En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.
Tener un padre de 84 años, sano y activo, es una bendición por donde se vea, se crea o no en la existencia de algún Dios. Aunque se prepara para su retiro, el ingeniero Roberto Sosa Garrido, es el decano de su empresa de ingeniería civil que proyecta grandes obras, como puentes, carreteras, aeropuertos. Además es maestro. La pandemia no le ha impedido dar sus clases, cada semana, en la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Ingeniería de la UNAM. No ha tenido que asomar la nariz a la calle, trabaja desde casa con Microsoft Team y da clases con Zoom.
Mi papá está en confinamiento voluntario desde el 14 de marzo y convive con Rebeca, su mujer desde hace veintinueve años, y sus dos hijos, que adoptaron hace catorce años. Antes de encontrarse con Rebeca, mi padre estuvo casado con mi madre durante veintiocho años y procreó con ella seis hijos. Sí, seis. Mi padre fue hijo único y de padres divorciados. Conclusión: a mi padre se le da el largo plazo, no le gusta estar solo y por eso repitió la experiencia de la paternidad, con plena conciencia, ocho veces. Es un papá, con “P” mayúscula, que no es lo mismo que ser un patriarca.
En los múltiples viajes que hicimos por las carreteras de México, mi padre repetía con orgullo que “la familia pequeña vive mejor, pero se divierte menos”, lo que yo traducía como “yo siempre quise tener muchos hijos y todos ustedes fueron deseados”.

Ilustración: Kathia Recio
Mis hermanos y yo somos una tribu de cuatro mujeres y dos hombres. Todos compartimos la experiencia de ser padres. No llegamos a ser la clásica familia “muégano” que va junta a todas partes; hemos buscado, por distintas razones, nuestro propio espacio de desarrollo y libertad.
Nuestra familia se sostuvo a base del arduo trabajo de papá y de mamá, de sus sueños y también de sus rituales. Muchos de ellos con un cariz espiritual. Los rituales se perdieron por el divorcio que fue, como todos, traumático y triste. Los años y las propias experiencias con nuestras parejas e hijos nos fueron dando ideas para recuperar a esa familia que fuimos. Unos más y otros menos vivimos, sin remedio, en la añoranza de esa familia que cabía muy bien una combi amarilla y que recorría lentamente gran parte de nuestro país.
Este domingo se celebró en México el Día del Padre. Imposible visitar a nuestro papá y cubrirlo con besos y abrazos, como es nuestra costumbre. La solución fue un ritual por Zoom. Afortunadamente él maneja estas aplicaciones como pez en el agua. No es un viejito.
Domingo 21 de junio de 2020, 12:00 horas. Nos conectamos desde nuestros refugios, tres en Valle de Bravo, los otros tres y papá en Ciudad de México. Prendimos una vela que podía verse en el cuadro. Los símbolos son importantes en los rituales. Vela = luz del camino. Iniciamos el ritual a las 12:30. No puedo dejar de ver a MI papá. No luce de 80 años. Está fuerte y se sienta derechito.
Estuve a cargo de hacer la introducción porque soy la mayor.
Nuestro regalo del día del padre fue proponerle seis planes realizables que cada uno de nosotros quiere hacer con SU papá. Sin compartirlo con nadie más, ni nietos ni parejas y mucho menos otros hermanos. Compartir al padre con otros hermanos no siempre es agradable. Nos quitan esa atención que necesitamos para que papá nos vea subir un árbol, cantar una canción o mostrar lo que hemos dibujado. Mientras más hermanos tienes, más complicado. Nuestro papá se dividía en seis y ahora en ocho.
Nos fuimos pasando la voz del menor a la mayor y no se valía interrumpir. Los rituales tienen reglas y éste incluyó saber escuchar. Fue bonito que MI papá, por azar, ocupara el centro de la pantalla. Los rostros de sus seis primeros hijos lo rodeaban como una guirnalda.
Empezó Pancho, el paisajista, que requiere de dos días completos. Un sábado y un domingo. Pasará por él en su camioneta y lo llevará a su casa, que está en el pueblo de Acatitlán. Mi padre no ha podido conocer su nuevo espacio todavía, por culpa del covid. Lo llevará a su vivero, a una caminata por la vereda del bosque que está muy cerca de su casa, habrá fogata y larga plática. Le hará de comer, de cenar y de desayunar. Se encargará de dejarlo sano y salvo en casa. Mi papá respondió: “Me gusta mucho el plan, lo haremos ahora que se pueda”.
Andrea requiere de más tiempo. Tiene una fecha específica. Está segura que el confinamiento habrá terminado para finales de octubre, que habrá un puente, el de muertos. Desde antes del covid no ha logrado traerlo a su casa en Valle de Bravo. No estarán sus hijos ni su marido. Ella y él solitos en la carretera pondrán música. Incluye caminar por el cerro donde está la reserva de venados. Hay que ir temprano, a MI papá siempre le ha gustado madrugar. “Dios te ayuda, si madrugas”. Las noches de octubre son hermosas, además. Está dispuesta a compartir a SU papá hasta el domingo que llegue su familia. Fue muy clara: necesita mucho tiempo, pues tiene muchas cosas que hablar a solas con él.
En ese instante, MI papá pidió un momento para ir por su libreta y tomar notas. Fue y vino y no dejó de apuntar cosas hasta el fin del ritual. “Ahora que se pueda, lo haremos Andrea, quiero ir contigo a Valle”.
Roberto dio un poco de contexto a su propuesta. A partir de una memoria complicada: Recién divorciados nuestros padres, nuestro papá nos propuso un “último viaje”.
El concepto de “último viaje” siempre le hizo ruido a mi hermano. ¿Por qué el último? ¿Ya se acabaron los viajes contigo? Sólo tres de los seis pudieron realizar ese fantástico viaje a la Sierra Madre Occidental. Viajaron en el Tren Chepe, Gaby le hizo plática a unos hombres sospechosos, vieron muchos amaneceres. Mi papá dijo entonces que urgía una ruta más corta y segura para cruzar al Pacífico, esa era muy peligrosa. Años después, el ingeniero Roberto Sosa Garrido sería uno de los que diseñaron el Puente Baluarte que hoy une a Durango con Mazatlán y parte de esa carretera. El caso es que Roberto quiere romper con su plan esa idea del “último viaje”. Quiere llevarlo a la reserva de Tehuacán en Puebla. Esta vez, él va a llevar el volante y mi papá el mapa. Fogata y sobre todo madrugar a las 4 de la mañana para ver juntos, desde ahí, la Vía Láctea. Duración: tres días y dos noches. “Ahora que se pueda, lo haremos, mientras voy a investigar la ruta, Beto”.
Gabriela, la jardinera, decidió sacar su lado cursi. Compartió un archivo de video donde el flaco de Joan Manoel Serrat, como de 40 años, entona “Cantares”. “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar”. Poesía de Antonio Machado. Escuchamos la canción en silencio. El plan de Gaby es parte de su investigación histórica: quiere que mi papá la lleve al lugar a donde él fue por primera vez cuando se integró a aquél grupo de excursionismo, que era como los Scouts, pero de gente más pobre. Quiere saber cómo era ese grupo y de qué cosas se acuerda mi papá recorriendo ese mismo camino. Muy fácil. Tiempo necesario para el plan de Gabriela: un día. Condición: semáforo en verde. “Muy bien Gaby, te llevaré al San Miguel, que debe estar ya muy pelón, ese cerro. Ahora que se pueda”, dijo MI papá.
Entonces MI papá se acordó de que “Cantares” era parte de mi repertorio y que yo la cantaba con mi guitarra. Su memoria me hizo llorar.
Mi hermana Ale hizo ballet muchísimos años y todavía camina como las bailarinas profesionales, derechita y con el pecho abierto. Ella decidió evocar la presencia cotidiana de SU papá en la vida. Papá tenía su oficina y laboratorio de geotecnia en la calle Londres, en la colonia del Carmen, Coyoacán. Nosotros vivíamos en San Jerónimo Lídice, en una calle cerrada. Lo que Ale necesita es toda una mañana para repetir aquel traslado cotidiano que hicieron durante años. Saldrán desde casa de Ale, en San Jerónimo, y recorrerán la misma ruta que los llevaba hasta la calle Francisco Sosa en Coyoacán, donde estuvo muchos años la Academia de Ballet de Coyoacán. Hoy es la sede de la Compañía Nacional de Teatro. Mi papá llevaba a Alejandra todos, TODOS los días en su coche a sus clases de ballet. Después de eso quiere ir a desayunar unos huevos rancheros a El Morral, que para entonces ya habrá abierto las puertas a sus parroquianos. Tiempo requerido: un día de 9 a. m. a 1 p. m. Condición: semáforo verde.
A papá le encantó la idea. Tomó nota. “Ahora que se pueda, lo haremos Ale y hablaremos”.
Llegó mi turno y leí un texto que no cabe aquí. En resumen, éste es mi plan:
Mi papá aún no conoce mi nueva casa, todo por culpa del covid. Yo quiero llevarlo a mi nuevo territorio, hacerle de comer. Escuchar los discos que él aún conserva en la tornamesa que me va a prestar mi hija. Le pedí traiga el de Benny Goodman, el de Stravinski, el de Esquivel y el de Bossa Nova. Habrá vermut. Después le pediré que se quite los zapatos y los calcetines. Cuando entre la luz de la tarde, pondré una sinfonía de Haydn y tendré todo listo para hacerle un masaje de pies. Tengo mucho que contarle sólo a él. Lo abrazaré. ¿Cómo chingados no? Condición: semáforo verde, comprobación de que estamos sanos los dos. ¿Será pronto, papi?
MI papá responde que no sabemos, que tengamos paciencia, que haremos los seis planes. Que tengamos confianza y que nos cuidemos. “No bajen la guardia, vamos a estar bien”.
A noventa y un días de confinamiento voluntario, sin fecha clara para volver a abrazar a mi padre, celebro que sea capaz de partirse en ocho a los 84 años y que no le tenga miedo a la ternura. Celebro a aquellos padres que se hacen cargo de sus hijos con su tiempo, su atención y su presencia.
Martha Sosa
20 de junio, 2020
Antonio Saborit
19 de junio, 2020
Tania Ruiz Montalvo
18 de junio, 2020
Caroline Tracey
17 de junio, 2020
Ricardo Alvarado Andalón
16 de junio, 2020
Ana Lucía Guerrero
15 de junio, 2020
José Manuel Velasco
14 de junio, 2020
Mercedes Aguilar Soto
13 de junio, 2020
Margarito Cuéllar
12 de junio, 2020
José Ignacio Lanzagorta García
11 de junio, 2020
Mary Carmen Sánchez Ambriz
10 de junio, 2020
Jennifer Clement
9 de junio, 2020
Felipe Aguilar
8 de junio, 2020
Luisa del Rosario Aguilar Ruz
7 de junio, 2020
Luis Javier Plata Rosas
6 de junio, 2020
Lilian Chapa Koloffon
5 de junio, 2020
José Antonio Aguilar Rivera
4 de junio, 2020
Alma Maldonado-Maldonado
3 de junio, 2020
Latife Salame Khouri
1 de junio, 2020
Carlos Eduardo López Cafaggi
31 de mayo, 2020
Yolanda Soler Onís
28 de mayo, 2020
Luis Miguel Aguilar
27 de mayo, 2020
Sofía Ramírez Aguilar
25 de mayo, 2020
Catalina Aguilar Mastretta
24 de mayo, 2020
Sergio Ramírez
23 de mayo, 2020
Valeria Villalobos Guízar
22 de mayo, 2020
Ariel Rodríguez Kuri
21 de mayo, 2020
Raúl Bravo Aduna
20 de mayo, 2020
Rafael Pérez Gay
16 de mayo, 2020
Hernán Bravo Varela
15 de mayo, 2020
Esther Charabati
14 de mayo, 2020
Mateo Aguilar Mastretta
13 de mayo, 2020
Teresa Zerón-Medina Laris
12 de mayo, 2020
José Woldenberg
11 de mayo, 2020
Melissa Cassab
10 de mayo, 2020
Guillermo Fadanelli
9 de mayo, 2020
Delia Juárez G.
8 de mayo, 2020
Nicolás Medina Mora
7 de mayo, 2020
Natalia Mendoza
6 de mayo, 2020
Juan Pablo García Moreno
4 de mayo, 2020
Esteban Illades
3 de mayo, 2020
Daniela Tarazona
2 de mayo, 2020
Álvaro Ruiz Rodilla
1 de mayo, 2020
Kathya Millares
30 de abril, 2020
Arnoldo Kraus
29 de abril, 2020
Soledad Loaeza
28 de abril, 2020
Héctor Aguilar Camín
27 de abril, 2020
Andrea Januta
26 de abril, 2020
Ronaldo González Valdés
25 de abril, 2020
Ana Sofía Rodríguez Everaert
23 de abril, 2020
Ángeles Mastretta
Es sin miedo al cariño! Bravo y limpio papá!