Whitexican: hacia una definición crítica

Este neologismo en spanglish cada vez se incorpora más a nuestro lenguaje cotidiano, aunque nadie sabe con exactitud qué ciudadanía designa entre clase social y raza. ¿Tendrá alguna función más allá de la burla y la sátira? ¿Podrá fungir como categoría crítica con verdadero sustento ideológico e histórico? El siguiente ensayo ofrece algunas vías para interpretar las posibilidades expresivas del término.

Aunque no es del todo claro quién acuñó el término, lo cierto es que a partir de 2018 se popularizó ampliamente en las redes sociales y ya es parte básica del vocabulario. En Twitter circula al menos desde 2008. En Instagram acompaña como hashtag, ya sea de manera satírica o envanecida, a miles de fotos. Google Trends arroja un dramático incremento de consultas sobre “qué es whitexican” desde el mismo año.

Su ascenso en el discurso público resulta particularmente interesante por dos razones: más allá de su acierto eufónico, es un neologismo que ha resonado hondamente entre los usuarios de redes; es claro, por otra parte, que no existe un entendimiento consensuado sobre lo que significa o representa. De ahí que propongamos, en este texto, aclaraciones tentativas, y menos definitivas.

Historia, ideología y raza

De acuerdo con la cuenta de Twitter Cosas de Whitexicans, principal difusor del término, whitexican no hace referencia al color de piel sino a las actitudes discriminatorias de un sector privilegiado. Es decir, buscaría nombrar un aspecto ideológico de la estructura social mexicana.

La definición de blanquitud que ofrece Bolívar Echeverría podría ser útil en este caso: una forma de ser conforme a la modernidad capitalista. Como ya señalamos en un artículo anterior, Echeverría distingue entre “blanquitud” y “blancura”, pero cae en el error de desarticular el nexo constitutivo entre clase y “raza”, fraguado durante la acumulación originaria del colonialismo y la esclavitud. En un sentido materialista, la raza es una relación histórica que reproduce jerarquías enraizadas en la dominación de clase con el interés de mantener y justificar la división de trabajo. Lo whitexican, si se define por su posición en las relaciones de producción, ocuparía la cúspide de un cuerpo social cuya formación responde a un largo y contradictorio proceso histórico.

Es posible aventurar, por tanto, que la expresión whitexican alude a un orden social que dejó intacto un sistema de castas en el que aquellos que pueden ser identificados como descendientes europeos se sientan en la cima de la pirámide social. Inadvertidamente, los whitexicans abrevan de una corriente de nostalgia colonial que mira con creciente añoranza y proximidad al poder económico y cultural de Estados Unidos, una corriente de identidad arraigada en un imperialismo europeo que deviene hegemonía estadunidense. De ahí que sea un neologismo en inglés: invoca el continuo histórico entre el colonialismo hispano y la americanización del capitalismo, el canal patrimonial que une a los criollos aristócratas con la burguesía cosmopolita.

Si nos remitimos a Cosas de Whitexicans, repositorio de expresiones y actitudes habituales entre las clases altas, podemos dar cuenta de la ideología que alimenta lo whitexican: recoge nociones racistas y posturas políticas conservadoras que resuenan con los imaginarios de la derecha latinoamericana, una que exalta la blancura hispana y rechaza violentamente la indigeneidad. Sin embargo, la condición de “ciudadano de mundo” del whitexican se contrapone al conservadurismo nacionalista, dando paso a una suerte de identidad posnacional definida por el consumo mercantil. Por lo tanto, su mexicanidad parece accidental: las élites tienden a blanquearse identitaria y fenotípicamente, lo cual se reproduce de manera sistemática en prácticas de consumo.

A tal efecto, las prácticas frecuentes de apropiación cultural entre emprendedores urbanos, descritas con lucidez por la escritora ayuujk Yásnaya Aguilar, tantean la silueta del whitexican. Dichas prácticas constituyen una operación ideológica que fija la estructura material de clases sin deshacerse de las contradicciones propias del mestizaje: exhiben, por un lado, una forma de folclorización celebratoria de las supuestas raíces profundas de lo mexicano, mientras por el otro practican un abierto rechazo a las formas culturales y políticas que toman en el presente. En lo whitexican, así, sobrevive la memoria del hacendado: orgullo paternalista de las expresiones culturales que domina pero de las que no forma parte.

Ilustración: Dante Escalante

A la luz de otros coloquialismos comunes

Como categoría, whitexican se incorpora a una larga tradición de coloquialismos racializados que, a pesar de formar parte del lenguaje popular, o precisamente por ello, se resisten a las definiciones consensuadas. Vista así, refunda expresiones que encierran sensibilidades coloniales —como “gente bien”, “fresa”, “criollo”, “güero”— en tiempos en que los procesos de aculturación estadunidense y la hegemonía del inglés siguen en auge.

Es la última versión de términos informales para referirse al cruce, nunca del todo escindido, entre las personas de fenotipo occidental y la cultura dominante. Esto no impide que, al igual que otras expresiones que encasillan y demarcan, su uso genere confusión.

Pareciera que ante el desconcierto y la amonestación que provocan las nociones raciales en México, las personas se refugian en definiciones socialmente aceptables. “Naco” resulta el término paradigmático: atrapado entre la blasfemia y la redención, la cultura y el cuerpo, se resiste a una definición estable. En su Alfabeto del racismo mexicano, Federico Navarrete busca trascender las convenciones de diccionario según las cuales “naco” se limita a una suerte de fracaso cívico. “Güero”, más cercano a whitexican, revela la distancia entre el uso común y la definición que las personas suelen dar de ella. Su vaguedad es resultado de su plasticidad: puede ser descriptivo (alguien de pelo rubio) o elogioso (alguien que da señales apropiadas de civilidad), pero siempre pervive la idea del cuerpo blanco como prestigio social.

Estos términos son evidencia de los efectos que ha tenido la ideología del mestizaje sobre el lenguaje. Ante un discurso institucional entregado a la homogeneidad, el lenguaje popular ha tenido que rellenar las grietas expuestas de la diferencia racial. Como tal, habrá quien piense que whitexican es un término satírico que no se presta al análisis serio. Aunque este criterio no sea del todo errado, responde a la jerarquización del lenguaje que asigna un lugar superior al registro oficial y culto, en oposición al popular y vulgarizado.

La novedad de whitexican, sin embargo, es que podría romper con la tradición de las élites de la autorrepresentación; es decir, de reservarse el privilegio de definirse y definir a los otros. La ideología del mestizaje resulta, sin duda, el mejor ejemplo: un proyecto cultural creado por la naciente burguesía nacional que, en aras de proletarizar al grueso de la población, sintetizó las muchas identidades en el indivisible sujeto nacional del mestizo.

Guardando las distancias, la reciente reivindicación política de la identidad afromexicana y la repopularización de la categoría blanco representan afrentas al monopolio de la identidad mestiza: desglosan la heterogeneidad contenida en ella; evidencian el orden racista que ha pretendido negar; y exhiben la supremacía de la blancura bajo la cual se ha ocultado.

No fue hasta el advenimiento del internet y las redes sociales que los grupos dominantes perdieron el monopolio de imponer la norma lingüística de su entorno. A tal efecto, whitexican podrá ser ante todo una expresión socarrona pero, como producto de la inventiva sociodigital, se suma a la continua democratización del discurso que ha permitido nombrar (en términos raciales) al grupo social dominante en un contexto que se suponía posracial. De igual forma, nos recuerda que en el ámbito académico mexicano persiste un rezago en estudios sobre las élites. Por lo tanto, aunque desplegado con fines despectivos, lo whitexican puede tener un potencial esclarecedor.

De la sátira a la apropiación: ¿una categoría realmente crítica?

Por último, cabe preguntarse si el término puede ser un instrumento de crítica cuando existen categorías más precisas y acabadas para articular lecturas de las relaciones racializadas de clases, como podrían serlo “blanquitud” y “burguesía”. Igualmente, el hecho de que sea un préstamo del inglés podría ser precisamente un reflejo de los sociolectos de las clases medias y altas urbanas que han incorporado el inglés en su habla cotidiana.

Sin embargo, a lo largo de México y Estados Unidos, especialmente en las zonas fronterizas, el spanglish renueva hasta nuestros días las posibilidades del habla cotidiana. Nos recuerda la porosidad del castellano, tan afín al náhuatl y al maya como al inglés; a la vez hegemónico y sometido, repoblado y colonizador. En este sentido, el surgimiento de whitexican, como se advierte en las redes, no anunciaría la decadencia de la cultura nacional mestiza, o el porvenir chicano que fractura nuestro encierro fundamentalista, como lo entendió Monsiváis, sino la incursión continua de la maquinaria cultural de Estados Unidos que nos precipita hacia una modernidad fragmentada. El inglés, aquí, se vuelve una señal de identificación fronteriza no desde la emigración, el desarraigo forzado y la resistencia a la aculturación, sino desde la ostentación del capital económico y cultural que habilita la construcción de una identidad cosmopolita liberada de los lastres culturales de la indigeneidad.

De ser así, estaríamos ante un término que corre el riesgo de ser reapropiado por una clase atraída desvergonzadamente por el capital social. Es oportuno preguntarse entonces si, más que designar algo concreto, pueda terminar por encubrirlo.

En suma, podemos afirmar que whitexican es ante todo una expresión de carácter satírico que busca señalar una mentalidad racista propia de naciones poscoloniales. No pretende amenazar las relaciones de dominación naturalizadas en el orden discursivo. Y aunque insinúa la trayectoria histórica entre la Colonia y el México liberal, sin duda circulan mejores categorías para analizar las relaciones racializadas de clase a lo largo del tiempo. Sin embargo, como parte de una larga tradición contestaria de sátira política, puede encadenar planteamientos que buscan seriamente desmantelar el racismo y la reproducción cultural de las clases dominantes.

De quedarse en el nivel de mofa sociodigital, apenas servirá para poner en evidencia y ridiculizar esquemas, habitus, de ciertos grupos sociales,pero poco más. Se sumaría, así pues, al amplio vocabulario de coloquialismos que esbozan pero no revelan del todo las dinámicas de clase.

 

Alfonso Forssell Méndez
Escribe sobre medios, política y cultura.

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Publicado en: Con guante blanco

2 comentarios en “Whitexican: hacia una definición crítica

  1. Pregunta: esta de acuerdo en que a cambio de mayor ingreso, trabajo, oportunidades, educación, orden etc este país se anexe a EU?
    R=La mayoría de los mexicanos dicen que sí y solo un porcentaje menor contesta que no.
    Esta es la minoría que explota a la amplísima base social y mantiene el sistema extractivo colonial.
    A quién sirve el ridículo nacionalismo mexicano y la ficticia soberanía mexicana?

  2. Qué gran texto. Sin lugar a dudas, era necesaria un análisis serio de este término satírico que como bien dice el autor tiene un gran potencial político. Abona también a contestar a quienes dicen que hay mejores términos o que se refiere llanamente al racismo, al hacer visibles sus componentes coloniales/aspiracionales.

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