Después de Hipotermia nos topamos con un Enrigue maduro, que nos atrapó anteriormente con una literatura entrañable y ahora nos convence con una literatura potente . Decencia (Anagrama, 2011) es una cátedra de la formalidad. Resulta interesante no sólo leerlo sino escucharlo hablar. Es un escritor que privilegia su oficio de lector, su vocación erudita y su fascinación por la conversación. Conoce un mundo y no escatima en compartirlo.
Ciudad de libros
Elogio de la memoria cualitativa
No tengo internet. La verdad es que no sé si eso puede calificarse como una actitud heroica o estúpida. Uno de mis amigos se inclina por la primera opción (o espero no haber malinterpretado su cara de asombro entusiasta), pero la gente que se entera de esa peculiaridad piensa, en general, que “estupidez” es un adjetivo insuficiente para quien opta por tal discapacidad.
No cargo cementerios
No suelo tomar notas que me sirvan para escribir un relato a futuro y cada cierto tiempo borro de mi computadora cuentos fallidos y novelas inconclusas. Desde que era adolescente le tengo amor al fuego que se produce con los escritos propios. Mis primeros cuentos se volvieron cenizas en el patio de mi casa.
Nunca hablar de amor fue tan sencillo…
La gente miró por las ventanas y salió a las calles a leer lo que pasaba; letra por gota, gota por letra, todos encontraron palabras que les faltaban, nombres amados que en rumor de agua la lluvia pronunciaba.
El thriller nórdico
Cada vez que hablamos de la novela que proviene de los países nórdicos (Islandia, Dinamarca, Suecia, Finlandia y Noruega) casi por acto reflejo pensamos en el thriller y su corte de sabuesos que resuelven crímenes con tanta brillantez que uno se siente llamado a tomarlos como modelos de hondura moral e intelectual. Hablamos del thriller nórdico y se nos llena la boca con los millones de ejemplares que Henning Mankell y Stieg Larsson han vendido en la mitad del mundo.
Servir al rey
El señor acostumbra leer en las cantinas. Busca una mesa apartada, pone su libro en la mesa, solicita un vaso de cerveza, suspira y comienza a pasar las páginas. Sabe concentrarse y no mira de reojo como es costumbre en estas locaciones. A sus amigos judíos les molesta su rara costumbre ya que opinan que cada libro leído por completo en una cantina debe costarle una fortuna.
El saludo del torero
El extraordinario autor de libros imprescindibles —Perdita Durango, El padre fantasma— y de guiones cinematográficos que derivaron en filmes clásicos —Lost Highway y City of Ghosts— entrega a los lectores de nexos un cuento inédito en el que su mirada feroz, invariablemente oscura, célebremente extraña, recorre el lado mexicano de la frontera
Supuestos paraísos (a propósito de la literatura negra escandinava)
En el mundo europeo en crisis, donde alguna vez se pensó que la socialdemocracia nos llevaría a la gloria, la novela negra nos da la oportunidad de mirarnos de frente y dar un respiro a nuestras dudas y a nuestra soledad. Como decía Peter May: La novela negra es una exploración del alma humana; la […]
El taxista metafísico de Cardona
Recuerdo como una emoción cercana al privilegio las temporadas que José María Pérez Gay pasaba en México cuando aún vivía en Alemania. Una relación familiar, palabras que en este caso resumen a la perfección la amistad y la hermandad, me permitía ser un testigo insobornable del modo en que el estrecho, pero glorioso departamento de los Pérez Gay en Cadereyta Strasse en la colonia Condesa se ponía patas arriba porque Chema, como se le conocía puertas afuera, o Pepe, como se le conocía puertas adentro, lo había tomado de nuevo para hacer una de sus traducciones del alemán.
La inyección venenosa
Hubieran sido contemporáneos. Es fácil imaginarlos juntos, sentados en algún club de caballeros londinense o en el salón de una respetada anfitriona vienesa. Uno fuma su pipa, el otro su habano-que-es-sólo-un-habano. Además del tabaco y la ciencia comparten la cocaína, alternando “sueños de drogas” con el estudio de “las infinitas oscuridades del corazón humano”. Me gusta pensar que hubieran sido amigos.