El uso de la historia está lejos de ser nuevo en la política. Establecer continuidades y rupturas con el pasado es parte fundamental de cualquier discurso de gobierno. Sin embargo, entre nuestros candidatos presidenciales Andrés Manuel López Obrador definitivamente es el que más alusiones hace a la historia nacional, a la que también le ha dedicado numerosos libros. ¿De qué trata su amor por Madero y Juárez, su enojo con Santa Anna? Y sobre todo, ¿cómo se vincula esto con la idea que tiene de sí mismo como gobernante?

 

Ilustración: Sergio Bordón

 


Durante el primer debate presidencial, Andrés Manuel López Obrador nos recordó su particular gusto por el pasado mexicano. Como en muchas otras ocasiones, el candidato cerró su participación en el foro apelando a personajes y eventos de la historia nacional, de los que él mismo ya forma parte. “Solo ha habido en nuestra historia tres grandes transformaciones: la Independencia, la Reforma y la Revolución, y nosotros estamos a punto de lograr la cuarta transformación de la vida pública de México”.

Aunque el candidato ha dicho esto en varias ocasiones y contextos (por ejemplo, en su libro No decir adiós a la esperanza. Grijalbo, 2012), esta vez, él y su movimiento tienen más posibilidades de establecerse en lo que AMLO considera que será el cuarto evento más importante en la historia de México. Esto hace relevante preguntarnos cómo entiende, interpreta y usa el discurso histórico, así como las opiniones que tiene el tabasqueño de la historia oficial y de su propio papel en la misma. Si bien las declaraciones y discursos del candidato a la presidencia nos dan muchas pistas, este texto se centra en sus libros, donde desarrolla sus ideas con mayor detalle.

El gusto de AMLO por el pasado se remota por lo menos a los años noventa. Entre 1990 y 1995 escribió dos libros dedicados completamente a la historia de Tabasco. Estos se enfocaban en la historia política de su estado natal, además de contener datos autobiográficos del autor. Cabe destacar que, si bien sus libros en general no usan fuentes primarias, los autores a los que hace referencia son ya clásicos de la historiografía mexicana. Es el caso de José Vasconcelos, Daniel Cosío Villegas, Jesús Silva Herzog y José C. Valadés, entre otros.

Las obras en las que López Obrador describe su idea de la historia son Un proyecto alternativo de nación (Grijalbo, 2004), La mafia nos robó la presidencia (Grijalbo, 2007) y Neoporfirismo, Hoy como ayer (Girjalbo, 2014). El primero define la historia en su típico rol de “maestra de la vida” que ofrece las bases para generar una transformación “verdadera” en el presente. Esta interpretación sostiene también, en parte, que si el ser humano no conoce la historia estará condenado a repetirla y no sabrá cómo actuar ante las adversidades u oportunidades del futuro. Dice Andrés Manuel: “El hombre es un gran ser histórico y quien no sabe de dónde viene, difícilmente sabrá a dónde va”. En el segundo y tercer libro, el candidato reitera esta vocación de la historia y añade que “no puede forjarse un buen dirigente si no conoce la historia…”.1 En este sentido, AMLO se asumiría a sí mismo como un buen dirigente solo por el hecho de saber y escribir historia.

Sin embargo, para el tabasqueño no todo tiempo pasado fue mejor. Si bien urge a empezar a “recuperar lo mejor de la historia de México. Allí están el temple de los mexicanos, el programa popular y los ejemplos de quienes han sido los mejores dirigentes y gobernantes”,2 para Andrés Manuel lo mejor de la historia de México son los momentos que reflejan los intereses del pueblo y su defensa.

El político tabasqueño concuerda con el relato de la historia oficial mexicana cuando de personajes se trata. Aunque Hidalgo y Morelos forman parte de los héroes nacionales de los que habla en sus libros, AMLO no los estudia con tanto detalle, probablemente porque no los admira tanto o no le ayudan a establecer nexos con su idea de gobierno. Por otro lado, Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas son los casos que cita con más recurrencia y admiración; como ejemplos a seguir. A través de ellos ejemplifica valores como la lealtad, la valentía y la nobleza, y no teme ser hiperbólico: “¿Cómo olvidar la primera revolución social del siglo XX, sus causas, las hazañas del pueblo; la noble voluntad democrática de Madero, el arrojo de Villa y la lealtad de Zapata con los campesinos?”.3 Pero lo que es más importante, a ellos (y a los que ve como sus opositores) los vincula con su entendimiento de conceptos clave como la democracia, el pueblo y el buen gobierno.

La democracia y Francisco I. Madero

Más allá de su definición polisémica, la democracia es uno de los conceptos más recurrentes en las declaraciones de nuestros políticos, y en el caso de Andrés Manuel López Obrador está asociada definitivamente a su interpretación de la Revolución mexicana y, en concreto, a la actuación de Madero.

Una de las definiciones más claras de la democracia que da AMLO la encontramos en su relato sobre la protesta que realizó en 1991 tras perder la gubernatura de Tabasco. López Obrador cuenta que no se respetó el triunfo que había tenido en tres municipios, lo que le hizo perder las elecciones y emprender una marcha hacia la Ciudad de México con el fin de rechazar la ilegalidad y defender la democracia. En ese contexto explica que la democracia “en sí misma, es justa; porque genera equilibrios y contrapesos, produce dignidad y evita que nadie, en cada uno de los sitios mayores y menores de la escala, se sienta absoluto”.4 Esta definición es muy similar a la que aparece en su Proyecto alternativo de nación, en donde añade que “no solo es el mejor sistema de gobierno que la humanidad ha encontrado; es también el método más eficaz para organizar la convivencia en condiciones de armonía. La democracia […] propicia la dignidad”.5 Años después, Andrés Manuel retomó esta noción de democracia y agregó que dicho sistema también es una forma de “impedir o atemperar la corrupción”.6

En distintas ocasiones ha quedado claro que, para el candidato, la figura que representa este ideal democrático en la historia nacional es Madero. El llamado “apóstol de la democracia” tiene un lugar fundamental en varios pasajes de los libros de Andrés Manuel López Obrador, con el lente de una interpretación sorprendentemente matizada. Su libro Neoporfirismo, por ejemplo, cuenta que Madero “convocó al pueblo a la Revolución para derrocar la dictadura  porfirista con el lema sufragio efectivo y, aunque se avanzó en la atención de demandas sociales, en México todavía no puede hablarse de la existencia de una normalidad democrática”:7 tema en el que se centra el libro. Sin embargo, hoy en día, dice AMLO, el que se considera el iniciador de la Revolución mexicana ha sido juzgado por la historia con justicia:

Es cierto, [Madero] cometió errores y no supo entender el problema agrario, pero más allá de sus fallas, se adelantó como nadie en su época, fue un visionario genial, un idealista extraordinario, víctima del retraso cívico del país y de la enorme dificultad que entrañaba derrumbar a un régimen impenetrable y pervertido como el de Porfirio Díaz para construir una república democrática”.8

Andrés Manuel ve en el coahuilense cualidades que nadie más tenía en esa etapa de la historia de México, razón por la cual solo él podía dar inicio a la Revolución mexicana. AMLO reconoce que, si bien hubo quienes quisieron levantarse en armas antes, como los hermanos Flores Magón, Madero tenías las mejores posibilidades de lograr un cambio: “Pertenecía a la clase acomodada, lo cual le permitió ganarse la confianza de sectores medios y de pueblo raso, con el importante añadido de que sin ser un luchador social era un auténtico demócrata, un dirigente convencido de que la conquista de las libertades pasaba por combatir y terminar con la dictadura”.9 Una interpretación bastante reveladora de las cualidades que López Obrador considera que ha de tener un líder democrático.

Con esta interpretación de la Revolución y de la actuación de Madero, se entiende que para alcanzar la democracia y la justicia en México es importante tener el respaldo de la mayoría de la gente, especialmente lo que él denomina “el pueblo”, sin olvidar que éste incluye por igual a ricos y  pobres —siempre y cuando sean honestos, aclara—. Su ideal democrático además incluye tener ideales firmes y lograr conjuntar todo lo anterior.

Benito Juárez y el liberalismo

También en correspondencia con la historia oficial, Benito Juárez es otro de los personajes fundamentales del pasado mexicano para Andrés Manuel. El político tabasqueño cuenta que desde niño lo admiró gracias a Rodolfo Lara Laguna, su profesor de civismo en secundaria, autor de un libro llamado El buen ciudadano en el cual dice AMLO que se basaba para dar sus clases.10 Sin embargo, su maestro:

[…] se salía del texto y nos platicaba de otros temas relacionados con los problemas sociales y políticos de esos tiempos. […] De él recibí una buena influencia y me abrió la inquietud hacia lo social, porque había sido dirigente estudiantil; hoy sigue siendo un hombre íntegro, juarista, y de izquierda.11

Histórica (e historiográficamente) Juárez ha sido admirado por ser un estadista y político que supo defender la soberanía nacional de México en algunos de los momentos más difíciles de su historia: el imperio de Maximiliano de Habsburgo y la Intervención Francesa. El oaxaqueño también destacó por la promulgación de las Leyes de Reforma que lograron la separación de la Iglesia y el Estado y que, como dice la internacionalista Graciela Arroyo Pichardo, ayudaron a crear “una movilidad social que permitió a las nuevas clases sociales acceder a beneficios como la educación y el trabajo”.12

Andrés Manuel López Obrador menciona constantemente que la austeridad de los funcionarios públicos puede ayudar a que la pobreza e incluso la desigualdad social desaparezcan. Y la capacidad que tuvo Benito Juárez de realizar la desamortización de bienes eclesiásticos —que provocó que los privilegios de la Iglesia se redujeran considerablemente—, es una inspiración para él. Además, menciona su lucha contra el santaanismo, el conservadurismo y la monarquía, y la restauración de la República.13

Abundando en el tema de la honestidad, Juárez, en la interpretación de López Obrador, no solo es un ejemplo por sus esfuerzos legislativos en defensa de los derechos de los indígenas y otros sectores vulnerables, sino simplemente porque para llegar a tener una República liberal y democrática es necesario empezar por que sus gobernantes lo sean, cosa que AMLO no pone en duda en el caso de Juárez.14

La interpretación sobre el mandato de Juárez también echa luz al concepto que tiene López Obrador del liberalismo. A pesar de las múltiples transformaciones que ha sufrido, para el candidato, el liberalismo del siglo XIX es su mejor versión. No solo porque permitió la distribución de los privilegios, sino por tratarse de un sistema intelectual y un modelo político preocupado por distribuir los recursos y fomentar la educación.

Finalmente, siguiendo a Patricia Galeana, una característica particular de Juárez fue su capacidad de resistir “la adversidad y los obstáculos que le pusieron sus opositores. Como buen político, asimiló los ataques”.15 Con su experiencia de agravios, Andrés Manuel se identifica en este aspecto con el expresidente oaxaqueño y el resto de los personajes de la historia que suele citar.

Tengo suficiente fuerza interior y eso me da aplomo. Además, conozco bien la historia de los que han luchado en nuestro país en contra de los poderosos. A Hidalgo lo llamaban “demagogo”; a Morelos, “hereje”; a Juárez, “indio mugroso”; a Villa y a Zapata, “bandidos”, y a Madero, “loco espiritista”.16

Santa Anna

2006 fue para muchos el año del fraude. No pocos académicos y analistas estudiaron esa posibilidad, y López Obrador hizo lo que pudo para tratar de demostrarlo. Bajo ese contexto, el tabasqueño escribió La mafia nos robó la presidencia (Grijalbo, 2007). Este libro es un recuento de lo acontecido en el 2006, e incluye detalles de su trabajo político desde sus inicios.

Como parte de la misma reflexión sobre la pérdida de rumbo de la democracia mexicana, en 2010 publicó La Mafia que se adueñó de México… y el 2012. El libro contiene un apartado titulado “El regreso del PRI sería como el retorno de Santa Anna”, en donde explica su rencor y rechazo al gobierno del general veracruzano y sus similitudes con el panorama político del momento.

Andrés Manuel empieza su diagnóstico describiendo la “profunda tristeza” en México, producto de ignorar la elección de la gente. Identificaba el mismo sentimiento nacional que se había manifestado en 1836, cuando al país le fue arrebatada más de la mitad del territorio por las decisiones de un mal gobernante.

Para Andrés Manuel, la sociedad de esa época se caracterizaba por una confusión política con respecto a lo que realmente quería, y por la falta de respuestas a sus problemas; eso los llevaría a recurrir una y otra vez a Antonio López de Santa Anna:

Era tal el ambiente de desorientación que prevalecía y la incapacidad del gobierno de Mariano Arista para encontrar salidas a las crisis, que se terminó decidiendo por llamar de nuevo a quien, apenas unos años atrás, había causado el desastre de la nación.17

AMLO dice que, a pesar de sus fracasos anteriores, el país recibió a Santa Anna como un héroe. Este episodio nacional le permite hacer un símil con el regreso del PRI después del fracaso del PAN en el gobierno:

El pueblo está aturdido como en aquel momento, prevalece el desaliento y la desorientación, y por lo mismo la tentación de equivocarse […]. Ir a buscar a Santa Anna como se decidió en aquellos aciagos momentos, es como caer en la trampa que está poniendo la oligarquía en la actualidad, con Salinas a la cabeza, para hacer creer que la solución está en recurrir de nuevo al PRI.18

Por último, para completar el retrato de Santa Anna, el candidato destaca en contraste la labor de Miguel Lerdo de Tejada. Éste le advirtió al primero que una dictadura en México no era necesaria para lograr que el país retomará el rumbo, así como de la necesidad de ciertas reformas para lograr la estabilidad económicamente. No obstante, Santa Anna “no quiso escuchar el llamado a la transformación, a las reformas”,19 dice AMLO, por lo que decidió continuar con el mismo régimen que ya había probado sus fallas. Este es un argumento recurrente en el discurso de AMLO: llevamos años probando la misma fórmula fracasada y él es el que ofrece un cambio verdadero.

Paradójicamente, la forma en que Andrés Manuel López Obrador interpreta el pasado explica por qué no logró llegar a la presidencia en las elecciones de 2006 y 2012. La historia le ha mostrado que alrededor de una sucesión presidencial se presentan ciertas condiciones que propician cambios hacia un país más democrático: la gente tiene que estar cansada de vivir lo mismo, necesita querer un cambio profundo; esto, en conjunción con la existencia de líderes que tengan ciertas características y puedan ser los responsables de la transformación. “Es un timbre de orgullo vivir con arrojo y además tener la dicha de hacer historia”, afirma. Y así sugiere que ésta sería la ocasión.

Hacer historia para Andrés Manuel significa, en efecto, luchar por la democracia como Francisco I. Madero lo hizo en su momento; es defender el bien público como lo hizo Lázaro Cárdenas con la expropiación petrolera, pero sobre todo es pensar que él puede quedar como un “héroe nacional” por pelear por los intereses del pueblo. Por estas razones aparece como el político mexicano que más necesidad siente de regresar al pasado y revisarlo.

“Quiero seguir el ejemplo de Benito Juárez, de Francisco I. Madero y del general Lázaro Cárdenas”, reiteró en el debate pasado. Será interesante ver qué es lo que el candidato retoma de la historia nacional y la relación entre México y EUA en el segundo debate.

 

Yazmin Beltrán Durán
Pasante de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Bibliografía:

José Antonio Aguilar Rivera, “El sendero liberal”, nexos, consultada el 23 de octubre del 2017.

Dip. Rodolfo Lara Lagunas. Cámara de diputados.

Del Río, Ignacio, “Las razones de la democracia: El discurso liberal de Francisco I. Madero y la dictadura de Porfirio Díaz”, Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, n. 26, julio- diciembre 2003.

Galeana de Valadés, Patricia, Juárez en la historia de México, Segunda edición, México, Porrúa, 2017, 326 pp.

Los Mil rostros de Juárez y del liberalismo mexicano, Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva, coord., México, Secretaría de Hacienda y Crédito Público, 2007, 399 pp.

López Obrador, Andrés Manuel, Entre la Historia y la Esperanza: corrupción y lucha democrática en Tabasco, México, Grijalbo, 1995.

—-, Andrés Manuel, Un proyecto alternativo de nación. Hacia un cambio verdadero, México, Grijalbo, 2004, 162 pp.

—-, La mafia nos robó la Presidencia, México, Grijalbo, 2007, 301 pp.

—-, La Mafia que se adueñó de México… y el 2012, México, Grijalbo, 2010.

—-, Neoporfirismo. Hoy como ayer, México, Grijalbo, 2014, 431 pp.

—-, No decir adiós a la esperanza, México, Grijalbo, 2012, 158 pp.

Los tiempos de Juárez, coord. Ma. de Lourdes Alvarado…[y otros.], México, UNAM, Dirección General de Bibliotecas, 2007, 72 pp.


1 Andrés Manuel López Obrador, La mafia nos robó la Presidencia, Grijalbo, México, 2007, p. 17.

2 Andrés Manuel López Obrador, Un proyecto alternativo de nación. Hacia un cambio verdadero, México, Grijalbo, 2004, p. 27.

3 López Obrador, op. cit., Un proyecto alternativo…, p. 17.

4 Andrés Manuel López Obrador, Entre la Historia y la Esperanza: corrupción y lucha democrática en Tabasco, México, Grijalbo, 1995, p. 123.

5 López Obrador, op. cit., Un proyecto alternativo de nación…,  p. 121.

6 López Obrador, op. cit., Neoporfirismo. Hoy como ayer…, p. 57.

7 López Obrador, op. cit., No decir adiós a la esperanza… p. p.70.

8 Neoporfirimo…, op cit., p. 318.

9 Neoporfirismo…, op. cit, p. 291.

10 Rodolfo Lara Lagunas fue docente de secundaria de 1964 a 1975. Posteriormente se convirtió en diputado del Partido Revolucionario Democrático. Al parecer, hoy en día pertenece al partido de MORENA. Página consultada el 23 de Agosto del 2017.

11 Andrés Manuel López Obrador,  La mafia nos robó la Presidencia, México, Grijalbo, 2007, p. 16.

12 Los Tiempos de Juárez, coord. Ma. de Lourdes Alvarado…[y otros.], México, UNAM, Dirección General de Bibliotecas, 2007, p. 49.

13 Un proyecto alternativo…, op cit.,  p. 28.

14 Ibíd., p. 147.

15 Patricia Galeana de Valadés, Juárez en la historia de México, segunda edición, México, Porrúa, 2017, p. 188.

16 La mafia nos robó la presidencia, op., cit., p. 211.

17 La Mafia que se adueñó de México… y el 2012, México, Grijalbo, 2010, p. 193.

18 Ibíd., p. 203.

19 La Mafia que se adueñó de México… y el 2012, México, Grijalbo, 2010, p. 197.

 

 

2 comentarios en “La historia según AMLO

  1. Sería interesante confrontar a los héroes de AMLO: ¿qué hubieran dicho Juárez y Madero de la expropiación cardenista?, ¿qué Juárez de la no reeleción maderista? Y los villanos: Santa Anna, ¿Hasta qué punto Díaz?, CSG. ¿Hasta dónde la autoridad histórica ofrece, en la idea de AMLO, autoridad moral, y eso que puede suponer como concepción y estilo de gobierno? Felicidades por un muy buen primer acercamiento al tema.

  2. Como es de esperarse de una figura como AMLO, varias partes están descontextualizadas, pero esperaría del articulista un complemento para mejor explicación.
    La invasión de EEUU se dio en el contexto de la altísima deuda que los masones liberales habían generado con ellos y que no tenían condiciones de pagar, y Santa Anna, en una decisión difícil, les “vendió” el norte del país para que le devolvieran el palacio de gobierno, tomado en la “gesta de los Niños Héroes”, y que militarmente ya estaba conquistado por EEUU. ¿Nos duele? Sí ¿Se equivocó? No lo sé, de cualquier manera era una región a la que se le daba poca atención y que EEUU explotó muy bien, en parte por la suerte de encontrar petróleo y oro.
    Y la Invasión Francesa y el Imperio de Maximiliano se dieron por el cobro de la deuda de la otra facción de la masonería, los conservadores no podían pagarle a los franceses y les entregaron el país, de modo que el mérito de Juárez fue recuperar el país unificando a la masonería y de paso debilitando a la Iglesia, enemigo principal de estos “libre-pensadores” que en realidad funcionan en la práctica como conspiradores del poder.
    Desconocer esto, sí que nos ha llevado y va a seguir llevándonos a errores.
    Me parece que con Madero y todavía hasta Cárdenas, México era un río revuelto donde había muchos pescadores intentando obtener su ganancia.
    Pero la Expropiación, al mismo tiempo que es un tema que exalta los ánimos en favor de la Patria, equivale a negarse a vender bienes inmuebles, terrenos de siembra, minas, a impedir instalar fábricas, etc., por usar parte del territorio nacional… y lo hacemos porque entendemos cómo funcionan los mercados. Creo que hoy por hoy es anacrónico querer mantenerla, pero si se va a disponibilizar para inversión extranjera debe estar controlado y vigilado.