Covidiario
12 de junio, 2020

En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.

Hoy la odié más que lo habitual. La tentación de llenar de vitalidad estos tiempos de muerte sólo es una más de sus muchas torturas. Fallé de nuevo. Otra vez fueron horas de investigar para quién iría dirigido un ácido subtuiteo, de saberlo todo sobre la nueva persona actuando de forma desquiciada frente a la cámara de un smartphone, de consumir noticias repetitivas, de trapear, de volver a ver el mismo programa en la televisión, de diseñar el más analítico de los comentarios en redes, de sacar los pendientes que hay que sacar, pero fuera de eso — y quiero insistir en ello — de no hacer nada. Ya no sé si la curva de contagios del Valle de México y mi postergación se han sincronizado en la meseta. Pero hoy sí que la he odiado.

Hoy leí que Gatell dice que ahora el clímax —o el acmé o ya no sé — de la epidemia en México será la próxima semana. A finales de abril decía que esto sería el 8 de mayo. Entonces lo vi como una oportunidad: si no me enfermo, si me aplico, si me organizo, si me disciplino, si me desperezo y si no hay ninguna emergencia, tengo todo el mes de mayo para todo eso que nunca he podido hacer. “El encierro puede ser una bendición para un tipo como yo”, pensé. En esos días, en uno que también la odiaba más que lo habitual, me puse muy mal. Me decía que no soportaría la idea de que llegara el 1.º de junio, mirara atrás al mes de mayo y sólo apareciera la misma postergación.  El mismo desazón. La misma nada, sólo que más gorda. Así fue. Y ya sabía que así sería.

Pero, caray, qué suerte, ahora me entero por Gatell que la epidemia también es víctima de la postergación. También se toma su tiempo para ir matando lentamente. También promete que a partir de mañana ahora sí ya no, pero que siempre sí. Y, claro, con esto viene otra vez la tentación: oye, no vale la pena mirar atrás hacia mayo, mejor mira hacia junio, mira hacia julio; el aletargamiento continuará hasta quién sabe cuándo, qué mejor que llenar de vida su pasmado ritmo. Y ahí voy de nuevo: mañana pondremos orden, mañana pondremos horario, mañana pondremos rutina.

Pero hoy la odio más que lo habitual. Porque ya me la sé. Mañana no pondremos orden ni horario ni rutina. Mañana volverá a ser un marasmo de ansiedad y parálisis. La misma nada, sólo que más gorda… de culpas. Culpas por todo: por no hacer, por no haber hecho, porque se podía hacer y no se hizo; porque hay gente intubada en los hospitales, porque hay gente recién desempleada que no sabe a qué aferrarse para seguir la próxima semana —y uno angustiado por tener que enfrentar solo a la estúpida postergación. Problemas de niño mimado. Y entonces más culpa: porque el privilegio obliga, porque teniendo el tiempo, la salud y la comida en el refrigerador, no habría nada más que hacer que ponerse a hacer. Como la parábola de los talentos.

Ilustración: Víctor Solís

También ya me la sé: la culpa es la peor consejera. Ella, dicen, esconde que lo cruel no es la postergación, sino la auto exigencia. Que en una de esas ni existe tal postergación, sino que es un disfraz del demonio aquél que desvanece cualquier sensación de logro y que establece proyectos irrealizables. También ya me la sé: que hay que darse chance. Que estamos transitando tiempos de (más) muerte y que eso nada es normal en ellos. No es la postergación, no es la autoexigencia, no es la culpa, sino que es la estúpida pandemia. Y así como me aferro a la sensación de alivio de que López-Gattel me ha extendido el deadline de todos los brillantes proyectos de mayo, también lo hago con la de darse chance, que nada es normal ahora.

Pero yo sé que nomás me hago tonto y no. Que sí es la autoexigencia, que sí es la culpa, que por supuesto que también es la pandemia —pero también es y siempre ha sido la postergación. Si acaso el mundo empandemoniado sólo la hace más insoportable. Sí, hoy la odié más que lo habitual. A ver mañana.

 

José Ignacio Lanzagorta García


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