Con pretexto del que sería su cumpleaños noventa, recordamos a Cy Twombly (1928-2011), uno de los pintores más importantes del periodo de la posguerra, en una de sus caras menos exploradas, la de escultor. Lo hacemos, además, de la mano de quien mejor ha estudiado esta faceta del artista.

Cuando pensamos en Cy Twombly lo primero que nos viene a la cabeza son sus distintivos garabatos. Muy diferentes entre sí, unas veces son francamente violentos, mientras que otras tienen transparencias suaves y absorbentes. Sobre todo en su producción de la década de los sesenta, los lienzos se distinguen por tachones de colores que recuerdan a esos dibujos infantiles que resultan de probar todo el arcoíris de lápices de nuestro estuche.

La obra de Twombly cambió mucho a lo largo de su carrera; se alejó del expresionismo abstracto que parecía ser regla en los años cincuenta para internarse en la mitología y la historia clásica, un desplazamiento que se relaciona directamente con su establecimiento en Roma a finales de los cincuenta y prácticamente hasta el resto de su vida. Si bien se le reconoce sobre todo por su pintura, que lo hace uno de los artistas más importantes del periodo de la posguerra, su faceta como escultor ha sido históricamente menos reconocida. Con pretexto del que sería su cumpleaños noventa, recordamos a Twombly el escultor, de la mano de quien ha estudiado mejor esta faceta del artista: la curadora Kate Nesin.

Cy Twombly, Leda and the Swan, 1962.

A partir de 1946 y cuando todavía estudiaba, el artista nacido en Virginia incursionó en la creación de obras tridimensionales con montajes de objetos cotidianos que casi siempre cubría con distintas capas de pintura blanca. Son piezas únicas que muestran cierta continuidad con su obra pictórica, pero que se han mantenido en un segundo plano en la valoración del artista. Kate Nesin, curadora asociada de arte moderno del Art Institute of Chicago, dedicó casi una década al estudio de la obra escultórica de Twombly: en su libro Cy Twombly’s Things (Yale University Press, 2014), hace el primer estudio a profundidad de las prácticas del artista con objetos apilados.

En una conferencia, Nesin habla de lo que la atrajo a estas esculturas y el lugar a donde llegó después de años de investigación. Familiarizada con la obra de Twombly, vio una escultura suya por primera vez en el Tate Modern en Londres. Cuenta que le pareció una “escultura prosaica”, en alguna medida indescriptible. A partir de entonces decidió referirse al conjunto de estas piezas —que superan el centenar— simplemente como “cosas”. Cuenta que el término le ha sido útil en sus análisis de las obras de Twombly por ser maleable, porque permite la heterogeneidad al tiempo que funciona como pretexto para describir específicamente cada una de las obras del artista. Y ella las ha estudiado todas.

Además de hablar de algunas piezas y describir las características comunes del conjunto de la obra, esta conferencia da pistas fundamentales para entender el lugar al que quedó relegada esta faceta del artista. Para empezar, explica que Twombly tenía casi todas las esculturas que hizo a lo largo de su carrera bajo su posesión, por lo que al momento de morir se habían expuesto solo en contadas ocasiones. Y en efecto, en marzo de 2011, poco antes de la muerte de Twombly, el Moma anunció con bombo y platillo la adquisición de obras de la colección personal del artista, entre las cuales se encontraban justamente siete esculturas, las primeras en sumarse al acervo del museo.

Jonathan Muzikar, Foto de la instalación de Cy Twombly: Sculpture en el MoMA, 2011. Tomada de la página del Moma.

Por otro lado, Nesin explica que el escultor dentro de Twombly era en realidad un personaje intermitente. En los años que van de 1959 a 1976 no creó ni una sola escultura, y este tiempo coincide con ser una época estelar para la escultura minimalista y postminimalista que vio nacer a Donal Judd y a Robert Morris, entre otros. La curadora dice que a finales de los sesenta la escultura como medio se “había disuelto o colapsado a favor de materialidades sin límites” como el performance.

Esto, sin embargo, “no hace que la escultura de Twombly sea retrógrada”, aclara. Al contrario, ella ve en estas piezas un enorme potencial de significados, viables como medio artístico de posguerra y directamente asociadas con una ordinariez que contrasta con otras interpretaciones de la obra de Twombly. Concretamente, podemos apelar a la de otro de sus más comprometidos estudiosos: el curador de arte moderno del Metropolitan Museum de Nueva York, Nicholas Cullinan quien, en una entrevista publicada en este mismo espacio a propósito de la primera exposición latinoamericana de Twombly en el Museo Jumex, decía que “hay una cierta belleza y literalidad en su obra con la que cualquiera puede relacionarse fácilmente”.

Para que el lector juzgue libremente, reproducimos aquí un video que reúne muchas de las esculturas de Twombly en una secuencia libre y sin pretensiones curatoriales.