Cada 29 de abril se celebra el Día internacional de la Danza. Establecido desde 1982 la Unesco, tiene como principal fin atraer atención a una de las artes menos populares. En México  lo celebramos, pero a menudo sin pensar en  quienes trabajan cotidianamente en la danza y su difícil situación laboral.

El Día internacional de la danza fue instituido a partir de la propuesta del maestro ruso Piepor Gusev de Leningrado quien  buscaba  homenajear al coreógrafo francés Jean Georges Noverre, precursor del Ballet moderno, nacido el 29 de abril de 1727. Es curioso que la idea de la danza que se estableciera en esta celebración tuviera sus orígenes en el género más selectivo y eurocentrista: el ballet.

En México este día se celebra con entusiasmo en muchos espacios. La idea de cómo se logró esto se remonta al proceso de institucionalización de la danza en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Fue entonces que el gremio dancístico buscó agruparse en una única institución nacional que regulara la situación de los bailarines y coreógrafos. La creación del Instituto Nacional de Bellas Artes en 1946 se propuso como la solución a la dispersión de los grupos, sin embargo a duras penas lograba pagar representaciones, sueldos e invitaciones a los profesionales de la danza. Pasaron los años y poco tiempo después se crearon la Compañía Nacional de Danza, que apostó por la danza clásica y el Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández, quién se inclinó por este tipo de danza como “representativa de México”. Ambas fungieron como compañías oficiales, recibiendo apoyo económico  y simbólico por parte del Estado, sin comparación a como estaban los otros grupos. Pero este apoyo poco a poco fue cesando hasta colocarlas prácticamente en la misma situación de precariedad que en la que están los grupos independientes. Celebrar la danza tiene que voltear a ver esta realidad.

Tomó un par de décadas para que el gremio de la danza se movilizara para protestar sobre sus condiciones laborales: pagos retrasados –si es que se lograba firmar algún contrato–, poco presupuesto para las compañías oficiales y por ende, omisión de apoyo por parte del Estado hacia las compañías pequeñas o independientes; falta de seguridad social para las necesidades específicas de los bailarines, pocas escuelas profesionales de danza, entre otras cosas. Javier Contreras Villaseñor, director del Centro de Investigación Coreográfica del INBA conoce bien esta historia: “En los noventa vinieron los intentos de «Especie en extinción» y el Colegio de Coreógrafos, y en las últimas fechas puede hablarse de los esfuerzos continuos del Colegio de Coreógrafos y de Periplo Gestión Creativa, quienes han generado documentos y cuestionarios con propuestas en torno al tema”. Quizás uno de los casos recientes más sonados fuera el de la Compañía Nacional de Danza que en 2016, tras el despido de las bailarinas Maya Morales y Andrea Salazar por “no cumplir” con los cánones de estéticos requeridos, realizó una serie de protestas para exigir la destitución de su directora, Laura Morelos, por diversos maltratos a los bailarines, entre ellos, pagos injustos. Los bailarines danzaron en las calles, crearon propuestas y boletines para visibilizar sus precarias condiciones de trabajo.

El caso evidenció que incluso en una de las compañías más privilegiadas del mundo de la danza hay fallas que lastiman el ejercicio laboral y la integridad misma de los bailarines. Con esto también se mostró que para lograr condiciones laborales dignas, era necesario trabajar con las autoridades correspondientes. Sin embargo, para lograr que la conversación se generalice a otros espacios de la danza se necesita mayor coordinación de quienes integran al sector artístico. A pesar de ser un colectivo pequeño en relación con otros, y con una historia de integración institucional muy reciente, es un mundo disperso y está centrificado, a lo que Javier Contreras considera:

(…)  pienso que nuestro problema principal es que no hemos podido generar una lógica de los y las bailarines como sujeto colectivo capaz de vivirse en términos democráticos, generosos y horizontales. Hay fisuras en el gremio de la danza que dificultan la organización y, en consecuencia, la posibilidad de generar acciones reivindicativas comunes.

Por un lado se encuentran los hacedores: bailarines, coreógrafos, técnicos, escenógrafos y demás, y por el otro quienes se encargan de la formación de profesionales. Más distantes, aunque cada vez en menor medida, quienes nos dedicamos a la investigación, y finalmente aquellos que se encargan de la difusión y el resto de las piezas que integran el gran mosaico que da forma a la práctica dancística. Sin embargo, no debemos de perder de vista la desventaja de aquellos que ofrendan su cuerpo día a día para dar vida al arte en movimiento, pues son ellos quienes desde muy jóvenes se consagran a su práctica diaria, a las horas extras de ensayo, a los que se les impone un retiro a una edad determinada, y que con alguna lesión se le imposibilita ejercicio de su profesión.

Al mismo tiempo, también es fundamental señalar que cualquier proceso de institucionalización en la danza hasta ahora ha venido desde el centro. Por ello, en 2018, como producto de una iniciativa ciudadana por parte del medio de la danza y basada en diversos documentos y experiencias internacionales como el Plan Nacional de Colombia y el proyecto para el Plan Nacional de Uruguay -así como en asesoría de colegas coreógrafos, bailarines, maestros, investigadores, productores, directores de festivales, agrupaciones y academias de danza de distintos géneros y estados de la república mexicana- se realizó una investigación cuantitativa sobre las condiciones generales del gremio (situación laboral, prestaciones, educación artística, entre otras)  en la cual participaron 690 profesionales de la danza de toda la República, con el fin de derivar en un Plan Nacional de Danza. Este trabajo de invitación abierta a todo el sector de danza fue realizado por Laurencia Strada y Javier Contreras en colaboración con Periplo Gestión Creativa, y develó la cantidad de aristas que implica eventualmente resolver las diversas fallas en este sector laboral.

Erandi Fajardo, directora general de Periplo considera que para hablar de la situación laboral del sector de danza, habría que hablar de las distintas problemáticas en los últimos sexenios y que hoy presentan un panorama crítico para quienes viven de ella:

“Tenía una mirada corta, no una mirada de alcance nacional que reconociera la diversidad de la danza en el territorio nacional. Los recursos estaban centralizados, los recursos que generaban eran muy pocos, el número de beneficiarios también, se favorecían procesos de producción artística sobre todo y se dejaban de lado otras partes del proceso, como la investigación, la difusión, la educación, la circulación y su vínculo social.”

Si la danza se pretende como una institución, es necesaria una infraestructura que la sustente como tal, sin embargo con dichas políticas, se redujeron espacios, presupuestos y la responsabilidad gubernamental para con esta disciplina. En cuanto a la precarización de la condición laboral: “Quizás la evidencia más grande es, que muy pocos o casi nadie puede recuperar la inversión que hacen los colectivos y los artistas para la producción de danza […] la respuesta a  porqué sucede esto es compleja y atañe a diferentes circunstancias que cruzadas dan esta consecuencia”.

Desde los años sesenta, algunas compañías tales como El Ballet Independiente(que por cierto, fue suprimido a inicios del año pasado por justamente por ser “insostenible”) se dedicaron a sobrevivir las desventajas que implicaba no pertenecer al sector oficial de danza. Sin embargo las ganancias por función nunca han sido redituables cuando se les compara con la inversión que es necesaria para poder presentarlas: pago de horas extras por los ensayos a los bailarines, a los técnicos, la renta de espacios costosos, la publicidad, la escenografía y la impresión de folletos son sólo algunas de las cosas que tienen que solventar los creadores.

El conjunto construye un círculo vicioso del cual los hacedores de danza no pueden salir. Como señala Fajardo, estos problemas pueden resumirse de la siguiente manera: La educación artística es muy deficiente por la falta de vinculación con quien podría ser público de artes. Esto es producto de la ausencia de una lógica de difusión, creación espacios de reflexión, crítica y diálogo que permitan construir público para la danza. Luego, si bien hay muchos egresados de las escuelas profesionales de danza, no hay espacios de inserción profesional y cuando existen, “muchas de las instituciones contratan a los bailarines como proveedores, al igual que alguien que hace camisas, quién produce canapés, etc. Esto es una desventaja enorme, porque no se vincula o no tiene una correspondencia con el tipo de servicios que ofrece el profesional de danza. Entran a  una serie burocrática que no concuerda con la lógica de producción y con la lógica de beneficios que generar este sector para la institución”.

Finalmente, hay un desfase en la retribución económica que hace que la situación a veces sea insostenible. El artista recibe tarde lo invertido, y no tiene un ingreso económico por falta de una logística. Para los bailarines, no hay ingresos fijos, sólo hay trabajos eventuales, y cuando éstos aparecen no hay contratación ni acuerdo legal. Tampoco hay programas de salud, ni vivienda, o créditos que puedan contribuir a encontrar una mayor estabilidad laboral.

Esto tiene lugar en un contexto que no es propicio para las artes en general. La disminución a presupuestos de la cultura impacta en todos los niveles. “No ha habido acompañamiento o articulación de mecanismos u otras vías de recaudación económica como vínculos con la iniciativa privada, con la sociedad civil o un un acompañamiento para [generar] diseños económicos que les permitan a quienes trabajan en danza una mejor sustentabilidad económica”, dice Fajardo. Estos son los servicios que ofrece Periplo.

Ilustración: Belén García Monroy

Al preguntarle por las vías que tomará la danza en México, responde que observa “una solicitud, una exigencia, un entusiasmo del sector por participar en el diseño de la política cultural para danza. Quieren ser tomados en cuenta, quieren ser partícipes, quieren estar enterados, quieren ser observadores de cómo se diseña, cómo se ejecutan los recursos, con qué diseño se evalúan y también cuáles son las formas en las que los distintos actores se pueden vincular a los distintos programas y a las distintas acciones. Me parece que en este momento hay un interés de muchos grupos, porque se diseñe una política incluyente que observe la diversidad, la complejidad, los distintos géneros, los distintos perfiles de la danza en el país. (…) esto me parece una oportunidad de oro que el gobierno actual debería de aprovechar”.

Como parte de un trabajo de participación ciudadana la investigación realizada por Periplo fue enviada junto con una carta al Presidente Andrés Manuel López Obrador, exigiendo un proceso de vinculación y el diseño de un Plan Nacional de Danza. El plan se entregó firmado por las 690 personas partícipes de la investigación, con una copia a Alejandra Frausto, Secretaria de Cultura, a Lucina Jiménez, titular del INBA y a Nina Serratos, la actual Coordinadora Nacional de Danza. A pesar de que prometieron citarlos pronto para integrar las ideas a la política cultural del sexenio, los creadores del plan siguen esperando cita.

Aún falta un enorme camino por recorrer. Los recortes estatales para la cultura afectan a los diversos integrantes de la cadena de producción artística: desde los creadores, hasta quienes consumen cultura. Por otro lado, el camino hacia la investigación de la danza como una rama de conocimiento para sacarla del paradigma “patrimonial”, ahistórico y de mero entretenimiento aún es largo.

Este abril celebremos la danza desde la conciencia de que es parte de la memoria histórica, es disfrute del cuerpo que fractura barreras de edad y de clases sociales, y para tantos, es sobre todo un trabajo que merece mejores condiciones y protección.

Agradezco a Javier y a Erandi su tiempo y disposición para platicar. 

Berenice Quirarte
Cursa la maestría en Estudios del Arte en la Universidad Iberoamericana; es miembro de Giroscopio: Danza + Filosofía.

Fuentes

“A través de una iniciativa ciudadana buscan generar un Plan Nacional de Danza.” Proceso, publicado el 30 de enero de 2019, consultado el 23 de abril, 2019

“Los Obreros de la danza. Situación Laboral de los bailarines.” FLUIR . Revista de Danza Contemporánea,  publicado el 8 de agosto de 2014. Consultado el 22 de abril, 2019.

Entrevista a Javier Contreras Villaseñor, Director del CICO, Abril de 2019.

Entrevista a Erandi Fajardo, Promotora cultural en Secretaría de Cultura del Estado de Michoacán, Directora de Periplo Gestión Creativa , Abril de 2019.