Una modernidad hecha a mano:
nuestra exitosa destrucción creativa

La reciente exposición sobre diseño en el Museo de Arte Contemporáneo de la UNAM es una noticia alentadora, pese a la preocupante situación de varios museos públicos mexicanos. En comparación con el legado colonial y el prehispánico, la arquitectura y el diseño modernos apelan a más investigación y cuidado patrimonial.

¿Qué es una silla? Cada año, miles de estudiantes de diseño en todo el mundo tienen el encargo de volver a diseñar la silla, porque se puede, porque la creatividad, a diferencia del petróleo, es un recurso renovable cada generación. El Museo de Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM abrió en junio Una mirada hecha a mano. Diseño artesanal en México, 1952-2022, su primera exposición acerca de diseño, y el recorrido empieza con una silla de Clara Porset, la diseñadora cubano-mexicana, pionera del diseño mexicano moderno.

Que el MUAC empiece no sólo a exponer sino a coleccionar diseño moderno es una decisión transformadora, ya que se convirtió en el primer museo público en hacerlo. El Museo de Arte Moderno (MAM) ya ha expuesto diseño, pero la sequía de presupuesto público para adquirir nuevas piezas ha afectado a los museos del gobierno desde 2010, último año, gracias al bicentenario, en el cual hubo compra de piezas, muchas dedicas a la galería de Palacio Nacional —y ahora con los cambios recientes quién sabe qué fue de ellas. Esta falta de adquisiciones crea muchos vacíos en las colecciones y perpetúa el mal estado de los museos. Solo los museos de Chapultepec recibieron recursos para su mantenimiento. El MAM, por ejemplo, pudo renovar su sistema eléctrico por primera vez en décadas. Menor suerte han tenido los museos en provincia. El historiador Pedro Salmerón fue designado como director del Museo Regional de Guadalajara pero sólo estuvo a cargo siete meses para dejarlo e intentar irse de embajador a Panamá. Es triste que se asuma que las direcciones de museos significan puestos menores, cuando los directores con vocación han hecho milagros con muy pocos recursos.

Una modernidad hecha a mano. Diseño artesanal en México, 1952-2022. Vistas de exposición. Museo Universitario Arte Contemporáneo, MUAC/UNAM, 2022. Fotografías: Oliver Santana
Una modernidad hecha a mano. Diseño artesanal en México, 1952-2022. Vistas de exposición. Museo Universitario Arte Contemporáneo, MUAC/UNAM, 2022. Fotografías: Oliver Santana

Han sido los museos privados los que tomaron la batuta en la actualización de sus colecciones. La colección del Museo Jumex no ha dejado de crecer, pero la pandemia representó un enorme reto para el coleccionismo privado. El Fotomuseo Cuatro Caminos tuvo que cerrar tristemente. El drama fue que el gobierno federal prefiriera apoyar a megaproyectos ecocidas, que a los museos que no estaban en Chapultepec. Incluso el museo de la CFE, diseñado por Enrique Norten, no entró en la lista de museos apoyados y sigue cerrado. Su vecino, el Papalote Museo del Niño, estuvo en riesgo de cerrar. La política cultural del gobierno en torno al diseño se dedicó a tratar de resolver el debate de la “apropiación cultural”.

El MUAC abrió en 2008, como la gran apuesta de la principal universidad del país. Su colección empieza con trabajo artístico hecho en México desde 1952, el año de la fundación de Ciudad Universitaria. Y es precisamente con este evento que empieza la exposición Una modernidad hecha a mano. Antes de la silla de Porset hay unas fotografías de otra exposición, la que ella organizó para la inauguración del nuevo campus, El arte en la vida diaria: Exposición de objetos de buen diseño hechos en México. Porset quería mostrar que el diseño mexicano podía ser moderno y a la vez podía dialogar con las tradiciones artesanales del país.

La crítica más sonada contra la exposición es que en la segunda mitad del espacio todo está “amontonado”, pero quizá lo que no observan los críticos es que esa es precisamente la idea. Lo que muestra el diseño del espacio es una curva de tiempo, que crece exponencialmente. Se inicia con una silla y se termina con un Big Bang de creatividad. Son setenta años de talento, de 1952 a 2022: el uso del espacio muestra que, a pesar de las crisis acumuladas, el diseño hecho en México (distinto al chauvinista diseño mexicano) ha triunfado de varias formas. Hoy se produce más diseño que nunca, desde Anfora hasta Suro y Tuxx. Cada letra de alfabeto podría tener varias marcas mexicanas de diseño sobresalientes —y que hacen buen negocio.

Es ya un lugar común en la comunidad mexicana del diseño que no hay cultura del diseño en el país, pero es extraño pensar en ese escenario cuando tantas universidades lo enseñan. La Ibero Ciudad de México abrió la primera Facultad de Diseño en 1960; sus estudiantes y profesores de hecho colaboraron en la creación de la señalética de los Juegos Olímpicos de 1968. El Tecnológico de Monterrey empezó con la arquitectura, y su primer gran logro fue en 1962 con la inauguración de su gimnasio, joya de la arquitectura neolonesa del siglo XX, diseño de Ricardo Guajardo, primer director de la carrera de arquitectura del Tec. En 2012 el ITESM adquirió el archivo personal de Mario Pani, quien tuvo una relación cercana con la capital regia. En 2018 la Ibero adquirió el acervo de la fotógrafa Mariana Yampolski. El ITESO tiene un archivo de arquitectos jalisciences. Si no fuera por  las universidades y los museos privados abiertos en los últimos cuarenta años, como el Franz Mayer, el Amparo, el MARCO, el Arocena, el Jumex, etcétera, México tendría enormes vacíos de coleccionismo. Una preocupación aparte es qué sucederá con la venta de Citibanamex y el destino de Fomento Cultural, que cumplió cincuenta años en 2022.

Una modernidad hecha a mano. Diseño artesanal en México, 1952-2022. Vistas de exposición. Museo Universitario Arte Contemporáneo, MUAC/UNAM, 2022. Fotografías: Oliver Santana
Una modernidad hecha a mano. Diseño artesanal en México, 1952-2022. Vistas de exposición. Museo Universitario Arte Contemporáneo, MUAC/UNAM, 2022. Fotografías: Oliver Santana

Sin embargo, que una parte del Estado mexicano como la UNAM, a través del MUAC, haya decidido coleccionar diseño es un parteaguas en el cuidado del patrimonio mexicano. El legado prehispánico y colonial está siendo gestionado y tiene en el INAH una institución que, más para bien que para mal, tiene décadas trabajando. El problema urgente de conservación es la modernidad. A comparación de los legados prehispánico y colonial, el diseño y la arquitectura mexicanas del siglo XX apenas han sido protegidos, y apenas investigados. La dirección de arquitectura del INBA apenas tiene personal, y a diferencia del INAH no tiene delegaciones en los estados. Solo se enfoca en bienes inmuebles, y cuando llega la especulación inmobiliaria, como ha pasado en la Ciudad de México de forma intensa en los últimos veinte años, permite con frecuencia que sea demolido y sólo persista la fachada. Extraña forma de entender la historia de la arquitectura. La devastación también ha sido enorme en ciudades como Mérida, Guadalajara y Monterrey.

Por eso importa la necedad de Ana Elena Mallet, la curadora de la exposición. Desde Boutique, su exposición sobre moda mexicana de vanguardia realizada en el Museo Carrillo Gil de diciembre 1999 a marzo del 2000, lleva décadas insistiendo en libros, exposiciones, clases universitarias y pódcasts que no solo el diseño mexicano importa, sino que también la historia del diseño mexicano debe importar. Y a veces es predicar en el desierto, porque el diseño industrial, por ejemplo, es menos vistoso que la arquitectura, la cual fue en parte secuestrada por el proyecto modernizador revolucionario del Estado mexicano. El diseño industrial es más discreto, pero no por ello menos poderoso, y la numeralia de Una modernidad hecha a mano lo demuestra: 630 piezas (45 que ya integrarán la colección de diseño del MUAC), provenientes de 18 estados, fabricadas por 339 diseñadores, y prestadas por 201 coleccionistas. Es una narrativa no solo temporal, de setenta años, sino también regional. Se exponen piezas de estados fructíferos en el diálogo entre artesanía y diseño, como Guanajuato, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Morelos, y Oaxaca.

Algo sobresaliente de la exposición es cómo en la posguerra, con el ímpetu industrial de esa época, el país se convirtió en un imán para el talento internacional. Diseñadores de Europa y Estados Unidos vinieron a México a aprender, y a emprender. No fue un fenómeno único en el diseño industrial, también vinieron todos los talentos de las migraciones española y judía escapando de la guerra. Luis Buñuel, Mario Pani, Anni y Joseph Albers, entre otros, se unieron a Porset, Spratling, y muchos más, como Leonora Carrington. De hecho Porset fue alumna de Albers en el Black Mountain College. Fue un tiempo de gran polinización creativa. México vivía un boom económico, la Ciudad de México tenía una nueva y hermosa Ciudad Universitaria y, claro, los recién llegados gozaban del clima meteorológico y social que no era posible tener en la fría Europa o el Estados Unidos paranoico de la Guerra fría.

Quizá hubiera servido que el MUAC prestara otra sala para poder observar las piezas y a la vez conocer un poco del contexto social, económico y político de estos últimos setenta años, en los cuales México pasó de una economía y un modelo electoral cerrado a la globalización y a elecciones libres. Muchos jóvenes han pasado a ver la exposición, y acaso no recuerdan el drama de 1968 ni conocieron el boom creativo de los 1990 que dio lugar a la escena de la Roma-Condesa en la capital, origen de mucha de la efervescencia de las siguientes décadas. Llegaron CENTRO y el Tec abrió la carrera de Diseño Industrial. A la par ocurrió el boom de la cocina mexicana contemporánea (otro tipo de diseño). El diseño se empezó a profesionalizar más mientras el TLCAN unía a México de forma definitiva a la economía de América del Norte.

Clara Porset. Country Club, circa 1957, Silla de madera de caoba, piel, bronce y estoperol. Colección MUAC (DiGAV, UNAM). Foto: Oswaldo Ruiz. Cortesía MUAC (DiGAV, UNAM)
Clara Porset. Country Club, circa 1957, Silla de madera de caoba, piel, bronce y estoperol. Colección MUAC (DiGAV, UNAM). Foto: Oswaldo Ruiz. Cortesía MUAC (DiGAV, UNAM)

¿Dónde estaremos en setenta años, en 2092? ¿Cómo estará el diseño mexicano, el MUAC, la UNAM y el país mismo? ¿Cómo serán las sillas que los estudiantes de diseño harán ese año?  Pase lo que pase, espero que nuevos curadores monten una exposición con el diseño de las pasadas siete décadas, o el último siglo y medio, y podamos celebrar la diversidad del diseño mexicano, o el diseño hecho en este territorio con el nombre que tenga.  ¿Cómo será esa metamodernidad por venir? Como decía Carlos Fuentes, en México el pasado nunca es pasado, y también vivimos cotidianamente escenas dignas del scifi más distópico. Parafraseando a Joseph Schumpeter: nuestra constante destrucción, es creativa.

 

Una modernidad hecha a mano estará abierta hasta el 13 de noviembre de 2022.

 

Alfredo Narváez
Periodista (Premio Nacional de Periodismo 2012) e investigador de tendencias culturales, actualmente es profesor en la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño (EAAD) del Tecnológico de Monterrey.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Curadero