En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.
Mi intención era escribir acerca del errático mundo de los sueños, de sus reglas, que son las que parecieran regir y desordenar estos largo días del covid. De hecho, lo hice. Y como pasa en sueños, en que todo se desbarata cuando está a punto de suceder algo definitivo, di un clic equivocado y el texto quedó definitivamente borrado. Lo supe en el instante en que lo hice. Que el texto se había ido al carajo. Mejor. Ya iba sin alma. A la mitad del texto supe que Amy Camacho no había sobrevivido al derrame cerebral que sufrió la semana pasada. Este día no sería parecido a los últimos cien. No lo recordaré como esos días.

Ilustración: Kathia Recio
El 2020 nos repartió unas cartas desconocidas con las que aún no sabemos lidiar. Los humanos somos la única especie que mide el tiempo, aunque los físicos cuánticos dicen que no existe, que todo es presente. Como sea, nos hemos organizado para ponerle horas y nombre a las vueltas de la tierra sobre su eje o alrededor del sol, lo hemos medido con relojes de arena, calendarios de piedra o con precisión digital. Pero el covid ha arrasado hasta con la percepción que teníamos del tiempo, y de marzo para acá tenemos en la mente un amasijo de días y horas confundidos entre sí. La cuenta exacta del tiempo ha sufrido un serio revés y hoy me parece esquivo e inmanejable, como en los sueños.
Anochece en este 25 de junio de 2020. La muerte de una persona querida fija las fechas en nosotros. Pienso en Amy muy joven, casi niña, la mayor de ocho hermanos, aprendiendo a trabajar en equipo para lograr sacar adelante a Africam Safari hace tantos años, y en cómo se transformó en una eficaz , intensa y generosa líder de múltiples causas. En los últimos tiempos, larga fue su batalla por vivir, largo su encierro. Y no por el covid. Su salud se volvió frágil hace ya tiempo. Tanto batallar desde los trece o catorce años le pasaron factura. Ella quemaba su energía en cada idea que consideraba fundamental, pero en particular en todo lo que fuera su familia nuclear y laboral y todo lo que tuviera que ver con la protección y preservación del mundo natural. Si la energía se transforma, se volverá cometa. Así me la imagino. No la imagino quieta. Contar su historia es motivo de un relato aparte. Varias veces se lo dije, cuando con entusiasmo buscaba quien le escribiera un buen texto con la historia de su papá y los orígenes de Africam, —Para mí el personaje eres tú. La historia que hace falta contar es la tuya—. No se veía a sí misma como una heroína. Tampoco como víctima. Yo vi en ella tanta complejidad, tantos dilemas, pero como primera cualidad, una generosidad inmensa, un desbordamiento y compasión hacia los demás que rara vez se encuentra en las personas.
Si algo caracterizó a Amy fue su capacidad para entender que había que trabajar y actuar más allá de nuestros pequeños mundos personales. Cuando tuvo su vida resuelta, guardó en la memoria lo importante que es que alguien te ayude cuando estás en problemas. Traía a flor de piel la pregunta —¿En qué te ayudo ? ¿Qué necesitas? ¿Cómo lo resolvemos?—. La generosidad como una insignia. Fue y vino por la mixteca poblana después del temblor de 2017. Conseguía ayuda, sí, pero junto a las cosas, ella sumaba su presencia. Justo cuando empezó el covid, un aneurisma hizo crisis en su cabeza. Los hospitales eran un lugar de altísimo riesgo para ella. En marzo la mandaron a su casa, a esperar a que bajara la pandemia, cuando todos pensábamos que para abril o para mayo iríamos de salida. Ya va acabando junio. El covid nos obliga a esperar. Obliga a la paciencia. Hablé con ella en esos días. Ella que era tan cariñosa, sensible y espléndida, llevaba el aislamiento drástico con muchísima gracia y valor. En estos tiempos en que reinan las quejas, no se quejó ni una vez. Sólo me dijo que estaba asustada de que el riesgo del virus no diera tiempo para que la pudieran curar —Pero es poco lo que necesito, solo necesito paciencia. ¿Y tú, cómo vas? ¿Estás tranquila? ¿No necesitas nada?—.
Cuando se va una persona como Amy, todos perdemos algo. Cuando vemos vivir a alguien como ella, siempre aprendemos mucho.
Comienza otro día, a ver si lo podemos volver extraordinario.
Verónica Mastretta
25 de junio, 2020
Sofía Rulloni
24 de junio, 2020
Sergio Mastretta
23 de junio, 2020
Nicolás Celis
22 de junio, 2020
Regina Blandón Marrón
20 de junio, 2020
Antonio Saborit
19 de junio, 2020
Tania Ruiz Montalvo
18 de junio, 2020
Caroline Tracey
17 de junio, 2020
Ricardo Alvarado Andalón
16 de junio, 2020
Ana Lucía Guerrero
15 de junio, 2020
José Manuel Velasco
14 de junio, 2020
Mercedes Aguilar Soto
13 de junio, 2020
Margarito Cuéllar
12 de junio, 2020
José Ignacio Lanzagorta García
11 de junio, 2020
Mary Carmen Sánchez Ambriz
10 de junio, 2020
Jennifer Clement
9 de junio, 2020
Felipe Aguilar
8 de junio, 2020
Luisa del Rosario Aguilar Ruz
7 de junio, 2020
Luis Javier Plata Rosas
6 de junio, 2020
Lilian Chapa Koloffon
5 de junio, 2020
José Antonio Aguilar Rivera
4 de junio, 2020
Alma Maldonado-Maldonado
3 de junio, 2020
Latife Salame Khouri
1 de junio, 2020
Carlos Eduardo López Cafaggi
31 de mayo, 2020
Yolanda Soler Onís
28 de mayo, 2020
Luis Miguel Aguilar
27 de mayo, 2020
Sofía Ramírez Aguilar
25 de mayo, 2020
Catalina Aguilar Mastretta
24 de mayo, 2020
Sergio Ramírez
23 de mayo, 2020
Valeria Villalobos Guízar
22 de mayo, 2020
Ariel Rodríguez Kuri
21 de mayo, 2020
Raúl Bravo Aduna
20 de mayo, 2020
Rafael Pérez Gay
16 de mayo, 2020
Hernán Bravo Varela
15 de mayo, 2020
Esther Charabati
14 de mayo, 2020
Mateo Aguilar Mastretta
13 de mayo, 2020
Teresa Zerón-Medina Laris
12 de mayo, 2020
José Woldenberg
11 de mayo, 2020
Melissa Cassab
10 de mayo, 2020
Guillermo Fadanelli
9 de mayo, 2020
Delia Juárez G.
8 de mayo, 2020
Nicolás Medina Mora
7 de mayo, 2020
Natalia Mendoza
6 de mayo, 2020
Juan Pablo García Moreno
4 de mayo, 2020
Esteban Illades
3 de mayo, 2020
Daniela Tarazona
2 de mayo, 2020
Álvaro Ruiz Rodilla
1 de mayo, 2020
Kathya Millares
30 de abril, 2020
Arnoldo Kraus
29 de abril, 2020
Soledad Loaeza
28 de abril, 2020
Héctor Aguilar Camín
27 de abril, 2020
Andrea Januta
26 de abril, 2020
Ronaldo González Valdés
25 de abril, 2020
Ana Sofía Rodríguez Everaert
23 de abril, 2020
Ángeles Mastretta
La vida me hizo el regalo de conocer a alguien como Amy, Es un dechado de generosidad, y de modestia, de entrega a los amigos y a las buenas causas. «Es más bueno que el pan», dice mi mujer neerlandesa, usando la primera expresión española importante que aprendió en su vida. Y sí que lo es, más bueno que el pan. Acabo de enterarme, por su esposa, que el lunes entablará conocimiento con un bisturí. Costó convencerle de que es necesario. Y como aquí estamos en la ciudad más romana al norte de los Alpes: les pondremos unas candelitas a sus dioses lares y penates.