Emiliano Álvarez, co-fundador y editor de La Dïéresis, ensayista y poeta, fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2017 por el libro Sólo esto,publicado por el Fondo Nacional Tierra Adentro. El poemario está compuesto por epístolas en verso, un género que fue muy común en cierta etapa de nuestra tradición, pero que hoy no es muy frecuente. En una carta, las palabras allí escritas tienen un destinatario en concreto; al volverse poema, idealmente, ese destinatario se vuelve múltiple —si el poema funciona—, y entonces lo personal puede también volverse político, comunitario. El título de este poema, compuesto de cinco fragmentos, proviene de un soneto de Francisco de Quevedo, aquel que da inicio “Ah de la vida, ¿nadie me responde”, en especial de sus versos 12-14: “En el hoy y mañana y ayer, junto / pañales y mortaja, y he quedado / presentes sucesiones de difunto”, versos que, de hecho, serán evocados en los versos que siguen.


 Sucesiones

1
Primero fue la inercia de la especulación: eso
que no eras tú se convirtió en un centro grave,
y, en torno suyo, nos tenía dando vueltas.
Fue tu último regalo ese silencio, cuya espesura
nos abrumaba, pero a la vez nos distraía
de la pesadumbre, dejándonos, fríos y sin sueño,
con ganas de saber. La inquietud parecía animarnos:
–¿A ti tampoco?
                         – ¿Será que él ya sabía?
                                        – Yo se lo vi en la cara.
–Yo, es cierto, lo vi mal la última vez, pero nunca…
La indagación nos mantenía con los ojos abiertos
y obligaba a nuestra vista a mantenerse un tanto seca.
Al final, tuvimos que renunciar a comprenderte,
hartos ya de orbitar ese silencio de madera clavada.

2
Tú muerto; tú, redonda y contundentemente, muerto:
la única evidencia que importaba. (¿Es octubre
un buen mes para morir? En ese mes nací. En ese
mes probé la muerte a los quince años). Te moriste
y faltaba una semana. (¿A qué te supo la muerte?
¿A buitre, a redención, a composta, a fulminante
culmen sin aleteo futuro?). Faltaba una semana
y cómo me costó palpar tu ausencia en el poniente
de esa noche inaugural y de cimiento. Pensaba
en ti, mentándote la madre, pero tú igual bien muerto.
Tú perfecto en tu placidez de recién entrado en el horno
crematorio. Y yo mandándote al carajo por no haberme
dicho nada. Porque sabías y nunca me dijiste:
Me estoy muriendo. Ven a verme o te vas a arrepentir cuando suceda.

3
Dicen que a esa edad eran idénticos, tu hijo
y tú; tu hijo, huérfano de ti, desde el tijeretazo
en el cordón umbilical, aunque no te murieras
todavía. (¿Se lo constaste a él, con la certeza
de que no podía entenderte?) Dejé que me ganara
la búsqueda apremiante en que vivimos, o que vive
a través nuestro, y, cuando había quedado
en ir a conocerlo, te hablé para decirte que otro día.
Te escuchabas molesto: ¿intuías que hubiera sido
el último momento en que nos viéramos?
Tú, comido por la enfermedad; tú, con tu maderamen
íntimo devorado por termitas. Y tu hijo allí: pura
masa de llanto, pura energía brillante, puro pedazo
de existencia, pura mortalidad gestándose,
y puro pálpito luchando como un horno.

4
Lo he visto sólo en fotos y ya veo en su cara,
porque tiene la tuya, esa certeza nuestra que evadimos.
¿Cómo verlo a lo ojos mientras ríe, come, aprende
a decir agua, viendo en él un reflejo de ti; viendo
en su babero un sudario y no una tela sucia
por un trozo del mango cuyo sabor descubre apenas?

5
Tal vez no es más que una exageración. Al fin y al cabo,
lo sabemos, Quevedo, “Ah de la vida”, versos doce
a catorce. Acaso lo que queda es sólo esto: una absurda
cobardía, un afán que no encuentra dónde asirse,
un sonido de serruchos en el cedro y una plaga
de termitas, un trozo de plática inconclusa,
un pensarte cuando leo ciertas cosas, escucho
ciertos discos, un no saber cómo ver a tu hijo
y decirle algo de ti. Una culpa encendida:
un resquicio afilado por donde sabe deslizarse.
Una foto de ti en la nieve o en una tina grande
de metal o en una en que salimos abrazados.
Acaso eso también deba ser suficiente.

 

Emiliano Álvarez
Poeta y ensayista. Es autor de los poemarios: Otras voces (2009) y Nômen (2011).