Hubo una época en la que la arquitectura de los espacios públicos de México era considerada parte esencial de las políticas sociales del gobierno. Este ensayo repasa la época dorada de la infraestructura estatal de escuelas y hospitales para invitarnos a recuperar nuestra tradición multidisciplinaria de desarrollo social.
La pandemia que vivimos nos ofrece una oportunidad para reflexionar sobre la relación entre la salud y los espacios públicos. Hoy en día es evidente que existen serios problemas en los conjuntos hospitalarios de México, así como en el equipamiento e insumos del sistema de salud público. Es un hecho que el sector médico llevaba sexenios alejado de las soluciones gubernamentales: basta con notar las pocas obras de infraestructura de salud que se han construido en los últimos años. Por otro lado, en las escuelas públicas de nivel básico comienza una crisis de infraestructura y capacidad. Los espacios públicos de México, en otras palabras, no pasan por su mejor momento.

Ilustración: Patricio Betteo
Sin embargo, hubo una época en la que no hacía falta una crisis mundial de salud pública para que los médicos y planificadores de espacios formaran parte de la estructura del gobierno mexicano. Ahora que no paramos de leer y escuchar sobre el abandono de las instituciones de salud pública y educación, debemos mirar hacia atrás y aprender de nuestra propia experiencia. Entre los años cuarenta y setenta existió en México una preocupación real por cuestiones de higiene y salubridad; tanto así que los esfuerzos de promover la salud pública a través de la arquitectura llegaron a formar parte esencial de la política de reorganización social desde el Estado.
Si bien es cierto que desde finales del siglo XIX se había incorporado la higiene pública a los reglamentos y publicaciones del gremio de la medicina, no fue hasta la década de los 30 del siglo XX que los médicos dejaron de hablar de “beneficencia” y comenzaron a hablar de “asistencia”.1 A partir de ese giro, la salud se convirtió en un deber colectivo que incumbía tanto a la sociedad en general como al gobierno.2 Así, desde los años 40 se consolidó una política de Estado sobre la salud y, con ella, la formación de una ideología médica que eventualmente encarnó en un sistema de servicios sanitarios en México.3 Aquellas políticas representaron un primer intento de fomentar una vida sana a partir del gobierno.
Tomando como premisa la idea de que “sanear es gobernar”,4 los gobiernos de mediados del siglo pasado organizaron programas como el Plan de Hospitales de 1942 y el Comité Administrador del Programa Federal de Escuelas de 1944; programas que respondían a una necesidad de planificación y asistencia social. Durante aquellos tiempos la mancuerna médico-arquitecto era común, así como la cercanía de ambas profesiones con funcionarios públicos. Podemos recordar a duplas como la del arquitecto José Villagrán García y el médico Salvador Zubirán, quienes trabajaban en estrecha relación con el doctor Gustavo Baz Prada y el poeta Jaime Torres Bodet, respectivamente secretarios de Salud y Educación.
Para personajes como Baz, quien fue secretario de Salud entre 1940 y 1946, cuidar la salud de los mexicanos significó “cuidar la patria misma” y “obtener la base del mayor bienestar del pueblo”.5 Así, en el primer año de existencia de la Secretaría de Salud y Asistencia se creó un programa de desarrollo sanitario que destacó iniciativas como la introducción de agua potable como vía de saneamiento ambiental y la educación higiénica popular. Fue en este marco que se lanzaron campañas que difundieron el uso de vacunas y que usaron al cine para inculcar hábitos higiénicos.
Los planes a nivel federal fueron ambiciosos: buscaban nada más y nada menos que crear una disciplina médica moderna.6 Lo que resulta sorprendente es que los arquitectos tuvieron mucho que ver con este logro. En 1943, por ejemplo, se construyó el Hospital Infantil de México, un proyecto apoyado por Baz y Zubirán que tuvo como base el trabajo de investigación pediátrica desarrollado en años anteriores por un grupo de médicos y por el arquitecto Villagrán.7 En este proyecto los arquitectos pudieron innovar con formas desprovistas de ornamentación y construir con materiales industriales como el hierro o el concreto,8 encontrando en la horizontalidad de los edificios una distribución generosa de espacios.9 Otro ejemplo de este esfuerzo fue el Hospital de La Raza: pese a que el conjunto no fue inaugurado sino hasta 1954, el programa médico-arquitectónico fue elaborado en 1944 por el arquitecto Hannes Meyer, el médico Neftalí Rodríguez y un grupo de especialistas10 que buscaban la racionalización e industrialización de los edificios.11
Con los datos recabados por los equipos multidisciplinarios de investigación se lanzó el concurso para el proyecto arquitectónico del primer hospital de zona del país, concurso en el que Enrique Yánez y Fuentes ganó el primer lugar.12 Dado que las condiciones de la economía mexicana en los 40 y los 50 hacían que pensar en sistemas de iluminación y ventilación tan avanzados como los que tenían los hospitales estadounidenses o europeos fuera inmiganible, Yañez optó por alargar las estructuras horizontales de los edificios. Se construyeron cuerpos prismáticos y rectangulares, alargados y articulados perpendicularmente en una disposición en forma de avión.13 Así, las estructuras tanto el Hospital de la Raza como el Hospital Infantil de México garantizaban el constante flujo de aire y lograban bañar todas las áreas internas con luz natural a través de largas secciones de ventanales.
Estos cambios fueron revolucionarios: los hospitales viejos —como el Hospital de Jesús— se encontraban muchas veces en edificios virreinales donde la luz y la ventilación eran escasos o nulos. Por si esto fuera poco, también se procuró que todos los edificios pertenecientes al Hospital de La Raza estuvieran rodeados de áreas verdes para promover “la ozonificación del aire”14 y el bienestar físico y psicológico de los pacientes y los trabajadores de la salud.15
Para poner en práctica el Plan de Hospitales, la Secretaría de Salud y Asistencia creó dos comisiones: una de técnicas hospitalarias y otra de planeación y construcción. Entre los principios rectores de dichas comisiones destacaba el siguiente: “antes de proyectar el edificio se tenía que proyectar la institución misma”.16 Es decir: antes de construir un hospital, el gobierno debería asegurarse de contar con la base material y humana que lo hiciera funcionar. Las propuestas del secretario Baz eran compartidas por su colega Salvador Zubirán, quien a su vez se vinculaba estrechamente con el pensamiento del arquitecto José Villagrán García. De esta red de relaciones personales surgió, en 1944, el Seminario de Arquitectura Nosocomial en la Escuela Nacional de Arquitectura. La influencia de este seminario no puede exagerarse: según el investigador Rafael López Rangel, el seminario dio pie a que “por primera vez el gobierno [hiciera] contratos de prestación de servicios profesionales con arquitectos”.17
Pronto, el trabajo de planeación sistemática de los arquitectos al servicio del Estado llegó a campos más allá de la salubridad. En 1944 el gobierno creó el Comité Administrador del Programa Federal de Escuelas (CAPFCE), cuya misión era planear y construir conjuntos educativos para contrarrestar los altos índices de analfabetismo del país. Una de las metas principales era producir espacios útiles para las circunstancias particulares de cada región de México. Así, se crearon comités científicos locales que contaban con la intervención de padres de familia y profesores.18 Además, cada estado de la república tenía un arquitecto encargado de la supervisión. Los lineamientos del Comité, entonces, fueron trazados no por burócratas, sino por arquitectos que ya habían trabajado en el Plan de Hospitales.19
Más allá de la arquitectura, los arquitectos del CAPFCE intervinieron en el diseño especial de mobiliario para fomentar posturas correctas entre los estudiantes. Estos muebles no sólo tenían un propósito físico, sino también una función pedagógica: hacían de las aulas espacios más dinámicos al permitir que los docentes reacomodaran el mobiliario para distintas actividades.20 Además, con esta versatilidad del espacio se aseguraban de que las entradas de luz fueran correctas: se podía, por ejemplo, mover las mesas para evitar que el sol cayera directamente sobre los estudiantes.21 Es importante subrayar que muchas de estas medidas en la arquitectura y el diseño de escuelas provenían de lecciones aprendidas en la arquitectura hospitalaria de la época, como la importancia de la ventilación cruzada y de la iluminación natural.
A partir de los años cuarenta las obras arquitectónicas de carácter público se convirtieron en objetos de satisfacciones colectivas y tuvieron consecuencias socio-culturales, físicas y psicológicas. La arquitectura de hospitales y escuelas de la época entendía a los edificios y conjuntos como herramientas para fomentar el desarrollo óptimo de la sociedad. Finalmente, la relación política y de conocimiento que se generó entre médicos y arquitectos nos permite apreciar una dinámica de planificación en la que el ciudadano fue la medida de las ciudades. Ahora que tanto la educación como la salud pública de nuestro país pasan por una crisis sin precedentes, conviene que miremos al pasado y nos preguntemos por qué los gobiernos de México perdieron de vista su papel como planificadores de los sistemas de salud y educación, esos dos ejes fundamentales de la justicia social.
Viridiana Zavala Rivera
Candidata a doctora en Historia del Arte por la UNAM.
1 Annes Staples, “Primeros pasos de la higiene escolar decimonónica”, Curar, sanar, educar: enfermedad y sociedad en México. Siglos XIX y XX, (México: UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas; Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego”, 2008), 34.
2 Guillermo Farjo Ortiz, Breve Historia de los Hospitales de la Ciudad de México, (México: Asociación Mexicana de Hospitales, 1980), 75.
3 Ortiz, Hospitales, 164.
4 Hacia 1942 los secretarios de salud de diferentes gobiernos, durante las celebraciones del Día Panamericano de la Salud, coincidían en que lo imprescindible para el desarrollo de los gobiernos y la riqueza de los países era tener sistemas de salud y educación fuertes. Salvador Iturbide Alvirez, “El Día Panamericano de la Salud”, Gaceta Médica de México, N°42 (1942): 371-372.
5 Rodolfo Alanis Boyso, Gustavo Baz Prada. Vida y Obra, (Estado de México: Universidad Autónoma del Estado de México; Instituto de Administración Pública del Estado de México, 1994), 86.
6 Salvador Pinocelly, José Villagrán García: protagonista de la arquitectura mexicana del siglo XX, (México: Conaculta, 2004), 13.
7 Dentro de ese grupo de médicos se encontraban Mario Torroella, Cárdenas de la Vega, Federico Gómez, Rigoberto Aguilar y Pablo Mendiozábal. http://himfg.con.mx/interior/el_instituto.html. Consultado el 1 de octubre de 2020.
8 José Villagrán García, “El hospital obra de arte”, en Doctrina de la Arquitectura, (México: Colegio Nacional, 2007), 175.
9 José Villagrán García, “José Villagrán García”, en Doctrina de la Arquitectura, (México: Colegio nacional, 2007), 574-575.
10 Raquel Franklin Unkind, “Introducción”, en Hannes Meyer. Pensamiento, editora Louise Noelle, (México: INBA; Dirección Arquitectura y Conservación del patrimonio Artístico Inmueble, 2002), XV.
11 López, Enrique Yáñez en la cultura…, 86.
12 Franklin, “Introducción”, XV.
13 López, Enrique Yáñez en la cultura…, 87.
14 Hannes Meyer, “Higiene y arquitectura industrial”, en Hannes Meyer. Pensamiento, editora Louise Noelle, (México: INBA; Dirección de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico Inmueble, 2002), 90.
15 Meyer, “Higiene y arquitectura industrial”, 90.
16 López, Enrique Yáñez en la cultura…, 85.
17 López, Enrique Yáñez en la cultura…, 88.
18 Manuel Gual Vidal y Gustavo Viniegra, “Al lector”, en Memoria de la Primera Planeación, Proyección y Construcciones Escolares de la República Mexicana. 1944 1945 1946, (México: 1947), 3.
19 Velasco, “Comité Administrador del Programa Federal…”, 222.
20 Enrique Yáñez, “Los Programas Tipos de las Nuevas Construcciones Escolares de México”, en Memoria de la Primera Planeación, Proyección y Construcciones Escolares de la República Mexicana. 1944 1945 1946, (México: 1947), 21.
21 Enrique Yáñez, “Los Programas Tipos…”, 21.
Sin duda existió una política pública de modernización del país en la que jugó un papel importante la arquitectura, pensemos en la construcción, por ejemplo, de CU, emblema si los hay de ese suaño desarrollista, o bien, en los edificios flamantes de las preparatorias al inicio de los 60s, y antes en las escuelas primarias que se construyeron a lo ancho del país, sin olvidar las aulas rurales. Esos sueños terminaron abruptamente, tal vez, con el México del 68 y su fin de fiesta en la plaza de las Tres Culturas. La Unidad habitacional de Tlaltelolco un importante sueño modernista de Pani, la obra de Pani en su totalidad tendría que ser revalorada. En fin, después de ese periodo no hay nada digno de mención al parecer