Zoom (Canadá, 2015)
(Zoom)
Director: Pedro Morelli
Género: Drama/Comedia
Guionista: Matt Hansen
Actores: Alison Pill, Gael García Bernal, Mariana Ximenes

 

Hace aproximadamente seis años, el productor Niv Finchman (Blindness, 2008) se encontraba en busca de talentos jóvenes con ideas frescas. Su búsqueda la llevó a reunirse con un jovencísimo Pedro Morelli —en ese entonces de de 23 años y sin ninguna película en su filmografía—, a quien pidió una idea original, sin concesiones ni reservas. Desde ese momento, pasaron cinco años para que el brasileño diera rienda suelta a su imaginación y creara —con ayuda del guionista primerizo Matt Hansen— Zoom, una película que se vale de la metaficción y la animación rotoscopiada (similar a la que empleó Richard Linklater en A Scanner Darkly), para guiar al espectador en una exploración a la belleza, las apariencias y las consecuencias que éstas desencadenan.

La cinta nos muestra a tres personajes: Emma (Alison Pill), una caricaturista geek que trabaja en una fábrica de sex dolls; Edward (Gael García Bernal), un exitoso director de éxitos cinematográficos hollywoodenses, muy a la Michael Bay, y Michelle, una modelo brasileña con aspiraciones literarias. Aunque los protagonistas viven en mundos distintos, un factor los une: cada uno es autor de la vida de otro de ellos. Una metaficción bastante sencilla que sólo nos deja una pregunta: ¿quién de los tres es el creador de todo?

Lo primero que llama la atención en esta pieza es, obviamente, la estética. El uso del rotoscopio para retratar el mundo de Edward —que en realidad es un cómic dibujado por Emma—, es quizá el mayor logro de la cinta. Si bien es una historia fácil de seguir, el hecho de que al menos una de las historias tenga un concepto visual tan marcadamente distinto genera una claridad mental que siempre se agradece en cualquier obra que pueda ser definida con el prefijo meta. En el cine suele haber una idea equivocada en la que, mientras más confusa sea una película, más intelectual resulta. Sin embargo, no siempre es el caso. Muchas veces simplemente el realizador —sin importar si es un novato o un cineasta renombrado— falla en comunicar su idea. Morelli salió ileso en este sentido, con una historia contundente, apoyada con universos bien definidos en términos visuales.

El problema de Zoom está en su acercamiento temático a la belleza. Mientras que Emma sufre por no verse como una de sus exuberantes y sensuales caricaturas, Edward y Michelle sufren el otro lado de la moneda: su belleza y su frescura no dejan que la gente pueda verlos como algo más que rostros atractivos y “con onda”. Más allá de la forma, el discurso del director en cuanto a estas cuestiones no aporta nada nuevo a la conversación. Quizá un par de momentos cómicos, pero nada más. Con un tema tan explorado, es deber del director indagar en lo más profundo de la belleza, desgarrarse con los personajes y sacar de ellos una moraleja contundente. En esto, la historia falla enormemente.

Zoom no es una película que logre volarle los sesos al público —ni por brillante ni por compleja—, pero sin duda ofrece una propuesta palomera mucho más interesante que la mayor parte de sus contrincantes en cartelera. 

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Publicado en: Cine