Los islandeses nos están demostrando que ese trabajo conjunto que aplicaron en el futbol también se puede llevar a la ciencia y a la técnica. Todo para hacer de éste un mejor planeta.
Ciudad de libros
Calle Jorge Ibargüengoitia
Quizá con cierta candidez, espero que los nuevos constituyentes de la Ciudad de México no olviden legislar los procedimientos para quitarle y ponerle nombre a las vialidades, un renglón harto descuidado entre los otros muchos torcidos sobre los que a diario se sigue escribiendo la historia de la capital mexicana. Calle Jorge Ibargüengoitia, en Coyoacán. ¿A poco no se la merece?
Una mirada a Adiós a los padres
En algún lugar leí que uno no escoge los libros que lee, sino que de alguna manera llegan a la mano de quien los necesita. Será una de las ventajas místicas de ser lector, que además del placer que causa, la lectura también nos cura de las enfermedades del espíritu.
La independencia de EUA y lo que no aprenden los niños
No es suficiente dar toda la información y hacerlo de manera objetiva. Las ideas preconcebidas a la hora de buscar, ordenar y compartir los datos del pasado son igualmente importantes.
Decidir: ¿poder de la mayoría?
No importa si vivimos en una democracia participativa, una representativa o una epistocracia; el sistema político es un instrumento y el fin es, como dijo Mill, que los miembros de la comunidad prosperen: que sean felices. De preferencia, juntos.
Hace falta el humor
En el ocaso de la Edad Media, sin embargo, Erasmo de Rotterdam delinea una nueva teoría en la que se presenta al humor como el instrumento más primitivo que existe para luchar contra el mundo hostil gracias a su capacidad transgresora.
El vértigo de Babel
En su autobiografía Habla, memoria, Vladimir Nabokov cuenta que, instalado en Cambridge entre 1919 y 1922, después de la revolución bolchevique, tropezó con un ejemplar de segunda mano del Diccionario interpretativo del ruso actual de Dal, en cuatro volúmenes.
Andrés Caicedo más allá del suicidio
La historia se ha vuelto mito: el 4 de marzo de 1977, Andrés Caicedo recibe un ejemplar de su primera novela ¡Que viva la música! en su departamento y, con tan solo veinticinco años, se suicida.
Pasear por la ciudad junto a Virginia Woolf
Merodear, emprender una deriva, es al mismo tiempo un acto de deseo y de imaginación. Contrario a los que creen que la deriva exige el abandono de la ruta designada, yo me aferro al mapa para perder el camino.
El Bosco. Un oscuro presentimiento
Era yo un joven de unos veintiún años, que aún no conocía España, cuando visité el Museo del Prado por primera vez. Cascos alemanes, ese fue el primer misterio con el que me enfrentó el país. Los soldados de Franco parecían alemanes en una obra dramática equivocada.