El Museo Nacional de Arte inaugura el próximo jueves 22 de febrero la exposición Caravaggio. Una obra, un legado. Se centra en la obra que Michelangelo Merisi de Caravaggio pintó en 1595 titulada La Buona Ventura, que supone uno de los primeros acercamientos del pintor al claroscuro. La acompañan una serie de pinturas tanto novohispanas como europeas que se inscribieron en el movimiento del tenebrismo. Para acompañar la visita de nuestros lectores, recomendamos los siguientes libros.
Otra manera de mirar
La exposición de Caravaggio coincide con la reciente traducción al español de una obra original e íntima del escritor y crítico de arte John Berger (1926-2017). Se trata de una compilación de textos sobre artistas, muy variados y de todas las épocas, que el británico publicó a lo largo de cincuenta años en distintos medios, todos muy a tono con la serie televisiva de la BBC que lo hizo famoso en los setenta: The ways of seeing. Son textos que, si bien no pasan de las cinco cuartillas, ensayan a cada uno de los artistas de formas complejas; Berger hace asociaciones inesperadas entre movimientos, inspiraciones desconocidas, e incluso con momentos de su vida personal.
Ese último es el caso del apartado que dedica a Caravaggio. Lo describe como su pintor favorito por el acercamiento que tiene a luz y a la sombra, a la manera en que lidiaba con ellas. Para Berger, el hecho estético más importante del italiano no era casual, sino que se mezclaba inextricablemente con “sus deseos y su instinto de supervivencia” en un contexto de bajos mundos, sexo y violencia. Nos encontramos a Caravaggio en otros momentos del libro, pero revelarlos al lector sería quitarle la experiencia de una historia del arte totalmente distinta. El libro en su conjunto revela el genio de Berger, pero también la posibilidad de una forma de acercarse al arte más libre, en donde la erudición queda directamente relacionada con la asociación de ideas menos obvia. Como ejemplo, en estas mismas páginas se puede leer el texto que dedica al Bosco, pero que protagoniza el movimiento zapatista.

John Berger, Sobre los artistas (traducción de Pilar Vázquez Álvarez), Madrid, Editorial Gustavo Gili, 2017.
Caravaggio y el tenis
Si el lector quiere asociaciones libres, la mejor recomendación de lectura que le podemos hacer es la novela de Álvaro Enrigue, Muerte súbita. Galardonado con el Premio Herralde de novela 2013, este libro se centra en un detalle de la vida de Caravaggio que es bien conocido pero poco recordado: su afición al tenis. De hecho, suponemos que el pintor jugaba a la pelota con suficiente pasión como para que durante mucho tiempo se le atribuyera a uno de esos juegos el asesinato de Ranuccio Tomassoni, crimen que lo obligó a abandonar Roma de por vida.
Seguramente inspirado en este episodio, el libro de Enrigue se centra en una partida mortal en la que los contendientes son nada menos que Caravaggio y el gran poeta español Francisco de Quevedo. El autor ha dicho que el enfrentamiento busca retratar las dos maneras de ver el mundo de la Contrarreforma, contexto en el que el pintor vivía y que es particularmente importante al momento de considerar su obra religiosa. Como parte de este mismo escenario, el autor habla de Enrique VIII, de Galileo, de la Conquista de México, y los temas rebotan junto con cuatro pelotas de tenis, supuestamente hechas con la cabellera de Anna Bolena. Para relatarnos todo esto, Enrigue se balancea muy sutilmente en un columpio que oscila entre la historia y la ficción; tanto, que su relato del momento en que Caravaggio pintó y transportó a la iglesia de San Luis de los Franceses en Roma su obra La vocación de San Mateo, probablemente haya sido tal cual lo describe. Son los últimos años del siglo XVI, ese momento bisagra del Renacimiento en el que aparece “alguien que descubrió que las formas en el espacio no son alegorías de nada más que sí mismas y eso es suficiente”.

Álvaro Enrigue, Muerte Súbita, Barcelona, Anagrama, 2013.
Las dos caras del genio
El asesinato de Tomassoni es un episodio entre muchos en la vida de Caravaggio que nos han causado curiosidad y morbo. Como si no creyéramos que este genio creativo pudiera ser el mismo personaje que pasó por Roma, Nápoles y Malta dando golpes, asaltando, aventando piedras y clavando espadas, abundan las elucubraciones sobre el origen de su violencia, pero también sobre su homosexualidad y las apuestas, las prostitutas y mendigos que lo rodeaban. Estos temas aparecen una y otra vez en las biografías del pintor como si fueran un misterio aún por resolverse.
Asumiendo plenamente esa obsesión, el historiador del arte Andrew Graham-Dixon dedicó más de diez años a escribir una biografía sobre Caravaggio que, siguiendo con la tradición maniquea, publicó con el título de Caravaggio. Una vida sagrada y profana. Buena parte de sus fuentes provienen, en efecto, de archivos criminales. La cantidad de veces que fue arrestado el pintor permite seguirlo en las paradas que hizo mientras huía de la ley, aunque siempre con algún encargo de obra por parte de la aristocracia italiana. La historia que cuenta Graham-Dixon es divertida y amable con el aficionado; uno de los mejores atributos del libro son las descripciones narrativas de las pinturas. Al mismo tiempo, el autor se acerca a Caravaggio con un ánimo psicoanalítico que no deja de ser entretenido pero que desentona un poco. Entre sus interpretaciones de la personalidad del pintor está, por ejemplo, que Cravaggio se volvió un “canalla” por “definirse en oposición a su hermano, que era un niño bueno”, lo cual solo se sumaba al hecho de la ausencia de figuras masculinas importantes en su niñez. Para muestra de esta forma particular de hacer historia del arte, un botón.

Andrew Graham-Dixon, Caravaggio. Una vida sagrada y profana (traducción de Belén Urrutia), Madrid, Taurus, 2011.
Más allá de Caravaggio
La figura de Caravaggio se extendió rápidamente y esto no solo se reflejó en la cantidad de encargos públicos y privados que ocuparon sus días, sino en la admiración e inspiración que significó para sus colegas. La historia del arte ha encontrado la mejor prueba de esto en los cientos de copias que se hicieron de su trabajo, incluso en vida. Algunas son difíciles de reconocer y otras quisieron imitarlo sin reparar en que hacía falta tener su genio, y entre todas hay un cuerpo enorme de obra que al día de hoy sigue sometiéndose a estudios y experimentos para saber si son o no caravaggios. Al mismo tiempo, sabemos que también hubo quien se inspiró en el italiano para crear obra original, desde José de la Ribera a Rembrandt.
Un nombre que se empieza a valorar en este sentido es el de Valentin de Boulogne, seguidor improbable de Caravaggio dado su origen francés. No quedan muchas obras suyas, pero casi la totalidad de su trabajo se expuso el año pasado en el Louvre después de pasar por el Metropolitan Museum of Art de Nueva York. Como parte de esta primera exposición individual de Boulogne, se publicó un catálogo que repasa la escena artística en Roma a principios del siglo XVII —cuando Caravaggio ya se había ido pero en donde dejó muchos aprendices—, los pocos detalles que tenemos de la vida del francés, su influencia en pintores del siglo XIX y algunos de los motivos que distinguen a su obra, entre los cuales los estudiosos rescatan “la melancolía”. Un comentario sobre dicha exposición se puede leer aquí.

Annick Lemoine y Keith Christiansen, Valentin de Boulogne. Beyond Caravaggio, Nueva York, The Metropolitan Museum of Art, 2016.
Caravaggio XX
Y para encontrar influencias inesperadas de Caravaggio, retomamos con agradecimiento la recomendación que nos hizo Paulina Morales, una de nuestras reseñistas. El libro Quoting Caravaggio no se centra en el tenebrismo, ni en los clochards que le sirvieron de modelos al italiano, o en las escenas oscuras de su vida. Busca, más bien, explicar la influencia del barroco como movimiento y como epistemología en el arte del siglo XX. El autor, Mieke Bal, encuentra a Caravaggio incluso cuando no hay ni asomo de su trazo; equipara, por ejemplo, la relación que un artista como Ken Atketar y sus referentes históricos puedan crear con el espectador, y aquellos que la Medusa de Caravaggio sugiere. El libro es una provocación para reflexionar sobre las posibilidades que el pasado tiene de permanecer, de maneras que son perfectamente historiografiables, en aquel lugar que uno supone el más cambiante de todos: el arte.

Mieke Bal, Quoting Caravaggio. Contemporary Art, preposterous history, Chicago, University of Chcago Press, 1999.