Violette Leduc. Mi madre nunca me dio la mano.

 “Mi caso no es único: tengo miedo de morir y me desgarra estar en el mundo”.

Violette Leduc

La invitada de Simone de Beauvoir, novela que describe el amorío de la filósofa con una de sus alumnas, fue el libro que llevó a Violette Leduc a acercarse a la autora de El segundo sexo. Era 1945 y París acababa de ser liberada. Leduc, que había conocido a la filósofa por amistades en común, le hizo llegar un manuscrito: La asfixia, su primera novela. De Beauvoir aceptó leerlo y quedó atrapada desde el inicio. La primera línea revelaba una contundencia descarnada: “Mi madre nunca me dio la mano”. SimoneDe Beauvoir decidió compartir esta historia sobre una infancia reprimida con Albert Camus. El Premio Nobel de Literatura también fue conquistado por la escritura de Leduc y en 1946 se dispuso a publicarla en la colección Espoir, que editaba entonces para Gallimard. La asfixia pasó desapercibida; sin embargo, recibió elogios de personajes como Jean Cocteau y Jean Genet, con quien también fue comparada por su estilo radical. Veinte años después, al rememorar su pasado, Leduc escribió en La bastarda: “¿Soy culpable desde el momento en que me han aconsejado escribir?”.

Nacida en Arrás, al norte de Francia, la escritora fue el fruto de una relación de adulterio entre Berthe Leduc y André Debaralle. Su madre trabajaba como empleada doméstica en la casa de los Debaralle, una familia de posición acomodada que vivía en Valenciennes, a unos cincuenta kilómetros de la ciudad natal de Violette. Berthe y André tuvieron una relación amorosa y ella quedó embarazada. Él, “cobarde, perezoso, incapaz”, como anota la escritora, se negó a asumir su responsabilidad como padre. Ella, entonces, ocultó el secreto. Las primeras páginas de La bastarda, que obtuvo el premio Goncourt en 1964, reconstruyen lo que sucedió con Berthe: “Partes hacia Arrás. Con tus economías de virgen prudente (…). La ciudad es suave y tibia entre los postigos entreabiertos y el mar canta a pocos pasos.” Leduc, durante sus primeros años, es criada sólo por su madre con quien tiene una relación complicada, como lo expone enla obra antes citada: “No quisiera haber sido un feto. Estoy presente, despierta en ti. Es en tu vientre donde vivo tu vergüenza de antaño, tus pesares. Dices a veces que te odio. El amor tiene innumerables nombres (…). No morirás mientras yo viva”.

En 1913, ambas regresaron a Valenciennes y fueron acogidas por Fidéline, la abuela materna de Violette, y su tía materna Laure, quienes también criaron a Leduc. La muerte de Fidéline deprimió mucho a la escritora. Su abuela se contraponía a su madre que, al ser de personalidad fría, la rechazaba constantemente por haberle cambiado la vida, como Leduc anota en la misma novela: “Quiero curar tu llaga, mamá. Es imposible. Nunca se borrará. Tu plaga es él, y yo soy su retrato”. La verdadera figura materna de Leduc, Fidéline era “fiel y dulce (…) ¡hasta la médula! (…). Era una verdadera fortaleza de ternura, indulgencia, comprensión de la infancia”. Así la recuerda la escritora en un artículo que escribió sobre su abuela en la revista Pour elle.

A Leduc la han catalogado como “atrevida” por acercarse a temas como el aborto y la bisexualidad en un tiempo en el que ambos eran inaceptables. Lo que se publicaba en Francia durante esa época, en general, no trataba de embarazos no deseados, ni abordaba al lesbianismo desde una perspectiva femenina por una simple razón: quienes publicaban eran casi todos varones. Ellos no eran comúnmente censurados, pero Leduc, por escribir sobre las relaciones sexoafectivas entre mujeres, sí lo fue. Varias páginas de su tercer libro, Ravages (Estragos) de 1955, que incluían la descripción de un aborto clandestino y encuentros lésbicos, fueron retiradas por ser consideradas “escandalosas”; pero eran sólo el recuento de lo que Leduc vivió al finalizar la Primera Guerra Mundial.

Para retomar su educación, la escritora fue enviada a un internado en Douai, a casi una hora de distancia de su hogar. Es ahí donde conoce a Isabelle, una compañera con la que tuvo una relación amorosa. Algunos de sus encuentros fueron recuperados en Thérèse et Isabelle (Teresa e Isabel), publicada en 1966, veinte años después de su primera novela: “Isabelle llegó del país de los meteoros, de las conmociones, de las catástrofes, de los estragos. Me lanzó una palabra liberada, un programa, en su hálito el frescor de los mares del norte. Tuve la fuerza para guardar silencio y hacerme de rogar”.

En esas fechas también se involucró sentimentalmente con una supervisora y después con Denise Hertgès, una maestra de música cuatro años mayor que ella, y a quien convertiría en personaje en la misma obra bajo el nombre de Hermine. Al poco tiempo, su relación fue descubierta y ambas fueron expulsadas del colegio. Pero Leduc no sólo se formó sentimentalmente en el internado, también se forjó en lo que respecta a la literatura con los clásicos rusos y franceses, de Tolstói a Gide. Con ello, sembró varias semillas en esa tierra fértil que germinaron una obra contestataria. A fin de cuentas, eran los frutos podridos los que más atraían a Leduc. Ella misma se consideraba uno en “la fealdad de la vida”. En L’affamée (La hambrienta, título que no ha sido traducido todavía al español y que trata sobre su enamoramiento hacia la autora de El segundo sexo) la escritora anota: “Mi fealdad me aislará hasta la muerte”.

Leduc fue admirada por varios de sus contemporáneos. Genet, por ejemplo, afirmó que L’affamée era “uno de los libros más hermosos que había leído en muchísimo tiempo”. También fue protegida de Simone De Beauvoir. Las cartas entre ambas revelan una intensa relación. La filósofa francesa llegó a decir que, aunque su literatura “horroriza”, Leduc era “la mujer más interesante” que conocía. Si bien la autora de L’affamée estaba enamorada de De Beauvoir, la segunda nunca le correspondió; sin embargo, fungió como su mentora, y solía enviarle cartas halagando su obra y alentándola a seguir escribiendo: “Admiro tu energía, quisiera que esta estima sincera y profunda te ayude un poco”. Estas palabras animaban a Leduc en medio de los dictámenes editoriales. Por ejemplo, cuando Ravages (Estragos) fue rechazada, De Beauvoir le escribió a Leduc: “Estoy indignada por su mojigatería y su falta de coraje. Sartre también. No te rompas. Debes defenderte y nosotros te ayudaremos. Hay otras editoriales además de Gallimard”.

En 1926, Leduc se mudó a París con su madre y con su padrastro. Poco tiempo después, se fue a vivir con Denise; y en 1931 conoció a Jacques Mercier, o “Gabriel”, con quien inició una relación paralela que se transformaría en una triada: ella, Jacques y Denise. Duraron casi cinco años hasta que Denise dejó a la escritora, como se narra en La bastada: “Tú me amabas, Hermine, pero no me eras suficiente. Necesitamos torbellinos de astros, motores de locura cuando el mediodía es un níquel, cuando doce siglos, cuando doce mil años dan el peso de un instante”. En 1936 conoció a Maurice Sachs, quien la alentaba a escribir y era su más severo crítico. Sobre él, Leduc afirmó: “lo amé hasta la ternura por su simplicidad”. El libro que surgió en ese entonces fue La asfixia, la obra que terminó en manos de De Beauvoir.

Violette Leduc continuó escribiendo y también conmocionando. Su última novela, Le taxi (El taxi) de 1971, fue polémica debido al retrato que hace del incesto entre dos hermanos. La premisa expone el tabu: una muchacha de 16 años junto con su hermano de 14 rentan un taxi para poder tener sexo. Lo que al inicio parece un diálogo infantil, después se revela como un intercambio erótico. Leduc falleció poco después, a los sesenta y cinco años, en 1972. Su intrincada autobiografía, la cual busca “contar su infancia al papel”, revela a una mujer adelantada a su tiempo. Ahora, al fin, Leduc se está convirtiendo en una autora de culto. Ya es momento de hacerle honor.

 

Karen Villeda. Escritora, editora y gestora cultural. Su libro más reciente es Teoría de cuerdas (Vaso Roto, 2023), con el que obtuvo el Premio Nacional de Literatura “Gilberto Owen”.

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Publicado en: Ciudad de libros