El año sin Nobel

Murakami está repantingado en su sillón, mirando con aires sombríos el cielo de Tokio. Esta vez no hay esperanza que albergar: es seguro que este año no le tocará el Nobel. Simplemente porque no habrá Nobel para nadie. Luego de los escándalos sexuales que han cimbrado la cúpula de la Academia (Jean-Claude Arnault, esposo de una de las partes del jurado, fue acusado por 18 mujeres, como lo consignamos aquí) sumado al de tráfico de influencias y filtraciones, no hay quórum necesario para hacer la votación. Sobre todo, hay una grave crisis de confianza. Como ha señalado la Fundación Nobel en un comunicado (del 4 de mayo), el premio será pospuesto a 2019 porque la situación lo haría poco creíble. Esto no significa que el galardón haya quedado desierto: la cancelación definitiva solo ha ocurrido en ciertos años marcados a sangre y fuego por la Primera y la Segunda Guerra Mundial (1914, 1918, 1935, 1940-1943). Sin embargo, como apunta El País, es la primera vez que un escándalo de esta magnitud se interpone en las decisiones de la Academia sueca.

La renuncia de Sara Danius, la secretaria perpetua de la Academia, había cosechado en las últimas semanas un gran apoyo de la opinión pública: en redes, el #knytblusförsara (que significa “moño de mariposa para Sara”) se tradujo en una manifestación de mujeres portando el mismo moño en las (otrora) tranquilísimas calles de Estocolmo. El movimiento global por la defensa de los derechos de las mujeres acaba de sellar, de otra manera, la historia reciente. Aun así, quedan voces con buenos augurios, ya que la última vez que el máximo galardón literario se pospuso, en 1949 —porque no había candidato digno—, William Faulkner acabó por recibirlo al año siguiente durante la misma ceremonia entrega del premio correspondiente a 1950. El próximo año, eso sí, se entregarán dos premios. Pobre Murakami, ahora mismo debe estar degustando con sabor agridulce su mejor escocés, imaginándose como quién sabe cuántas veces junto a la realeza sueca… y acaso compartiendo con (ponga aquí su quiniela, querido lector), maldita sea, el estrado y la gloria.