Los escándalos y las denuncias por acoso sexual cancelaron la entrega oficial del Nobel de Literatura del 2018, reemplazándolo por un Nobel alternativo. Por lo cual, este año la Academia sueca ha entregado dos galardones: el Nobel del 2018 para la polaca Olga Tokarczuk y el del 2019 para el austriaco Peter Handke, “por un trabajo influyente que con ingenio lingüístico ha explorado la periferia y la especificidad de la experiencia humana”, según el fallo del jurado. La esperada connotación política de un premio que en esta ocasión destrozó las quinielas mediáticas es clara: ambos son autores combativos y opuestos al auge de la extrema derecha, que hoy campea en Europa.


Peter Handke, nacido en Griffen, Austria, en 1942, estudió Derecho. Autor de novela, ensayo, poesía, teatro experimental y exitosos guiones cinematográficos —muchos de ellos de sus propias novelas y llevados al cine en colaboración con Wim Wenders, como El miedo del portero al penalty—, su carrera como escritor se perfiló a partir de la novela Los avispones (1966). Fragmentaria, autobiográfica y descreída, muestra el proceso de escritura de la novela misma y la búsqueda de las voces de varios “relatores” entre los recuerdos de infancia, llegando a aclarar al inicio de un capítulo “Yo relato”.

Su obra narrativa a lo largo de 50 años de producción incesante se concentra en una subjetividad extrema, por lo que en los años setenta se le consideró representante de la Nueva Escuela de la Subjetividad. Es un escritor que muestra en una tela transparente la profunda autoconsciencia de su propio oficio. Si empezó inspeccionando en el tema de la ansiedad, el miedo, el desasosiego y la alienación sus libros han transitado hacia lo que ciertos críticos llaman una “tranquila objetividad”. Pero explorar los abismos de la soledad humana es una de sus brújulas literarias permanentes, no por una introspección excesiva sino por las plurales formas de relación, entre el mundo interior y el entorno, que habitan en sus personajes.

En lengua española encontrarán sus obras publicadas por Alfaguara, Alianza, Círculo de lectores, Eterna Cadencia o Nórdica, entre otras.

Como simple muestrario, ofrecemos a los lectores este breve recorrido por siete libros representativos de Handke, escritos desde los años sesenta hasta nuestros días y que abarcan tres de sus principales registros: la novela, el ensayo y el teatro.


“En noviembre, frecuentemente nieva por la mañana.

Ese suceso se describe más o menos de esta manera: ‘Al despertar, quien se despierta mira afuera para calcular la hora de acuerdo con la claridad. Ve afuera la nieve, que reemplaza a la lluvia. El cartón embreado que cubría la pila, y que, poco a poco ha ido resbalando hacia abajo, porque algo se le ha como desprendido de un golpe, está enteramente cubierto por algodonosa nieve; en los lugares que todavía están algo calientes, porque quizás un ser con sangre cálida se arrodilló encima, continúan deshaciéndose los copos.”

Los avispones (1966)

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“Casi a la par con el pitido final —tres largos pitidos—, los conductores y cobradores se subieron en los autobuses y en los tranvías y la gente empezó a salir del estadio. Bloch se imaginó que escuchaba el ruido de las botellas de cerveza al caer en el campo; al mismo tiempo escuchaba el sonido del polvo que chocaba contra los cristales.”

El miedo del portero al penalty (1970: Josef Bloch, un mecánico venido a menos y exportero de futbol, transforma su aislamiento y su hostilidad en crimen). Sobre esta novela el escritor alemán W.G. Sebald afirma que se trata de un clásico por varias razones. Entre ellas, le interesa que promueva una colaboración benéfica entre la ciencia médica psiquiátrica y la literatura: “en contraposición a una práctica literaria que, por razones justificadas, puede parecer sospechosa a la psiquiatría, el texto de Peter Handke [sobre los estados de angustia del ex portero de futbol Bloch] no lleva al callejón sin salida de una identificación patética, sino a un aprovechamiento sobrio y realmente congelado de las formas específicas de la huida esquizofrénica de la realidad. Handke que, como pocos autores, está dispuesto a movilizar la inteligencia más allá de la muy nombrada sensibilidad, ha producido con el relato de que se trata una obra que no debe menos ni hace menos justicia a los principios de la ciencia que a los del arte”, en “Bajo el espejo del agua”, Patria pútrida, Anagrama, 2005 (trad. de Miguel Sáenz).

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“El espacio de trabajo del escritor, ‘su casa en la casa’, se hallaba en el primer piso. Con la taza de té vacía en la mano, bajó a la cocina obnubilado, y vio en el reloj del horno que faltaba poco para el anochecer. Era a principios de diciembre y las aristas de las cosas tenían el brillo que adquieren a la caída de la tarde. Además, la atmósfera de fuera y la del interior de la casa desprovista de cortinas parecían haberse unido en una sola claridad.”

La tarde de un escritor (1987: indagación narrativa del paseo de un escritor por el mundo en la misma tarde y con la atención puesta en el asombro de todo lo que se ve por primera vez y en su propia conciencia)

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“EL QUE MIRA DESDE EL MURO
¿Crees que los dos viejos van a ser capaces de ir al mismo paso que nosotros?

AGUAFIESTAS
¿Y si se nos desploman, y tenemos que dar media vuelta a mitad del camino?

EL QUE MIRA DESDE EL MURO
¿Y crees que nos daría tiempo a encontrar a alguien para sustituirlos?

AGUAFIESTAS
¿Y no crees que los dos jóvenes llevan ya tiempo anhelando salir de aquí, del interior del país, tan silencioso, para estar donde en este momento —el silencio precisamente acentúa ese tipo de sensaciones— habrá seguramente mucho jaleo, en las plazas de grandes ciudades, donde ellos puedan mostrar a los demás lo bien que están juntos?

El juego de las preguntas (1989: en esta obra de teatro siete extraños peregrinos emprenden una búsqueda filosófica a través de diferentes culturas de la humanidad.)

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“Pero tú, que eres un insomne crónico, ¿piensas hablar ahora de la imagen del mundo del insomnio o de la del cansancio?

El camino natural es ir de la del cansancio a la del insomnio, o, mejor dicho, en plural: voy a hablar de las diversas imágenes del mundo de los distintos cansancios.

Como para tener miedo fue, por ejemplo, en cierta ocasión, la forma de cansancio que pudo producirse junto a una mujer. No, este cansancio no se produjo, ocurrió, como un acontecimiento físico, como escisión. Y además nunca me alcanzaba a mí sólo, sino que al mismo tiempo alcanzaba siempre a la mujer, como si, al igual que ocurre con los cambios de tiempo, viniera de fuera, de la atmósfera, del espacio.”

Ensayo sobre el cansancio (1989: parte de una serie de cinco ensayos muy personales sobre distintos aspectos de la vida cotidiana y la forma en la que la subjetividad puede construirlos, darles formas innovadoras.)

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“Sobre la mujer de Holanda, él, como persona, tenía aún menos cosas que contar, lo que a mis oídos de oyente no suponía desengaño ni aburrimiento alguno: al revés, día tras día Don Juan contaba las cosas cada vez con más entusiasmo, con unos ojos que le brillaban y que, sin mirarme, miraban al vacío […]”

Don Juan (contado por él mismo) (2004: una reinterpretación del clásico mediante las confesiones de Don Juan a un personaje que conoce en un albergue, un cocinero solitario y ávido lector que escuchará sus aventuras libertinas y descarnadas.)

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“Si el Ensayo sobre el Lugar Silencioso, la narración de este lugar, fuera una película, la secuencia de aquellas décadas sin los auténticos Lugares Silenciosos estaría marcada por este ritmo: yo mirando una y otra vez, por agujeros de servicios de trenes, viendo más y más líneas de vías que se cruzaban unas con otras; en váteres de avión, mirando allí las vaharadas aguamarinas, o como fueran, más bien hacia ninguna parte.”

Ensayo sobre el lugar silencioso (2012: ese lugar es un eufemismo alemán para referirse al baño, del que el autor va desvelando su función como refugio, espacio de libertad, reflexión y soledad.)