Las exposiciones de moda suelen suscitar mucho interés y apelar a un público amplio. Son accesibles para todos, pues es fácil hacer una conexión personal con las piezas. Son muestras muy placenteras en términos visuales y táctiles. Los protagonistas son objetos de tres dimensiones diseñados expresamente para el cuerpo humano y para acompañar su movimiento. Exhibirlos obliga a buscar el auxilio de maniquíes que den alguna pauta de cómo se ve el traje puesto. Con este soporte se pueden apreciar mejor los cambios en la silueta, la relación del talle con la cintura natural, la forma de las mangas, el volumen de la falda y la caída de la tela. La fragilidad del tejido, los múltiples materiales que lo componen y el anonimato del creador de muchos trajes le agregan dificultad al proceso de exhibir vestidos dentro de un museo. La exposición El arte de la indumentaria y la moda en México. 1940-2015 en el Palacio de Cultura Banamex-Palacio de Iturbide explora la relación entre la moda y la indumentaria nacional en ese periodo. La muestra se suma a otras exposiciones en torno a la moda que se han presentado simultánea y recientemente en la Ciudad de México.

Foto de Arturo González de Alba. Beatriz Russek, Conjunto de pantalón Palazzo, vestido y capa, 1998, Col. Beatriz Russek.
Pedro Loredo, Vestido circular, 1976. Col. Pedro y Tonatiuh Loredo Martínez.
María Meza Girón Huipil ceremonial,2006 Tenejapa, Chiapas. Co. Fomento Cultural Banamex, A.C.
La exhibición privilegia la estética y el diseño sobre la etnografía, alejándose así de exposiciones como la que ocupa el segundo piso del Museo de Antropología. La pasarela en medio del patio muestra la confluencia de elementos tradicionales con diseños contemporáneos. Parte de la exposición está organizada de froma cronológica (por décadas), pero la muestra completa no tiene una secuencia o una jerarquía rígida. Observamos innovaciones impregnadas de estilos que reviven elementos que habíamos visto en alguna otra sección de la exposición. Hay algunos conjuntos que funcionan particularmente, en el segundo piso, por ejemplo, el color rojo articula muy bien los distintos trajes indígenas presentados. Las salas dedicadas al huipil y al quechquémetl o las exhibiciones de rebozos, morrales, fajas y sarapes también son armoniosas. Una de las intenciones de la exposición es entender la moda no sólo en términos de la vida privada, sino como un componente importante del entorno cultural. Algunas pinturas, fotografías, fragmentos cinematográficos y material editorial brindan un contexto más amplio.
Más de cuatro centenas de piezas reunidas en la exposición manifiestan lo que hemos valorado culturalmente como belleza, gusto, lujo, vanidad y decencia. Hay vestidos entallados, como el que lleva Silvia Pinal en un retrato hecho por Diego Rivera, que delinean y describen con exactitud el cuerpo debajo; otros como los huipiles y las faldas mazahuas que más bien esconden su contorno. Hay varios que del cuerpo hacen metáforas: algunas muy evidentes como el vestido negro que con pedrería emula una mariposa y otras más sutiles como el vestido de novia que reinterpreta el tocado de tehuana, juega con la pureza asociada del blanco y las evocaciones de una línea de pequeños botones. Creaciones de diseñadores como Ramón Valdiosera, Armando Valdés Peza, Manuel Méndez, Pedro Loredo, Fernández y Pineda Covalín, entre otros, dialogan con ejemplos bellísimos de vestimenta maya, tzotzil, mazahua, otomí, purépecha, totonaca, huasteca y nahua. También los acompañan trajes mestizos como el de la china poblana cargado de lentejuelas y el traje jarocho lleno de encajes y bordados valencianos.
He visitado la exposición en dos ocasiones y me sorprendió el contraste entre cada una de las experiencias. Cuando fui con un amigo, ambos disfrutamos el festival exuberante de colores y texturas expuestas. A través de los vestidos se pueden palpar una serie de idiosincrasias personales, desde nuestras nociones de comodidad hasta cómo nos presentamos ante el mundo y la confianza que tenemos en nosotros mismos. Registran experiencias y ambiciones de un modo material muy concreto. Ir acompañados nos llevó a jugar a qué tanto adivinábamos y conocíamos el gusto de cada uno, si identificábamos vestidos y objetos de los cuales el otro sintiera anhelos reales de llevarlos puestos. La plática estuvo repleta de confesiones nimias: los motivos de siempre llevar fondo debajo de la falda o las ganas de usar una de las fajas bordadas como correa para la cámara. Comentamos sobre la desigualdad de género implicada en la inexistencia o el tamaño reducido de los bolsillos en la ropa de mujer. Quisimos regresar un par de veces a contemplar un vestido de novia zapoteco. Quedamos fascinados por el bordado geométrico y su relieve sobre un tejido hermoso y límpido. Ninguno de los dos podía despegarse de su sencillez y elegancia.

Foto de Arturo González de Alba. Armando Mafud,Vestido circular strapless corte, princesa, ca. 1998 Col. Particular
La segunda vez fui con mi mamá y teníamos algo de prisa. Mientras caminaba por la exposición, mi desorientación crecía. Me aturdió un poco la espesura de tanta ropa, el discurso de la exposición me pareció disperso y poco articulado: ¿Cuál fue el criterio para seleccionar estos vestidos en particular sobre otros modelos de cada una de las décadas? El vestuario es un excelente localizador temporal para el cine, pero no estuve segura sobre la aportación de los fragmentos cinematográficos a la exhibición de los vestidos. Miré y admiré muchas piezas distribuidas a lo largo de dos pisos, hilvanadas tan sólo con tres textos introductorios y unos cuantos párrafos sobre la evolución histórica de la moda en nuestro país. La exposición terminó por ser un mosaico muy heterogéneo.
Esta ligera decepción con la que terminé la segunda visita me obligó a reflexionar sobre los retos de encontrar un equilibrio entre la experiencia estética y la coherencia histórica, entre el placer y el significado. Hay que recordar que es una muestra panorámica, con todas las limitaciones que esto supone, y la primera revisión de este tipo que se hace en México. La exposición logra sostener la mirada, en algunas piezas exquisitas la atrapa por completo, pero no estoy segura que promueva mucha reflexión. El discurso de la muestra podría ser más contundente y generar conversaciones más interesantes sobre el fenómeno de la moda. Sin sorprenderme, advertí la escasa representación de la moda masculina en la exposición. Habría valido la pena explorar más la desconexión entre la alta costura y la ropa del diario, por ejemplo. Quizás la museografía podía ser más osada.1
El arte de la indumentaria y la moda en México. 1940-2015 corresponde a la primera ocasión en la que se exhiben en paralelo las piezas de indumentaria tradicional y la retrospectiva de un periodo tan amplio de la historia de la moda nacional. Sin embargo, el esfuerzo no es completamente aislado. En una actividad complementaria y organizada en conjunto, el Palacio de Hierro de Moliere exhibe desde el 20 de mayo cuarenta conjuntos representativos de “El Salón Internacional”. Éste espacio creado por la tienda en 1967 trajo marcas internacionales y tiempo después también promovió el diseño mexicano. El Claustro de Sor Juana presenta la exposición de Los trajes mestizos de México. Hasta septiembre en el Museo de Arte Moderno está Cristóbal Balenciaga para después itinerar en Guadalajara. En este últmo caso, la curaduría es muy clara y destaca la fuerza de la línea, la cualidad escultural y el dramatismo de los diseños de una figura tan reconocida internacionalmente como Balenciaga.

Foto de Arturo González de Alba. Beatriz RussekConjunto de pantalón Palazzo, Arturo González de Alba vestido y capa, 1998. Col. Beatriz Russek
El año pasado estuvo en el Castillo de Chapultepec Hilos de Historia. Colección de Indumentaria del Museo Nacional de Historia. La reflexión giraba en torno a los criterios y la conformación de un patrimonio colectivo. En una institución más pequeña como el Museo Frida Kahlo, Las apariencias engañan: los vestidos de Frida Kahlo ofreció un acercamiento especial tanto al sufrimiento como al estilo característico de la pintora. El 15 de mayo terminaron dos exposiciones sobre diseñadoras que han incorporado y actualizado técnicas y textiles indígenas en su quehacer. En el Museo Jumex, estaba el trabajo de Carla Ferández en La diseñadora descalza: un taller para desaprender Por su parte, el Museo Franz Mayer, exhibió a Beatriz Russek en la exposición Trama: moda mexicana contemporánea.
Todas estas exposiciones invitan a detenerse en aspectos distintos de la moda. La del Palacio de Banamex, maravilla con la amplitud y la diversidad del paisaje. En el Palacio de Hierro, el recinto mismo subraya el aspecto comercial. A través de los trajes, se puede documentar el encuentro de dos culturas o enfocarse en un individuo y entender al diseñador como un artista. En las exposiciones de moda, podemos concentrarnos en aspectos museológicos, en la personalidad de quien la porta, quien la crea o en los principios y procesos del diseño. Al mirar la ropa expuesta, experimentamos de otra manera la sensación física y cotidiana de que gran parte de nuestra vida sucede vestidos. Regresamos al cuerpo y toda la complejidad que implica pensarlo. Quizás está sea uno de los motivos por las que éstas son exposiciones tan placenteras y al mismo tiempo difíciles de articular. Son exposiciones en las que, en los pliegues de las telas y la sensualidad de los ornamentos, descubrimos que lo que también buscamos al visitarlas es compartir un recuerdo. Frente a la vitrina de los collares, detenerse a platicar del furor que provocó el lazo de filigrana de oro que tu abuelo llevó a su boda en Nueva York.
1 En una exposición que se llamó Spectres: When Fashion Turns Back del Victoria and Albert Museum presentada en el 2005 en Londres. Judith Clark, la curadora, buscaba que la museografía encarnara el concepto de la memoria de la moda (Arnold, Rebecca. Fashion: A Very Short Introduction. Oxford: Oxford UP, 2009. 1-4).
Muy digno de leer yo he sido partícipe de alguna de esas exposiciones y es la primera vez que alguien coherentemente hace una buena crítica. Saludos
Muchas gracias.