En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.
Estoy muy cansada. Anoche desperté a las 4 am porque me dolían mucho las piernas: probé varias clases en línea de fitness y, entre que no entendía los movimientos de la instructora y que me pedían brincar con fuerza sobre mi frágil piso de madera que ya destrocé en otras ocasiones, opté por una “fácil”, y aun así es para gente que al parecer tiene músculos donde yo no. Volví a la cama pensando en la pinche Jessica y sus “aguanta un poco, un poquito más” y tuve pesadillas espantosas con cucarachas gigantes que me perseguían en el bosque.
La verdad es que llevo varias noches sin dormir o soñando con insectos. Al principio de la cuarentena, me encerré con mi padre y su esposa. Cuando después de un mes regresé a mi casa, donde vivo sola, descubrí que tenía nuevos roomies: una voraz colonia de Samsas con sus secuaces del alma, los pececillos de plata. Lo intenté todo para sellar la paz: limpié la cocina con mil productos, pasé vinagre blanco y esencias de geranio y lavanda por las tuberías, inventé trampas con bicarbonato. Desde hace unas semanas, uso unos espráis que me dan tos pero muy útiles contra los pececillos: encuentro cadáveres todas las mañanas, que barro amorosamente antes de desayunar. Pero a las cucarachas les vale. Ya me imagino las pachangas que arman apenas apago la luz.
A pesar del cansancio, despierto a las 8, salgo de la cama y abro despacio la puerta de la cocina. Cadáveres de pececillos por doquier, ninguna mancha café corriendo sobre la pared: todo parece en orden. El día puede empezar.
Tengo la enorme suerte de seguir trabajando normal. Trabajo en una editorial de audiolibros infantiles y, además de seguir en los proyectos de siempre, creamos actividades para ocupar a los niños mientras estén en casa. Buscar cómo entretenerlos ofrece la doble ventaja de divertirme y hacerme sentir útil: hemos recibido montones de correos agradecidos de padres desesperados por la convivencia con sus criaturas.
Sin embargo, suelo llegar algo frustrada al final del día: entre los amigos que comparten listas de series, los que proponen retos de lectura y mis propias metas de encierro —aprender a cocinar el mignon de cerdo con piña; fortalecer mi cintura abdominal; retomar mis clases de ruso; y más—, me doy cuenta de que me falta tiempo. Despierto, quito los cadáveres de insectos, desayuno en mi sofá porque la mesa está ocupada con mi compu y mis centenares de cuadernos, trabajo, almuerzo rápido, duermo una siesta siempre demasiado corta, trabajo, llego tarde a videofiestas. En el mejor de los casos logro despedirme a una hora que me permite cenar y lavar los trastes antes de la aparición nocturna de las alimañas; en el peor, me emborracho; y en cualquier caso termino yéndome a la cama inspeccionando si hay algún bicho inoportuno, sabiendo que despertaré unas horas después con sed y miedo.

Ilustración: Raquel Moreno
¡Pero no! ¡Hoy será un día distinto! Un café y a darle a la chamba. Mi papá me llama a mediodía para asegurarse de que sigo viva y recordarme, con filosofía, que “el bichito no se comerá al bichote”. Luego llamo a mis abuelos que me preguntan otra vez si mi hermana, que trabaja en urgencias, está bien, y por qué no les contesta las llamadas.
Mientras almuerzo un trozo de mignon con piña veo un documental sobre la historia del mal gusto. No logro dormir la siesta. Trabajo hasta las 5 y decido darme un respiro: mi hermana vive cerca y le gusta pasear cuando no está en el hospital. Le damos la vuelta a la cuadra manteniendo un metro de distancia. Ella lleva mascarilla, yo no. Me regala chocolates y me desea ánimo con mis mugrientos inquilinos. Mi hermana es fuerte, es la que brinda víveres a sus roomies y noticias a mi familia: es la única de nosotros que sí puede salir.
Media hora después vuelvo al teletrabajo, me como la mitad de los chocolates. Me dejo llevar por la redacción de unas instrucciones para domar mamuts —las actividades para los niños mañana— y llego tarde para video-brindar con una amiga. Ella aprovechó el tiempo para probar tutoriales de belleza en YouTube: me presume el delicado sombreado de sus párpados y revisamos la lista de lo que haremos cuando podamos salir. Tenemos que colgar precipitadamente porque tenemos otro brindis que atender. Me conecto con otras tres amigas. Nos reunimos una vez por semana. No éramos muy cercanas antes del encierro, pero ahora comparamos nuestras aventuras solitarias casi diario: la que anda de video-fiestas las 24 horas, la que dejó de lavarse el cabello y la que cocina como si fuera a alimentar a cincuenta personas. Yo soy la que pelea con bichos. Me preguntan todas las mañanas si he vuelto a ver algo y si he podido dormir. Son buenas amigas. Gracias a ellas no me siento sola en esta guerra doméstica.
Hoy no leí nada, no hice deporte, comí chingos de chocolate, mi mignon salió pasado y soso, me iré a dormir un poco ebria y con espray anticucarachas en cada rincón de mis pulmones. Pero así la llevo. Tengo gente que me cuida no tan lejos y aprendí cómo domar un mamut.
Anaïs Lazerges
14 de julio, 2020
Camila Ordorica
13 de julio, 2020
Valeria Sánchez Michel
12 de julio, 2020
Mario Arriagada Cuadriello
11 de julio, 2020
Modesta Suárez
10 de julio, 2020
Camilo Rodríguez
9 de julio, 2020
Rebecca Leal Singer
8 de julio, 2020
Camila Medina Mora
7 de julio, 2020
Guillermo Fajardo
5 de julio, 2020
María José Rodilla
4 de julio, 2020
Lorena Migoya Mastretta
3 de julio, 2020
Álvaro Ruiz Abreu
2 de julio, 2020
Sandra Aguilar Gómez
1 de julio, 2020
Horacio Cano Vargas
30 de junio, 2020
Nicolás Ruiz Berruecos
29 de junio, 2020
Natalia Beristain
28 de junio, 2020
Alejandra Márquez Abella
26 de junio, 2020
Verónica Mastretta
25 de junio, 2020
Sofía Rulloni
24 de junio, 2020
Sergio Mastretta
23 de junio, 2020
Nicolás Celis
22 de junio, 2020
Regina Blandón Marrón
20 de junio, 2020
Antonio Saborit
19 de junio, 2020
Tania Ruiz Montalvo
18 de junio, 2020
Caroline Tracey
17 de junio, 2020
Ricardo Alvarado Andalón
16 de junio, 2020
Ana Lucía Guerrero
15 de junio, 2020
José Manuel Velasco
14 de junio, 2020
Mercedes Aguilar Soto
13 de junio, 2020
Margarito Cuéllar
12 de junio, 2020
José Ignacio Lanzagorta García
11 de junio, 2020
Mary Carmen Sánchez Ambriz
10 de junio, 2020
Jennifer Clement
9 de junio, 2020
Felipe Aguilar
8 de junio, 2020
Luisa del Rosario Aguilar Ruz
7 de junio, 2020
Luis Javier Plata Rosas
6 de junio, 2020
Lilian Chapa Koloffon
5 de junio, 2020
José Antonio Aguilar Rivera
4 de junio, 2020
Alma Maldonado-Maldonado
3 de junio, 2020
Latife Salame Khouri
1 de junio, 2020
Carlos Eduardo López Cafaggi
31 de mayo, 2020
Yolanda Soler Onís
28 de mayo, 2020
Luis Miguel Aguilar
27 de mayo, 2020
Sofía Ramírez Aguilar
25 de mayo, 2020
Catalina Aguilar Mastretta
24 de mayo, 2020
Sergio Ramírez
23 de mayo, 2020
Valeria Villalobos Guízar
22 de mayo, 2020
Ariel Rodríguez Kuri
21 de mayo, 2020
Raúl Bravo Aduna
20 de mayo, 2020
Rafael Pérez Gay
16 de mayo, 2020
Hernán Bravo Varela
15 de mayo, 2020
Esther Charabati
14 de mayo, 2020
Mateo Aguilar Mastretta
13 de mayo, 2020
Teresa Zerón-Medina Laris
12 de mayo, 2020
José Woldenberg
11 de mayo, 2020
Melissa Cassab
10 de mayo, 2020
Guillermo Fadanelli
9 de mayo, 2020
Delia Juárez G.
8 de mayo, 2020
Nicolás Medina Mora
7 de mayo, 2020
Natalia Mendoza
6 de mayo, 2020
Juan Pablo García Moreno
4 de mayo, 2020
Esteban Illades
3 de mayo, 2020
Daniela Tarazona
2 de mayo, 2020
Álvaro Ruiz Rodilla
1 de mayo, 2020
Kathya Millares
30 de abril, 2020
Arnoldo Kraus
29 de abril, 2020
Soledad Loaeza
28 de abril, 2020
Héctor Aguilar Camín
27 de abril, 2020
Andrea Januta
26 de abril, 2020
Ronaldo González Valdés
25 de abril, 2020
Ana Sofía Rodríguez Everaert
23 de abril, 2020
Ángeles Mastretta
Lo esencial, mi estimada Anaïs, es que no has perdido el sentido del humor. Es el mejor arma que existe contra las pandemias… y contra los gregorios samsa. Por si no lo sabías: “Aunque la cucaracha se vista de Kafka, cucaracha se queda”. Vale, y a seguir en la lucha, hasta la Victoria (la de Samotracia) siempre.