A mi Macaco, quien me regaló el libro de Khalidi,
y a mi colega Shadi Rohana, de ojos tan verdes y tan tristes
En los últimos años se han publicado varios libros en español sobre Palestina, y sobre Gaza en particular, desde la perspectiva árabe (o adoptando esta mirada). Este ensayo bibliográfico se trata, conviene decirlo de entrada, de dar a conocer la mirada palestina sobre el conflicto árabe-israelí (aunque sólo uno de los cuatro autores es palestino). Tal vez sobre decir que hasta el día de hoy esta perspectiva ha sido la menos atendida y la voz menos escuchada en Occidente.
El libro de Rashid Khalidi, Palestina (Cien años de colonialismo y resistencia), es el más extenso y el más académico de los cuatro. Su autor, uno de los grandes especialistas en la materia, fue profesor de la Universidad de Columbia en Estados Unidos durante más de veinte años, hasta que decidió abandonar su cátedra a mediados de 2024 por la postura de las autoridades de dicha universidad respecto a lo que estaba sucediendo en Gaza desde octubre de 2023 y por lo que consideró la capitulación de esas mismas autoridades ante el gobierno de Trump. En los casos de Enzo Traverso (Gaza ante la historia) e Ilan Pappé (Breve historia del conflicto entre Israel y Palestina), dos reconocidos historiadores del siglo XX, el primero italiano y el segundo israelí, sus libros son dos breves visiones panorámicas sobre el conflicto actual en Gaza (Traverso) y sobre la historia de Palestina (Pappé). Por último, El mundo después de Gaza de Pankaj Mishra es un extenso ensayo que se ocupa no solamente de Gaza y de Palestina, sino también de la postura de Occidente y del mundo entero respecto al conflicto árabe-israelí. Todo lo anterior desde la óptica de un escritor y ensayista indio de reconocido prestigio mundial. El origen de este libro es un ensayo titulado “The Shoah after Gaza”, que fue publicado por primera vez en la London Review of Books en marzo de 2024.1
Palestina (Cien años de colonialismo y resistencia) es un esfuerzo de largo aliento por mostrar de forma documentada la historia palestina desde la Declaración Balfour de 1917 hasta la actualidad (el libro fue publicado originalmente en inglés en 2020). Uno de los objetivos de Khalidi es mostrar que dicha historia es, básicamente, la respuesta de un pueblo ante un proyecto colonialista que se inició, en términos diplomáticos, con dicha declaración, que se acentuó a partir de la creación del Estado de Israel en 1948 y que continúa hasta nuestros días. Cabe advertir que en el imaginario popular de Occidente la segunda parte del siglo XX es considerada la época de la caída y desintegración del colonialismo occidental a nivel mundial (en Medio Oriente, Asia, África y el Caribe). Esto aplica para un número considerable de países con una notabilísima excepción: Palestina. En este caso, a partir de la Declaración Balfour, lo que tuvo lugar fue el desarrollo ininterrumpido de un proyecto colonialista que se impuso gracias al apoyo, primero, del imperio británico y, más adelante, de Estados Unidos. En el siglo de la Revolución Rusa, las guerras mundiales, el triunfo de los aliados, la Guerra Fría, la caída del Muro de Berlín y la desmembración de la Unión Soviética, lo que se desarrolló en el corazón del Medio Oriente fue una ocupación, un despoblamiento de los habitantes nativos, un poblamiento de colonos judíos y una larga serie de abusos y masacres en un territorio cuya población, en 1917, era árabe en un 94 %.
Por su enorme importancia (diplomática, política, ideológica y discursiva), vale la pena consignar el contenido de la comunicación que el entonces ministro de Relaciones Exteriores inglés, Arthur James Balfour, envió a Lord Lionel Walter Rothschild, líder no oficial de la comunidad judía británica, el 2 de noviembre de 1917, en un mensaje privado que el Times de Londres publicaría una semana más tarde:
Querido Lord Rothschild:
Tengo el gran placer de transmitirle a usted, en nombre del gobierno de Su Majestad, que la siguiente declaración de simpatía con las aspiraciones judío-sionistas ha sido presentada y aprobada por el Gabinete:
“El gobierno de Su Majestad ve con buenos ojos el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y empleará sus mejores oficios para facilitar el logro de este objetivo. En el claro entendido de que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no-judías en Palestina, o los derechos y estatus político de los que gozan los judíos en cualquier otro país.”
Estaré agradecido si usted puede dar a conocer esta declaración a la Federación Sionista.
Suyo,
Arthur James Balfour.2
Esta comunicación es lo que se conoce como la Declaración Balfour que representa el punto de arranque diplomático más importante del proceso de colonización de Palestina (que, en términos prácticos, había comenzado desde el último cuarto del siglo XIX y que terminaría desembocando en el establecimiento del Estado de Israel en 1948). Khalidi subraya en más de una ocasión que esta empresa colonialista se intensificó y oficializó bajo la sombra de la Segunda Guerra Mundial y bajo la sombra, más inmediata aún, del nacimiento de la India como nación independiente (1947); es decir, en el momento de la historia de la humanidad en el que el colonialismo parecía extinguirse.
Que durante decenios los gobiernos de Israel y sus aparatos mediáticos hayan logrado que la opinión mundial no reparara en la anomalía gigantesca que esto representaba es uno de los más grandes logros de dichos aparatos. Un logro que sería inexplicable si se olvida la ayuda, el apoyo y la complicidad del imperialismo británico con el proyecto sionista hasta 1948 y, casi enseguida, de Estados Unidos en el nuevo contexto de la Guerra Fría. Este último país sería un incondicional del gobierno israelí a partir de mediados de la década de 1970. A lo anterior, cabe añadir el silencio, la indiferencia o la complacencia de otras potencias o potencias medias occidentales. Actitudes que el actual genocidio en Gaza puso de manifiesto de muy diversos modos. De hecho, fueron muy pocos los países, todos de segundo o tercer orden en el concierto internacional, que se expresaron meridianamente sobre lo que ahí estaba ocurriendo. Pienso en Sudáfrica, Brasil, Colombia, España e Irlanda.
Volviendo al libro de Khalidi, el nacimiento de Israel se dio en conjunción con lo que el pueblo palestino denomina la Nakba (“catástrofe” en árabe): el desplazamiento forzado de alrededor de 700 000 palestinos a partir de noviembre de 1947. Este desplazamiento implicó limpieza étnica, el asesinato de cientos de civiles y la devastación de la mayoría de los centros urbanos palestinos. En su primera etapa, la Nakba duró desde la fecha mencionada hasta la creación del Estado de Israel en mayo de 1948 y, en la segunda, se extendió hasta julio de 1949, cuando se sella victoria del ejército israelí sobre los ejércitos de los cinco países árabes (Líbano, Siria, Jordania, Egipto e Irak) que acudieron en ayuda de la población palestina que estaba siendo expulsada del territorio que sus ancestros habían ocupado durante cientos de años. En palabras de Khalidi:
La Nakba representó un hito en la historia de Palestina y de Oriente Próximo. Convirtió la mayor parte de lo que Palestina había sido durante más de un milenio, un país de mayoría árabe, en un nuevo Estado que ahora tenía una sustancial mayoría judía. Esta transformación fue el resultado de dos procesos: la sistemática limpieza étnica de las áreas de población árabe del país conquistadas durante la guerra y el robo de las tierras y propiedades palestinas que los refugiados dejaron tras de sí junto con gran parte de las pertenecientes a los árabes que permanecieron en Israel.
Otro resultado de la Nakba fueron los cientos de miles de evacuados que se vieron forzados a asentarse irregularmente en los cinco países mencionados. En 1950, esta crisis humanitaria llevó a la creación, por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas, de la United Nations Relief and Works Agency for Palestine Refugees in the Near East (UNRWA), conocida en español como la Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados de Palestina en Medio Oriente.3 Fue esta misma entidad la que votó, en noviembre de 1947, la Resolución 181 que ordenaba la partición de Palestina en dos estados, uno árabe y otro israelí. Una “promesa” que la comunidad internacional nunca cumplió en lo tocante al estado palestino. Este incumplimiento, al que seguirían muchos otros a lo largo del siglo XX, es una continuación de la actitud imperialista británica que Balfour resumió muy bien en un memorando confidencial de 1919 dirigido al Gabinete de su gobierno y que Khalidi reproduce parcialmente (las cursivas son mías):
No creo que el sionismo vaya a perjudicar a los árabes… Sea cual fuere el futuro de Palestina, hoy no es una “nación independiente”, ni está siquiera en vías de llegar a serlo. Sea cual fuere el grado de deferencia que deba prestarse a las opiniones de quienes viven allí, si yo lo entiendo bien, las Potencias, en su selección de un mandatario, no se proponen consultarles. En suma: en lo que concierne a Palestina, las Potencias no han hecho ninguna exposición de los hechos que sea manifiestamente incorrecta, ni ninguna declaración política que, al menos en la letra, no hayan tenido siempre la intención de violar.
A lo largo del libro, Khalidi no sólo muestra con datos, documentos y referencias bibliográficas el comportamiento de las Naciones Unidas y de la comunidad occidental en general en lo relativo a la cuestión palestina, sobre todo de los dos países que decidieron la suerte de Palestina a lo largo del siglo XX (Inglaterra y los Estados Unidos). También muestra la forma en que las divisiones y rencillas al interior de la causa palestina afectaron la suerte de su pueblo. El autor es muy crítico de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), creada en 1974; entre otros motivos, por su incapacidad de entender la importancia de hacerse presente en la opinión pública de Estados Unidos y contrarrestar el dominio casi absoluto que los medios pro-israelíes han tenido sobre dicha opinión en lo relativo al conflicto que nos ocupa; sobre todo tras la administración Kennedy. A partir de entonces, el gobierno de los Estados Unidos ni siquiera intentó mantener una postura medianamente equilibrada. Esto fue evidente en la llamada “Guerra de los seis días” de 1967; un conflicto en el que, señala Khalidi, la existencia de Israel jamás estuvo en peligro. El mito del David israelí a punto de ser aplastado por el Goliat árabe es eso justamente, un mito. Tanto documentos del gobierno estadunidense de la época como manifestaciones explícitas de generales israelíes años después del conflicto son claros al respecto: las fuerzas israelíes eran más poderosas que los ejércitos árabes y el país nunca estuvo en peligro de perder la guerra, “ni siquiera en el caso de que los árabes hubieran atacado primero”.
La abierta actitud anti-palestina de los Estados Unidos y la aplastante superioridad militar israelí quedaron igualmente de manifiesto en la guerra de mediados de 1982 en el Líbano, en la que Estados Unidos apoyó logísticamente la destrucción del sur de Beirut por parte del ejército israelí. En esa guerra, murieron cerca de veinte mil palestinos y libaneses, la inmensa mayoría civiles.4 Entre ellos, más de 1300 hombres, mujeres y niños que fueron masacrados en los campos de refugiados de Sabra y Chatila, entre el 16 y el 18 de septiembre de 1982, a manos de una milicia libanesa financiada y entrenada por el gobierno israelí y cuyo ejército iluminó el cielo con bengalas para facilitar la masacre.5
La OLP no sólo se equivocó en términos políticos y diplomáticos, sino que fue incapaz de incidir sobre la opinión pública estadunidense respecto a lo que estaba sucediendo en el Medio Oriente. Además, plantea Khalidi, fue incapaz de quebrar la identificación palestino=terrorista, que fue otro de los grandes éxitos de los medios de difusión pro-israelíes (no sólo en Estados Unidos sino en muchas otras partes del mundo occidental). Para el autor, los desaciertos y fracasos políticos, diplomáticos y de relaciones públicas de la OLP tuvieron efectos muy negativos sobre el pueblo palestino, al igual que el comportamiento de varios regímenes autocráticos de la región, que con frecuencia han estado más preocupados por las ventajas económicas que podían obtener de los Estados Unidos, que por la causa palestina.
En cualquier caso, Khalidi plantea que la primera Intifada (1987-1993), a pesar de haber implicado la muerte de más de mil palestinos (20 % de ellos menores de 16 años), constituyó “un notable ejemplo de resistencia popular contra la opresión y puede considerarse la primera victoria rotunda para los palestinos en la larga guerra colonial iniciada en 1917”.6 Si Khalidi plantea algo así, mediante una afirmación aparentemente contraintuitiva, es por los efectos que tuvo la primera Intifada en términos de reputación internacional respecto a la causa palestina y también respecto al Estado y al ejército israelíes; factores que al autor le parecen decisivos para salir del impasse actual.
Khalidi concluye que tras una centuria de guerra contra los palestinos, algo crucial está cambiando (cabe repetir aquí que el libro fue publicado en 2020): por fin, el carácter colonial del proyecto del gobierno israelí está saliendo a la luz para buena parte de las ciudadanías de Estados Unidos y de Europa. Dicho proyecto logró triunfar, en parte, porque ganó la batalla política relativa al conflicto árabe-israelí en la medida en que, como planteó Edward Said en 1988, el gobierno israelí y los medios a su disposición controlaron las ideas, las representaciones, la retórica y las imágenes. “Desmantelar esa falacia y evidenciar la auténtica naturaleza del conflicto es un paso necesario si se pretende que los palestinos y los israelíes realicen la transición a un futuro poscolonial en el que un pueblo no utilice el apoyo externo para oprimir y suplantar al otro”.7 Para Khalidi, sólo el entendimiento entre ambos pueblos podrá terminar con “la guerra de cien años” que han vivido y sufrido los palestinos desde la Declaración Balfour. Sin embargo, sugiere, considerando la esencia antiliberal y discriminatoria del sionismo (antiguo y actual), este entendimiento resulta imposible. En un contexto como el que constituye y representa el conjunto de valores en el que se basa, en principio, el funcionamiento de las democracias occidentales contemporáneas, el proyecto sionista sigue apelando a una esencia colonialista, excluyente y religiosa que está en las antípodas de dichos valores, particularmente respecto a la igualdad entre todos los seres humanos. Esta situación, plantea Khalidi en la parte final de su libro (con un voluntarismo detectable para cualquier lector atento), no puede prolongarse de manera indefinida.

Al mismo tiempo, el autor afirma que los palestinos deben deshacerse de una serie de perniciosos desenfoques o autoengaños que remiten, principalmente, a negar la existencia del pueblo israelí y los derechos nacionales que su existencia conlleva. “Aunque es forzoso reconocer la naturaleza fundamentalmente colonial de la relación entre palestinos e israelíes, hoy hay dos pueblos en Palestina, independientemente de cómo han llegado a existir, y no puede resolverse el conflicto entre ambos mientras cada uno de ellos niegue la existencia nacional del otro”. Es cierto, agrega Khalidi, que hay una diferencia fundamental en términos del tiempo que cada uno de los dos pueblos ha vivido continuamente en Palestina, pero eso no debe impedir un entendimiento entre las dos partes. Sólo una vía basada en la igualdad y en la justicia, concluye el autor, podrá poner fin a la guerra que el imperio británico, Israel y los Estados Unidos han librado en contra de Palestina desde 1917.
Como adelanté, los libros de Traverso y Pappé son de poca extensión y escritos al calor de los acontecimientos originados en la masacre que el grupo terrorista Hamás perpetró contra cientos de civiles israelíes el 7 de octubre de 2023. Lo atroz de este hecho no tiene bemoles ni atenuantes de ningún tipo, pero tanto Traverso como Pappé subrayan que ese hecho no se agota en sí mismo; dicho de otro modo, plantean que hay que recurrir a la historia para tratar de explicarlo, pues no surge ex nihilo. El de Khalidi es también un recorrido histórico, pero sin el mencionado acto terrorista de Hamás como trasfondo y, además, con un aparato crítico que no es indispensable para los fines que Traverso y Pappé fijaron en sus respectivos libros.
Las preocupaciones de Traverso en Gaza ante la historia son más actuales e inmediatas que las de Pappé. Al historiador italiano, reconocido experto en historia contemporánea, le preocupa que toda crítica a Israel y al sionismo sea considerada como “antisemita” y que toda afirmación del carácter genocida de lo ocurrido en Gaza desde octubre de 2023 sea considerada una minimización del Holocausto. Desde la perspectiva de Traverso, ambas actitudes “sólo demuestran lo miope, insensible y dañina que puede llegar a ser una memoria ensimismada convertida en un culto exclusivo y autorreferencial”. Traverso señala que el “orientalismo” dista de ser un desenfoque que Occidente ha dejado atrás (el celebérrimo libro de Edward Said con ese título apareció hace casi medio siglo, pues fue publicado originalmente en 1978). La mejor muestra es la manera en que muchos gobiernos occidentales reaccionaron a los acontecimientos en Gaza, a lo que Traverso no duda en considerar un “genocidio” (con base en el artículo II de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, aprobada por las Naciones Unidas en 1948; el mismo año de la creación del Estado de Israel). Para el autor, Alemania representa una “expresión paroxística” de esta reacción, pero esta tendencia, tal como lo refiere con diversos ejemplos, va más allá del caso alemán.
El tema de los usos del antisemitismo en el contexto del genocidio en Gaza ocupa un lugar destacado en el libro de Traverso. Para él, el “nuevo antisemitismo imaginario” se ha convertido en un arma que sirve para criminalizar cualquier crítica a Israel. Algo evidente en la reacción de las autoridades universitarias y policiacas de los Estados Unidos a las manifestaciones estudiantiles en varios campus de ese país. En opinión de Traverso, esta manipulación del antisemitismo tendrá costos negativos de largo plazo: “Combatir el antisemitismo será cada vez más difícil después de haber desfigurado y distorsionado su naturaleza de un modo tan descarado. El riesgo de banalización es muy real: si se puede librar una guerra genocida en nombre de la lucha contra el antisemitismo, muchas personas honradas empezarán a pensar que sería mejor abandonar una causa tan dudosa”.
Traverso denuncia, por un lado, la tergiversación sistemática de la historia que ha llevado a cabo cierta historiografía judía desde la creación misma del Estado de Israel y critica, una vez más de la mano de Said, la mala conciencia de Europa respecto a los judíos.8 En opinión de Traverso, son los palestinos quienes están pagando la deuda que Europa contrajo con los judíos por la manera en que los países europeos los maltrataron por siglos (el caso alemán, sobra decirlo, tiene una dimensión que va mucho más allá de dicho maltrato). En las páginas finales de su libro, el autor vuelve sobre un tema que está presente en los cuatro autores considerados en estas líneas: “En el mundo global del siglo XXI, un Estado fundado sobre una base étnica y religiosa exclusiva es una aberración, en Israel-Palestina como en cualquier otro lugar”.
Breve historia del conflicto entre Israel y Palestina de Ilan Pappé es eso: un sucinto recorrido histórico del conflicto desde finales del siglo XIX hasta nuestros días. Pappé hace este recorrido con una notable claridad expositiva a lo largo de quince breves capítulos. Sólo al final del libro el autor se ocupa del genocidio actual en Gaza; sin embargo, en el capítulo VIII la Franja de Gaza hace acto de presencia, cuando Pappé se refiere a la respuesta de Israel al hecho de que Egipto cerró su frontera a los miles y miles de palestinos expulsados de sus territorios a causa de la guerra de 1948: “Hacia el final de la guerra, Israel ‘resolvió’ este problema creando lo que ahora lamentablemente conocemos como la Franja de Gaza. Se trataba de un pequeño rectángulo tallado en la Palestina histórica (el 2 % del país) que se creó para acoger a los cientos de miles de palestinos expulsados por Israel de las zonas central y meridional de Palestina. Entonces era el mayor campamento de refugiados del mundo. En la actualidad sigue siéndolo”. Es así como en 1948, apenas tres años después de concluida la Segunda Guerra Mundial, se “oficializó” una limpieza étnica que había empezado poco antes, que continúa hasta nuestros días y que, plantea el autor, tiene conexión directa con la Gaza de 2026: “La mayoría de las personas que viven en Gaza son refugiados de la limpieza étnica de 1948: primera, segunda y, ahora, tercera generación de refugiados. Israel creó la Franja de Gaza como zona de ‘almacenamiento’ para poder llevar a cabo la limpieza étnica en otras regiones de la Palestina histórica”.
Al final de su libro, Pappé establece lo que considera las ocho conclusiones que cabe extraer de su libro: 1) Palestina no era y nunca fue una tierra vacía (“una tierra sin pueblo para el pueblo sin tierra”, como reza el lema sionista); 2) el establecimiento de un Estado judío se llevó a cabo porque servía a los intereses imperialistas británicos; 3) desde el siglo XIX, el proyecto sionista fue un movimiento de asentamiento de colonos; 4) Occidente nunca ha considerado el caso palestino como de resistencia a un movimiento colonialista; 5) los “esfuerzos” por alcanzar la paz por parte de los Estados Unidos y sus aliados europeos a partir de 1967 nunca fueron sinceros; 6) la solución de los dos Estados ha fracasado de forma estrepitosa; 7) debemos cambiar nuestra manera de hablar del conflicto entre Israel y Palestina (no hablemos de “paz”, sino de “descolonización”); por último, 8) lo que hemos presenciado en la Franja de Gaza desde octubre de 2023 es el peor capítulo de la historia moderna del conflicto.
Con respecto al último punto, el autor pronostica: “A su debido tiempo, se recordará como una catástrofe inimaginable”. Estas palabras aparecen casi al final del libro, pero consigno lo que Pappé escribe poco antes sobre la posible salida a un conflicto cuyo origen está a más de una centuria de distancia: “Una solución real tiene que abordar los problemas de los refugiados palestinos y de la minoría palestina dentro de Israel. Y eso únicamente puede lograrse con una solución de un estado democrático en el que todos, palestinos e israelíes, disfruten de los mismos derechos y tengan libertad de movimiento por toda la Palestina histórica”.
Pasamos ahora al último de los libros aquí considerados: El mundo después de Gaza de Pankaj Mishra. Como el autor plantea en el prólogo, estamos ante un ensayo de notable extensión, muy erudito pero también “un viaje intelectual muy personal”. Un viaje que tiene su origen en algo que, hasta donde alcanzo a ver, está detrás de muchas de las personas que se han sentido impelidas a decir algo a raíz de lo acontecido en Gaza desde octubre de 2023: “…me sentí impulsado a escribir este libro para aliviar la perplejidad y la desmoralización que se apoderaron de mí antes de un colapso moral absoluto”. Un impulso que tuvo uno de sus orígenes en el hecho de que la conferencia que más tarde sirvió como base parcial del libro jamás fue pronunciada, pues el Barbican Centre de Londres la canceló.
Este silenciamiento y la connivencia que supone se han repetido en muchas partes del mundo occidental desde octubre de 2023 (Mishra da varios ejemplos en su libro). Estos silenciamientos, incontrovertibles y extendidos para cualquier persona que siga medios europeos y estadunidenses con mediana atención, es una de las múltiples razones que distinguen a Gaza de todos los demás conflictos que han tenido lugar en el mundo en los últimos años.
Quienes nos interesamos en lo que sucede ahí lo hacemos no sólo por razones humanitarias elementales, sino también porque ningún otro conflicto ha puesto tanto en entredicho y durante tanto tiempo los valores que supuestamente sostienen a las democracias liberales actuales; por ejemplo, a la civilización occidental contemporánea. Toda guerra y todo genocidio son criticables por infinidad de motivos; esto es una perogrullada. Sin embargo, desde la perspectiva de Mishra, el Medio Oriente ocupa un lugar especial en el mundo y en la historia, entre otros motivos porque ahí se encuentran los santos lugares de tres de las religiones más importantes del planeta y porque la región es uno de los puntos más sensibles de las redes mundiales del poder geopolítico, petrolero y financiero.
Además, ningún otro país en conflicto ha sido apoyado política, diplomática, moral y materialmente por Estados Unidos y por Europa como Israel lo ha sido desde hace más de un siglo. Por si lo anterior fuera poco, Mishra considera que Israel, que se creó como un Estado con el objetivo de solucionar una gran cuestión social, política y moral en la historia de Occidente, como era la cuestión judía, terminó provocando un problema que divide a la humanidad entera como quizá ningún otro.
El mundo después de Gaza es una lectura provechosa por muchos motivos. La cultura general del autor, su perspicacia analítica, su sensibilidad, sus conocimientos de realidades sociales, políticas y culturales de la India, así como de las europeas y de otras partes del mundo, no pueden pasar desapercibidas para el lector. Estas cualidades permiten a Mishra relacionar una cantidad de temas que, me parece, no muchos escritores contemporáneos están en posibilidades de hacer. Entre ellos, destaco la historia, la literatura y la política judías. De hecho, como el propio autor lo confiesa, de joven él era admirador del Estado de Israel. En la medida en que fue creciendo y conoció con detalle el funcionamiento del Estado israelí y de los medios a su disposición a nivel mundial, así como las oportunidades que tuvo de ver en directo el trato que la sociedad israelí dispensaba a los palestinos, su opinión cambió de manera radical.
El mundo después de Gaza es un libro ambicioso. En cuanto a los muchos temas de los que se ocupa hay varios que Mishra trata con especial agudeza; entre ellos, destaco el capítulo dedicado a Alemania y lo que el autor denomina su “filosemitismo” y el que se ocupa de los judíos estadunidenses y de lo que él llama “la americanización del Holocausto”. En cuanto a la Shoah (“catástrofe” en hebreo, al igual que Nakba), que es el eje alrededor del cual gira el libro, el autor refiere sus vínculos con el sionismo y su manipulación por parte del Estado de Israel, según el lugar y el momento. Estamanipulación ha tenido muchos avatares y vínculos diversos, no siempre evidentes, con la esclavitud, el imperialismo y el colonialismo (incluyendo el apartheid en Sudáfrica). La conclusión del autor va en el mismo sentido de algo que plantean Khalidi y Traverso al final de sus respectivos libros “…hay mucha más gente, y cada vez más tanto en Occidente como fuera, que ha comenzado a abrazar una contranarrativa en la que la memoria de la Shoah se ha pervertido para permitir un asesinato masivo al tiempo que oscurece una historia más amplia, la de la violencia occidental moderna fuera de Occidente”.
Para Mishra, la naturaleza colonialista del proyecto judío es cada vez más claro en muchos países no sólo de Occidente, sino de todo el mundo; particularmente, para la juventud. “Un círculo cada vez más amplio de jóvenes, ciudadanos occidentales o no, acusan a Israel de ser un colonialista invasor y cruel, y al régimen supremacista judío de estar avalado por los políticos occidentales de extrema derecha y sus compañeros de viaje liberales”.
En el epílogo, el autor retoma cómo la percepción sobre Israel y Gaza ha cambiado a partir del genocidio actual: “…millones de personas se sienten ahora menos a gusto en el mundo.” Para Mishra, como para muchas otras personas, la Shoah ha dejado de ser la referencia universal que calibraba el derrumbe de la moralidad humana. En un mundo en el que se pisotean los derechos y la vida de miles de hombres, mujeres y niños inocentes, se repudia todo sentido de dignidad y se “recompensa la violencia, las mentiras, la crueldad y el servilismo”, Gaza provoca vértigo, “junto con una sensación de caos y de vacío”. La esperanza, insiste Mishra, está en la juventud: “Los crímenes de Gaza y los numerosos actos que, a nuestro alrededor, han llevado a la connivencia y a la más dolosa indiferencia, han dejado una profunda huella entre los jóvenes de en torno a los veinte años”.
Los estudiantes universitarios, sobre todo en Estados Unidos, se han atrevido a correr riesgos “en nombre de la libertad, la dignidad y la igualdad”; esto representa, para el autor, “un desafío moral formidable”. No obstante, piensa Mishra, los dados están cargados y ante la victoria de Trump en 2024, el gobierno de Natanyahu seguramente cumplirá sus propósitos de limpieza étnica en Gaza y Cisjordania (tal como lo estamos presenciando en este momento). Al final del libro, el autor retoma a uno de los protagonistas de la primera parte del mismo, Jean Améry, escritor austriaco que estuvo prisionero en Auschwitz y que terminaría quitándose la vida en 1978. Concretamente, unas palabras de Améry en el sentido de que él no escribía con la intención de convencer, sino con otro objetivo (menos ambicioso en apariencia): “poner mi palabra en una balanza, y ver cuánto pesaba”.
No es mucho lo que puedo añadir a un ensayo bibliográfico que ya es extenso, salvo algunas de las impresiones generales que me dejó la lectura de los cuatro libros referidos en relación con la situación en Gaza. Una situación que ha pasado a segundo plano a nivel internacional a causa de la guerra en Irán; un conflicto bélico que el presidente Donald Trump y el primer ministro Benjamin Netanyahu tuvieron a bien iniciar hace relativamente poco (exactamente, el 28 de febrero del presente año). Esta nueva guerra no cambia nada en cuanto a la historia, los desafíos, los dilemas, las problemáticas, los abusos, los valores, las inhumanidades y las ansiedades que Khalidi, Traverso, Pappé y Mishra ponen sobre la mesa en cada uno de los cuatro textos revisados aquí; cada uno a su manera y con sus respectivos énfasis e inclinaciones.
Considerados en conjunto, una de las nociones más importantes que todos los autores trasmiten es que el genocidio en Gaza nos coloca en unas coordenadas morales distintas. Las que hasta ahora parecían ordenar el diagrama ético de Occidente se han desplazado y, por tanto, necesitamos una nueva brújula para ubicarnos. ¿Cómo hemos llegado aquí? Algunas respuestas pueden encontrarse en los hechos, los datos, las nociones y las ideas que aparecen en este ensayo bibliográfico, pero recurro a Jerome Kohn, uno de los grandes especialistas en la obra de Hannah Arendt, para dar una respuesta concreta. Refiriéndose a la furibunda reacción de la comunidad judía en contra de Arendt por la publicación de su libro Eichmann en Jerusalén (1963), Kohn escribe: “Arendt quería que los judíos se diesen cuenta de la realidad del horror que había recaído sobre ellos: que habían sido enviados en masa a la muerte por alguien a quien ni siquiera le disgustaban. De haberse dado cuenta, ¿cómo podrían haber negado a los palestinos los derechos que los judíos reclamaban para sí mismos con razón? ¿Cómo podrían, después de su propia experiencia, tratar a los palestinos como si fuesen superfluos?”.9 Sobre esta superfluidad, algunos datos debieran bastar: desde octubre de 2023, han muerto en Gaza más de 72 mil seres humanos; la mayoría, mujeres y niños. Además de los miles de desaparecidos que han sido reportados, hasta hace un par de meses, el número de heridos documentados en la Franja rebasaba los 170 mil. Por si lo anterior fuera poco, desde el llamado “cese al fuego” de octubre de 2025, más de 700 palestinos han sido asesinados por el ejército israelí (la inmensa mayoría de ellos, civiles).
Hannah Arendt no fue la única intelectual reconocida que, en su momento, alzó su voz en contra de las políticas del gobierno israelí respecto a la población palestina y en contra de aspectos medulares del proyecto sionista a partir de la creación del Estado de Israel. Uno de los muchos casos que pueden mencionarse es James Baldwin, uno de los escritores y ensayistas más perspicaces y profundos en lengua inglesa de la segunda mitad del siglo XX. Baldwin puso sobre la mesa la analogía entre la situación de los afroamericanos en los Estados Unidos y la de los palestinos en Israel. Esta conciencia surgió de los dos viajes que el autor de The Fire Next Time (1963) hizo a Israel, en 1961 y en 1965. Un caso similar, pero en lengua española, es el de otro célebre escritor y ensayista. Me refiero a Mario Vargas Llosa, quien durante buena parte de la Guerra Fría defendió a Israel de los ataques mediáticos organizados por el gobierno soviético (así como del apoyo que con frecuencia recibían estos ataques de diversos gobiernos latinoamericanos de izquierda). La postura de Vargas Llosa cambió radicalmente en 2005, cuando hizo un viaje a Israel que cambiaría por completo su visión del Estado y de la sociedad israelíes. Un buen ejemplo es el texto periodístico titulado “Morir en Gaza”, publicado en El País a principios de 2009:
Yo lo he visto con mis propios ojos. Y me he sentido asqueado y sublevado por la miseria atroz, indescriptible, en que languidecen, sin trabajo, sin futuro, sin espacio vital en las cuevas estrechas e inmundas de los campos de refugiados o en esas ciudades atestadas y cubiertas por las basuras, donde se pasean las ratas a la vista y paciencia de los transeúntes, esas familias palestinas condenadas a vegetar, a esperar que la muerte venga a poner fin a esa existencia sin esperanza, de absoluta inhumanidad, que es la suya.10
Con todas las variaciones y diferencias que se pueden aducir, los intelectuales que se han expresado en claves similares a las que es posible percibir en los planteamientos de Arendt, de Baldwin o de Vargas Llosa es larga. No me importan tanto las similitudes (que no pretendo exagerar) sino el hecho que, desde mediados del siglo XX, intelectuales, científicos, escritoras y pensadores de renombre mundial han cuestionado el sionismo y el trato inhumano que el pueblo palestino ha recibido por parte del Estado de Israel desde su creación.
Me limito al mundo judío y a una quincena de nombres: Sigmund Freud, Victor Klemperer, Jean Améry, Primo Levi, Marek Edelman (comandante del levantamiento del ghetto de Varsovia), Albert Einstein, Martin Buber, Zygmunt Bauman, Susan Sontag, Yeshayahu Leibowitz, Tony Judt, David Grossman, Judith Butler, Omer Bartov y Melanie Klein. Esta lista se puede ampliar sin dificultad alguna, como se puede constatar con los cientos de firmantes del desplegado titulado “A Dangerous Conflation: An open letter from Jewish writers”, el cual fue publicado a principios de noviembre de 2023 (cabe anotar que Butler, Bartov y Klein aparecen entre esos firmantes) y que fue publicada en español un par de semanas después: “Una confusión peligrosa: Carta abierta de escritores judíos”. Esta misiva muestra las múltiples maneras en que el gobierno israelí y los medios a su disposición han tergiversado y manipulado el “antisemitismo” para desacreditar toda crítica a Israel y toda defensa de la causa palestina. La carta incluye un llamado a los gobiernos y a las sociedades civiles de Occidente a que se expresen contra la represión del apoyo a Palestina. En México, sin embargo, buena parte de la sedicente intelectualidad “liberal” no sólo no ha levantado la voz en contra de lo que está ocurriendo en Gaza desde octubre de 2023 (es decir, desde hace más de 30 meses), sino que, cuando se expresó, fue para apoyar a Israel.11
Si por un lado es posible encontrar al interior de la comunidad judía posturas críticas como las expresadas por las personalidades mencionadas en el párrafo anterior y por los firmantes de la carta abierta referida, en el otro extremo están dos hombres que, más que cualesquiera otros, han decidido lo que ha sucedido en Gaza, Palestina y el Medio Oriente desde hace tiempo. Me refiero a Donald Trump y a Benjamin Netanyahu. Mientras el segundo tenga el ascendiente que tiene sobre el primero, será imposible llegar a ningún tipo de entendimiento en la región. Al respecto y más allá de las reservas sobre el personaje en cuestión, cabe referir un documento relativamente reciente; me refiero a la carta de renuncia que presentó Joe Kent, ahora ex Director del Centro Nacional contra el Terrorismo (National Counterterrorism Center), en la que, respecto a la actual guerra en Irán, afirmó que ese país no representaba una amenaza para los Estados Unidos.
Esto es muy importante per se, pero lo que me interesa aquí es lo que alguien como Kent, con la información que disponía, añade enseguida: “…es claro que empezamos esta guerra por la presión de Israel y su poderoso lobby en los Estados Unidos.” Y añade que esa misma presión del gobierno israelí y de dicho lobby fue la que “llevó a la desastrosa guerra de Irak”.12 Más allá de la renuncia de Kent, los ejemplos y las evidencias que constatan la presión referida son múltiples y de larga data, como lo muestra documentadamente el libro de Khalidi.
Antes de terminar, señalo un indicador más, revelador en mi opinión, del enorme influjo de Netanyahu y del lobby pro-israelí en los Estados Unidos. En toda la historia contemporánea, ningún otro líder extranjero se ha dirigido tantas veces al Congreso de ese país como lo ha hecho Netanyahu (exactamente, en cuatro ocasiones; Winston Churchill lo hizo en tres). Concluyo con una evidencia: hoy por hoy, la estrechísima, incondicional y aparentemente inalterable alianza entre los gobiernos de Estados Unidos e Israel es el mayor obstáculo para que rinda frutos cualquier esfuerzo por alcanzar un entendimiento respecto a Gaza, Palestina y el Medio Oriente.
Roberto Breña
Académico de El Colegio de México
- Por su relevancia y por el impacto que tuvo a nivel internacional en ciertos ámbitos, este ensayo fue traducido al español por Tatiana Lozano y Humberto Beck para la revista electrónica Conspiratio y publicado en enero de 2025: “La Shoah después de Gaza”.
- Traduzco del original en inglés, tal como aparece en Palquest (las cursivas son mías; repárese en la construcción idiomática negativa); la despedida y la firma están en letra manuscrita. Khalidi transcribe la parte medular de esta comunicación en Palestina (Cien años de colonialismo y resistencia), p. 51.
- Los lectores interesados en la crítica situación que enfrenta actualmente la UNRWA a causa del asedio al que ha sido sometida por parte del Estado y el ejército israelíes, pueden leer este artículo, redactado hace un par de meses por el comisionado general de la UNRWA.
- Los Servicios de Seguridad libaneses afirmaron que el 84 % de las víctimas en Beirut durante esta guerra fueron civiles. Respecto a esta cifra, Khalidi advierte que, dadas las circunstancias durante el conflicto, “es comprensible que estas cifras no sean del todo exactas”.
- Sobre la parte de responsabilidad en la masacre de varios altos mandos israelíes y sobre la implicación de los Estados Unidos en la guerra de 1982, véanse las pp. 251-254.
- No fue el caso, por cierto, de la segunda Intifada (2000-2008), a la que Khalidi considera “un importante revés para el movimiento nacional palestino”.
- El autor hace referencia enseguida al hecho de que encuestas de entonces (es decir, del 2020) muestran los cambios significativos que estaban teniendo lugar en la opinión pública estadunidense. A este respecto, el genocidio en Gaza que comenzó en 2023 ha sido determinante; tal como lo refiere un artículo de Michelle Goldberg que apareció hace un par de meses en el New York Times: en la actualidad, por primera vez desde que se realizan este tipo de sondeos, más estadunidenses apoyan a los palestinos que a los israelíes.
- En cuanto a lo primero, en la página 91 se puede leer: “En 1948 , los palestinos fueron desposeídos y erradicados, escribió Edward Said, mientras que Israel afirma haber conquistado su independencia; los palestinos fueron privados de sus tierras y expulsados por centenares de miles, mientras que Israel afirma haber recuperado tierras que pertenecen a los judíos por decreto bíblico; los palestinos han sufrido décadas de ocupación y privación de sus derechos, pero Israel afirma actuar en nombre de un pueblo de víctimas”.
- “Prefacio: Una vida judía 1906-1975”, en Hannah Arendt, Escritos judíos (Barcelona: Espasa Libros, 2009), p. 37. Por diversas y muy buenas razones, Arendt se ha convertido en un ícono de la cultura del siglo XX; sin embargo, como bien señala Traverso en uno de los mejores balances que he leído de la autora de Los orígenes del totalitarismo, “ella habría sido la primera en sonreír de una posteridad así”. “Entre dos épocas: judeidad y política en Hannah Arendt”, en El final de la modernidad judía (México: FCE, 2015), p. 145.
- “Morir en Gaza”, El País, 11 de enero de 2009, p. 27 (cito aquí de la versión impresa, pero el texto completo se puede leer electrónicamente). En este mismo artículo, Vargas Llosa plantea que con acciones punitivas como las que el ejército israelí estaba llevando a cabo en aquel momento en Gaza, el Estado israelí “ha perdido ya esa superioridad moral que tuvo sobre sus enemigos en el pasado”. A raíz del viaje de 2005, Vargas Llosa publicó un breve libro dedicado por completo al tema: Israel Palestina: paz o guerra santa (Madrid: Aguilar, 2006). Vargas Llosa volvió a Israel en 2016, invitado por la organización Breaking the Silence; de ahí surgió otro testimonio personal, esta vez de naturaleza visual: un documental de apenas 15 minutos, que se puede ver en la red.
- Véase el desplegado que firmaron 360 personajes de todos los ámbitos académicos, públicos, periodísticos, mediáticos y profesionales imaginables; algunos de ellos muy destacados en sus respectivos campos. Este documento ocupa toda una página del periódico Excelsior (p. 7) y fue publicado el 25 de noviembre de 2024. Unos días después, repliqué a este desplegado mediante una nota explicativa que fue publicada por la Revista Común.
- Cito de la carta original, que aparece en CNN. Sobre el lobby en cuestión, véase The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy de John L. Mearsheimer y Stephen M. Walt (Nueva York: Farrar, Straus and Giroux, 2007); los autores son dos reconocidos internacionalistas estadunidenses. El origen de este libro es un ensayo que la célebre revista The Atlantic Monthly le encargó a ambos en 2002; sin embargo, una vez concluido, en 2005, la revista se negó a publicarlo. Existe versión en español: El lobby israelí y la política exterior de Estados Unidos (Madrid: Taurus, 2007).