-Cuando yo pinte mi autorretrato te incluiré en el cuadro.
-¿Qué clase de cuadro sería?
La muchacha lanzó una risita enigmática.
Lo Bello y lo Triste, Yasunari Kawabata
Después del Tsunami de Yayoi Kusama, una polinización de lunares logró, no sólo superar la usual indiferencia, sino cambiar el paisaje artístico. Rebasó a espectadores y críticos de manera abrumadora. Un ejemplo es precisamente el texto de Avelina Lésper “El Centro de la Dona”. Escrito al parecer sólo para sus seguidores, pues la genuina crítica de arte estaba obliterada casi por completo a cambio de un protagonismo vano –justo como una suerte de selfie– tratando de robar cámara. Descalifica a la artista pero sin dejar hablar a la obra de arte. Por otro lado, los medios informativos, usualmente apáticos al arte, estaban deslumbrados y atraídos por la espectacular asistencia al Museo Tamayo Arte Contemporáneo, ante una peculiar manifestación en esta “ciudad de manifestaciones”. Las redes sociales abrumadas y el arte, entre todo ese espectáculo mediático, ocurrió en una cierta invisibilidad.
Con una asistencia de 335, 000 personas, que fueron en sí mismas la gran pieza de la exposición, el Museo tuvo filas interminables y un cierre maratónico, un delirante castingpara salir en alguna imagen del noticiero. Una sed tremenda de arte, entretenimiento y cultura actuales; por esto, la ciudad de México se ha vuelto innegablemente un terreno cada vez más propicio para el Arte Contemporáneo. La primera semana de febrero acogerá importantes eventos, de esos que justamente exasperan a la crítica tradicional y confunden a espectadores anacrónicos. La ciudad vivirá las ferias internacionales de MACO en su doceava edición; Material Art Fair, en su segundo round; y ahora, Visual Art Week como principales eventos.
Estos polémicos shows aportan arte, transforman la sensibilidad, rompen esquemas y plantean horizontes. Sin embargo hay varias consideraciones respecto a este fenómeno de emergencia del arte sobre las que hay que poner atención. Por un lado, el arte contemporáneo es poco familiar, un platillo exótico para el que la crítica es esporádica, caprichosa o hecha a la medida, o como la anteriormente citada: de una honestidad decadentista. De un modo u otro el arte naturalmente escapa no sólo al buen gusto sino también a la mejor crítica y en ello existe ya un cierto valor. Estas ferias parecerían plantear un desafío a lo visual, el arte está ahí pero no se deja ver fácilmente y tampoco atrapar en el discurso. El arte actual se ha vuelto invisible aunque esté justo frente a nosotros.
La Cámara Digital y la Viralidad
La idea de Obra de Arte permite que los objetos adquieran cualidades peculiares debido a diferentes criterios, como sus materiales y fabricación, pero primordialmente por el modo en el que se observan. El arte contemporáneo no se puede ver del mismo modo literalmente. Se requiere no sólo de conceptos sino también de dispositivos que amplíen nuestra visibilidad. En el caso de Yayoi Kusama el objeto clave para interactuar con la exposición era justamente un objeto tecnológico de rasgos genuinamente japoneses: la cámara digital. Ampliación de la vista y traslado a lo virtual, la realidad de la exposición no era material más que como un pretexto. La exposición de Kusama se dio en la red. La realidad material fue obliterada mediante la realidad virtual. Ese tránsito de lo real a lo virtual donde la locura juega un papel casi necesario está justo en los monitores, ante nuestros ojos. Una selfie pretendería afirmar la subjetividad, sitiada por el delirio, pero una vez en la red, ésta se diluye. El visitante es absorbido por la instalación de Kusama y justamente, lo que Avelina Lesper señala con ironía sobre el hacer stetement de Krispy Kreme el texto curatorial del Tamayo: “Nosotros creemos que los consumidores son el centro de la dona” resulta correcto. La obra tiene un centro vacío, podríamos señalar infinitamente vacío, virtual. La repetición de los lunares deviene en desaparición, el Centro de la Dona.
Para apreciar la fugaz obra la mirada se evade, no es directa, se sostiene en la cámara y lo que se mira es, después, la copia digital, personalizada, pequeña y portátil. La cámara, objeto japonés por excelencia, hace del espectador un huésped para reproducir la viralidad contenida en la obra de Kusama; es una exposición viral. El portador copia la información y la reproduce sin que nada se interponga en ese fenómeno de reproducción infinita: uno tras otro en fila. El efecto es más importante que la causa, en primer lugar porque es la consumación de la obra misma: la Obsesión ya es Infinita pues la duración efectiva fue efímera. Por otro lado, el efecto está en que se afirma la cualidad Pop de la obra: abarrotando la taquilla, volviéndose mediática, ironizando a su máximo el minimalismo y haciendo un happening. La exposición viral hizo que se atendiera un museo usualmente vacío y que recobrara visibilidad. Estos elementos son los que podrían confirmar lo invisible de la imagen del arte contemporáneo; se requiere tomar parte en él afirmándolo o rechazándolo, repitiéndolo, debatiéndolo, o de otro modo escapa. Nos enfrenta como un reflejo, una especulación sobre nuestra existencia, literalmente.
El Espejo fue el detonador de los disparos. Aunque las cámaras eran digitales, los espejos de la Instalación, la oscuridad y la intimidad que propiciaba soledad ante la masa de extraños en la fila, era de algún modo, como estar dentro de una cámara fotográfica análoga. El deseo de proteger el reflejo de uno mismo ante la hermosura de lo efímero. La selfie es hoy también una forma de catarsis.

La Instalación
El Arte Contemporáneo cobra mayor importancia porque toca diferentes cuerdas de la vida diaria y permite que el espectador se involucre para dar sentido a la existencia más cotidiana. Esto ocurre principalmente mediante uno de los formatos más polémicos: la instalación, forma predominante con la que actualmente se expone el trabajo artístico y con un innegable poder ya de atracción, repulsión o incluso de indiferencia. En el Museo Tamayo, Yayoi Kusama con esta “reiterativa obra” alcanzó la coexistencia del vacío y la infinitud de diversas formas. Para apreciar la instalación y su impacto hay que tener en cuenta que el modo de observación y convivencia con el arte es el que ha cambiado ampliando los horizontes. De ningún modo ha dejado de existir el arte en sus formas tradicionales como pintura y escultura, sólo por mencionar una idea tradicional de obra, más bien se replantea desde su propia creación y sus fines. El arte contemporáneo es, de hecho, más accesible a muchos niveles por la importancia del espectador, consumidor, o incluso por su transformación en un objeto útil como un bolso o un mueble. Una instalación, quizá más que cualquier otro tipo de obra de arte requiere para su existencia espectadores que justamente la completen interactuando con ella de una manera más cercana que el arte tradicional. La instalación, mediante el espectador, pone justamente en acto la creación misma de modos unas veces mejor logrados que otros y radicalmente distintos. Por ello, más que “buscar el significado de la obra” se debe interactuar con los objetos mediante los sentidos y conceptos “para dar sentido”. Que el arte no signifique nada o que todo sea arte es a fin de cuentas un logro del Arte Contemporáneo. Esa es la lucha que existe en la época del dominio de los objetos.
La Desaparición del Autor
Que el espectador sea clave, aunque también desaparezca, es importante por otra razón: lo que se borra es la autoría. La obra de arte es un signo vacío que es completado, el artista no da un sentido único para descifrar. En el caso de Yayoi Kusama esto tiene relevancia debido a la carga de locura con la que se etiqueta a priori su arte para el espectador y que no es más o menos real por eso para la artista. Una de las principales causas de atracción publicitaria fue barnizar el trabajo de locura, que probablemente se puede experimentar pero no puede ser un dictamen sobre la obra, acaso teniendo un valor anecdótico. El efecto es nuevamente más importante pues la delirante asistencia, el cierre maratónico y la práctica del selfie evidenciaban el deseo de poder frente a la locura. El placer de pasearse en las habitaciones de una mujer que esperaba recostada como una presa fácil en un museo usualmente solitario.
El arte actual permite que las sensibilidades convivan y que los significados más básicos del mundo puedan ser reordenados. Esta es una importante consideración para los eventos de febrero y cualquier otra exposición. El espectador es el punto clave de la experiencia, el autor, el museo o la feria, el crítico permiten un acercamiento al arte pero la obra de arte es con la que hay que relacionarse primordialmente. Aquí está la posibilidad de hacer visible al arte. La experiencia con la obra de arte es la que hay buscar de primera mano, cualquier cosa que eso signifique y no tiene por qué ser sólo agradable. El resultado de esa experiencia está en manos del espectador, ¿qué puede lograr con la obra?
Hentai
El arte generalmente se asocia con el placer o rechazo; los lunares y los falos eran motivo suficiente de atracción en la obra de Yayoi Kusama El contacto con Japón se ha dado no sólo con la tecnología, siendo uno de los elementos predominantes de su influencia las series animadas de televisión o anime. Desde hace años el tipo de caricatura japonesa ha aportado mucho al inconsciente y a la sensibilidad de las generaciones. La estética japonesa de la vida seduce a occidente desde la infancia. El manejo del cuerpo, sus posibilidades y transformaciones, en una cultura que no tiene el yugo moral del cristianismo implica consecuencias artísticas. México es un país en el que el poder de un cuadro como La Virgen es un ejemplo de cómo la sensibilidad puede ser explotada con fines igualmente sexuales que el Hentai pero en otra dirección: la castidad esclavizada a manos de la religión católica.
El libre uso de los sentidos y del intelecto es algo que merece la experiencia artística. En directa relación a ello estarán también los avances en la vida cotidiana. Tener la oportunidad de ver tanto arte en la actualidad y negarlo o no querer verlo, es una contradicción insostenible. No se trataría de que el arte sea permanecer en una infancia forzada, pre-conceptual, inmune a la crítica. La experiencia estética en la mayoría de los casos es como el propio espectador crece, madura, se reproduce, envejece y muere. El placer del arte es posible en cualquier punto. La Crítica de Arte no puede ser censura, el lector decide hasta dónde llegar con la obra. Las consecuencias de la experiencia estética no se pueden predecir. En el siglo XXI tomarse una selfie no puede ser motivo de crítica o culpabilidad.
El selfie es una forma de ready-made
Los celulares han hecho de la Imagen una forma instantánea de comunicación, una evidencia irrefutable. La apropiación del instante, más allá de cualquier uso específico o significado. La imagen que se sube a la red y está, más allá del Texto, en la Página. Ver y leer mientras se utiliza la computadora están vinculados de un modo amplio, no se hace lo uno, o lo otro; esa es la posibilidad de lo visible contemporáneo: ser visto/leídoincluso tocado en las pantallas touch. La Imagen no pertenece sólo a lo visible y eso abre un importante campo de exploración y experimentación para el arte actual, no sólo en las artes plásticas.
Fuera del Museo Tamayo estaba la posibilidad de fotografiarse sin necesidad de hacer fila. La Instalación de la artista Dunkel Galicia, “Obsesión Infinita: la selfie”, se montó fuera del museo y abordó el fenómeno de la exposición in-situ. Quizá esto puede ser una muestra literal de que la exposición no estaba sólo dentro del museo y su necesaria consecuencia virtual. La gente podía tomarse ahí una fotografía con la instalación de luces más popular de Yayoi Kusama de fondo y subirla a un sitio de internet. Por otro lado, el propio museo Tamayo en sus redes sociales invitó a subir las fotografías tomadas con celular, con una selfie de los propios curadores.
Obsesión Infinita es un concepto sobre lo visible en la actualidad; convivimos con éste mediante una exposición, selfies, tweets, hashtags, textos, ¿cuál fue la obra de arte?, ¿se trató de un autorretrato?, o ¿una foto que tomó Yayoi Kusama desde una Cámara de Gesell? ¿Fue un haiku de un lunar, un kanji?, ¿estaba lleno o vacío?
La bandera de Japón, el sol naciente. Desde el uno que se separa y se opone a sí mismo y se mueve formando un ying-yang para retornar de nuevo al uno que lo contiene. La sed de vacío y sacrificio de estirpe samurái y geisha que avanzan como un ejército fantasma. Nación que fue dada a luz por la energía nuclear. La copia llevada a perfección por lo viral. El arte de la desaparición de lo real.
Gracias por tu crítica, Ernesto. Logras amalgamar muchos conceptos que estaban dispersos, pero presentes en este fenómeno muticultural. ¿El éxito es haber llenado de asistentes el museo o haberlo vaciado de crítica? Saludos.