Hospital Británico
Mes de marzo de 1986
Pabellón Rosetto, larga esquina del verano, armadura de mariposas: Mi madre
vino al cielo a visitarme.
Tengo la cabeza vendada. Permanezco en el pecho de la Luz horas y horas.
Soy feliz. Me han sacado del mundo.
Mi madre es la risa, la libertad, el verano.
A veinte cuadras de aquí yace muriéndose.
Aquí besa mi paz, ve a su hijo cambiado, se prepara —en Tu llanto— para
comenzar todo de nuevo.
—Héctor Viel Temperley (Buenos Aires, 1933-1987)

* * *
I.
Una vez anduve quieta sobre la larga espina del verano. El cielo estaba vacío y yo me acostaba sobre el pasto para mirar su honda cavidad. Lugar azul el vértigo, pesaba ese color sobre mi lengua. Bajo la piel los huesos me crecían, los de mi abuela muerta en su tina de sangre. Dios me hablaba en voz baja con acento argentino: a veinte cuadras de aquí yazco muriéndome. Me daba dos palmadas en la espalda y constataba: te han sacado del mundo. Le hice caso, comencé todo de nuevo cada tarde, la primera vocal y su armazón de fiebre, la soledad intonsa de la eterna pijama. La noche, funeral de mariposas y todo mi amor excesivo, descomponiéndose. Horas en obra negra: no sabía habitar mi propia juventud.
II.
Años después, supe por otras fuentes que sobreviví. Alguien me dio a leer Hospital Británico y fue como encontrar el prototipo de lo sucedido. Quizá todo buen poema revela la partitura de una melodía que escuchamos en sueños y no pudimos nunca registrar. Me fascina no sólo la clarividencia de sus imágenes, su no-se-qué de místico, sino también el contrapunto que establece entre ellas. Viel Temperley pasa de una a la otra con velocidad, acentuando los quiebres lógicos. Reflexiona valiéndose de una serie de imágenes discordantes y establece, así, un sistema de razonamiento alternativo. Éste se escinde de los sistemas lógicos, escolares, y se experimenta como íntimamente cierto. Aunque “larga esquina del verano” y “armadura de mariposas” ocupan el lugar de una subordinada explicativa, no se puede decir que dejan en claro, al menos de una forma concreta, tradicional, cómo es el Pabellón Rosetto. No puedo pensar, sin embargo, en una mejor manera de describirlo. Este texto me dio la pauta de lo que más adelante llamaría lógica zurda, una alianza con un sistema de sombras que desobedece la estructura del pensamiento tradicional pero que resuena profundamente con nosotros. Mi fascinación con esa lógica, su consonancia con el pensamiento mítico y simbólico, es lo que me atrajo desde un inicio a la poesía. Pues tanto de lo que nos sucede no se puede explicar con la razón, resuena de otro modo, es cierto, pero en otro sitio. Leo y escribo poesía porque es mi manera de adentrarme en este mundo paralelo, en ese bosque de símbolos rotos, ese crucigrama donde se deslizó una errata que, al volverlo irresoluble, le otorga nuevas formas de sentido.
Elisa Díaz Castelo
Poeta y traductora. Su libro El reino de lo no lineal ganó el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2020.