Yuri Herrera entra sin tropiezos en la ciencia ficción

El libro más reciente del escritor mexicano Yuri Herrera es su primera compilación de cuentos inéditos y su primer experimento con la ciencia ficción. Sin duda demuestra la versatilidad de un narrador que sabe armonizar sus registros.

El salto de la novela al cuento es sólo uno de los giros entre Diez planetas (2019) —el libro más reciente de Yuri Herrera— y sus textos anteriores. De acuerdo con De la alegoría a la palabra: el reino de Yuri Herrera (UNAM, 2019),volumen crítico sobre su narrativa, la popularidad de sus novelas ha eclipsado los cuentos y relatos cortos.1 Así es que Diez planetas es el primer libro de cuentos inéditos del autor, pensados en conjunto como una obra unitaria y con una distribución a mayor escala.

Mientras que su famosa trilogía novelística2 se considera narrativa de la violencia, Los ojos de Lía (Sexto Piso, 2012) narrativa juvenil y El incendio de la mina El bordo (Periférica/ El Quinqué cooperativa editorial, 2019) consiste en un relato de no ficción sobre una tragedia al interior de una mina hidalguense, Diez planetas se anuncia como un libro de ciencia ficción.

No soy una gran lectora de ciencia ficción y como neófita del género tenía varias ideas preconcebidas sobre lo que iba a encontrar: distopías grandilocuentes con temas varios como la rebelión de los smartphones, un ejército de hombres-anfibio dedicados a clonar presidentes o la implosión cerebral de la humanidad causada por un exceso de videoconferencias. Lo que no esperaba era que el primer cuento fuera sobre la pérdida de la memoria, una historia en donde el alzhéimer o la demencia senil son escenarios tan apocalípticos como sería que en este momento llegara una invasión de marcianos.

Algo pasa con la escritura de Herrera que se sale de los moldes que la contienen.Aunque en varias ocasiones él mismo ha señalado que no escribe narcoliteratura y en sus novelas omite de manera consciente términos tan evidentes como “cártel” o “narcotráfico”, ha sido considerado uno de sus principales exponentes. Tal vez por eso, cuando hace algunos años empecé Trabajos del reino (2004), su primera novela, lo hice sin demasiado entusiasmo, porque esperaba una réplica de las escenas sórdidas que llenan muchas primeras planas mexicanas. Pero igual que con Diez planetas, la historia pronto se trató de algo más. Era la violencia que podría situarse al norte del país, sí, pero también era la historia deuna sociedad estamentaria en un feudo. Un pedazo de tierra al margen del Estado, amparado bajo la protección de un rey y a la espera de ser conquistado por el reino vecino. De eso se trata entonces, al menos para mí, lo emocionante de la propuesta de Yuri Herrera, de desmontar los prejuicios del lector y abandonar las clasificaciones y los cintillos de los libros cuyas generalidades tan obvias crean expectativas vacías: “continua torsión de la perspectiva humana”, algo similar a leer “Alto en sodio” en una bolsa de Cheetos.

Por casualidad, la serie que acompaña mi confinamiento estos días es X-files o, como la conoce el selecto público que creció viendo canal 5, Los expedientes secretos X. De acuerdo con los fanáticos de la serie, y los guionistas supongo, en la historia de Mulder y Scully existe un mytharc o trama principal y una serie de capítulos de relleno con monstruos y fenómenos paranormales diversos, pero ajenos a la conspiración gubernamental y al villano del cigarro. Algo similar ocurre con los cuentos de Diez planetas, donde hay un arco principal sobre la Tierra recién despoblada y un conjunto de otros relatos como la solitaria que cobra conciencia de su devenir en la tripa o el descubrimiento de que el secreto de la mente humana reside en la topografía de la nariz.

Es difícil no caer en el lugar común de hacer una analogía entre lo ocurre en los cuentos y el panorama mundial actual. Más difícil todavía si lo que nos anunciaron tantas veces las películas de Charlton Heston parece ser nuestro final más inmediato. Aun así, en este libro las narraciones sobre la catástrofe no dan cuenta de la tragedia en mayúsculas sino de los detalles al margen, como la burocracia que trasciende las fronteras interplanetarias o la emoción por encontrar un perro en medio de otra galaxia. Diez planetas es un inventario de los grandes asuntos de las cosas chiquitas.

En un ensayo sobre la ciencia ficción en México,3 Gabriela Damián recupera la cita de Ursula K. Le Guin sobre la revalorización que merece el género: “¿Se dan cuenta de que para mis tres hijos la ciencia ficción no es una forma menor de la literatura que involucra hombrecillos verdes, creada por escritorzuelos despreciables, sino una profesión muy recta y honorable, la clase de trabajo que tu propia madre haría?”, así como el deseo de esta última por que Philip K. Dick aparezca en las librerías junto a Charles Dickens y no junto a Elmer T. Hack. En el caso de Yuri Herrera, su nombre aparece en el estante de los autores “serios”, lejos de géneros tan vilipendiados como la literatura infantil y juvenil o, en este caso, la ciencia ficción, aunque es un practicante de ambos. En el cuento “Zorg, autor del Quijote” uno de los personajes exclama: “sabes lo previsible que me parece la ficción especulativa. Es formulaica, es efectista, es adolescente” y acto seguido añade que “a pesar de que no es narrativa seria, hay algunas ideas que son verdaderos hallazgos”. Con diálogos como el anterior, en Diez planetas parece haber una consciencia del género “menor” en el que se sitúa y cómo será leído.

Aunque la valorización de Herrera responde a instituciones literarias, como centros de estudio e institutos de investigación, cada vez más inclusivas o en su defecto menos rancias, tampoco se trata de un hecho fortuito. En su estudio sobre el lenguaje en las novelas herrerianas, Eugenio Santagelo menciona que en Trabajos del reino y Señales que precederán al fin del mundo existe un esfuerzo por deslindarse de una lectura inmediatamente referencial,4 lo que permite leerlas como narconovelas pero también como novelas de formación, por mencionar solo una de las múltiples lecturas posibles. Creo que este es un mecanismo en la escritura de Herrera, y de muchos contemporáneos suyos, en respuesta a una consciencia muy clara de los públicos a los que van dirigidos. En Diez planetas aparecen referencias a la literatura de género y a tradiciones encumbradas como Borges o Melville, algo como encontrar al autor del Quijote en una galaxia muy muy lejana. Con esto, aunque el cambio de género resulte arriesgado, en Diez planetas el registro que oscila entre lo que algunos aún llaman alta literatura —y quisieran seguirlo escribiendo con mayúsculas solemnes— y los géneros marginales se mantiene en sintonía con el resto de su obra.

 

Ana de Anda
Cursa la maestría en Letras Mexicanas de la UNAM.


1 Estos últimos han aparecido de manera dispersa y en 2016 se recopilaron parcialmente bajo el título Talud (Literal Publishing) y poco difundido en México.

2 Me refiero a: Trabajos del reino, 2003 y reeditada en 2008; Señales que precederán al fin del mundo, 2009 y La transmigración de los cuerpos, 2013; todos publicados en Periférica.

3 Gabriela Damián, “La mano izquierda de la ciencia ficción mexicana”, Letras Libres, 01 de octubre de 2018.

4 Eugenio Santagelo, “Comunidades que jarchan: políticas de la lengua y el habitar en las tres novelas de Yuri Herrera”, en De la alegoría a la palabra: el reino de Yuri Herrera,México,UNAM, 2019.