En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.
Lo difícil es dormir. La postura y el lugar en donde despierto señalan qué tanto lo fue la noche anterior. Si, por ejemplo, me despiertan los bramidos del instructor virtual de la vecina que salta la cuerda significa que logré dormir a buena hora, en cama. En cambio, si lo que me despierta es un mosquito o una ambulancia significa que me quedé dormido en el sillón, en alguna posición imposible, con las luces encendidas. Hoy desperté así, aún de madrugada. Mi día comenzó recorriendo el trayecto que separa estos espacios. Recordé que anoche unos amigos nos regalaron una joya en la forma de una descalificación brutal, lapidaria: “Eso Jesusa ya lo hacía hace 30 años”. Pude dormir un par de horas más.
Instintivamente comienzo los días haciendo cuentas. Cuántas semanas de encierro (8), cuántos días (53), cuántos días sin rasurarme (69); número de cajetillas fumadas (5), libros leídos (5). Para cuando termino el recuento Catalina ya hizo una hora de ejercicio, se bañó y escucha alguno de los numerosos podcasts que sigue con afición. Mientras desayunamos me platica sobre el tema del día. Es un ritual que atesoro.
Me encantaría dejar constancia de alguna reflexión a la altura de las circunstancias. Algo sobre el futuro, la ruptura, el mundo por venir. Pero no: hoy llegaron las cervezas. En estos días de incertidumbres se agradece tener certezas. Y si algo es cierto es que estas son las últimas cervezas que tendremos por tiempo indefinido. Se activa el protocolo: limpiar con cloro cada una antes de guardarlas.

Ilustración: Patricio Betteo
He estado escuchando mucho a Mahler. Hoy pensé en la particular relación que tengo con él. No importa cuánto me aleje, no importa cuánto tiempo pase, no importa —y me apena decirlo— cuántos méritos me esfuerce en escatimarle. Siempre vuelvo. Precisamente en eso pensaba mientras limpiaba las cervezas cuando empezó el trance.
Tenemos nuevos vecinos. Después de un súbito reacomodo perdimos a la mayoría. De la noche a la mañana nos convertimos en los decanos del edificio. Pensamos que eso cambiaría las cosas, que volvería más tranquilo nuestro edificio. Evidentemente estábamos equivocados.
Traigo esto a colación porque el trance que menciono posiblemente sea la actividad más importante del día de las vecinas de abajo. Una especie de cuencos tibetanos propiamente amplificados anuncian las tres de la tarde. Quiero creer que los usan para ejercitarse. De otra manera significaría que los necesitan para contar números naturales en voz muy alta. Quiero creer que no es el caso, pero no puedo afirmarlo.
En condiciones normales los hábitos de los extraños que son nuestros compañeros de reclusión ya me habrían enloquecido. Sin embargo, admito que he llegado a disfrutar el acceso que se tiene a la vida de los otros. Dotan al día de algo parecido al orden: un ritmo.
Ahora que es de noche, por ejemplo, el vecino de arriba, a quien no conocemos pero que afectuosamente llamamos “cocainómano preverbal”, muge una versión de Mecano. La versión prepandémica de mí estaría calculando una respuesta auditiva proporcional. En cambio hoy, genuinamente, me divierte.
En estos días de incertidumbres se agradece tener certezas. Y si algo es cierto es que esta noche tampoco podré dormir. Quedan platos por lavar. Suenan las ambulancias. Abro una cerveza.
Juan Pablo García Moreno
5 de mayo, 2020
Rebecca Zweig
Últimamente paso mucho tiempo parada de cabeza. Me paro de cabeza hasta que el amor y la furia y la impotencia se drenan de mi y lo único que queda es una vibración que casi es un sonido y que me enferma. No soy esencial; mi trabajo no es esencial; y pararme de cabeza no es más que otra forma de sentir mi carencia de esencialidad.
4 de mayo, 2020
Esteban Illades
Ningún ruido avasalla más que el de cada martes en la madrugada, cuando una decena de camiones llega de un lugar remoto y arma el tianguis semanal. Seis de la mañana y se oyen los gritos de quienes cuelgan lonas en los árboles; seis y media y a alguien se le cayeron los tubos que sostienen el puesto hechizo; ocho y el primer grito de “pásele, güerita”.
3 de mayo, 2020
Daniela Tarazona
Nos pasa lo mismo que a todos: sabemos que nos hallamos inmersos en un pozo bajo la tierra, pero le echamos ganas y miramos hacia la luz de su boca. Allá arriba deben estar los laboratoristas que preparan la vacuna. Quieran los dioses que así sea.
2 de mayo, 2020
Álvaro Ruiz Rodilla
Cualquier rutina pierde su norma y su horma cuando una pareja espera un bebé y se acortan las semanas hasta su llegada. Por esa otra impaciente normalidad pensé en escribirle, mejor, al niño que viene en camino.
1.º de mayo, 2020
Kathya Millares
Antes de que suene la melodía del bosque que me obliga a salir de la cama, busco a tientas en la mesa de noche el celular. Hoy no quiero escucharla. Sostengo el teléfono con la mano derecha y concentro mi fuerza en los pies para mover las sábanas. Estoy tumbada boca arriba con los párpados abajo. Lamento haber alterado mi ciclo del sueño: sólo dormí cuatro horas. No fue insomnio, fue voluntad.
30 de abril, 2020
Arnoldo Kraus
Las tragedias retratan nuestras debilidades. Enseñan más que los éxitos. Ahora el turno es el del maestro COVID-19. Zygmunt Bauman cavilaba acerca de “el fin de la era del compromiso mutuo” e invitaba a reflexionar acerca de la capacidad humana para eludir.
29 de abril, 2020
Soledad Loaeza
Hoy fue día de mi cumpleaños. Pensé que no tendría nada de particular, que sería como los otros días de las últimas seis semanas, que no tendría fecha, y tampoco horas, que no dejaría huella a menos de que lo consignara en éste, mi diario.
28 de abril, 2020
Héctor Aguilar Camín
Visito libros y modas de los años sesenta. Me he perdido estos días faltos de forma en la escritura de lo que quizá será una novela cuando el tiempo vuelva.
27 de abril, 2020
Andrea Januta
El sonido que me despierta es el canto de un pájaro cardenal. Así comienzan los días: con pájaros o con sirenas. Esas son las dos melodías que dominan la vida de nuestra ciudad ahora que todo lo demás ha callado. Últimamente me voy a dormir tratando de adivinar qué me traerá la mañana siguiente: pájaros o sirenas. Hoy los pájaros ganaron.
26 de abril, 2020
Ronaldo González Valdés
Me gustan los domingos en casa. Los domingos normales salgo eventualmente a misa con Ana. Ahora ni eso. Y en serio: no es queja. Todo lo contrario. A un lado de mi estudio hay un tejado. Lo puedo alcanzar con un solo paso. Puedo hacerlo, pero no quiero. Aquí estoy bien, confinado.
25 de abril, 2020
Ana Sofía Rodríguez Everaert
Cada quien tiene derecho a elegir su propio viaje al pasado en estos días que duran tanto, sobre todo si, como hoy, llueve a media tarde y la lluvia se detiene un par de horas después para declarar que el día puede seguir. Otras cuatro horas de luz para llenar un sábado que se volvió uno de esos sábados en los que antes hubiera sido una victoria atrincherarse en el sillón y no salir.
24 de abril, 2020
Ricardo Bada
Está por terminar el día, el 38.º de mi confinamiento. Un día sin historia. Ni siquiera llamadas telefónicas, únicamente las que hace Diny apacentando a su grey, ella es la matriarca de los Hansen Kluitman.
23 de abril, 2020
Ángeles Mastretta
Riego las violetas que dan a mi ventana. Hoy es el día mundial del libro. Ayer empezó a llover. Esta noche cumpliremos un mes y una semana de retiro.













En lo que a mí respecta, prefiero las cervezas a las certezas. Pero las cervezas me las tienen prohibidas la gota y los kilos de más, y de las certezas sólo le voy a dos: que mañana será otro día y que todos tenemos que morir. En cualquier caso, Prost!