En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.
Hoy es el día 107 de mi cuarentena, sin contar los días que pasé encuartelada en Nueva York antes de aquella noche que me di cuenta de que las cosas iban a cambiar para siempre. Empaqué lo que pude, pagué 100 dólares de sobrepeso y llegué a vivir a la Cuauhtémoc con Luis. En estos 107 días mi mayor éxito ha sido implementar una rutina. Siempre me pongo zapatos y brasier, siempre me peino y me pongo cuatro menjurjes en la cara en la mañana y tres en la noche. Siempre me peso, siempre empiezo el día con café y siempre salgo a dar la vuelta a la cuadra.
El día 98, sin embargo, me levanté desganada, después de una larga noche de pesadillas, de marañas y malviajes que me hago yo sola porque mis limitadas interacciones sociales durante la cuarentena no dan mucho material para pesadillas fundamentadas en intrigas reales. En medio de altibajos oníricos que tenían a mi cuerpo exudando sudor frío, me despertó un grito ahogado de Luis que pisó una lombriz gigante que serpenteaba al pie de nuestra cama. Las sábanas recién lavadas se llenaron de sangre (o algún líquido viscoso sanguinolento que sueltan las lombrices cuando las destazan).
Ese día no me quise bañar, por primera ocasión desde que comenzó el encierro. Arrastré los pies hasta el armario y me puse un vestido guango de flores y tampoco me preocupé por ponerme brasier. Terminé de amarrar mi cabello sucio cuando empezó a sonar un sonido nuevo para mí: la alerta sísmica.

Ilustración: Patricio Betteo
“Hay que salir, corre”, me dijo Luis. Y trastabillé empujando mis pantuflas, pensando que todo es un simulacro, hasta que empezaron a amontonarse los vecinos en el cruce de avenidas porque los postes de luz se movían demasiado. Miré al piso, sentía que surfeaba. Quería reír y llorar muy fuerte al mismo tiempo.
Ahora que lo recuerdo, pienso que si hubiera temblado cualquier otro día me hubiera agarrado en la regadera, que si no hubiera habido una lombriz amoratada embarrada en mis sábanas a las 4 de la mañana, la sacudida me hubiera agarrado en la regadera. Me imagino resbalando con el jabón o bajando las escaleras desnuda y empapada, manteniendo el equilibrio con mis pies descalzos mientras sujeto la toalla con una mano y el barandal con la otra. Imagino mis fotos furtivas convertidas en memes. Y me invade esa sensación de conexión esotérica, como cuando de niña, en una gasolinera de carretera, me metí al coche medio segundo antes de que pasara un camión a toda velocidad y doblara la puerta como cartón y mi papá llorara porque por poco y no la cuento, pero a la vez no pasó absolutamente nada.
Tras 50 segundos de oscilaciones y aún con el nudo en la garganta, nos cayó el veinte de que esto es una pandemia y nos movimos hacia otra avenida para tratar de distanciarnos de la gente, que comenzaba a sentarse en la banqueta, a llamar a los suyos, a calmar a los perros. Quisimos entrar al edificio por los celulares olvidados para saber cómo estaba la familia, pero el guardia, con una voz cargada de sentimiento de pertenencia y de cuidado, nos detuvo para decirnos era mejor estar afuera por si viene una réplica. “¿Una qué?”, pensé, sintiéndome más desconectada de mi entorno que nunca.
Las voces se oían desde lejos. La gente me parecía de hierro, mientras que yo era una ridícula figurita de papel. Miré a las vecinas y pensé que debíamos preparar una mochila como las que cargaban ellas, con víveres y documentos y linternas y medicinas. Me sentí descolocada: todos a mi alrededor estaban pensando en el 19S, sobreponiéndose a la memoria colectiva de algo que yo no viví.
Una semana después, mi rutina de cuarentena se ha restablecido y los impactos del sismo en nuestras vidas se reducen a una pequeña grieta nueva en la pared y a las horas que pasamos sin agua clara borboteando en el grifo aquel día. Me pregunto qué habrá pasado en las frágiles entrañas de la ciudad para que el agua se volviera café tras sacudirse el suelo, y me pregunto también por los demás estragos del sismo. Los informes preliminares parecían indicar que los daños eran moderados. Antes de buscar los reportes pertinentes, traté de sentir esa conexión esotérica, esperando que la suerte no me hubiera sonreído sólo a mí.
Luego me acordé de que hay lugares donde cuando la suerte sonríe desde el cielo, décadas de abandono le tiran los dientes y entonces su sonrisa se convierte en una mueca retorcida que espanta y anuncia muerte.
Sandra Aguilar Gómez
1 de julio, 2020
Horacio Cano Vargas
30 de junio, 2020
Nicolás Ruiz Berruecos
29 de junio, 2020
Natalia Beristain
28 de junio, 2020
Alejandra Márquez Abella
26 de junio, 2020
Verónica Mastretta
25 de junio, 2020
Sofía Rulloni
24 de junio, 2020
Sergio Mastretta
23 de junio, 2020
Nicolás Celis
22 de junio, 2020
Regina Blandón Marrón
20 de junio, 2020
Antonio Saborit
19 de junio, 2020
Tania Ruiz Montalvo
18 de junio, 2020
Caroline Tracey
17 de junio, 2020
Ricardo Alvarado Andalón
16 de junio, 2020
Ana Lucía Guerrero
15 de junio, 2020
José Manuel Velasco
14 de junio, 2020
Mercedes Aguilar Soto
13 de junio, 2020
Margarito Cuéllar
12 de junio, 2020
José Ignacio Lanzagorta García
11 de junio, 2020
Mary Carmen Sánchez Ambriz
10 de junio, 2020
Jennifer Clement
9 de junio, 2020
Felipe Aguilar
8 de junio, 2020
Luisa del Rosario Aguilar Ruz
7 de junio, 2020
Luis Javier Plata Rosas
6 de junio, 2020
Lilian Chapa Koloffon
5 de junio, 2020
José Antonio Aguilar Rivera
4 de junio, 2020
Alma Maldonado-Maldonado
3 de junio, 2020
Latife Salame Khouri
1 de junio, 2020
Carlos Eduardo López Cafaggi
31 de mayo, 2020
Yolanda Soler Onís
28 de mayo, 2020
Luis Miguel Aguilar
27 de mayo, 2020
Sofía Ramírez Aguilar
25 de mayo, 2020
Catalina Aguilar Mastretta
24 de mayo, 2020
Sergio Ramírez
23 de mayo, 2020
Valeria Villalobos Guízar
22 de mayo, 2020
Ariel Rodríguez Kuri
21 de mayo, 2020
Raúl Bravo Aduna
20 de mayo, 2020
Rafael Pérez Gay
16 de mayo, 2020
Hernán Bravo Varela
15 de mayo, 2020
Esther Charabati
14 de mayo, 2020
Mateo Aguilar Mastretta
13 de mayo, 2020
Teresa Zerón-Medina Laris
12 de mayo, 2020
José Woldenberg
11 de mayo, 2020
Melissa Cassab
10 de mayo, 2020
Guillermo Fadanelli
9 de mayo, 2020
Delia Juárez G.
8 de mayo, 2020
Nicolás Medina Mora
7 de mayo, 2020
Natalia Mendoza
6 de mayo, 2020
Juan Pablo García Moreno
4 de mayo, 2020
Esteban Illades
3 de mayo, 2020
Daniela Tarazona
2 de mayo, 2020
Álvaro Ruiz Rodilla
1 de mayo, 2020
Kathya Millares
30 de abril, 2020
Arnoldo Kraus
29 de abril, 2020
Soledad Loaeza
28 de abril, 2020
Héctor Aguilar Camín
27 de abril, 2020
Andrea Januta
26 de abril, 2020
Ronaldo González Valdés
25 de abril, 2020
Ana Sofía Rodríguez Everaert
23 de abril, 2020
Ángeles Mastretta