Las recientes acusaciones en contra del autor de La maravillosa vida breve de Óscar Wao se han sumado a la ya más que larga lista de escándalos que han afectado gravemente el mundo de la cultura.

Todo empezó en Hollywood. Desde finales de 2017, la mecha que encendió el movimiento de denuncias #MeToo ha cruzado los mares ramificándose bajo el suelo de grandes instituciones para sacudir sus cimientos, creando una explosión cuya onda expansiva apenas comenzamos a medir. Nadie imaginaba a qué punto llegarían las denuncias de mujeres replicadas en cualquier esquina del mundo. Desde el colapso de la productora de Harvey Weinstein hasta la cancelación del Premio Nobel de Literatura 2018, las consecuencias de los escándalos sexuales siguen cercenando cabezas influyentes en el mundo cultural. A tan solo 10 días de que la Academia Sueca anunciara que pospondría el Nobel de Literatura por un escándalo sexual interno, una nueva denuncia pone en la cuerda floja al mundo de la literatura. En el siguiente recorrido reunimos textos y reflexiones para entender este nuevo caso, parte del largo proceso de denuncias por acoso y agresión sexual que están cimbrando distintas jerarquías y acaso modificándolas para siempre.

1. Acoso a una alumna

El escritor de origen puertorriqueño, Junot Díaz —ganador del Premio Pulitzer por La maravillosa vida breve de Óscar Wao (2007)— fue acusado públicamente de agresión sexual por Zinzi Clemmons, una periodista y exalumna suya, durante el Festival de Escritores de Sydney (al que ambos acudían) y luego en declaraciones en Twitter. Como detalla este artículo, Clemmons sufrió el acoso siendo alumna de Díaz en la Universidad de Columbia en 2012 y esta acusación llevó al escritor a dimitir de su cargo, el 9 de mayo, como presidente del Premio Pulitzer, que ocupaba apenas desde abril.

2. De víctima a victimario

El alegato de Clemmons y la sospecha de que existan más víctimas no pudieron haber llegado en un momento más delicado para Díaz. En una carta abierta publicada en The New Yorker el pasado 16 de abril, el escritor confesaba haber sido víctima de una violación a los 8 años, luego de haber emigrado con sus padres a un cinturón industrial de Nueva Jersey. En menos de un mes, Díaz ha pasado de ser víctima a victimario. Su confesión de abril ha quedado en entredicho, percibida como una capa protectora ante una posible avalancha de críticas desde el hashtag #MeToo.

3. Las consecuencias del pasado

Ante la mirada de una sociedad cada vez más consciente y manifiestamente harta de los acosos, Díaz podría quedar parcialmente absuelto. Sus traumas podrían significar una cierta explicación de sus actos. Sin embargo, el peso de la ley prescindiría de su pasado. Según esta nota de Diario Libre (un portal dominicano),el intelectual puertorriqueño podría incluso ser despojado de su propio Premio Pulitzer en caso de ser hallado culpable de “conducta sexual inapropiada”. Por lo pronto, el más famoso escritor latinoamericano de los Estados Unidos ha tenido que abandonar, el pasado 5 de mayo, el Festival de Escritores de Sydney. Sus participaciones en conferencias y charlas fueron canceladas. El MIT, donde enseña escritura creativa, abrirá una investigación sobre la conducta del escritor. Su renuncia a la presidencia del Pulitzer, la cancelación de estos eventos y su posible expulsión del MIT no son más que las primeras consecuencias de cómo cambia para siempre nuestra percepción de aquellos artistas cuya genialidad nos abruma, y a los que poco a poco hunde el peso de su pasado.

4. Los libros son inocentes

El repudio en redes contra el escritor no ha dejado de crecer. Varias mujeres han ventilado anécdotas que ponen de manifiesto su misoginia y su conducta agresiva. Sin embargo, también han aparecido dos matices importantísimos en estos casos. El primero: que deberíamos esperar las sentencias de algún tribunal antes de iniciar la cacería de brujas en redes. El segundo, más interesante aún, aportado entre otros por dos periodistas de la revista colombiana Arcadia: dejar de leer a Díaz por estas acusaciones es un error. Juzgar la literatura por el comportamiento de un autor es buscar imponerle una función restrictiva al arte, una corrección política que lo aprisiona y lo acerca al totalitarismo y sus imposiciones estéticas. “Desde el posmodernismo filosófico, es decir desde el siglo pasado, es claro que lo más intrascendente de una obra artística, en términos de significado e interpretación, es la biografía de quien la produce”, afirman los autores del artículo, en reacción a una crítica de la escritora Carmen María Machado, para quien las novelas y cuentos de Junot Díaz son absolutamente despreciables y misóginos y son un claro reflejo de su persona.

5. Himpathy y el fin del silencio

Mientras en el Festival de Cannes, casi un centenar de actrices y directoras —guiadas por Cate Blanchett— hicieron un acto simbólico y leyeron un discurso contra el acoso sexual, del otro lado del mundo, el fiscal general de Nueva York, Eric Schneiderman, ha tenido que dimitir por razones similares a las de Junot Díaz. Como detalla este artículo, la figura de Schneiderman había crecido en los últimos meses por su abierto apoyo al #MeToo y sus acciones legales contra Weinstein. Además, en Nueva York su legislación había criminalizado cualquier intento de estrangulación o incluso de cachetada (slapping) como seña de violencia y grave peligro doméstico. Cuatro mujeres, con las que ha tenido relaciones sentimentales, ahora lo acusan de haber cometido “violencia física no consensuada” en la intimidad, en ningún caso parte de algún “juego sexual”. Sus pruebas son fotografías de heridas o moretones enviadas a amigas. Todo nos indica que el fiscal más importante contra Weinstein es en sí mismo un sádico acosador que ha actuado bajo los efectos de grandes cantidades de alcohol. Está claro que la fuerza de las denuncias del #MeToo pueden poner el mundo de cabeza, y en un santiamén.

El concepto de himpathy afloró durante el Festival de Escritores de Sydney para intentar entender la situación actual. Acuñado por la filósofa Kate Manne y empleado por una afamada periodista feminista del Washington Post, Irin Carmon, se refiere a “esa empatía desproporcionada hacia los hombres”. Suele ocurrir puntualmente en el caso de hombres que admiramos o con los que estamos involucrados en una relación emocional, directa o indirecta, tras haberlos leído, visto en cine y televisión o bien, como en el caso de Schneiderman, tenerlos en alta estima por su activismo feminista. Por su parte, Helen Pitt, una periodista de The Sydney Morning Herald, anotó que el precio del silencio era demasiado alto y ya le había arruinado las carreras de muchas mujeres. “Quiero animar a cualquier mujer de cualquier edad a dejar la himapthy. Las invito a confrontar a estos hombres, a decirles las cosas en la cara, aunque sea de manera privada […]. Háblenlo. Escríbanlo en una carta para ellos”. De Australia a Estados Unidos, hemos llegado a un punto de no retorno y al fin del silencio. Las cabezas seguirán rodando y, a veces, en los lugares y puestos menos esperados.