Un ocultamiento brutal: sobre el atentado contra Díaz Ordaz

Pareciera el argumento de una pieza del cine negro o el entramado de un culebrón. Si se sintetiza, podría ser una rapsodia de Chico Buarque o Rubén Blades. Pero no lo es. Tampoco es lo que podría adivinarse al recorrer sus páginas: una novela en la tradición del mejor periodismo de no ficción o un reportaje en la estela del gran periodismo de investigación. No lo es, pero el libro del abogado José Ramón Cossío Díaz entraña un poco de cada uno de ellos. Un hibrido, aunque su prosa no es más que el registro de un evento real, oculto y ocultado durante décadas en la historia política y social de este país: el intento de asesinato en contra del mandatario Gustavo Díaz Ordaz el 5 de febrero de 1970, a quien le quedaban unos meses para dejar la presidencia. El magnicida fue Carlos Castañeda, un joven de 28 años que, tras fallar su intento, fue sometido no al proceso penal que le correspondía, tampoco al método entonces ya utilizado de muerte y desaparición forzada. En lugar de esa fuerza represiva letal, las autoridades lo declararon jurídicamente incapaz y lo abandonaron a su suerte en un manicomio en el que pasó poco más de dos décadas. Cuando salió vivió en la indigencia algunos años y finalmente murió atropellado.

Un episodio insólito de la historia política, subterránea, de nuestro país. Cossío Díaz se enteró del tema por casualidad y decidió investigarlo a fondo, teniendo como referencias apenas unas líneas en una columna del periodista Roberto Zamarripa, una escueta mención en la novela de Fabrizio Mejía Madrid Disparos en la oscuridad y, con mayor profundidad, el documental sobre los últimos días de Castañeda vagando en las calles: El paciente interno de Alejandro Solar Luna. Si bien el propósito inicial del libro era describir a detalle el expediente y los procesos jurídicos y psiquiátricos, la ausencia de datos claros en muchos de los puntos dio lugar a una infinidad de preguntas sin respuesta y, ante los silencios, surgió la necesidad de plantear hipótesis basadas en la expertise de Cossío sobre la historia política y jurídica mexicana y, por supuesto, sobre aquellos años que han llamado la atención de decenas de historiadores, de Tlatelolco al Halconazo.

“La narración se fue convirtiendo en algo muy rico porque había mucha pregunta sin contestar; yo no podía preguntar muchas cosas porque evidentemente no quedaron registros de ellas. ¿Quiénes y por qué tomaron la decisión de declarar a esta persona incapaz y no llevarla a un proceso? No hay registros que nos puedan decir qué pasó o por qué no pasó. Esa parte especulativa sólo se podía construir utilizando algunas herramientas más propias de un reportero, de un periodista, que de un académico. El caso necesitaba una narración diferente por los muchos huecos, por los silencios, por lo que el Estado hizo para que no se supiera nada”, asevera el también investigador del Colegio de México.

Para Cossío la experiencia de inmersión en el caso fue un viaje de asombro en asombro. El telón de fondo del ocultamiento, de la negativa de darle a Castañeda el derecho a un proceso legal, fue la capacidad del Estado para deslindarse, acallar semejante tema público y convertirlo en un asunto familiar. Los hermanos de Castañeda aparecen como los solicitantes de la incapacidad mental del joven: “Esta es la parte más perversa: el Estado se diluye y queda como un asunto particular: ¡Qué buenos hermanos que buscaban el mejoramiento mental del hermano y qué buen estado que lo acogió en sus hospitales psiquiátricos, lo cuidó y lo medicó! Es una narrativa muy perversa”, comenta irónico el también autor de obras académicas que indagan en entramados similares de la época como su reciente Biografía Judicial del 68. El uso político del derecho contra el movimiento estudiantil (Debate, 2020).

Para la construcción de este libro, el autor recurrió a novelas clásicas de no ficción de Norman Mailer o Truman Capote: “Me pareció importante explorar la narración semi-novelada de hechos históricos, no porque yo introducza elementos de ficción en el libro —o al menos no conscientemente—, pero sí busco plantear escenarios realistas sobre las condiciones históricas presentes en esos años. Quería utilizar técnicas de la ficción para llenar algunos huecos con hipótesis de no ficción”, explica.

Por supuesto, las hipótesis siguen abiertas después del punto final. Para ahondar en el tema, actualmente Cossío indaga sobre el uso político de la psiquiatría y el derecho, a fin de saber si el de Castañeda se trató de un caso entre varios, si ocurrió con cierta constancia sistemática, o bien es un hecho aislado. El planteamiento, en este sentido, del relato no es menor. Si el caso tuvo réplicas o antecedentes, estaríamos nada más ante la punta del iceberg de una ley del olvido a oscuras, que manipulaba la salud mental para fines políticos. Ojalá que esa parte sumergida sea tan excepcional como el hallazgo de Cossío.

 

• José Ramón Cossío Villegas. Que nunca se sepa: el intento de asesinato contra Gustavo Díaz Ordaz y la respuesta brutal del Estado mexicano. México: Debate, 2023, 192 p.

 

Enrique Saavedra
Periodista cultural

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Publicado en: Crónica