Existe un lugar para lo político en el teatro. Desde su simiente occidental, el ejercicio teatral ha tomado el pulso social de su contexto, convirtiendo al teatro en un espacio privilegiado para el encuentro de voces, sin llegar a antagonismos violentos. Parafraseando a Rancière, lo político construye disenso. Quienes no tenían uso de la palabra, lo tienen. En este sentido, lo que llamamos teatro ha aprendido a situar el pensamiento y a potenciar su incidencia social apelando a toda su dimensión política.
Hace tiempo ya que la escena contemporánea aspira a la generación de dispositivos que propicien el diálogo, los flujos de intercambio entre disciplinas diversas y el desdoblamiento de interrogantes, para multiplicar los horizontes del propio quehacer. Hoy, el temblor y la intermitencia de una pantalla es la ventana por donde el teatro se asoma al mundo. Hoy, impulsados por un deseo intenso y apasionado de acompañamiento, la comunidad de las artes escénicas se aboca a la experimentación de formatos que produzcan un tipo de intercambio que no se sirva sólo de la palabra ni del edificio teatral para subsistir. Un ejemplo de esto es la obra de teatro virtual Panoramas del interior, escrita y dirigida por Talía Yael y Luis Ángel Gómez.
“El proyecto surge de nuestra necesidad de empezar a pensar o reconfigurar nuestra manera de crear”, dice Talía Yael. Luis Ángel Gómez la complementa y aclara: “Yo no sé si esto es teatro. Nunca nos detuvimos a decir ‘esto es teatro’ ni a jugarle a esos códigos, a crear la ilusión de estar dialogando con personajes de una pantalla a la otra. Nos parecía innecesario. Y al renunciar a ello, aparecieron otras cosas. Una de las más interesantes fue el hacerlo dentro de las casas”.
Panoramas del interior es, en palabras de sus creadores, un proyecto virtual en el que se reúnen personas que habitan en distintas partes de Ciudad de México y su zona metropolitana para mostrar, en vivo y por medio de un ensamble audiovisual, algunos de los efectos que la pandemia ha tenido en cada persona. Un tema central de la obra es el contraste en la experiencia de habitar la ciudad en su centro versus su periferia. “No es lo mismo habitar esta ciudad en Coyoacán o en la Benito Juárez que habitarla en Chalco o en Ecatepec”, afirma Luis Ángel. Además de las vivencias de once intérpretes jóvenes que nos comparten su intimidad, la obra invita al público a participar, cada quien desde su hogar, mediante chat escrito y con preguntas que van desde “¿Qué has perdido en la pandemia?” hasta “¿Qué ves desde tu ventana?”.

Panoramas del interior; en escena: Lilie Khávetz, Andrea Navío y Heber Medina
Esta obra es un ejemplo de las nuevas exploraciones —que podríamos llamar teatrales— que nos ha traído la pandemia. Hoy, espacios de comunión se difunden por el espacio digital y pulsan como un archivo poético de la historia en tanto que enuncian, hacen visible y proponen discursos que se consideran minoritarios, pero que congregan un gran número de subjetivaciones que atraviesan invariablemente un carácter colectivo. Ante la urgencia de porvenir nos queda viva una pregunta: ¿cómo hacer del teatro un arte vivo para la escenificación del pensamiento? Un pensamiento que dialogue con otros pensamientos; un pensamiento que interpele entre la polifonía de múltiples desgarraduras.
Panoramas del interior es un recorrido en cinco etapas que van de lo macro a lo micro. Comienza con el paisaje urbano que vemos desde la ventana del encierro y termina con el retorno a los espacios públicos. En medio hay momentos divertidos y dolorosamente familiares, como el recuento de los emprendimientos desesperados que gran cantidad de artistas han tenido que adoptar para conseguir recursos; momentos taciturnos, como fantasear sobre cómo queremos ser recordados; momentos reveladores del cambio significativo que se ha gestado en este confinamiento ignoto para la humanidad, como el entrecruce con las plantas: “Esa otra forma de vida, a la que nos hemos acercado en la pandemia, intentando que nos den claves de lo que sigue”, detalla Luis Ángel. Nos tocó el tiempo del desdoblamiento de las interrogantes, para multiplicar las preguntas y sembrarlas como semillas que se implantan en los cuerpos tanto de intérpretes como de espectadores.
El teatro es un arte cómplice de batalla que interpela múltiples miradas para seguir pulsante en el espíritu de su tiempo, rebasar las fronteras y pensar en todo lo que hay más allá de un malestar contemporáneo, pues es preciso tomar postura, activar la memoria y conjuntar lenguajes para crear documentos que sean testigo del imaginario social del sitio.
En palabras de Talía Yael y Luis Ángel, su obra es un encuentro de geografías. Un encuentro para reconocer nuestras similitudes por encima de nuestras diferencias, en un afán de descentralización. “¿Cómo crear desde otros lugares?”, se pregunta Talía Yael. Y ella misma se responde: “Muy pocas veces las personas de la ciudad vamos a la periferia, pero en cambio sí exigimos que la gente de la periferia venga, porque aquí está la infraestructura. […] Pero quizás al desplazarme a otros espacios, yo puedo generar la necesidad de infraestructura en esos panoramas”.
Convivimos con un teatro que emerge motivado por el contexto del espacio —o los espacios— en que se crea; un teatro que le regala al espectador una emancipación de aquel teatro en que se guardaban los cuerpos expectantes en la oscuridad de una sala de exhibición en un edificio. Contamos ahora con un teatro que busca entre los conceptos resignificar los cuestionamientos que nos movilizan. El teatro de hoy existe y está horadado por la realidad más inmediata. Vivimos un momento en que es indispensable reivindicar los duelos para ofrecer espacios donde quepa otra vez la convivencia; espacios que nos diluyan cualquier nostalgia de un volver a lo mismo para, en cambio, repensar e imaginar otras formas, sin olvidar que hay que cuidarnos entre todos.
Por eso, Panoramas del interior es el teatro de ahora, que dialoga con las calles, las paredes y los espacios, sin prometernos nada. El teatro de hoy activa redes de colaboración y pone a trabajar los flujos de conexiones vivas entre los cuerpos; su valía reside en promover una activación política de pensamiento archivo, de archivo-memoria. No estamos seguros de que este momento nos proponga una trayectoria cierta ni que sea mucho más que un recorrido fugaz. Como dijimos antes, el teatro de hoy no viene cargado de promesas ni de grandes pretensiones. El teatro de hoy hace aparecer múltiples voces y cuerpos como posibilidades de mundos, sin temor al caos. Cuerpos y seres se entregan y se construyen desde los restos de un porvenir desdibujado. A pesar —y a partir— del confinamiento en el espacio doméstico, el teatro nos ofrece la no domesticación.
Alberto Lomnitz y María Sánchez Portillo
tienen amplia experiencia en el estudio y el ejercicio de las artes escénicas. Generaron juntos el Manifiesto de Arte Vivo Digital en respaldo a las prácticas emergentes del tiempo presente.