Todas las caras de la Semana del Arte

Cortesía de Material

 Durante los pasados días en la Ciudad de México se repitió a modo mántrico las palabras “Art Week” o “Semana del Arte”; correos, promociones, eventos, posteos en Instagram, colaboraciones en restaurantes, hangouts y bares, invitaban a participar en este ritual social. Cada año, durante ésta, se crean espacios alrededor de la ciudad —ferias, exposiciones, instalaciones, performances— donde artistas, curadores, museógrafos, galeristas, compradores y espectadores se reúnen a razón del arte. Pero, ¿hay algo más allá de un cúmulo de ferias y exposiciones?, ¿cuál es su importancia?, ¿por qué da la sensación de ser un espacio elitista y aspiracionista?, ¿acaso éso es todo lo que es? 

Cortesía Salón ACME

Para poder hacer un análisis justo es necesario considerar el contexto social, económico y cultural en el que se encuentra hoy la Ciudad de México. La Semana del Arte es un prisma pentagonal que debe ser visto y juzgado desde todas sus caras.

I.

La importancia social, histórica y cultural de tener espacios dedicados al arte. En un mundo donde parece que todo se vuelve cada vez más superficial, donde lo colorido ha sido sustituido por lo básico, gris y neutro, y donde la estética individual ha sido sustraída por las tendencias, parece casi un acto de rebeldía crear un espacio en el tiempo colectivo donde el arte sea el foco de atención. Y las implicaciones de tener espacios donde se fomenta el arte no sólo son estéticas, sino sociales. 

Es por medio del arte que una sociedad puede materializar el pensamiento crítico de su época, por lo que, contar con espacios donde el público general tenga acceso a estas representaciones artísticas contemporáneas, fomenta el autoconocimiento, la crítica, y el diálogo; lo que construye una identidad y memoria colectiva. 

Cortesía BADA

Visitar ferias de arte como BADA, Material, Zona Maco, y Salón Acme —a pesar de que cada una de ellas tiene una filosofía diferente en su ejecución— implica conocer el trabajo artístico de miles de artistas alrededor de México, primero, y después del mundo. Es adentrarse al inconsciente colectivo de la sociedad, ¿Qué tipo de arte se está creando en Cuba, Japón, Italia, Londres, Argentina, Estados Unidos, España, y sobre todo, en nuestro país?, ¿qué es lo que está pasando en sus capitales?, ¿qué es lo que los artistas creen que es relevante representar? 

Es a partir de estos cuestionamientos que arraiga la importancia de la Semana del Arte: que una sociedad tenga espacios dedicados al arte genera una transformación y crecimiento colectivo. O al menos a eso deberíamos aspirar.

Cortesía BADA

Otro elemento a considerar es que las ferias de arte no sólo ofrecen el espacio para conocer las diferentes representaciones artísticas, sino también para comprarlas. Es la oportunidad de poder integrar a tu patrimonio una o varias obras de los artistas más relevantes del mundo; sin embargo, aquí sí hay que hacer una aclaración: ¿quién tiene acceso a comprar estas obras de arte?, ¿es una oportunidad para que el público en general —la sociedad en todas sus capas— tenga acceso a apreciar y adquirir arte?

II.

Los precios y el acceso elitista. No puede pasar desapercibido el elemento económico que permea la Semana del Arte; al fin y al cabo, sería muy romántico pensar que se crean estos espacios con la única intención de poner el arte a disposición del público desde un punto filantrópico. La Semana del Arte es un mercado: artistas, galeristas y museos ponen a disposición sus productos para que personas, nacionales o extranjeros, lo compren. Por si fuera poco, a este mercado son también invitados diversas marcas de estilo de vida, vinos, tequilas, mezcales, bancos y restaurantes. 

Cortesía Material

Y de los compradores, ¿quiénes están verdaderamente invitados? Aquellos que pueden pagar la entrada al lugar y, más importante, los precios de las obras. Precios de 80 000, 100 000, 500 000 hasta piezas de 5 000 000 de pesos se despliegan por todas las mamparas de las ferias del arte¹. Esto genera un recorte del “público en general” a sólo “el estrato social con el suficiente poder adquisitivo para pertenecer a estos espacios”. 

Un mismo fenotipo recorre los pasillos de las ferias del arte —personas en su mayoría blancas, —, y en alguna de ellas, el idioma español ni siquiera es el que se utiliza en las negociaciones alrededor del precio de las obras. Al ser ferias (sobre todo BADA, Material, Zona Maco y Salón ACME) que invitan a muchas galerías internacionales, los vendedores encargados de las piezas son extranjeros que, muchos de ellos, no hablan español. Y que tampoco lo necesitan.

Cortesía Material

III. 

Que México sea un referente internacional en el mundo del arte es gracias al esfuerzo privado. Hay logros del esfuerzo privado –en contraposición con las políticas públicas— para posicionar a México en el mapa internacional al respecto el arte y la cultura; personas como Zélika García, Daphne Ibargüengoitia, Santiago Borja Charles, por mencionar algunos, y patrocinadores como Banco Azteca, BBVA, Proyectos Públicos, Volvo, Mercedes Benz, BanRegio, Stella Artois, entre otros; son los responsables de que estas ferias sean posibles. 

Durante los últimos años, la Ciudad de México se ha convertido en un referente internacional de gastronomía, cultura, urbanismo, vida nocturna y, por supuesto, de arte. La presencia mexicana es cada vez más latente en las guías internacionales, y la Semana del Arte no es la excepción. 

Cortesía Salón ACME

En el mundo del arte internacional, la Art Week de la Ciudad de México es una parada obligatoria y por eso, del 5 al 8 de febrero de cada año atestiguamos la llegada de miles de extranjeros dispuestos a consumir no sólo obras de arte, sino varios otros elementos de la escena mexicana. Sin embargo, esta Semana del Arte no nace de una iniciativa pública, el Estado poco tiene que ver: las ferias de arte son espacios creados por organizaciones privadas, que surgen de personas que reconocen la riqueza cultural y artística en nuestro país; ellas han encontrado en el arte un modelo de negocio rentable y por eso buscan dedicarse a él, como proyecto de vida pero también como proyecto económico.

Escuelas de arte, asociaciones que trabajan con personas con discapacidad y en situación de calle, y artistas mexicanos emergentes —a pesar de que tienen un foco menor— también son parte de la Semana del Arte. Ferias como BADA lo han dicho en sus ruedas de prensa: “Lo que buscamos es que los artistas no vivan por ‘amor al arte’ sino a través de él”. ¿Cuánto de esto será verdad y cuánto se cumplirá a largo plazo?

Sería un análisis poco interesante si sólo se juzgara a la Semana del Arte como una serie de espacios elitistas dirigidos a un número reducido de personas sin considerar que es un modelo de negocio que ha permitido a la CDMX ser el epicentro de transacciones culturales, que es a lo que queda reducido el arte. ¿Cuántas de las obras que se exhiben son de mexicanos, cuántas de las que se venden son de extranjeros? 

IV.

El fenómeno de la gentrificación. No obstante, hay implicaciones negativas de que la Ciudad de México se vuelva un referente internacional; sobre todo en un contexto no regulado. Los precios y las rentas han aumentado de manera exponencial gracias a la presencia de nómadas digitales en el último lustro; el desplazamiento forzado de residentes originales y pequeños comercios ha generado una transformación en la identidad cultural de muchas colonias en la Ciudad de México. 

La presencia de extranjeros no es el problema en sí, es la falta de regulación y protección ante la llegada de personas con un poder adquisitivo generado por una economía mayor a la de la mayoría de los mexicanos. Y fenómenos socioculturales como la Semana del Arte engrandecen este problema.  

Cortesía Salón ACME

Durante ésta, resaltó el tema sobre que algunas ferias se instalaron en colonias de la Ciudad de México con un perfil socioeconómico medio-bajo, como la Doctores o la Cuauhtémoc. Esto fue problemático no por la ubicación en sí, sino porque, al usar sus espacios, se desplazaron comercios para que choferes en coches y camionetas de lujo pudieran estacionarse a lo largo de las calles, y ni siquiera se vieron beneficiadas por el derrame económico que generó Material, por ejemplo. Es decir, el consumo sólo se concentró dentro de las galerías, ya fuera para artistas o galeristas, o bien para quienes sólo iban a ver las piezas pero terminaban comprando un trago o algo de comer ahí mismo.

V.

Voltear el ojo a otros espacios de arte local y nacional. Así pues, la Semana del Arte es un fenómeno mucho más complejo de lo que se podría juzgar a primera instancia, sus diferentes aristas deben ser consideradas para poder hacer un análisis justo y certero. 

Es verdad que en la Semana del Arte hay espacios elitistas donde una obra de arte puede llegar a valer más de lo que una persona podría generar en una vida; pero no es excluyente a la verdad de que también estos espacios son creados desde la iniciativa privada, tienen un peso importante en nuestra sociedad y ofrecen la oportunidad a artistas de dar a conocer su arte y consolidarse como tal (oportunidades que no ofrece el sector público). 

Cortesía Material

Quienes juzgan a la Semana del Arte como un performance esnobista carecen de una interpretación más profunda. El foco de atención mediático está en las ferias más elitistas, pero no es lo único que sucede durante esta semana. La propuesta artística en México va mucho más allá,  hay otros espacios urbanos de arte de artistas emergentes en México que aprovechan la atención ya dada durante esta semana: podemos mencionar PLAGA, Galería Mascota, Proyectos Multipropósito, Salón Basalto, Laguna, Campeche, entre otros. 

Pero lo cierto es que el arte no se puede limitar, que persistan ferias de alta gama no implica que otros espacios independientes puedan aprovecharse del hervidero de gente caminando y paseando por la CDMX; que exista un tipo de espacio de expresión artística no elimina la validez de otros espacios urbanos, emergentes y de menores recursos. La Semana del Arte no debe ser en sí el problema, sino la excusa para seguir creando propuestas de arte contemporáneo local y aprovechar el foco de atención nacional e internacional para impulsar el mercado del arte en México con todas sus aristas. 

Paola Rodríguez Burunat
Abogada, historiadora de arte por la Universidad Bauhaus, curadora de exposiciones, integradora de contenidos más inclusivos y diversos.


¹ En algunas ferias, como BADA y Salón ACME, también se puede tener un acercamiento directo con las y los artistas sin intermediarios y es más probable encontrar precios más accesibles.

Esto se traduce en que las personas invitadas a la Semana del Arte, quienes tienen el privilegio de ser parte de la conversación en torno al arte contemporáneo deben cumplir requisitos provenientes de un nivel socioeconómico alto, tanto como para poder comprar en dólares, del que mucha de la población mexicana no es parte; y en consecuencia, es una realidad que se vuelven espacios elitistas.

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Publicado en: Curadero, Registro personal

Un comentario en “Todas las caras de la Semana del Arte

  1. Siento empatía por este tipo de reflexiones, como las de Paola Rodríguez Burunat en este breve artículo suyo, que consideran los diferentes ángulos de un evento, en este caso, la Semana del Arte, la complejidad y riqueza de sus características, sus problemas, pero también las oportunidades que ofrece para organizadores, productores, consumidores y compradores de arte. Coincido con la idea del arte como un producto que estimula el pensamiento crítico y rebelde, cuando su manifestación estética específica lo contiene y transmite, lo suscita a quien tiene el interés, la paciencia, la tolerancia y humildad de contemplarlo y escucharlo.

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