El lugar de la cultura en el Plan Nacional de Desarrollo, que deberá ser aprobado por la Cámara de Diputados este 19 de junio, es casi nimio. Parece un cúmulo de buenas intenciones y deseos más que un proyecto serio y bien definido.

“Cultura para la Paz, para el bienestar y para todos”, así se titula el apartado que el gobierno federal dedicó al sector cultural en el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024. El documento completo deberá ser aprobado por la Cámara de Diputados a más tardar este 19 de junio.

En el desglose del PND, las líneas sobre política cultural se resumen en el objetivo 2.9: “promover y garantizar el derecho humano de acceso a la cultura de la población, atendiendo a la diversidad cultural en todas sus manifestaciones y expresiones con pleno respeto a la libertad creativa, lingüística, de elección o pertenencia de una identidad cultural de creencias y de participación”.

Ilustración Izak Peón

A juzgar por lo que plantea este objetivo, el gobierno se compromete a lo obvio: refrendar y cumplir lo que desde 2008 está inscrito en el artículo 4 constitucional, apartado al que se incorporó el derecho a la cultura y su libre ejercicio y que textualmente señala: “Toda persona tiene derecho al acceso a la cultura y al disfrute de los bienes y servicios que presta el Estado en la materia, así como el ejercicio de sus derechos culturales. El Estado promoverá los medios para la difusión y desarrollo de la cultura, atendiendo a la diversidad cultural en todas sus manifestaciones y expresiones”. Es decir, el objetivo dedicado a la política cultural es una relectura de lo que ya dice la Carta Magna.

Más adelante, el Plan traza siete estrategias para cumplir con su meta:

1.- Fomentar el acceso a la cultura de toda la población, promoviendo la redistribución de la riqueza cultural y desarrollando esquemas de planeación intercultural, inclusiva y participativa.

2.- Impulsar la formación y profesionalización artística y cultural de los individuos, comunidades, colectivos y trabajadores de la cultura, y brindar opciones de iniciación, capacitación y actualización para toda la población.

3.- Promover y ampliar la oferta cultural a lo largo del territorio nacional y desarrollar el intercambio cultural de México con el extranjero.

4.- Salvaguardar y difundir la riqueza patrimonial de México, tanto material como inmaterial, así como promover la apropiación social de las humanidades, las ciencias y las tecnologías.

5.- Fortalecer las industrias culturales y empresas creativas para generar y difundir sus contenidos.

6.- Desarrollar y optimizar el uso de la infraestructura cultural pública, atendiendo las particularidades y necesidades regionales del país.

7.- Reconocer, preservar, proteger y estimular la diversidad cultural y lingüística de México, con particular atención a los aportes de los pueblos indígenas y afromexicano y otros grupos históricamente discriminados.

En opinión de Eduardo Cruz Vázquez, fundador del Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura de la UAM y coordinador de los títulos 1988-2012. Cultura y transición y ¡Es la reforma cultural, Presidente! Propuestas para el sector 2018-20124, el documento es “decepcionante, una burla y una falta de respeto a la inteligencia del país”.

Cruz Vázquez precisa que el PND debe revisar la viabilidad de las políticas públicas (de acuerdo a lo establecido en la fracción 8ª del artículo 2º de la Ley de Planeación). “No veo en ninguna parte un señalamiento que intente medianamente atender el ordenamiento. Tan sólo por eso el Congreso tendría que revisarlo e incluso regresarlo al presidente y a la Secretaría de Hacienda”.

Otras visiones más cercanas a la llamada “Cuarta Transformación”, como la de Sabina Berman, encuentran en el proyecto un cúmulo de buenas intenciones. “Me gusta la idea de optimizar la infraestructura cultural. Ya era tiempo de hacer patente la intención”.

La dramaturga y analista, que en días recientes ha estrenado un programa en el Canal 11 bastante favorable al proyecto obradorista, celebra el llamado a promover y ampliar la oferta a lo largo del territorio nacional y desarrollar el intercambio cultural de México con el extranjero. “Creo que es algo de lo más necesario y de lo más fácil de hacer”.

Economía cultural

Según la Cuenta Satélite de la Cultura del INEGI de 2017, el sector cultural aporta 3.2% del PIB. Los servicios de medios audiovisuales, la fabricación de bienes culturales (artesanías, por ejemplo), y la producción cultural de los hogares (participación voluntaria en la organización o desarrollo de espectáculos, fiestas tradicionales, ferias y festivales; gasto en la adquisición de productos culturales en la vía pública; y elaboración de artesanías para uso final propio) representan el 73.9% del total de la suma.

Datos de la Consultoría Nomismae, dirigida por Ernesto Piedras, ubican a México en tercer lugar a nivel latinoamericano en ese renglón por debajo de países como Argentina (3.8%) y Colombia (3.9%).

Aunque la información esté a disposición pública, el PND no plantea un horizonte definido al respecto. Se limita a citar al INEGI y a apuntar que en los últimos 12 meses el 58% de la población mayor de 18 años asistió al menos a una sala de cine, a una obra de teatro, concierto, exposición o espectáculo de danza. No hace siquiera un comparativo con 2017, cuando este porcentaje fue de 59%.

A lo más propone incrementar cobertura y oferta con una política pública que mediante actividades y programas vincule la cultura con el desarrollo social, urbano y económico de las entidades, para lo cual se buscará la colaboración de secretarías locales y federales de distintos ramos. Lejos de comprometerse a incrementar la injerencia del sector en el PIB con un porcentaje estimado, prefiere enunciar más que objetivos, deseos.

El documento del Ejecutivo carece además de intencionalidad por equilibrar la forma en la que nos acercamos a la cultura y por reducir la disparidad entre las distintas disciplinas: por ejemplo, mientras que el 86.7% de los consumidores reconoce haber ido al cine al menos una vez al año durante 2017, apenas el 22.7% ha visitado un espectáculo de danza.

El propósito del PND de aumentar la cobertura se tambalea a partir del recorte presupuestal implementado por el gobierno de López Obrador. Si en 2018 se destinaron 12 mil 916 millones de pesos al sector cultural, en 2019 se le asignaron 12 mil 394 millones. La diferencia de poco más de 550 millones intentó subsanarse con la implementación del Programa de Apoyos a la Cultura cuyo monto es de 500 millones de pesos. Aun así los recursos son menores en relación al año anterior.

Para el economista Ernesto Piedras, autor del estudio ¿Cuánto vale la cultura?, las líneas marcadas por el PND parecen un retroceso. Sus investigaciones calculan un monto mayor al del INEGI: la aportación del sector al PIB se ubicaría en el 7.4%, del cual el 3.6% corresponde a la economía sombra y el 3.8% a la economía formal. “Seguimos sin evolucionar. Enarbolamos que la cultura es lo más transversal que tenemos como seres humanos. Sin embargo veo pocas alusiones a su uso como herramienta para el desarrollo”.

Hay, por ejemplo, pocas menciones a la conectividad y la apropiación de contenidos creativos por la vía digital. No se pueden, en su opinión, manejar de manera independiente el derecho a la cultura y el derecho a la conectividad. “Necesitamos ir en esa dirección. Muchos artistas trabajan por medio de internet y los consumidores nos acercamos cada vez más a su trabajo por esta vía”. Por lo tanto el discurso enarbolado desde el gobierno federal le parece inmaduro y populista. “No veo la intención de relacionar la cultura con la educación, la economía o el comercio. Hay puras ideas básicas y aisladas. No se habla de la cultura como generadora de empleo y divisas. Me parece una propuesta dogmática, pobre y poco seria”.

Por medio del documento, el gobierno federal busca ofrecer resultados concretos en dos áreas vinculadas con la seguridad y el desarrollo social. Actualmente la cobertura de actividades artísticas abarca el 8.1% de los municipios de alta incidencia criminal y delictiva. Para 2024 la meta es cubrir el 92.9% de estos sitios. Sin precisar la metodología o la forma de cumplir con el objetivo, se pretende aumentar la presencia de la Secretaría de Cultura en el territorio nacional. Hoy la distancia promedio que necesita recorrer una persona para tener acceso a actividades impulsadas por la dependencia federal es de 50 km. El objetivo para 2024 es disminuirla a 5 km. “Me reanima leer este tipo de fines, es necesario consolidar el quehacer artístico como herramienta para restablecer el tejido social”, apunta Sabina Berman. Pero entre leer los fines y lograrlos hay un abismo inmenso de realidad.

¿Una política cultural indigenista? ¿De minorías?

Otro punto clave del PND es el relativo a los indígenas. Datos del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI) indican que de las 68 lenguas originarias habladas en México 43 se encuentran en peligro de extinción. Para prevenir esta pérdida las autoridades ofrecen la protección y el estímulo de la diversidad cultural y lingüística de las comunidades indígenas y el resto de las minorías étnicas (los grupos afromexicanos, entre ellos).

Queda claro que este es el núcleo discursivo de la política del nuevo gobierno y su manifestación más clara en el área cultural. “Son estrategias que plasman la visión comunitaria y de ‘primero los pobres’”, apunta Eduardo Cruz Vázquez, sin sorpresa alguna. Si bien es consecuente con el derecho al acceso a los bienes y servicios que quiere garantizar el gobierno de AMLO “parece más una política social, que cultural”. El sello de la actual administración es precisamente querer acentuar la vocación social, pero más allá de eso no encuentra nada novedoso, según el investigador de la UAM. “Siempre se ofrece ampliar la oferta cultural, respetar la diversidad, optimizar la infraestructura y descentralizar la producción. Aquí no veo nada original”.

Escenarios ideales y promesas

Por la permeabilidad social del discurso obradorista, sería preocupante que la promoción de la cultura se enfocara única y exclusivamente en los lugares más pobres o afectados por la violencia. “Pero encontrar alusiones a las industrias y empresas culturales me hace ser optimista”, afirma Sabina Berman. Su inquietud ahora reposa en la forma en que se aterrizarán las estrategias. En un documento tan general como este Plan no hay espacio para los detalles, “aún así, en el sector estamos inquietos porque ya nos acostumbramos a quedarnos con puros enunciados”.

Desde su creación en 1988, el CONACULTA esbozó tres grandes promesas: salvaguardar el cúmulo de cultura; multiplicar los generadores de cultura; y hacer llegar la cultura y las artes a todos los mexicanos. Para la dramaturga hubo avances sólo en los dos primeros, mientras que en el último prevalece “un absoluto rezago”.

A Berman le da cierta tranquilidad que una de las primeras decisiones del nuevo gobierno fuera convertir Los Pinos en un espacio cultural y que haya puesto en marcha las cruzadas artísticas en los lugares más afectados por la delincuencia. Sin embargo, no es suficiente. “Me parece que sí están ocurriendo cosas importantes aunque es verdad que las artes profesionales siguen en el tintero. Ya no basta con que las cosas se queden igual. Necesitamos cambios importantes”.

En un escenario ideal para Cruz Vázquez, el Congreso debería regresar el documento al Ejecutivo con las “miles de observaciones que se le podrían hacer”. Lo cierto, reconoce, es que dada la mayoría de Morena en la Cámara de Diputados esto no ocurrirá. Por lo tanto será necesario esperar hasta noviembre o principios de diciembre cuando, acorde a lo estipulado en el artículo 30 de la Ley de Planeación, se cumplan los seis meses que cada secretaría tiene para presentar su plan sectorial una vez que el PND se publique en el Diario Oficial.

Dado que este es el primer sexenio que arranca con la Secretaría de Cultura en su nueva configuración institucional, le corresponde al equipo de Alejandra Frausto diseñar el primer programa del sector: “Veremos si para entonces hacen bien su trabajo y si fuera del yugo presidencial son capaces de hacer un verdadero programa integral”.

 

Héctor González
Periodista cultural.