Cometierra, entre el juicio literario y el ideológico

La escritora argentina Dolores Reyes debutó en el año 2019 con la novela Cometierra. No obstante, esta obra se conoció aún más entre el público a partir de 2023, cuando fue incluida en un programa educativo llamado Identidades Bonaerenses, impulsado por la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires. 

Sí, Cometierra ha recibido una amplia atención y apoyo en el ámbito literario, pero también han cuestionado la razón por la que fue incluida en programas educativos. En Argentina, la novela fue objeto de controversia cuando se solicitó su retirada de las escuelas por considerarla inapropiada, puesto que cuenta con pasajes que han sido catalogados como “sexo explícito”.  

Según medios oficiales, aunque la lectura de estos libros no era obligatoria y venía acompañada de guías para docentes, la inclusión de Cometierra generó críticas por parte de algunos padres de familia y el gobierno en turno. De forma paradójica, la controversia aumentó la visibilidad de Cometierra, convirtiéndolo en uno de los libros más vendidos en Argentina durante el periodo de la polémica.  

Respecto a su valoración e interpretación, uno de los muchos análisis que se han hecho sobre esta obra, escrito por Laura Ventura, menciona que la protagonista de esta novela “les da voz y visibilidad a víctimas de un sistema violento y de un Estado ausente”. Otras afirmaciones añaden que la novela debe ser apreciada porque visualiza el feminicidio en diferentes registros

Este argumento se relaciona con otro estudio valorativo que intenta reivindicar a esta obra por su temática sobre la violencia contra las mujeres al afirmar que la obra de Dolores Reyes es un archivo de registro que sirve para identificar “factores culturales, económicos y sociales de esos territorios materiales marginales y degradados del conurbano”. Además, un artículo de Rocío Cabral ha evaluado esta novela de Dolores Reyes a partir de una interpretación simbólica, al advertir que su trama se vincula con los contextos de posdictaduras latinoamericanas. 

Otro de los usos político-ideológicos considerados valiosos por la crítica es la forma en que la novela Cometierra hace uso del género policial para denunciar la impunidad. Iris de Benito Mesa, académica de la Universidad Internacional de Valencia, explica que esta novela utiliza la vertiente más contemporánea del género negro, llamada hard-boiled, con el fin de denunciar la inoperatividad del Estado para hacer justicia a los feminicidios.  

Lo que se advierte, a partir de una revisión sobre la recepción crítica de la novela Cometierra, es que las academias universitarias otorgan más relevancia al contenido de la obra que a la obra misma o, incluso van más allá y desplazan –o incluso reemplazan– el análisis literario por el del tema. Dicho en otras palabras, la crítica literaria contemporánea suele sustituir el juicio estético por el debate temático en novelas que tienen una fuerte carga ideológica, como es el caso de Cometierra. Esto genera que, además de ignorar el análisis literario, se valore una obra a partir de la importancia de su contenido por encima de su calidad estética. 

Al hacer un recuento sobre las valoraciones y los comentarios que se han hecho de Cometierra, se puede reparar en que los juicios académicos se centran en que la obra visibiliza a las víctimas de un sistema injusto, en que recupera su memoria y que motiva a denunciar las problemáticas sociales. Por lo tanto, la crítica académica que se ha realizado sobre Cometierra no hace una lectura de la novela como obra literaria, sino como un texto político e ideológico. 

Incluso se puede aseverar que a las academias universitarias no les interesa analizar la obra, sino que les preocupa estudiar cómo la obra afirma sus propios intereses ideológicos. Esto ha causado que la crítica literaria sea reemplazada por una crítica temática. 

La literatura latinoamericana ha utilizado lo fantástico no como un vehículo, sino como una parte orgánica de la estructura narrativa y de la diégesis. Sin embargo, en Cometierra lo fantástico está más al servicio del mensaje social que de una elaboración literaria profunda. Cometierra es un texto que prioriza la función sobre la forma literaria y que, aunque incorpora recursos estilísticos y fantásticos, los subordina a una intención clara de impacto social y político. Esta obra es una evidente novela de tesis, y dicha etiqueta no es adversa ni le resta valor; pero su intención comunicativa es demasiado clara. 

Esto puede ostentar valor político, pero no necesariamente estético. Así, Cometierra utiliza lo fantástico, no para expandir la experiencia literaria, sino para servir a una causa. Es verdad que la novela ha sido leída por la crítica a partir de un marco conceptual como el de la violencia de género, pero estas lecturas no incurren en una hermenéutica cargada en términos ideológicos, puesto que, aunque la novela no es un panfleto, sí enuncia una tesis explícita, cuenta con una selección temática y un punto de vista narrativo que permite, e incluso invita, a interpretar la obra de forma simbólica. 

También es cierto que la crítica que se ha desarrollado sobre Cometierra usa la obra como medio para debatir una agenda, al tiempo que presta poca atención al texto como unidad estética y narrativa. Cuando la crítica analiza los elementos fantásticos, la voz narrativa o la estructura de la novela, de hecho los reducen a su función comunicativa.

Cometierra opera dentro de una lógica de novela de tesis. Esto, en sí, no sería un problema si sus críticos evaluaran también la calidad formal del texto. Pero cuando la crítica se limita a celebrar el tema sin detenerse en cómo ese tema está trabajado de manera literaria, se produce la disolución del juicio estético. Cometierra se vuelve funcional a este desplazamiento, puesto que provee al crítico de una causa “correcta” y evita que el juicio recaiga sobre la forma. La crítica literaria se transforma en una extensión de agendas ideológicas, más interesada en validar discursos que en interrogar procedimientos estéticos. Esto genera un ambiente en el que cuestionar la obra signifique arriesgarse a ser leído como enemigo de la causa que representa y, por tanto, se favorece un silencio o una sobrevaloración. 

Cuando el valor literario de una obra queda eclipsado por su valor discursivo, la crítica corre el riesgo de convertirse en propaganda o militancia disfrazada de análisis, y la literatura pierde su ambigüedad, su riesgo estético y su poder de confrontar más allá de lo políticamente correcto. 

Santiago Said

Crítico literario y escritor. Trabaja y estudia en Te Herenga Waka-Victoria University of Wellington.


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