En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.
Recojo, como un limosnero de buen ánimo, las noticias que hoy parecen insignificantes —el tornado en Nuevo León; el pastelero que mata a un asaltante en el Estado de México; el bombardeo al aeropuerto de Trípoli—, noticias nimias comparadas con el concierto viral que se anuncia a cada minuto como una de las facetas de la eternidad. Es higiénico, intelectualmente hablando, mantenerse atento a las noticias secundarias.

Ilustración: Kathia Recio
Al menos este largo concierto de almas hiladas por un mismo temor nos dice que la eternidad es un asunto monstruoso y que morir tendría que ser considerado un alivio. Es día de las madres y la verdad es que me ablando sin llegar a ponerme sentimental. La fotografía de mi madre no es suficiente motivo para sentirme cerca de ella ni tampoco alejado. Soy el virus que ella ha dejado correr antes de marcharse y que ha echado a perder cuatro o quizás cinco vidas. Somos virus y hay que aceptar nuestro personal número de víctimas. En mi recuento sólo hay cuatro víctimas, pero es posible que sean más e incluso menos. Eso nunca se sabe. Virus aterrorizados por otros virus; espectáculo algo lamentable. Quisiera pensar que yo soy la única víctima y que no hago nada contra mis opresores. Eso también me da alivio. No culpar a nadie ni sentirme acompañado. En el edificio en la colonia Escandón donde duermo y abro los ojos, el día de las madres no se celebra de manera ostentosa. Es un asunto privado y las madres no terminan de comprender por qué son celebradas en masa, es algo que incluso también escapa a mi comprensión. Desde hoy muy temprano los funcionarios públicos sugieren no tocar a las madres. Es decir, se ha dado por primera vez una inversión en la tradición del tacto maternal: no te acercarás al árbol del cual eres fruto. El dogma sanitario vence a la naturaleza y nos deposita en un mundo telemático y virtual. Pese a mi extrañeza ante la erradicación corporal de las madres, me pongo melancólico, como una metáfora que renga y no convence a nadie. A mi edad el virus, cualquiera que sea, ya no puede quitarme casi nada. Y menos este virus farandulero. ¿No es el mío un estado cercano a la libertad? Michel Houellebecq escribió el lunes pasado, en France Inter, que después de este virus el mundo no cambiará casi nada, excepto que será un poco peor. De todas maneras ya se tendía gradualmente al aislamiento humano y a una pacífica expulsión de la carnalidad. Por lo demás es un mundo en el que ya no se antoja vivir: cualquier entidad médica o poderosa cree conocer la naturaleza de mi propia salud y me roba el entorno, los parques, la acera maltratada por los pasos desesperados o risueños, depende. Nadie habría pensado que pudiera arrebatarse al domingo su singularidad de día insoportable (en este momento es el fragmento de un gusano temporal, sin literatura ni mito encima); ni que las madres estuvieran distanciadas de sus hijos por una arbitrariedad sanitaria. Sólo algo tan absurdo puede tener sentido. O, para decirlo en palabras de Tertuliano (160-220 d. C.), nuestro verdadero contemporáneo: “Es verdadero porque es absurdo”.
Guillermo Fadanelli
8 de mayo, 2020
Delia Juárez G.
Esto que estamos pasando, lo anunciaron las jacarandas. Me sucedió ya antes, en 2013 cuando hubo una explosión de esas flores que nadie entendió y coincidió con una explosión de las flores de los árboles de cerezo en Japón.
8 de mayo, 2020
Nicolás Medina Mora
Mi cuarentena ha sido una era de planes fallidos. Que si me iba a levantar a las seis para escribir; que si iba a correr todos los días; que si iba a aprender a tocar los Piano Études de Philip Glass; que si iba a leer La guerra y paz y Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister y La sombra del caudillo y el libro de Kojève sobre Hegel.
7 de mayo, 2020
Natalia Mendoza
Me parece que la forma literaria más afín al tiempo de cuarentena no es el diario, sino el haikú. Es verdad que el recuento cotidiano del diario tiene una cercanía natural con el encierro y la reclusión, sobre todo el diario íntimo abocado a la exploración minuciosa del yo, como los cuadernos femeninos y dulcemente burgueses que describe Peter Gay en The Naked Heart.
6 de mayo, 2020
Juan Pablo García Moreno
Me encantaría dejar constancia de alguna reflexión a la altura de las circunstancias. Algo sobre el futuro, la ruptura, el mundo por venir. Pero no: hoy llegaron las cervezas. En estos días de incertidumbres se agradece tener certezas. Y si algo es cierto es que estas son las últimas cervezas que tendremos por tiempo indefinido.
5 de mayo, 2020
Rebecca Zweig
Últimamente paso mucho tiempo parada de cabeza. Me paro de cabeza hasta que el amor y la furia y la impotencia se drenan de mi y lo único que queda es una vibración que casi es un sonido y que me enferma. No soy esencial; mi trabajo no es esencial; y pararme de cabeza no es más que otra forma de sentir mi carencia de esencialidad.
4 de mayo, 2020
Esteban Illades
Ningún ruido avasalla más que el de cada martes en la madrugada, cuando una decena de camiones llega de un lugar remoto y arma el tianguis semanal. Seis de la mañana y se oyen los gritos de quienes cuelgan lonas en los árboles; seis y media y a alguien se le cayeron los tubos que sostienen el puesto hechizo; ocho y el primer grito de “pásele, güerita”.
3 de mayo, 2020
Daniela Tarazona
Nos pasa lo mismo que a todos: sabemos que nos hallamos inmersos en un pozo bajo la tierra, pero le echamos ganas y miramos hacia la luz de su boca. Allá arriba deben estar los laboratoristas que preparan la vacuna. Quieran los dioses que así sea.
2 de mayo, 2020
Álvaro Ruiz Rodilla
Cualquier rutina pierde su norma y su horma cuando una pareja espera un bebé y se acortan las semanas hasta su llegada. Por esa otra impaciente normalidad pensé en escribirle, mejor, al niño que viene en camino.
1.º de mayo, 2020
Kathya Millares
Antes de que suene la melodía del bosque que me obliga a salir de la cama, busco a tientas en la mesa de noche el celular. Hoy no quiero escucharla. Sostengo el teléfono con la mano derecha y concentro mi fuerza en los pies para mover las sábanas. Estoy tumbada boca arriba con los párpados abajo. Lamento haber alterado mi ciclo del sueño: sólo dormí cuatro horas. No fue insomnio, fue voluntad.
30 de abril, 2020
Arnoldo Kraus
Las tragedias retratan nuestras debilidades. Enseñan más que los éxitos. Ahora el turno es el del maestro COVID-19. Zygmunt Bauman cavilaba acerca de “el fin de la era del compromiso mutuo” e invitaba a reflexionar acerca de la capacidad humana para eludir.
29 de abril, 2020
Soledad Loaeza
Hoy fue día de mi cumpleaños. Pensé que no tendría nada de particular, que sería como los otros días de las últimas seis semanas, que no tendría fecha, y tampoco horas, que no dejaría huella a menos de que lo consignara en éste, mi diario.
28 de abril, 2020
Héctor Aguilar Camín
Visito libros y modas de los años sesenta. Me he perdido estos días faltos de forma en la escritura de lo que quizá será una novela cuando el tiempo vuelva.
27 de abril, 2020
Andrea Januta
El sonido que me despierta es el canto de un pájaro cardenal. Así comienzan los días: con pájaros o con sirenas. Esas son las dos melodías que dominan la vida de nuestra ciudad ahora que todo lo demás ha callado. Últimamente me voy a dormir tratando de adivinar qué me traerá la mañana siguiente: pájaros o sirenas. Hoy los pájaros ganaron.
26 de abril, 2020
Ronaldo González Valdés
Me gustan los domingos en casa. Los domingos normales salgo eventualmente a misa con Ana. Ahora ni eso. Y en serio: no es queja. Todo lo contrario. A un lado de mi estudio hay un tejado. Lo puedo alcanzar con un solo paso. Puedo hacerlo, pero no quiero. Aquí estoy bien, confinado.
25 de abril, 2020
Ana Sofía Rodríguez Everaert
Cada quien tiene derecho a elegir su propio viaje al pasado en estos días que duran tanto, sobre todo si, como hoy, llueve a media tarde y la lluvia se detiene un par de horas después para declarar que el día puede seguir. Otras cuatro horas de luz para llenar un sábado que se volvió uno de esos sábados en los que antes hubiera sido una victoria atrincherarse en el sillón y no salir.
24 de abril, 2020
Ricardo Bada
Está por terminar el día, el 38.º de mi confinamiento. Un día sin historia. Ni siquiera llamadas telefónicas, únicamente las que hace Diny apacentando a su grey, ella es la matriarca de los Hansen Kluitman.
23 de abril, 2020
Ángeles Mastretta
Riego las violetas que dan a mi ventana. Hoy es el día mundial del libro. Ayer empezó a llover. Esta noche cumpliremos un mes y una semana de retiro.
















