De armas tomar de Nimmi Gowrinathan

En De armas tomar (Sexto Piso, 2023), la escritora y profesora tamil Nimmi Gowrinathan se pregunta: ¿por qué las mujeres eligen la violencia? Para atender su inquietud, la escritora viajó por Sri Lanka, Eritrea, Pakistán, Colombia y México para entrevistarse con mujeres que participaron como combatientes en luchas armadas. Con el propósito de obtener respuestas, se entregó a la escucha profunda y dedicó numerosos años al diálogo.

Aunque aborda una diversidad de conflictos y experiencias, el libro se centra en dos testimonios: el de Akila, tamil que se unió a los Tigres de Liberación a los 14 años; y el de Sandra, comandante de alto rango de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). Pero la autora también busca una respuesta a su indagación desde su propia lucha como mujer tamil, desde sus pérdidas, su migración a los Estados Unidos y su posición dentro del mundo académico.

Hace unos días me reuní con Nimmi y platicamos sobre las decisiones éticas detrás de su libro; me dijo que eligió escribir únicamente de las mujeres que aún se encontraban con vida porque le parecía justo que pudieran leer y opinar sobre lo que había escrito de ellas. El cuidado es un principio en esta obra, por lo mismo, este libro implica poner el cuerpo en la lectura y sentir el profundo dolor que provoca la guerra. En De armas tomar, la escritura es una cicatriz que sana pero nunca cierra.

La búsqueda de la autora la lleva a analizar cómo una élite política puede ser cómplice en la subyugación de las mujeres que usan o han usado las armas como medio de lucha. Nimmi Gowrinathan aborda este tema desde una perspectiva de género y devela los diversos niveles de la problemática; el nivel más superficial es el argumento generalizado en contra de las armas, argumento hipócrita ya que las élites políticas participan activamente en los conflictos bélicos en nombre de una justicia “universal”.

En los niveles más profundos del análisis, Gowrinathan muestra la forma en la que el pensamiento y las acciones políticas de las mujeres en conflictos armados significan una amenaza para quienes ejercen el poder en esos territorios. Los testimonios que aparecen en el libro en torno a esto nos permiten conocer algunos de los medios por los cuales los Estados controlan, normalizan o disciplinan a las mujeres excombatientes para que dejen de representar un peligro para sus gobiernos.Uno de los testimonios explica, por ejemplo, que una de las medidas a las que se han visto sometidas las mujeres combatientes es Sri Lanka es la detención. En el encierro, psicólogos pagados por el gobierno ceilandés visitan a las excombatientes de los Tigres de Liberación de Eelam Tamil en busca de respuestas que les permitan diagnosticarlas con un supuesto “nivel de locura”. Su rabia y su lucha se ve así transformada en patología. En esta línea, las mujeres reclutadas para participar en luchas armadas son también identificadas como: “desviadas” o “sociópatas”. Ellas son “antisociales”, no son resultado de la profunda inequidad de la sociedad; se les culpa tanto por su pobreza y sus consecuencias éticas.

En el libro la crítica se dirige en gran medida hacia el feminismo blanco (y blanquizado) que desde espacios institucionales —como la academia, los paneles de políticas públicas o las ONG— se dirige a mujeres de otros pueblos a quienes pretenden juzgar, educar o “ayudar” según los parámetros de su propio sistema político y económico, sin escuchar las demandas de mujeres que tienen sus propias historias y luchas. El problema asistencialista se complejiza a la luz de los testimonios de excombatientes que develan cómo no son ni víctimas sujetas de salvación ni agentes políticos sujetos de apoyo. La desconexión es tan grande que raya en lo absurdo: “Mujeres combatientes que alguna vez añoraron participar en la batalla, ahora carecen de piernas y les ofrecen un carrito para vender pasteles.” Se trata de realidades que nunca aparecerán en los folletos de promoción de las organizaciones caritativas; ni son problemáticas que se puedan abordar cabalmente en los paneles de discusión política. Por esto mismo, al recurrir a la escritura, Nimmi Gowrinathan encuentra una línea de fuga al lograr entablar una conversación con diversos feminismos y distintas formas de construcción política.

Es bien sabido que sin documentos no hay historia; ante esto, Gowrinathan se enfrenta a varias cajas llenas de archivo histórica sobre la lucha de su comunidad. A lo largo del libro se despliegan documentos provenientes de regiones afectadas por conflictos armados, exterminios y acciones genocidas.  “Le robo tiempo al tiempo y voy sacando documentos para leerlos, traducirlos: un montón de papeles que pueden fortalecer la palestra de la mujer combatiente. Para entonces ya sé bien que debo rascar para lograr encontrar las huellas de —y sobre— las mujeres tamiles dentro de este material histórico”, escribe la autora, quien, fascinada por los documentos, se entrega al rastreo de las historias de las mujeres a las que la Historia aún no menciona. Pero a veces esa indagación parece ser hecha dentro de un hoyo negro.

El encuentro con el archivo implica trasladar la lengua materna a la lengua del imperio, así como ir escarbando entre los documentos la información que sea útil para descubrir cualquier presencia de lo que ha permanecido ausente en el relato del pasado. Las posibilidades de trabajar con estos documentos parecen remotas si se toman en cuenta las condiciones bajo las cuales lograron trasladarse en manos de migrantes y refugiados, hasta llegar a Nimmi en Nueva York. Se trata de documentos que tienen inscritos la trama y el trauma de un conflicto que es particular al pueblo tamil, pero que retratan una fuerza mayor. Son trazos en la herida-cicatriz de las palabras que conectan puntos de unión entre mujeres de distintos lugares del mundo: mexicanas, kurdas, colombianas, tamiles, irlandesas; mujeres que eligen la violencia como una postura ante la realidad en la que están inmersas.

De armas tomar es un trabajo de archivo, de selección cuidadosa, de crítica a un sistema que trata de silenciar, diagnosticar y desradicalizar a las mujeres que se suman a la lucha armada. Lo que Nimmi pretende en el meticuloso montaje del archivo es dar a conocer lo que hay detrás de las luchas. Lo que llevó a las mujeres al combate, lo que fueron sus vidas durante éste y lo que ha sido de ellas tras el conflicto. Este montaje cuestiona la idea misma de paz, ya que en los registros quedan evidencias de cómo “rápidamente surgen nuevas narrativas sobre esas mismas mujeres violentadas, absolviendo al Estado de cualquier culpa.” Pone de manifiesto cómo, durante el proceso de restauración de la paz, se suele culpar a la cultura represiva de los países en desarrollo como una de las motivaciones centrales de la mujer combatiente. Asimismo, se generan dinámicas de control a partir de la patologización de las excombatientes, con las que se les excluye desde un machismo arraigado que las convierte en indeseables o las hace volcarse a un sexismo más exigente que el que había en sus comunidades antes de la guerra: se someten al matrimonio y la maternidad como forma de subyugación para dejar de ser maltratadas y juzgadas por su lucha.

Entre los testimonios surgen relatos de violencia sexual, como huellas difíciles de atrapar, casi fantasmagóricas, oblicuas, impunes. Se plasman en versos, como frases entrecortadas pero continuas, de largo aliento. Esto permite entrar desde muchos ángulos al centro del trauma sin que se pueda desvirtuar o apropiar para fines políticos externos a las voces que tejen la polifonía del dolor. De vuelta en la prosa aparecen los fantasmas: “Pryia sabe que fue violada por un soldado, pero la evidencia médica de ello no existe. Es viuda, pero el certificado de defunción de su esposo no existe.” Muchos fantasmas habitan este libro por la falta de registros que la ley reconoce como verdades.

Un relato testimonial que destaca es la de los pollos que un grupo de beneficencia occidental les ofrece a las mujeres que fueron violadas durante el conflicto. Pollos que delatan a las mujeres agraviadas: “Si el soldado ve el pollo, entonces sabrá que fui violada. ¿Qué pasaría si él decide revelar que yo fui combatiente?” Pollos como una indemnización que se queda muy lejos de la posibilidad de hacer justicia y que, además, termina por perjudicar a quien padeció la violación al exponer aquello que, por seguridad, debería permanecer oculto. Esta dinámica señala la violencia ejercida sobre el cuerpo de la mujer en tanto territorio; un cuerpo que simbólicamente sigue representando el patrimonio de los hombres de una comunidad a los que se desea perjudicar usando la violación como un arma de guerra. Bajo este contexto, las mujeres que deciden armarse son percibidas como una amenaza dentro de las expectativas patriarcales, ellas reclaman su autonomía a partir de las armas y así desafían las percepciones tradicionales de feminidad. Su libertad y fuerza generan temor en aquellos que se aferran a las estructuras de poder basadas en la dominación masculina y la sumisión femenina.

De armas tomar es una obra que nos sumerge en un mar de preguntas, desafiando nuestra percepción convencional del mundo, de la guerra y del género. Nimmi Gowrinathan demuestra que, como dijo Svetlana Alexiévich, no sólo “la guerra tiene rostro de mujer” sino que las mujeres combatientes tienen historias que nos permiten saber qué hay detrás de un estallido.

 

Carla Cohen de Villafranca
Fue becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas. Actualmente es investigadora en la División de Humanidades de la Universidad Iberoamericana.

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Publicado en: Carta de recomendación