El artista chicano Maximiliano Rosiles expone su obra, titulada Exuvia, en el Museo Universitario del Chopo. Sus creaciones se originan en su experiencia chicana y en su trabajo en fábricas fronterizas, como nos muestra este recorrido por la exposición en compañía del creador.
Maximiliano Rosiles ve cuerpos en todo. Para los espectadores legos las instalaciones de Rosiles, que actualmente ocupan la sala principal del Museo Universitario del Chopo, van tomando formas conocidas. Del techo cuelgan piezas que parecen cadenas de boyas marcadoras, de las que flotan sobre un lago. Las piezas montadas en la pared me recuerdan a las lombrices que se forman cuando amasas barro con la mano. Pero cuando te acercas y ves los materiales que conforman la obra, te das cuenta de que la distancia le hace trucos a la mirada. Los materiales son suaves. Todo es de tela. Muchos trozos de tela se empacan dentro de una malla. El gris que parecía una pieza de barro gigante tiene chispas de colores —diminutas víboras hechas de hilo que se retuercen por la tela. Las telas que constituyen las boyas, mientras tanto, están envueltas en un tejido fino que, de cerca, me hizo imaginar un atrapanovios gigantesco.
Sin embargo, para Rosiles todas las formas son cuerpos humanos. Rosiles nació en Guanajuato en 1992, pero de los tres a los once años vivió una migración circular entre Uriangato, Guanajuato y las inmediaciones de la frontera con Texas. “Seis meses acá, cuatro meses allá, tres meses acá —cuenta Rosiles—. Así que creo que mi realidad era como dos perspectivas con mucho conflicto”. Rosiles terminó su licenciatura en economía en Texas en el momento en que Donald Trump asumía el cargo de presidente. El incremento del racismo y discriminación consiguientes, que empezó a padecer de cerca, lo llevaron a mudarse de regreso a México.

También quería conocer sus raíces. “Tenía ganas de trabajar con mi familia, que trabaja textiles. De reconocer de dónde soy, el lugar donde nací”, dice el artista. Las piezas de Exuvias vienen también de la maquinaria textil que maneja la familia de Rosiles: están hechas de retazos de tela que él recolectaba. Entre los temas de sus obras aparece la figura del migrante, así como los problemas que acarreó el TLC y el hiperconsumismo como una de las principales metas de la nueva economía política surgida en los noventa.
Aquí acompañamos a Rosiles en un breve recorrido de Exuvias, empezando con esas curiosas piezas que a mí me habían parecido boyas y lombrices de barro.
Maximiliano Rosiles: Estos son tejidos de punto. Son muchos tipos diferentes de tejido, pero es material que viene de las fábricas —de cuando ya cortas el patrón, es el desperdicio que queda de éste. Es una máquina que teje de manera electrónica los patrones. La máquina corta la prenda y tira lo demás, que es lo que está aquí adentro. Puede ser de todo —hay uniformes y otros pedidos industriales.
Caroline Tracy: ¿Cómo surgió la idea de crear piezas a partir de esta tela desperdiciada?
MR: Ya después de cortar, recolecté todo este desperdicio, que se pierde en la producción global. Está chistoso, porque realmente no puedo escoger tanto, porque están así, como salen de la fábrica. Pero poco a poco, fui recolectando colores. Incluso unas las volví a usar, salieron en otras obras. Y luego las pongo en estas mallas, que salen de otro tipo de máquina; es una máquina de tejido circular, la misma con la que se hacen las medias.
Entonces, pues estos son materiales que yo no busqué sino que me encontraron, ¿sabes? Que los vi siempre, trabajando ahí con mi familia más de dos años. Eran materiales que literalmente estaban a mi alcance.
CT: ¿A tu familia le pareció raro que recolectaras todo?
MR: ¡Incluso para mí es raro! Yo no estudié arte, estudié economía. También, creciendo en la frontera, era como si el arte no existiera. Obviamente existía la cultura, pero pensar en arte como esto que vemos —eso no existía para mí.
CT: ¿Por qué elegiste estas formas para las piezas?
MR: No sé, a veces uno no sabe. Pero creo que cuando comencé a colgarlas, era solo porque eran muy grandes y pesaban mucho. Comencé a hacerlas en el piso —they were always, like, floor pieces— pero cuando comencé a colgarlas, reacting to the space, me gustaba verlas colgadas. Y, además, colgarlas también es un referente al cuerpo, al peso mental y físico que trae el cuerpo migrante. Un cuerpo que siempre está agachado, sus hombros siempre se hunden. Entonces, quería que las líneas de estas piezas representaran ese peso contra el cuerpo. Una inspiración fue Migration Series de Jacob Lawrence, que es un pintor que estudia historia y lo cuenta desde su perspectiva. Para mí era muy importante visualmente cómo se ven los cuerpos en esas pinturas. Y empecé a dibujar estas líneas. Y para mí siempre eran personas —para mí esto [señala la obra] es un grupo de migrantes, viajando.
CT: ¿Viajando hacia allá o hacia nosotros?
MR: Esa es la otra pregunta [se ríe]. Para mí, los puedes separar y los puedes conectar —por ejemplo, esto puede ser una mamá cargando a su hijo, conectada a otra persona. O tal vez éste está solo. Es una línea pero lo voy separando y juntando. Y siento que esas dos perspectivas [mexicana y estadunidense] siempre implican un trabajo de juntar y separar —uniting, joining—; es un tema constante también dentro del proceso textil, del proceso de fabricar, y dentro del proceso mental de ser chicano, ser mexicano y estadunidense y no saber bien quién eres.
Dando la vuelta a un estrecho pasillo detrás de la sala principal. Con alfileres, Rosiles ha colgado otros trozos de tela de la fábrica de su familia, sujetándolas abiertas para que sus formas se puedan ver. Aquí también, ve cuerpos en formas abstractas.
MR: Este es el material que sobra de varias provisiones. Dicen que también las formas de textil orgánicamente salen. Estas formas, las cuelgas. Estas cortes las puedes ver como un collage, o un juego. Por ejemplo, para mí estas piezas son como unas piernas. La tela hace un outline del cuerpo.
CT: Y ¿esto qué es [señalando a una cadena de etiquetas con números] ?
MR: A veces en las bolsas me encuentro cosas muy random. Hasta, no sé, los wrappers de los chicles. Entonces esto es como van contando las prendas, las cantidades y los números. Y esto [señala otra etiqueta de papel] es otra cosa: alguien escribió, Turno 19: 15 capuchas. Como archivando su trabajo.
Esta expo también fácilmente puede ser una crítica industrial —del desperdicio que estamos produciendo. Yo trabajé en una fábrica y también trabajé en otros espacios de moda, como art director y creative director. Pero al ver lo que realmente estaba produciendo la industria de la moda, ya no quise trabajar ahí.
[Hacer esta exposición] ha sido como un proceso de conectar lo racional, o lo técnico, y lo irracional. Es muy “racional” pero estamos produciendo desperdicio, ¿no? El sistema está muy consciente de ese error. Como muchas cosas. Los sistemas están fallando. Y los sistemas de muchas cosas están conectados. Como, por ejemplo, usan el desierto [de la zona fronteriza de Estados Unidos y México] para producir muertos. Es un sistema que no está sirviendo, pero son decisiones muy conscientes. Entonces, ¿cómo reflejar eso? O ¿cómo comparar eso con los sistemas de producción industriales?
Dando la vuelta una vez más, hay un texto corto de la escritora chicana Gloria Anzaldúa en letras de vinilo en la pared.
MR: Este poema —y más, Gloria Anzaldúa— es muy importante para mí. Ella creció en Texas y escribe mucho sobre la literatura chicana y es una de las escritoras más influyentes en mi trabajo. Cuando la encontré, fue como “Wow, alguien más ha sentido lo que yo sentí”, mi mundo explotó.
Caroline Tracey