En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.
Empezamos a saber qué es la soledad cuando escuchamos el silencio de las cosas.
—Emil Cioran
Anoche volví a soñar que viajaba. A mis pies se despliega una larga playa de arena blanca y cálida. La brisa marina acaricia mi cuerpo de arriba abajo. Camino en busca de otro ser humano durante un lapso de tiempo cuya duración me es difícil precisar —así como cualquier detalle, envuelto en la nebulosa capa del ensueño. Finalmente comprendo que el lugar está desierto y desisto. De pronto aparezco mar adentro, rodeado de agua hasta el cuello. Nado afanosamente para encontrar tierra firme, la cual no veo por ningún lado. Siento una angustia honda que pronto se convierte en desesperación, imagino los seres recónditos y las bestias submarinas que acechan en las profundidades, pero decido meter la cabeza y hundirme en la oscura inmensidad.
Luego viajo hasta la sala de redacción de mi antiguo empleo como oficinista editorial en la post-apocalíptica Ciudad de México. Los mismos colegas, el mismo ambiente de opresión y jerarquía, la misma máquina de café en polvo y tisanas baratas. Los empleados circulan entre pasillos, corredores y cubículos. Están vestidos de traje. Tienen los ojos abiertos pero ninguno habla, estoy seguro de que tampoco sonríen bajo los cubrebocas. Después abro los ojos, estoy de regreso en mi cama. Una sutil desazón me oprime la boca del estómago. Un nuevo día comienza. “Y cuando despertó, el trabajo pendiente todavía estaba ahí”.
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Tener el cuerpo inmerso en el agua, sin tocar ni ver tierra. Al parecer ese es uno de los sueños más recurrentes insertados en el inconsciente colectivo y reflejan el temor hacia lo desconocido.
Nuestro ritmo de vida se ha descolocado. El tiempo de los relojes está fracturado, la cuarentena ha viralizado una permanente sensación de jet lag. Mis rutinas, así como mis momentos de descanso, se han vuelto relativos y difusos. Me siento como un gato cuyos dueños se mudaron a un nuevo espacio, que en realidad es el mismo pero está cercado por una atmósfera de extrañeza. “Porque yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa”, recuerdo el “Romance Sonámbulo”, de Lorca. Por fortuna, me digo, los pájaros cantan más fuerte que antes y los coches se oyen menos.
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Hoy es viernes, solo debo dar una clase y escribir aunque sea media página. Desde que soy freelancer entiendo el precio de la libertad, los límites difusos que separan el trabajo y el ocio, y me muevo como pez en el mar de la precariedad líquida. ¿Qué ideal de lucha más noble que el de seguir viviendo en piyama? Hago una meditación de quince minutos, luego un poco de ejercicio, un baño de agua fría y un desayuno frugal. Un pensamiento de Marco Aurelio cierra mi mañana: “es propio de necios enojarse con los hechos”.

Ilustración: Estelí Meza
La tarde es un espacio distinto, efervescente. Me enfrento al abismo de la hoja en blanco. Bebo café, fumo varios cigarrillos. Investigo sobre la eutanasia; me entero de que hay médicos dedicados a practicarla clandestinamente, usan inyecciones para ralentizar el ritmo del corazón y provocar un paro respiratorio, pero hay casos en que los amigos o familiares se ponen de acuerdo con el muriente para que reciba una muerte digna y parezca un suicidio. Me inclino por la última situación para el héroe de mi relato.
A las cuatro caliento lo que quedó de mi menú de ayer: sopa de lentejas, ensalada y unas quesadillas. Mientras sirvo se me ocurre hacer una mini encuesta sobre los cambios del sueño durante el confinamiento. Después de comer pongo manos a la obra y descubro que: 1) la mayoría de personas tuvieron, entre abril y mayo, fuertes desórdenes del sueño como insomnio, deseos de dormir a deshoras y una fuerte sensación de cansancio al despertar; 2) ahora casi todos se acuestan y se levantan más tarde que antes de la cuarentena; 3) casi todos tuvieron un altibajo libidinal que les suscitó sueños sexuales con viejos amigos o exparejas que no ven hace tiempo; 4) después de los sueños sexuales, la mayoría tuvo sueños vinculados con viajes de su pasado o extrañas pesadillas de las que recuerdan poco.
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Antes del anochecer decido dar un paseo en el parque de enfrente. Es un acogedor jardín lleno de altos ocotes, resbaladillas y una cancha de fútbol. Mientras avanzo por el andador intento memorizar un poema de Darío Jaramillo. “Primero está la soledad / En las entrañas y en el centro del alma”. Hay tanta gente como de costumbre. Niños, adultos y perros corriendo entre los arbustos. “Ésta es la esencia, el dato básico, la única certeza:”. En los columpios un par de enamorados se toma de la mano pero no pueden besarse. “Que solamente tu respiración te acompaña, / que siempre bailarás con tu sombra, / que esa tiniebla eres tú”. Delante de mí pasa una señora trotando, hablando por teléfono y espolea cada tanto a su perro perezoso. Se me antoja que es la viva imagen de la ciudad que agoniza. “El amor es un regalo que un día llega por sí solo”. Extraño los pájaros, que a esa hora no han regresado a sus nidos. “Primero y siempre está tu soledad, / y luego nada, / y después, si ha de llegar, está el amor”.
Camilo Rodríguez
9 de julio, 2020
Rebecca Leal Singer
8 de julio, 2020
Camila Medina Mora
7 de julio, 2020
Guillermo Fajardo
5 de julio, 2020
María José Rodilla
4 de julio, 2020
Lorena Migoya Mastretta
3 de julio, 2020
Álvaro Ruiz Abreu
2 de julio, 2020
Sandra Aguilar Gómez
1 de julio, 2020
Horacio Cano Vargas
30 de junio, 2020
Nicolás Ruiz Berruecos
29 de junio, 2020
Natalia Beristain
28 de junio, 2020
Alejandra Márquez Abella
26 de junio, 2020
Verónica Mastretta
25 de junio, 2020
Sofía Rulloni
24 de junio, 2020
Sergio Mastretta
23 de junio, 2020
Nicolás Celis
22 de junio, 2020
Regina Blandón Marrón
20 de junio, 2020
Antonio Saborit
19 de junio, 2020
Tania Ruiz Montalvo
18 de junio, 2020
Caroline Tracey
17 de junio, 2020
Ricardo Alvarado Andalón
16 de junio, 2020
Ana Lucía Guerrero
15 de junio, 2020
José Manuel Velasco
14 de junio, 2020
Mercedes Aguilar Soto
13 de junio, 2020
Margarito Cuéllar
12 de junio, 2020
José Ignacio Lanzagorta García
11 de junio, 2020
Mary Carmen Sánchez Ambriz
10 de junio, 2020
Jennifer Clement
9 de junio, 2020
Felipe Aguilar
8 de junio, 2020
Luisa del Rosario Aguilar Ruz
7 de junio, 2020
Luis Javier Plata Rosas
6 de junio, 2020
Lilian Chapa Koloffon
5 de junio, 2020
José Antonio Aguilar Rivera
4 de junio, 2020
Alma Maldonado-Maldonado
3 de junio, 2020
Latife Salame Khouri
1 de junio, 2020
Carlos Eduardo López Cafaggi
31 de mayo, 2020
Yolanda Soler Onís
28 de mayo, 2020
Luis Miguel Aguilar
27 de mayo, 2020
Sofía Ramírez Aguilar
25 de mayo, 2020
Catalina Aguilar Mastretta
24 de mayo, 2020
Sergio Ramírez
23 de mayo, 2020
Valeria Villalobos Guízar
22 de mayo, 2020
Ariel Rodríguez Kuri
21 de mayo, 2020
Raúl Bravo Aduna
20 de mayo, 2020
Rafael Pérez Gay
16 de mayo, 2020
Hernán Bravo Varela
15 de mayo, 2020
Esther Charabati
14 de mayo, 2020
Mateo Aguilar Mastretta
13 de mayo, 2020
Teresa Zerón-Medina Laris
12 de mayo, 2020
José Woldenberg
11 de mayo, 2020
Melissa Cassab
10 de mayo, 2020
Guillermo Fadanelli
9 de mayo, 2020
Delia Juárez G.
8 de mayo, 2020
Nicolás Medina Mora
7 de mayo, 2020
Natalia Mendoza
6 de mayo, 2020
Juan Pablo García Moreno
4 de mayo, 2020
Esteban Illades
3 de mayo, 2020
Daniela Tarazona
2 de mayo, 2020
Álvaro Ruiz Rodilla
1 de mayo, 2020
Kathya Millares
30 de abril, 2020
Arnoldo Kraus
29 de abril, 2020
Soledad Loaeza
28 de abril, 2020
Héctor Aguilar Camín
27 de abril, 2020
Andrea Januta
26 de abril, 2020
Ronaldo González Valdés
25 de abril, 2020
Ana Sofía Rodríguez Everaert
23 de abril, 2020
Ángeles Mastretta
Este Covidiario me recuerda el final de un cuento mío, escrito allá por 1960, y que se hizo famoso entre los miembros de mi pandilla, en Huelva, España: «La verdad es que estamos podridos de literatura». Ese cuento, «Macho dulce», se publicó por cierto en Nexos, hace ahora ya casi cinco años: https://www.nexos.com.mx/?p=25771