En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.
La primera vez que escuché hablar del covid-19 fue a finales de diciembre, al cenar sola en una taquería. La gente veía la televisión sin mayor interés y a mitad de la nota cambiaron de canal a un programa de chismes; seguí comiendo pero ya con la pulga en la oreja. Cuando salí le marqué a un biólogo molecular especialista en desarrollo de vacunas a quien conozco desde hace algunos años y que hoy trabaja en Inglaterra. Le pregunté qué sabía del virus que venía haciendo ruido y ya ocupaba un lugar en los noticieros nacionales.
—Es grave —me dijo—. Tiene la gran posibilidad de convertirse en una pandemia.
Directo como es, seco como es y honesto como es, me dijo lo que me tenía que decir sin más… escuchar la palabra pandemia en su boca me preocupó.
—Sé lo que significa pandemia, no me taches de idiota. Si es que el virus llegara a México, ¿en cuánto tiempo crees que sucedería?
—Depende de muchos factores, pero pronto. Como te dije, es grave.
Su respuesta me horrorizó.

Ilustración: Estelí Meza
Volteé a mi alrededor; la vida seguía su paso, la gente, con sus asuntos. En la televisión de la taquería, que aún podía ver por el vidrio desde mi coche, pasaban lo que parecía ser una receta de chiles rellenos.
Esa noche empezaron a surgir escenarios en mi cabeza sobre lo que una pandemia le haría a México. Pensé primero en cómo podría evitarse que el virus llegara a nuestro país, quiénes serían los más vulnerables, cómo sería el protocolo de atención en hospitales, cuáles podrían ser los tratamientos y qué tan viable sería tener acceso a ellos —en caso de que existieran—. En general, cómo debería actuar el gobierno; cosas en las que debemos pensar los que somos funcionarios públicos. Al llegar a mi casa busqué en internet frases como: “Coronavirus, tasa de contagio”, “Coronavirus, ¿qué tan grave es?”, “Coronavirus China”, “Coronavirus, ¿qué es?”, “Pandemia siglo XXI consecuencias”.
Como funcionario público es muy difícil agradar a las personas; podemos ser considerados como lo que las inyecciones son para los niños. La realidad es que servir a tu país es una pasión adquirida que puede equivocadamente interpretarse como algo que te saca canas y te quita tiempo, o como algo que te da la experiencia más gratificante aunque vayas de visita a tu casa y vivas en la oficina. Para los funcionarios públicos de carrera, las políticas públicas no las medimos en trienios o sexenios, aceptación o popularidad; por el contrario, esos términos no sólo nos agobian, sino que nos estorban más que un mal salario. Así que pensé entonces en lo que podría significar la presencia de este virus en México desde mi campo de trabajo y las conclusiones a las que llegaba iban generando en mí una preocupación latente. ¿Cómo podría este país con severos atrasos legislativos, operativos —y por consecuencia— instituciones débiles, hacerle frente a ese posible tsunami? Al día siguiente llegué a la oficina temprano, me encontré con Horacio Cano, gran amigo mío y empezamos a conversar:
—¿Has visto lo de China?
—Sí, qué terror. ¿Qué vamos a hacer?
—Supongo que lo que se pueda, con lo que se tenga. Como siempre.
—No estamos listos para algo así. Ni como país ni como gobierno.
—Alguien que sabe de estas cosas me dijo que el virus es serio.
—¿Qué tan serio?
—Grave.
Horacio guardó silencio un minuto y al entender lo que yo trataba de decir agregó:
—¿Cuáles han sido las medidas que el gobierno chino está aplicando?
—Creo que aislamiento de todo el lugar donde comenzó el brote y cierre de algunos lugares de China.
—China siendo China… Con el sistema de gobierno que los rige, siendo quienes son…
—Lo sé…
La conversación siguió por mucho tiempo. Había una preocupación creciente, hablamos sobre posibles restricciones, prohibiciones, pensábamos lo que desde nuestro pequeño lugar de trabajo, perdidos en uno de los tantos municipios que integran México deberíamos de hacer y podríamos hacer. Poco tiempo después el virus llegó y era ya una pandemia. Como dijo un experto: grave.
México es un país que se ha visto altamente afectado por el covid-19: el número de muertes es ya superior a España. Los tres poderes que forman la república y los tres niveles de gobierno, desde el municipio hasta la federación, trabajan de forma parcial. Las instituciones que podrían haber enfrentado la pandemia y contener en gran medida esta desgracia no tienen la capacidad, pues en su momento no hubo el interés por la planeación y la continuidad ni por la inversión necesaria para fortalecerlas, tampoco hubo el interés y la capacidad por crear políticas públicas que emanaran de una genuina aportación al sistema. La constante en la toma de decisiones durante sexenios enteros ha sido los escenarios electorales y el evitar los costos políticos de lo que pudiera ser una administración pública responsable.
Como país no estuvimos listos, no sólo para enfrentar una pandemia, sino para crecer como nación. Toda buena política pública necesita tiempo, e igual que una inyección a un niño, a veces no resulta agradable. La peor amenaza para las correctas políticas públicas es el cambio de sexenio y/o trienio; la peor amenaza para un funcionario público, un político mediocre.
Lorena Migoya Mastretta
3 de julio, 2020
Álvaro Ruiz Abreu
2 de julio, 2020
Sandra Aguilar Gómez
1 de julio, 2020
Horacio Cano Vargas
30 de junio, 2020
Nicolás Ruiz Berruecos
29 de junio, 2020
Natalia Beristain
28 de junio, 2020
Alejandra Márquez Abella
26 de junio, 2020
Verónica Mastretta
25 de junio, 2020
Sofía Rulloni
24 de junio, 2020
Sergio Mastretta
23 de junio, 2020
Nicolás Celis
22 de junio, 2020
Regina Blandón Marrón
20 de junio, 2020
Antonio Saborit
19 de junio, 2020
Tania Ruiz Montalvo
18 de junio, 2020
Caroline Tracey
17 de junio, 2020
Ricardo Alvarado Andalón
16 de junio, 2020
Ana Lucía Guerrero
15 de junio, 2020
José Manuel Velasco
14 de junio, 2020
Mercedes Aguilar Soto
13 de junio, 2020
Margarito Cuéllar
12 de junio, 2020
José Ignacio Lanzagorta García
11 de junio, 2020
Mary Carmen Sánchez Ambriz
10 de junio, 2020
Jennifer Clement
9 de junio, 2020
Felipe Aguilar
8 de junio, 2020
Luisa del Rosario Aguilar Ruz
7 de junio, 2020
Luis Javier Plata Rosas
6 de junio, 2020
Lilian Chapa Koloffon
5 de junio, 2020
José Antonio Aguilar Rivera
4 de junio, 2020
Alma Maldonado-Maldonado
3 de junio, 2020
Latife Salame Khouri
1 de junio, 2020
Carlos Eduardo López Cafaggi
31 de mayo, 2020
Yolanda Soler Onís
28 de mayo, 2020
Luis Miguel Aguilar
27 de mayo, 2020
Sofía Ramírez Aguilar
25 de mayo, 2020
Catalina Aguilar Mastretta
24 de mayo, 2020
Sergio Ramírez
23 de mayo, 2020
Valeria Villalobos Guízar
22 de mayo, 2020
Ariel Rodríguez Kuri
21 de mayo, 2020
Raúl Bravo Aduna
20 de mayo, 2020
Rafael Pérez Gay
16 de mayo, 2020
Hernán Bravo Varela
15 de mayo, 2020
Esther Charabati
14 de mayo, 2020
Mateo Aguilar Mastretta
13 de mayo, 2020
Teresa Zerón-Medina Laris
12 de mayo, 2020
José Woldenberg
11 de mayo, 2020
Melissa Cassab
10 de mayo, 2020
Guillermo Fadanelli
9 de mayo, 2020
Delia Juárez G.
8 de mayo, 2020
Nicolás Medina Mora
7 de mayo, 2020
Natalia Mendoza
6 de mayo, 2020
Juan Pablo García Moreno
4 de mayo, 2020
Esteban Illades
3 de mayo, 2020
Daniela Tarazona
2 de mayo, 2020
Álvaro Ruiz Rodilla
1 de mayo, 2020
Kathya Millares
30 de abril, 2020
Arnoldo Kraus
29 de abril, 2020
Soledad Loaeza
28 de abril, 2020
Héctor Aguilar Camín
27 de abril, 2020
Andrea Januta
26 de abril, 2020
Ronaldo González Valdés
25 de abril, 2020
Ana Sofía Rodríguez Everaert
23 de abril, 2020
Ángeles Mastretta
Muy buen Covidiario, este punto de vista me estaba faltando. Y desde luego la autora tiene razón: por muy bueno que sea un funcionario público, si el político que manda es mediocre, apaga y vámonos.