ya tres meses en esto y esa cortina sigue abriéndose. ¿Cuántas cortinas permanecen cerradas? ¿Cuántas se quedarán así aun cuando la nueva normalidad se normalice? Mi pareja, medio adormilada, llega al comedor y comenzamos a desayunar.

Ilustración: Estelí Meza
El vendedor de fruta se deja escuchar alrededor del mediodía, cuando mi pareja y yo estamos instalados en el comedor trabajando, mientras el gato duerme —dueño de la mesa— entre las dos máquinas. El confinamiento ha dejado claro que no soy ni de cerca lo igualitario que me imaginaba con las responsabilidades de la casa. Ahora que pasamos todo el día juntos, trabajando, jugando y platicando, descubro que no limpiamos, ni ordenamos o cocinamos en la misma proporción: mientras yo puedo pasar la mayor parte de una hora acomodando la despensa, mi pareja ya limpió todas las verduras, cocinó buena parte del menú de la semana, lavó algunos trastes y comienza a prepararse para atender la enésima junta por Zoom del día.
De acuerdo con cifras del INEGI y el Inmujeres (2016), las mujeres dedican tres veces más de su tiempo a labores domésticas y de cuidado que sus contrapartes hombres. La tarea de ser paritarios es algo que va más allá de enunciarlo: no basta con saberlo, es necesario practicarlo, activamente, todo el tiempo. Porque la realidad es que las labores domésticas demandan de uno todo el tiempo y postergarlo equivale a delegar la labor en el otro. Si me he de llevar una lección de este confinamiento será la conciencia de lo importante que es platicar en pareja cómo entrarle a las responsabilidades del hogar de forma verdaderamente paritaria y cómo hacernos saber que no lo estamos logrando. No creo que las cargas de trabajo ya sean iguales, pero están más balanceadas que al comienzo de la pandemia y eso me motiva a seguir intentándolo.
La grabadora del comprador de artefactos usados anuncia la llegada de la tarde y normalmente es un buen pretexto para dejar esperando un momento los correos, los textos y los tuits para hacer alguna llamada, para preguntar cómo está alguien, para compartir un poco las angustias. Estos tiempos de distancia social nos han llevado a ser más amables con nuestras palabras, creo yo, porque es lo único que podemos compartir ahora. Ya vendrán de nuevo los tiempos de los abrazos, los besos y los tragos.
Los anuncios coordinados de los múltiples vendedores de tamales oaxaqueños marcan el final de la jornada laboral si las exigencias o las procrastinaciones de días anteriores no marcan algo diferente. Ya por fin terminé de calificar. Fue un semestre desastroso para mí y me imagino que lo fue también para mis alumnos de finales de la carrera de Ciencias Políticas. Sí, cubrimos el temario en una plataforma a distancia y estoy gratamente sorprendido por su compromiso, pero me cuesta trabajo pensar que las complejidades de la implementación de políticas públicas ocupaban alguna prioridad en las vidas de mis alumnos en medio de la pandemia, la crisis y la incertidumbre.
El anuncio pregrabado del carrito de elotes llega poco después de la cena, cuando decidimos dejar de lado la realidad para ver alguna serie o jugar el videojuego de la pandemia que no es real. Ya en la cama casi no se escuchan los aviones pasar, pero sí suenan las sirenas de las ambulancias. Podría asegurar que las escucho con mucha más frecuencia que antes, pero cómo estar seguro. El ruido del ventilador termina por vencer al de las sirenas y el sueño irrumpe en mi lista mental de pendientes. Ya la retomaré mañana, al sonar del pregón del gasero.
Ricardo Alvarado Andalón
16 de junio, 2020
Ana Lucía Guerrero
15 de junio, 2020
José Manuel Velasco
14 de junio, 2020
Mercedes Aguilar Soto
13 de junio, 2020
Margarito Cuéllar
12 de junio, 2020
José Ignacio Lanzagorta García
11 de junio, 2020
Mary Carmen Sánchez Ambriz
10 de junio, 2020
Jennifer Clement
9 de junio, 2020
Felipe Aguilar
8 de junio, 2020
Luisa del Rosario Aguilar Ruz
7 de junio, 2020
Luis Javier Plata Rosas
6 de junio, 2020
Lilian Chapa Koloffon
5 de junio, 2020
José Antonio Aguilar Rivera
4 de junio, 2020
Alma Maldonado-Maldonado
3 de junio, 2020
Latife Salame Khouri
1 de junio, 2020
Carlos Eduardo López Cafaggi
31 de mayo, 2020
Yolanda Soler Onís
28 de mayo, 2020
Luis Miguel Aguilar
27 de mayo, 2020
Sofía Ramírez Aguilar
25 de mayo, 2020
Catalina Aguilar Mastretta
24 de mayo, 2020
Sergio Ramírez
23 de mayo, 2020
Valeria Villalobos Guízar
22 de mayo, 2020
Ariel Rodríguez Kuri
21 de mayo, 2020
Raúl Bravo Aduna
20 de mayo, 2020
Rafael Pérez Gay
16 de mayo, 2020
Hernán Bravo Varela
15 de mayo, 2020
Esther Charabati
14 de mayo, 2020
Mateo Aguilar Mastretta
13 de mayo, 2020
Teresa Zerón-Medina Laris
12 de mayo, 2020
José Woldenberg
11 de mayo, 2020
Melissa Cassab
10 de mayo, 2020
Guillermo Fadanelli
9 de mayo, 2020
Delia Juárez G.
8 de mayo, 2020
Nicolás Medina Mora
7 de mayo, 2020
Natalia Mendoza
6 de mayo, 2020
Juan Pablo García Moreno
4 de mayo, 2020
Esteban Illades
3 de mayo, 2020
Daniela Tarazona
2 de mayo, 2020
Álvaro Ruiz Rodilla
1 de mayo, 2020
Kathya Millares
30 de abril, 2020
Arnoldo Kraus
29 de abril, 2020
Soledad Loaeza
28 de abril, 2020
Héctor Aguilar Camín
27 de abril, 2020
Andrea Januta
26 de abril, 2020
Ronaldo González Valdés
25 de abril, 2020
Ana Sofía Rodríguez Everaert
23 de abril, 2020
Ángeles Mastretta