El pasado 26 de octubre la editorial artesanal La Dïéresis cumplió seis años. En ese tiempo se ha consolidado como un proyecto artístico donde la belleza física de los libros corresponde armoniosamente al rumor de sus páginas. En un país de pocos lectores, el trabajo de este sello es un acto apasionado por defender la sobrevivencia del libro como objeto entrañable, siempre digno de nuestros más íntimos deseos. Lo que sigue son retazos de una conversación que sostuvimos con sus fundadores y editores.

En 2009, dos jóvenes poetas editan y encuadernan un par de libros con el fin de recaudar fondos para un largo viaje a Oaxaca. El formato es muy rústico, la idea muy informal. Tal vez en ese momento intuyen apenas el amor que les despertará el proyecto. No saben aún que los frutos de su trabajo irán moldeando una de las editoriales artesanales más originales y hermosas de México. Esos dos jóvenes son Anaïs Abreu d’Argence y Emiliano Álvarez. En ese primer paso, el nombre ya es definitivo: La Dïéresis, un signo de puntuación extraño en nuestra lengua que se suele emplear para afinar la métrica de algún verso. También porque la lleva el nombre de su fundadora y editora: Anaïs.

Poco a poco, ambos aprenden, con amigos, en cursos y talleres, el arte genuino de la edición artesanal. “Hemos aprendido leyendo, de manera autodidacta. Al hacer los libros sobre la marcha y leyendo. Lo básico es estar en contacto con los libros, para entender el diseño”, cuenta Anaïs. Poco a poco, el diseño y los formatos de La Dïéresis van abriendo una puerta que da a un jardín de asombros. Bolsas de té con haikús, versos impresos en un papalote (porque “el viento es de los que vuelan”), una caja de costura que se abre para mostrar textos bordados, un paquete postal que envuelve un poema, un libro-espejo para leer sus propias páginas al revés, entre otras creaciones, perturban al lector común y lo arropan en la cálida curiosidad de sus texturas y formas. Y así aparece una selección cuidadosa de autores cosechados con todo el gusto y el detenimiento del artesano: Sor Juana, Emily Dickinson, T.S Eliot, Sylvia Plath, Francisco Hernández, David Huerta, Francisco Segovia. El catálogo se extiende, hoy, a unos 30 títulos, en ediciones limitadas, ideadas y confeccionadas con el tiempo necesario para crear un juego de simetrías armoniosas entre la forma y el contenido. Pero imaginar ese jardín de asombros hasta hacerlo palpable implicó una serie de encuentros igualmente asombrosos, como se cuenta en los diálogos que siguen:

9 breves poemas japoneses, caja, impreso en bolsas de té, editorial La Dïéresis

Emiliano Álvarez: A la FIL hace unos años vino un editor italiano maravilloso que se llama Franco María Ricci. Es un aristócrata que hace unos libros de lujo, impresionantes, bellísimos, con muchos recursos.

Anaïs Abreu d’Argence: Muchos. De hecho, tiene un castillo donde mandó a hacer un laberinto.

Vista áerea del Laberinto della Masone en Parma, construido por la Fundación Franco María Ricci, y uno de los más grandes del mundo.

EA: Sí, un personaje interesantísimo. Fue amigo de Borges y de Calvino. Sus libros son de una elegancia brutal. Entonces le preguntaron qué era lo más importante para un diseñador y él dijo que leer a los clásicos, cosa que a nosotros nos conmovió mucho porque era lo que hacíamos. Leer libros y, a partir de esa lectura, proponer un diseño que lo acompañe de otra manera. Ese es uno de los propósitos de la editorial: ser propositivos con el diseño para que el contenido y el libro como objeto se complementen. Ese mismo concepto, que fuimos afinando conforme pasó el tiempo, era la intención inicial: las ganas de leer el texto y sacarle el jugo para plasmarlo en el diseño. Se inspira de tipógrafos también. Eso tiene que ver con un contacto con la lectura que te sensibiliza a lo que necesita un libro para ser hasta cómodo para leer: claro a la vista, etc…

AAd’A: Por ejemplo, él hacía mucho énfasis en la manera en la que agarras un libro: que al sostenerlo no tapes con tus dedos el texto. Su tipo de diseño justamente deja mucho más aire a los lados, abajo. Ese tipo de consideración de un lector para un lector es importante. La sensación con muchos libros, en los que hasta el color de la tinta puede ser incómodo para leer, es que lo hizo un diseñador, pero no un lector. Por eso Ricci siempre insistía en esa consideración, y a nosotros eso nos pareció maravilloso. Aprendimos bastante de él.

Edición del Tarot de Franco María Ricci con un texto de Italo Calvino

Entre otros aprendizajes, deciden llevar dos líneas editoriales: una, de libros-objeto o libros de artista, de la que se encarga Anaïs. La otra consiste en crear juntos la edición de una obra que admiran, como lo describe Emiliano: “nos sentamos, leemos una y otra vez el texto, hacemos lluvia de ideas y vamos concibiendo el diseño”. Esas ideas desembocan en libros que son desplantes de originalidad pura y absoluta.

AAd’A: En el caso, por ejemplo, de Espejo de Sylvia Plath, leí el poema y pensé en hacer un libro que tuviera justamente un espejo. Se lo conté a Emiliano y se le ocurrió que el espejo no fuera nada más un adorno. De hecho, el libro está impreso al revés: se lee gracias al espejo. Esa parte es la que los dos disfrutamos mucho. No sé si disfrutaríamos tanto hacer libros normales. Aunque no digo que no me gustaría hacer libros normales, a mí lo que me mantiene más entusiasmada es buscar cómo llevar ese contenido a la forma, e involucrarla.

Espejo de Sylvia Plath, edición bilingüe, editorial La Dïéresis.

EA: Por eso es interesante también usar tipos móviles, porque implica una creatividad increíble en cuanto a los diseños tipográficos que se pueden hacer. Esa forma de trabajar ha tenido éxito.

AAd’A: Claro, aquí en México está Juan Pascoe que hace libros bellísimos, sacándole el jugo plástico a los tipos móviles.

EA: Sí, y eso tiene otras implicaciones, nosotros más bien nos concentramos más en el aspecto de la encuadernación, del diseño, de las portadas, los objetos. Esta reflexión se hacía mucho en los libros de artista, que son como piezas de museo, muy exclusivas, con poca circulación, que no suelen tener texto. Nuestro interés es justamente mediar entre el libro de artista y el libro de contenido literario.

AAd’A: Claro, no hacemos libros de artista necesariamente, aunque tengamos algunos. Pero no es la tirada de la editorial. Nuestra idea es hacer libros que la gente sí pueda ver, tocar, abrir; y, en la que, a diferencia de los libros de artista, la esencia es el texto. No somos solo encuadernadores, no somos solo editores, pensamos que lo artesanal es lo importante. Si bien en este país lo artesanal es bastante menospreciado, sí creemos que es la forma más clara de describirnos: hecho con las manos.

EA: Claro, y no somos taller, por eso importa el aspecto editorial. Aunque hacemos tirajes muy pequeños, sí nos interesa que el texto se difunda. Siempre estamos apostando a los textos que queremos dar a conocer.


Papalote de Emiliano Álvarez, editorial La Dïéresis

Defensa de la poesía

La experiencia estética de la lectura se aúna al arte del libro como objeto: en la atracción de esos dos polos, forma y contenido, reside su labor editorial. A caballo entre el libro de artista y el libro clásico, La Dïéresis implica, sin embargo, un enorme riesgo comercial que roza con la dedicación desinteresada. Aunque han publicado narrativa y ensayo, está dedicada a un género que no vende: la poesía. Sin embargo, el arte de leer y escribir versos es la pasión irrenunciable que anima a estos dos editores incansables a seguir su camino.

AAd’A: Sí tenemos una pasión por la poesía. No solo es lo que hacemos sino que leemos mucha poesía,  nos interesa muchísimo. Y bueno, hay que pensar que editar así una novela es mucho más difícil también en el aspecto práctico: hacer un objeto, en esa unión de texto con diseño, con una novela es mucho más complicado. Emiliano y yo sabemos que si nos ganamos la lotería pondríamos una librería de pura poesía. No las hay. Cuando entras en México a una librería a buscar poesía, te dan ganas de llorar.

EA: Claro, la poesía es un género poco leído y dedicarnos exclusivamente a eso nos parece importante. Muchas veces pasa que cierta gente se interesa por nuestros libros, por la forma, por ese diálogo con el contenido. El diseño entonces es también una invitación a leer, una buena relación de difusión de la poesía.

The Love Song of J. Alfred Prufrock de T.S Eliot, edición bilingüe con version de Hernán Bravo Varela, editorial La Dïéresis

AAd’A: Además a veces la gente tiene una idea muy extraña de lo que es la poesía, como del siglo XIX.

EA: Sí, una imagen de que la poesía es muy romántica, muy grandilocuente, rimada y medida. Pasa, por ejemplo, con la Gatomaquia de Lope de Vega: no es un texto fácil, es del siglo XVII, de un español no tan común y además barroco, pero justamente la gente ve el objeto, le gusta, le gustan los gatos que además están de moda por Facebook, y se animan, y así el lector puede entrar a un texto que no hubiera comprado de otra manera. Nos gusta ese papel de difundir la poesía. Para nosotros, además, ha sido muy grata la generosidad y el amor al proyecto de ciertos poetas que publicamos (David Huerta, Francisco Hernández o Francisco Segovia).

AAd’A: Sí, por ejemplo, a Francisco Hernández lo conocimos porque aceptó ir a leer a una presentación nuestra: aceptó venir a leer sin conocernos. Y de entrada aceptó publicar con nosotros: así editamos Mi casa se cayó del caballo. Es un poema que Emiliano y yo habíamos escuchado y nos había encantado y él escogió ese para el tipo de trabajo que hacemos.

La Gatomaquia de Félix Lope de Vega, editorial La Dïéresis/Conaculta

EA: Con David Huerta, también, la relación se fue fortaleciendo mucho a partir del trabajo con la editorial. A él le dio muchísima ilusión publicar con nosotros. Y sentir que un poeta que admiramos profundamente como él está entusiasmado de publicar con nosotros y ver su libro trabajado en un formato como este es una motivación increíble. David, además, ni siquiera quería que le regaláramos sus ejemplares de autor. Y también nos ha comprado ejemplares y hace trabajo de difusión. Tiene puesta la camiseta de la editorial, ha escrito textos, es un espaldarazo increíble.

Tres poemas de David Huerta, editorial La Dïéresis

De tirajes y difusión

Muchas notas y textos han respaldado el ingenio, la dedicación y el amoroso cuidado de La Dïéresis. No sé cuántas más sean necesarias para reconocer con justicia el mérito de editoriales como esta. Es admirable el esfuerzo y la creatividad de dos personas que, en su tiempo libre, llegan a producir entre 6 y 10 libros al año, algunos de factura compleja, como el papalote o esa caja con muñecas escondidas y palabras cosidas con hilo, llamada Nudo, de Anaïs Abreu. Con tirajes de entre 10 y 100 ejemplares —excepto en las coediciones con Conaculta, que alcanzan el millar—, la difusión es escasa. La mayoría de estas obras de arte no caben en los escaparates de las librerías o no pueden entregarse como ejemplares de muestra. Sus ventas se hacen por internet o en ferias. Aun así, han conquistado a los buscadores de perlas: bibliotecarios o coleccionistas que admiran las ediciones limitadas, las piezas raras, la belleza inaudita de lo auténtico. De ese modo, La Dïéresis está presente en algunas bibliotecas públicas y privadas de Estados Unidos, como la de la Universidad de Stanford. Lamentablemente, en México ese interés no ha surgido en las instituciones. Parecería que no hubiera la misma cultura de valorización de estas maravillas de hilo, papel, tela y tinta. Sin embargo, perviven proyectos editoriales artesanales de enorme calidad, como el Taller Martín Pescador, ediciones Aueio (que dirige Marco Perini) o ediciones Acapulco. La Dïéresis se ha sumado a estas filas, tenues y discretas, de la perseverancia y el amor por los libros.

Nudo de Anaïs Abreu d’Argences, editorial La Dïéresis

En la era de la sobreinformación y el empobrecimiento causado por los soportes digitales, hay un regreso a las fuentes. Han vuelto los acetatos, los libros en papel no han muerto, el tacto recupera sus viejas nostalgias. Contra la aceleración y la pérdida de rumbos de nuestra era, La Dïéresis es una veleta que orienta hacia la pausa y la mesura. Los asuntos importantes vuelven a ser palpables y parpadean en La Dïéresis y su jardín de asombros. Al fin y al cabo, como afirmaba Salman Rushdie: “un libro es una versión del mundo. Si no te gusta, ignóralo, o bien ofrece tu propia versión a cambio”.

Álvaro Ruiz Rodilla
Editor de nexos en línea.