Hace unas semanas se anunció el cierre de Ballet Independiente, una de las compañías de danza más trascendentes de la escena nacional en el siglo xx. Después de cincuenta años en los escenarios, la icónica compañía fundada por Raúl Flores Canelo consideró que era tiempo de terminar su ciclo artístico. La trayectoria y el final de esta propuesta dan qué pensar sobre la vida y el destino de la danza en México.

Raúl Flores Canelo (Monclova, Coahuila, 1929) fue uno de los artistas mexicanos más importantes del siglo pasado. Coreógrafo, bailarín, diseñador y escenógrafo, se formó y trabajó con los grandes de su época: Ana Mérida, Guillermina Bravo, Xavier Francis, Marcelo Torreblanca, José Limón, Lucas Hoving, Anna Sokolow, David Wood, Juan José Gurrola, Aurora Bosch, Judith Hogan, Michel Descombey, Maya Ramos y Miguel Ángel Palmeros, por mencionar solo algunos.

El Canelo fue fundador, junto con Raúl Aguilar, Graciela Henríquez, Anadel Lynton, Elsie Contreras, Rosa Pallares, Valentina Castro, Gladiola Orozco y Freddy Romero, del Ballet Independiente, un proyecto de danza moderna nacional que luchó por su supervivencia desde su nacimiento en 1966 hasta su reciente supresión en marzo de este año.

En el contexto de crisis económica que atraviesan constantemente las diversas dependencias artísticas del Estado, los espacios dedicados al arte del movimiento en concreto son más vulnerables. Proyectos importantes como el Ballet Teatro del Espacio, el Ballet Nacional de México, El Ballet de la Universidad y el Nuevo Teatro de la Danza son algunos ejemplos extintos, a las que ahora se les suma el proyecto del coahuilense.

El pasado 21 de febrero, la directora de Ballet Independiente, Magnolia Flores —viuda de Flores Canelo— anunció una “etapa de retiro, de pausa” para la compañía, la cual en realidad se leyó como un aviso de su cierre definitivo.1 Así, de la compañía que en su momento fue una afrenta para la danza nacionalista, nos quedaría solo su archivo (foto y videográfico), conservado en el Cenidi Danza José Limón, uno de los pocos acervos creados por las mismas compañías.

Raúl Flores Canelo y bailarines del Ballet Independiente. Foto: Archivo Ballet Independiente.

La situación de Ballet Independiente hace pensar en la importancia de estas compañías, en las condiciones y posibilidades de su subsistencia en un contexto de falta de público y apoyos restringidos. Estas y otras cuestiones son fundamentales para enfrentar los cierres de teatros y escuelas de arte, de las cuales, si bien algunas logran mantenerse en los límites de la periferia independiente, muchas son parte de una dinámica estatal-institucional que las afecta e, incluso, llega a determinar su curso.

¿Danzar ideales o ideales para la danza?

En su libro Danza y poder, la socióloga Margarita Tortajada menciona que el campo cultural de la danza en México(retomando la propuesta de Pierre Bordieu, quien define el campo cultural como un espacio social de acción y de influencia en el que confluyen relaciones sociales determinadas) no es totalmente autónomo, pues el Estado crea políticas culturales para apoyar y difundir un arte dancístico que ayuda a legitimar el modelo de desarrollo de la sociedad que lo sustenta”.2 Esto quiere decir que en todos los niveles de expresión dancística en nuestro país, oficiales o no, hay una reflexión sobre lo que es “apto” para verse y que no.

Sesión de instalación del Consejo Técnico de Bellas Artes. Fotografía: Archivo INBA

Atendiendo a lo anterior, la danza como institución encontraría su origen en México durante la primera mitad del siglo pasado. Con el nacimiento del Instituto Nacional de Bellas Artes en 1946, se establecieron las reglas del juego: estilos coreográficos (clásica, folclórica, moderna, nacionalista, nacional, etc.), acompañados por pugnas para obtener puestos administrativos, otorgamiento de fondos, presentaciones al público, entre tantas otras cosas. Las compañías de danza que nacieron en ese contexto —Ballet Independiente entre ellas— buscaron un espacio para su formación, desarrollo y consolidación en el marco que les otorgaba el Estado. Las compañías negociaron con los lineamientos ético-estéticos de las instituciones gubernamentales.

En general, el INBA apostó por una producción que fuera cercana al público mexicano y privilegió la danza folclórica y la vieja conocida danza clásica. De paso, la primera servía para la creación de una identidad nacional que estaba en construcción, mientras que la segunda mostraba un arte de “primer mundo”, digno de una “nación moderna”.

Sin embargo, nuestro país también se nutrió, aunque en menor proporción, de la herencia de las vanguardias europeas, su “fetichismo” por la ruptura y el uso de un cuerpo disidente —sin dejar de lado la revolución sexual y la Revolución cubana que estaban en el aire—. Es en este contexto que, paralelamente al impulso de un proyecto nacionalista, artistas norteamericanos migraron a México. Entre ellos estuvo una alumna de la coreógrafa Martha Graham, Anna Sokolow, quien a diferencia de su connacional también llegada a México en la década de los años sesenta, Waldeen Von Falkenstein, apostó por crear una verdadera danza mexicana: una danza libre de demagogias nacionalistas para dejar de lado los temas indigenistas y dar paso a una danza que mostrara la realidad. Que no fuera ni la de los sombreros con huaraches, ni la de una estética europea que ya no era vigente ni siquiera en el viejo continente.

Así, los “Sokolowas”: Xavier Francis, Bodyl Genkel, Lin Durán, Raúl Flores Canelo y Guillermina Bravo —quien primero perteneció al grupo de Waldeen y a su salida fundó el Ballet Nacional— trabajaron en conjunto para tratar de consolidar en México la recién llegada danza moderna. Sin embargo, cada uno de ellos tuvo que bailar en compañías oficiales como el Ballet Folklórico de México y El Ballet Clásico de México para poder sostener sus propios proyectos: el Nuevo Teatro de la Danza de Fracis y Genkel, el Ballet Nacional de Bravo y, por supuesto, el Ballet Independiente de Flores Canelo.

Fundadores del Ballet Independiente (1966). Gladiola Orozco, Raúl Aguilar, Valentina Castro, Elsa Contreras, Raúl Flores Canelo, Rosa Pallares, Anadel Lynton, Fredy Romero y Graciela Enríquez. Fotografía tomada de la Página de Facebook de la Compañía.

El Ballet Independiente: precedentes, desarrollo y fin

Raúl Flores Canelo colaboró con el Ballet Nacional de Bravo antes de la creación de su propia compañía, e incluso cuando ésta ya estaba erigida. Hizo el diseño de los vestuarios, la escenografía y algunas labores de coproducción coreográfica.

Ya en referencia a su trabajo, la bailarina y escritora Lin Durán consideraba a Flores Canelo como “un coreógrafo que ha hurgado en lo prehispánico y en las tradiciones populares con una gran sensibilidad. Sus obras tienen sabor de lo auténtico, a pesar de que se sitúan formalmente a mil kilómetros de las plumas, los huaraches y los zapateados.3 Como buen heredero de las ideas de Anna Sokolow, Flroes Canelo proyectaba la exploración de la forma para llegar a un nuevo lenguaje dancístico; quiso crear un arte ligado a la reflexión y crítica de los problemas de la humanidad incluyendo los de México, pero sin concentrarse en nuestro país como primer y único referente.

La compañía siempre puso empeño en compartir su trabajo, para lo cual debía mostrar esa supuesta “altura” que denotaban las compañías oficiales. Fue así que, tras varios esfuerzos, el BI participó en la temporada anual de las compañías profesionales en el Teatro del Palacio de Bellas Artes a escaso tiempo de su fundación. Finalmente, logró tal reconocimiento en la esfera dancística que, en 1990, recibió el Premio Nacional de Danza José Limón, considerado el máximo reconocimiento para la disciplina en México. Para 1995 incluso se fundó un teatro en el Centro Nacional de las Artes que lleva el nombre de Raúl Flores Canelo. Tantos galardones, reconocimientos y homenajes, demuestran el lugar que se ganó el BI en el medio de la  danza institucional.

“El Canelo” se abocó a su danza. Muchas de sus obras eran de corte íntimo, introspectivas e incluso autobiográficas. Ejemplo de esto son: Solo, Elegía, De jaulas y mariposas, Soliloquio o Preguntas nocturnas. Por su parte, La espera es considerada como una de sus creaciones más importantes. Como se mencionó anteriormente, Raúl buscó promover la cultura nacional en países como Cuba, Guatemala, El Salvador, Estados Unidos, Alemania, Francia y Holanda, sin caer en un fervor nacionalista, sino más bien echando mano de los muy mexicanos sentidos de la ironía y el humor: El corrido del güero Velázquez, Ciclo Adán y Eva, Pastorela, La anunciación, La balada de los amantes, Luzbel, Poeta, Ofrenda a López Velarde, son algunas muestras de ello.

Soliloquio.

Para su 50 aniversario, el BI (re)presentó en el Palacio de Bellas Artes la puesta Poeta, la cual le fue encargada a Flores Canelo en 1988 para conmemorar el centenario del natalicio de Ramón López Velarde . En la obra “se plasma a la mujer idealizada, a la novia pueblerina, pero también a las mujeres citadinas, desde las prostitutas hasta las increíblemente refinadas, todas girando alrededor de una mezcla cruda de sensaciones y sentimientos experimentada por el poeta, como la tristeza, la culpa y el placer.”4

Para su último festejo, el de los 51 años de vida BI, Emmanuel Torres Mejía, director artístico, quería  “conmover y tocar al espectador con un lenguaje dancístico antiguo, muy propio de la compañía. Para nosotros es muy satisfactorio saber que el público se lleva una experiencia que le permita ampliar su visión sobre el día a día”.5 Así, para abrir el programa se eligió la última coreografía creada por Flores Canelo titulada Pervertida. Se trata de una pieza que dedicó a la Ciudad de México: “Se pensó en esta obra porque este año se cumplen 25 años del deceso del coreógrafo y con esta representación se otorga el toque emotivo al festejo de Ballet Independiente”.6 Carmen fue la segunda obra elegida para la ocasión, y se presentó en una versión especial, inspirada en la ópera de Georges Bizet. Y, para el cierre, la última puesta fue la obra ganadora del XXXI Concurso Interior de Coreografía: 3548 de Samuel López, que sostenía, en palabras de Torres, “una forma de mostrar nuestra permanencia en los escenarios y a la vez promover el talento de las nuevas generaciones y, sobre todo abordar nuevos públicos”.7

3548

Hoy, a medio siglo del comienzo de su existencia, las puertas del BI han sido cerradas. Cuenta Rodolfo Vázquez, subdirector del INBA, que:

Magnolia con nosotros nunca habló de problemas financieros. Ella llegó y nos dijo que ya había decidido cerrar la compañía, que ya había cumplido un ciclo. Con nosotros habló sobre donar todo el acervo del Ballet Independiente. Empezamos a trabajar con ella para establecer un cronograma porque tiene vestuario, mucha documentación, fotografías, libros. Estamos firmando un convenio para recibir todo el acervo. Los derechos (de las obras) siempre serán de ella. Y nos pidió un favor, que había tres obras de Flores Canelo que se habían quedado sin filmación y quería que hubiera. Le ofrecí a la Compañía Nacional de Danza para que se grabaran y quedaran registradas.8

Si son peras o son manzanas, en todo caso, muchas cosas se atraviesan en las decisiones financieras y burocráticas de las compañías de danza en este país. Un mal manejo administrativo, el pobre apoyo otorgado por el Estado, la poca asistencia del público a las presentaciones de danza en general —sin dejar de lado la presencia casi invisible que tiene la danza para los mexicanos—, son fragmentos que alimentan un mosaico nacional de la decadente situación de la danza en nuestro país.

Durante su existencia, el BI y el reducido grupo de artistas jóvenes que, con ahínco, profesionalismo, tenacidad y decisión se enfrentaron a las grandes instituciones de su momento, innovaron en el espectro dancístico. La danza de Flores Canelo apostó por insistir que en México no vivimos en un folclore idealizado, estático, alegre y sin discriminaciones. Propuso, a cambio, una danza hecha desde México que mostrara las virtudes del contexto, pero también sus grandes fallas; que insertara a nuestro país dentro de la universalidad dancística sin encasillarlo en los tópicos “de la mexicanidad”. Todo al tiempo de lidiar con las dificultades del propio campo de la danza en México. Su final deja pensando.

 

Berenice Quirarte.
Cursa la maestría en Estudios del Arte en la Universidad Iberoamericana; es miembro de Giroscopio: Danza + Filosofía.

 

BIBLIOGRAFÍA
Lin Durán, La danza mexicana en los sesenta, antología hemerográfica, México: Instituto Nacional de Bellas Artes, 1990.

Josefina Lavalle, En busca de la danza moderna mexicana. Dos ensayos. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; Instituto Nacional de Bellas Artes , Ríos y raíces, 2002.

María Cristina Mendoza, Instituciones oficiales de la danza clásica y la producción coreográfica nacional . 1963-2003, México: Instituto Nacional de Bellas Artes, 2014.

Maya Ramos y Patricia Cardona Lang (comp.), La danza en México, Visiones de cinco siglos, vol. II, Antología: Cinco siglos de crónicas, crítica y documentos (1521-2002), México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; Instituto Nacional de Bellas Artes, 2002.

Margarita Tortajada, Danza y poder,México: Instituto Nacional de Bellas Artes, 1995.

Raúl Flores Guerrero, [s/t] en  México en la cultura , suplemento de Novedades,  (1960).

Recursos en línea

Ballet Independiente festeja su trayectoria en el Teatro de la Danza”, Interescena. Consultado 4 abril, 2018.

Ballet Independiente celebra cinco décadas en el Palacio de Bellas Artes”, Interescena. Consultado 3 abril, 2018.

INBA confirma el cierre del Ballet Independiente”. El Universal. Consultado 22 de marzo, 2018.


1 Juan Hernández y Alida Piñón, “Analizan cerrar el Ballet Independiente por crisis económica”, El Universal, 21 de febrero de 2018

2 Margarita Tortajada, Danza y poder, México, INBA, 1995.

3 Lin Durán, La danza mexicana en los sesenta: Antología hemerográfica, México, INBA, 1990.

4 Claudia Magun, “Ballet Independiente celebra cinco décadas en el Palacio de Bellas Artes”, Interescena, 18 de julio 2016.

5 “Ballet Independiente festeja su trayectoria en el Teatro de la Danza”, Interescena, 30 de noviembre 2017.

6 Ibíd.

7 Ibíd.

8 Alida Piñón, “INBA confirma el cierre de Ballet Independiente”, El Universal, 2 de marzo 2018.

 

 

Un comentario en “Sábados de danza.
Adiós a Ballet Independiente

  1. LAMENTABLE HASTA EL INFINITO, QUE PENA, BALLET INDEPENDIENTE ES UN ICONO DE LA DANZA MEXICANA, Y UN LEGADO QUE SE DEBERIA MANTENER VIVO POR SIEMPRE, ME DUELE EN EL ALMA, Y PARECE QUE DURO MUCHO TIEMPO PERO EN REALIDAD FUE MUY CORTA SU EXISTENCIA COMPARADO A LALONGEVIDAD DEL ARTE