Yo siempre he querido ser una escritora de terror:
María Fernanda Ampuero

Si con Pelea de Gallos María Fernanda Ampuero se posicionó como una de las cuentistas más destacadas en Hispanoamérica, con Sacrificios humanos (Páginas de espuma, 2021) se consolida como una de las representantes más ambiciosas del género. En este nuevo volumen, la escritora ecuatoriana tiende vasos comunicantes entre sus dos obras cuentísticas, pues a los largo de los doce relatos que componen este nuevo universo narrativo, la autora vuelve, como agua queriendo gastar la piedra, a sus temas predilectos: la violencia en el cuerpo femenino y la familia como génesis del mal.

Aunque estos dos leitmotiv aparecen constantemente en sendos libros, Sacrificios humanos gana fuerza pues incorpora dos temas fundamentales para Ampuero (Guayaquil, 1976): la migración y el terror. En entrevista desde Sitges, Barcelona, la también periodista confiesa su amor por el género del horror y su condición de migrante, que fue trascendental para escribir el cuento que sirve como obertura para este libro, “Biografía”.   

Alberto González: Es una decisión muy atinada iniciar el libro con “Biografía”, pues el lector cruza un umbral y ya sabe que debe prepararse para un ritual del caos. ¿Por qué iniciar con este cuento, el cual combina tus diversas obsesiones literarias? 

María Fernanda Ampuero: Fíjate, es  muy clave lo que dices, pues “Biografía” fue un cuento que siempre, de alguna manera, supe que iba a escribir y no encontraba la voz ni el tono ni la poética para contarlo. Es una historia que está muy cerca de mi vida: yo migré en 2005 a España y estuve indocumentada un par de años, me postulé en una página de búsqueda como escritora de biografías, por lo que viajé al norte para escribir una biografía de un hombre. Aunque no sucedieron las cosas de horror que narro en el cuento, sí hay similitudes, sobre todo en el miedo que pasé.

La migración es una de mis obsesiones, sobre todo porque siento que los países van encontrando formas más eficientes y crueles de usar a los migrantes. La migración no sería posible si no hubiera una manga ancha de empresarios y de gente que utiliza a estas personas que cobran nada y que además no tienen derechos y están asustadas, por lo que muchos negocios no serían lo que son, entonces hay un mundo subterráneo donde está esa gente, pero no está; que es visible, pero invisible. Desde el inicio pensé que la migración iba a ser lo que le diera el nombre al libro.

Por otra parte, es un homenaje a todo el cine y literatura de terror con la que me formé, a Bram Stoker, con ese recorrido de este persona en Drácula que va al castillo y todo va cambiando, también a Hansel y Gretel, a las películas de asesinos en serie, como Hannibal Lecter, de gente que es extremista religiosa y tiene una voz que le dicta matar a los impuros: todo eso estaba ahí.

AG: Qué bueno que mencionas la literatura de terror, pues es otro de los rostros de tu libro, que lo hace sustancialmente diferente a Pelea de gallos. Háblame de este gusto por este género.

MFA: Yo crecí con el terror a mi lado, era parte de mi vida. Comenzó a ser mainstream en mi generación con la aparición  de las sagas de Halloween, de Freddy Krueger y de Viernes 13, así como de todos esos personajes, como La mosca, de Cronenberg, o Alien, de Ridley Scott, La guerra de las Galaxias, E.T; es decir, fue una época muy fértil en ciencia ficción, fantástico y terror. A mi hermano y a mí nos encantaba, fuimos un dúo que crecimos con Dimensión desconocida, con Alfred Hitchcock presenta. En Ecuador había un programa todos los sábados a las tres de la tarde llamado Monstruocinema, y pasaban los clásicos de terror en blanco y negro. Recuerdo que en ese tiempo se comenzaban a adaptar los libros más importantes de Stephen King; en mi adolescencia Misery, IT, Cementerio de animales, Salem slot, que para mí sigue siendo una cosa aterradora, pero también El resplandor, La niebla. Entonces fue una cosa muy importante. Y luego era muy fácil pasar a la literatura. En Guayaquil, donde crecí, había muy pocas librerías, por no decir ninguna, pero siempre alguien tenía, de alguna manera, algún libro de King o de terror, y mi hermano y yo coleccionábamos La biblioteca básica de misterio y terror. Ahí mezclaban a Poe y a Maupassant, con cualquier anónimo que se había inventado una historia sobre cangrejos o lo que fuera. Yo siempre he querido ser una autora de terror, ser considerada eso, como una cosa personal. Quiero ser parte de ese grupo de gente que admiro tanto.

AG: Quiero concatenar el término de saga, pues tu literatura es una especie de saga familiar. Es muy fácil hallar dentro de tus cuentos, por ejemplo “Hermanitas”, una cierta tensión entre los integrantes de una familia o conflictos causados por algún problema con el padre o la madre. Háblame de ello, María Fernanda.

MFA: En España descubrí una frase que era más impresionante para mí: “que la casa arda, pero que no salga el humo”. Me pareció increíble e impresionante, pues es un poco lo que nos pasa a todos, todas y todes; es decir, una familia que tiene un hijo o hija homosexual y lo esconde, esta vergüenza que había de que haya una familiar con síndrome de Down o que tenga alguna enfermedad mental o física o deformidades, vergüenza de ser un freakshow, que la sociedad ve a ciertas personas como parte de un freakshow (bueno, a casi todas), a las que no somos como ellos, física o normativamente. Por eso me obsesiona la familia y su maldad, y cómo la propia familia es la que ejerce la mirada de sus miembros de qué es lo normal y para mí ese es el origen del mal.

Además, has sugerido en tus preguntas lo que incluye mi universo, que es la familia, así como el tema del cuerpo normativo, de cuerpo no normativo, del cuerpo como una sexualidad incontrolable, el cuerpo como lugar de violencia, y también la casa como un cuerpo que está podrido, un cuerpo que también oculta, que parece muchas cosas y luego no lo es: dentro suceden muchas cosas, sanas e insanas, que se van pudriendo.

AG: También eres periodista, María Fernanda. ¿Cómo ha influido tu experiencia como cronista en tu narrativa de ficción?

MFA: Estoy muy orgullosa de ser periodista. A mí nunca me pareció que la crónica periodística fuera un género distinto a la novela, el cuento o la poesía, pero en un momento dado sentí que para abordar ciertos temas necesitaba la realidad, la verdad. En el periodismo puedes llegar a un punto de la verdad que se corta en la comunicación; es decir, tú no sabes qué piensa la otra persona y no te lo puedes inventar, entonces allí termina todo, en lo que la persona te dice. Tú no puedes elucubrar lo que está pensado.

Me siento muy orgullosa de que la editora de mis textos haya sido Leila Guerriero. Ella escribe muy poética, con muchas imágenes y metáforas. Es una gran escritora. Me guiaba, quería que mis textos fueran más que leídos, vistos por la gente, pero que todo fuera absolutamente apegado a la realidad, todo comprobable. Sin embargo, yo sentía que había ciertos temas que yo quería tratar desde la verdad más profunda, desde su tuétano y su dolor, y la crueldad y la familia, y todas las familias tienen un fantasma, y para escuchar las psicofonías debes creer en que las hay. Como periodista no podría escuchar esas psicofonías porque son cosas que le avergüenzan a la gente, entonces necesitaba ir al fondo, necesitaba escribir algo como “Subasta” [cuento de Pelea de gallos], que no es una crónica periodística sobre un secuestro, como podría ser descrito, sino visto desde esta niña que ha vivido rodeada de violencia, de hombres, que le quieren hacer daño, y que se busca la vida para generar repugnancia, y ahí entra la parte de la ficción.

AG: Ya que estamos en temas de géneros literarios, ¿piensas escribir algún otro género, ya sea poesía o novela?

MFA: Es una pregunta difícil. No es que para mí sea fácil escribir, pero tampoco lo siento como una tortura (como le sucede a otras personas), pues si sintiera que lo es, simplemente no escribiría. No es mi forma de ganarme la vida: quien cree que por tener dos libros de relatos que se han vendido más o menos bien, se puede vivir de eso, está completamente equivocado. No soy Dan Brown, ni Villoro. No vivo de eso. Se trata más de lo que quiero genuinamente contar, de lo que quiero decir, incluso gritar, entonces yo forzarme a escribir algo que venda mejor (pues la novela vende más), o que una editorial me ponga un dinero sobre la mesa, sin dudarlo, no lo haría.

Yo no quisiera que ni la gente —ni yo misma— me diga que me esforcé porque el mercado paga mejor una novela cuando yo me siento en mi cancha con el cuento. Siento que más allá de lo que escribo, por ejemplo “Biografía”, que tendrá diez páginas, yo no sé manejar la tensión, que es importantísima en la forma que yo tengo de escribir. La novela necesita otras cosas. La novela no puede sostenerse si la persona que la está leyendo está sosteniendo la respiración bajo el agua: yo pretendo que esté bajo el agua, pero te doy tres o cuatro páginas, no 150; entonces quizá sea falta de herramientas. Yo me siento muy cómoda en este género, que para mí se hermana más con la poesía que con la novela. Siempre he querido ser poeta. Es de mis géneros favoritos. Le debo muchísimo a los poetas, sobre todo a César Vallejo y Alejandra Pizarnik, y creo que que hay esa pulsión poética en mis relatos y eso me gusta.

AG: Si pensamos en modas o en lo que sugiere el mercado, hoy se ha puesto en marcha toda una maquinaria, periodística sobre todo, para llamar “nuevo Boom” a un fenómeno literario formado por escritoras. ¿Qué opinión tienes al respecto?

MFA: No hay un Boom. Al principio era lindo, estábamos todas juntas, nos queremos un montón y coincidimos en ferias y eventos, nos leemos unas otras, ninguna se da puñetes, pero ya es cansado lo del Boom. Llegó a un límite en el que el periodismo literario, en su afán por etiquetar, ha decidido llamarle así a que las mujeres publiquen, y las mujeres publican desde los Sumerios; es decir, desde los inicios de la escritura hay una mujer. Y en los griegos está Safo. Que las mujeres escriban deja a la gente perpleja, cuando somos el 50 % de la población.

A mí me molesta, pues además hace pensar en aquel otro Boom, que fue una movida de marketing que intencionalmente oscureció a la mujeres que brillaban en ese momento. Nunca voy a aceptar que Jorge Amado, por ejemplo, es mejor que Clarice Lispector o Nélida Piñon, que estaba ya ahí. Sin embargo, si hablas del Boom no está ni Nélida, ni Clarice, ni Alicia Janes, ni Armonia Somers, ni Marosa Di Girogo, ni Lupe Rumazo, ni Elena Garro ni un montón de mujeres a las que se les silenció y oscureció. ¿Cómo vamos a decir que es excepcional que muchas mujeres publiquen, cuando es natural? Aunque parece que nos favorece, otras vez se está diciendo que las mujeres son un ghetto que hacen una cosa que no deberían estar haciendo.

Lo del Boom me cansa y nos tiene cansadas a todas. Lo que hace ese término es separatismo, hace que sólo mujeres vayan a oírnos hablar a las mujeres. La literatura es otra cosa. Hacen una mesa donde están los hombres y va un público mixto; hacen una mesa de mujeres y sólo van las mujeres. Hasta cuándo seguiremos hablándonos a nosotras mismas.

AG: ¿Qué lectura te ocupa en este momento?

MFA: Como fue la Feria del Libro de Madrid hace unas semanas, me compré el último libro de Cristina Rivera Garza, El invencible verano de Liliana, y no tengo palabras para expresar no sólo mi admiración por ella, sino su valor, su dolor, su herida.

A mi tía favorita la mató su ex novio cuando yo era adolescente y nunca nadie le dio palabras a ese asesinato y yo he llorado mucho con Liliana y he llorado mucho con mi tía mientras leía, pues nadie ha hablado de esa historia. Habrán pasado 35 años y nadie ha hablado sobre esto, entonces en todas nuestras familias hay una historia de estas. Cristina hurga en la burocracia mexicana en un país donde hay tantas desaparecidas, un país donde cada día hay 11 mujeres más desaparecidas. Estoy entre no querer acabarlo, lo cierro, lo pienso, pienso en mi tía, pienso en Liliana, en lo que mi tía y Liliana serían hoy. Así que no quisiera mencionar ningún otro libro después de este. Creo que merece un silencio respetuoso después de hablar de él.

 

Alberto González
Periodista, narrador y poeta. Editor del sello Ediciones del Lirio, es autor del libro de poesía Nebde


Un comentario en “Yo siempre he querido ser una escritora de terror:
María Fernanda Ampuero

  1. Me gusto mucho la entrevista del periodista narrador y poeta Alberto Medrano a Ma. Fernanda. Excelente libro , muy buenas preguntas Felicidades por su libro

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