Covidiario
21 de mayo, 2020

En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.

Es una pena que me hayan invitado a escribir sobre mi rutina del jueves 21 de mayo de 2020, en gran medida porque mis horas de este día han pasado tranquilas, parsimoniosas y serenas. Al momento que tecleo estas líneas traigo puestos pantalón de mezclilla, camisa y zapatos. Mi cama está tendida desde las 06:15 de la mañana. Desayuné desde temprano. Comí una porción bastante adecuada de frijoles, arroz, brócoli y salmón a mediodía. Ni una gota de alcohol se ha servido en este hogar hasta ahora. Y el cabello de mi perrita ya fue cepillado. He trabajado intermitentemente, de a poquito, a lo largo de algunas horas y hasta he coleccionado más de 10 000 pasos en el podómetro del celular. Lo único que me tranquiliza es saber que me quedan unas 4 o 5 horas despierto para poder echar a perder tan ataráxico día.

Mis lecciones en estas semanas de enclaustramiento bien pueden ser resumidas en las palabras de la poeta de Barranquilla: el cielo está cansado ya de ver/ la lluvia caer.

Y es que, si me hubiera tocado retratar la rutina de mi jueves de la semana pasada, otra historia sería. Me tocó vivir (es un decir, en estos días que todo está mediado por una pantalla) el cierre —sin genuina clausura— de una etapa fundamental en la vida de mis alumnos. Un par de horas de angustia, llanto, desasosiego adolescente que acabé absorbiendo y me drenaron por completo. Me rompieron el corazón —en medio de la pandemia, cada vez encuentro más consuelo en imágenes cursilísimas para tratar de entenderme entre lo que pasa. Con ese mismo corazón cuarteado, fui a los archivos de fotografías que tengo, desde mis propios años de preparatoria. Exploré mi vida y mis recuerdos. Me dejaron sin contención, con una alegría desbordada por tratar de aprehender sentimientos que dejé pasar inadvertidos en sus momentos, a sabiendas que han forjado amistades de hierro en mi camino. Dichas fotos me permitieron compartirlas con mi gente más querida, con aquellas de las que hoy más que nunca busco un abrazo. El desborde me llevó a pedir tres paquetes personales de Kentucky y a jugar FIFA unas once horas seguidas con una botella de vodka a un lado. Tremenda catarsis, pues.

Ilustración: Estelí Meza

Pero en este jueves, 21 de mayo, más bien pude acomodar mi día para hablar por teléfono con mi novia unos 40 minutos entre clases. He tomado unos seis o siete vasos de agua que más o menos me ayudan a intuir lo que sería llevar una vida bien hidratada. En oposición a mis hábitos que se cristalizaron mucho tiempo antes de que empezara la cuarentena, incluso pude dedicar más de 20 minutos seguidos a la lectura.

Pero la poeta también bien lo ha dicho: y cada día que pasa es uno más/ parecido a ayer.

Más interesante todavía hubiera sido que me invitaran a este ejercicio hace cuatros jueves en vez de hoy. Aquel día, qué cosas, me desperté a las 5:30 a. m. para correr ocho kilómetros. Desayuné y comí cual atleta olímpico. Avancé pendientes laborales de dos semanas en unas cuantas horas. Lavé ropa. Lavé trastes. Recogí la casa. Encima de todo eso, realicé los pagos de servicios y tarjetas de crédito del mes. En mi mente, Bárbara de Regil me hablaba para felicitarme por todo lo logrado y pedirme algunos consejos. “Sí, Bárbara, mira. El secreto está en la mente. Si quieres, puedes”, me visualicé contándole. Todo eso lo conseguí antes de las 7:00 p. m. Unos 45 minutos después, exhausto, colapsé, me llené de ansiedad, abrí YouTube y vi unas siete horas seguidas de repeticiones de mesas de análisis de futbol mexicano.

Por desgracia, en este momento no tengo nada sobresaliente que contar. Ninguna revelación fundamental sobre la vida, los tiempos, la mente, la nostalgia o cualquier otra Verdad con V mayúscula que me llegara como aforismo corolario a un día infernal.

Por suerte, me quedan un par de horas despierto. El encierro bien sabrá cómo aprovecharlas.

 

Raúl Bravo Aduna


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Publicado en: Covidiario