Con motivo del centenario de la Revolución de Octubre y de la aparición de la edición completada de Stalin de Trotsky, se publica en México Trotsky en el espejo de la historia, de Gabriel García Higueras, una reunión de ensayos que revisan el papel histórico de Trotsky y reconstruyen las distintas etapas de la historiografía soviética para rehabilitarlo. Reproducimos a continuación un fragmento de esos ensayos: un detallado estudio que muestra cómo el “deshielo” impulsado por Jruschov y su condena a Stalin no fueron suficientes para dejar de ocultar el verdadero papel histórico de Trotsky en la Revolución y sus posturas ideológicas posteriores.

Cambios en la dirección del Partido
Tras la muerte de Stalin, acaecida el 5 de marzo de 1953, se conformó una dirección colegiada en la Unión Soviética integrada por miembros del Politburó, en donde la figura política más visible fue Guerogui Málenkov, que era vicepresidente del Gobierno y secretario adjunto del Comité Central del Partido Comunista. La nueva dirección puso en práctica reformas para asegurar la continuidad del régimen. Entre sus principales preocupaciones estuvo la modernización de la economía, abandonando la política que asignaba prioridad a la industria pesada; ello permitiría a los ciudadanos mejorar su calidad de vida mediante la disponibilidad de un mayor número de bienes de consumo. Asimismo, se introdujo un clima de mayor tolerancia en los ámbitos político y social. El abaratamiento de los precios de algunos productos de consumo masivo, no obstante, tuvo un efecto contraproducente, porque no conllevó el incremento de la oferta de estos bienes, anomalía que condujo al desabastecimiento. Con ello, la dirección de Málenkov se hizo impopular, y sus socios políticos conspiraron contra su jefatura.1
En otro orden, habría que decir que en la primavera de 1953 desaparecieron las menciones a Stalin. Entre 1954 y 1955 se iniciaron las rehabilitaciones políticas de las víctimas del terror desencadenado por el extinto dictador. Los sobrevivientes de la represión retornaron de los campos de trabajo forzado. En el plano internacional, se inauguró una política de relativa seguridad y de acercamiento al bloque capitalista que se conocería como la “coexistencia pacífica”, enderezada a la búsqueda de compromisos con los Estados Unidos.
En enero de 1955, Nikita S. Jruschov, secretario del Comité Central, consiguió en el Sóviet Supremo la condena de los errores económicos de la gestión de Málenkov y al mes siguiente se posicionó al frente del Partido Comunista y del Estado soviético, promoviendo ideas de liberalización y reformas político-sociales. Las actividades culturales e intelectuales se beneficiaron de la política liberalizadora: los escritores criticaron aspectos de la educación y la cultura soviética. Pero, en general, la estructura política y el liderazgo del Partido Comunista no fueron cuestionados públicamente. En la esfera económica, una porción más amplia de los recursos del Estado se destinó a la elevación del nivel de vida de la población y al abastecimiento de las grandes ciudades. En cuanto a la continuidad con el régimen que le precedió, Jruschov prosiguió, en muchos aspectos, la línea política de Stalin, tales como el mantenimiento del monolitismo sin asomo alguno de oposición en el Partido. Sin embargo, en los diez años de su gobierno reinó en la Unión Soviética una atmósfera de mayor democracia. La publicación de la novela de Iliá Ehrenburg, El deshielo, que versaba sobre la situación de determinados grupos profesionales durante la dictadura estalinista, era una manifestación elocuente del clima de apertura que asomaba. Mejoraron las condiciones penales y las garantías procesales. Algunas de las víctimas de la feroz represión policiaca de Stalin empezaron a ser rehabilitadas; no obstante, por razones ideológicas y políticas, a las personalidades del Partido ejecutadas durante los Procesos de Moscú no se les otorgó la rehabilitación post mortem. En materia de política exterior, se afianzó la unidad del bloque socialista; hubo de adoptarse una política conciliadora con las potencias occidentales (la “coexistencia pacífica”), que provocó las protestas de China y Albania, cuyos jefes cuestionaron la política de Jruschov, motejada de “revisionista”, por haberse desviado del marxismo. De resultas de este apartamiento, en 1960 la URSS retiró de China su cooperación económica y técnica. La ruptura chino-soviética, a su vez, originó discusiones y divisiones en el interior de los partidos comunistas del mundo, dando lugar a la formación de dos sectores que se adhirieron a las perspectivas políticas de Moscú y Pekín, respectivamente.
El “informe secreto” y la condena de Stalin
En el XX Congreso del PCUS, en una sesión reservada a los militantes del Partido, Jruschov pronunció la noche del 25 de febrero de 1956 el famoso informe titulado “Sobre el culto a la personalidad y sus consecuencias”, corrientemente conocido con el nombre de “informe secreto”.2 En esa exposición, el secretario general del Comité Central recordó que el culto a la personalidad era ajeno al marxismo-leninismo; leyó los documentos de Lenin en que anotó las características negativas de Stalin; denunció y repudió las represiones masivas; fustigó la conducta arbitraria del dictador y su menosprecio a las normas institucionales del Partido; se refirió a las “acusaciones falsas” en los procesos judiciales de los años treinta; y refutó, a través de una serie de hechos, el mito difundido por la literatura histórica, la novelística y el cine soviéticos acerca del “genio estratégico” de Stalin en la defensa de la URSS ante la ofensiva alemana. Era el advenimiento de la desestalinización. Sin embargo, no se sometió a un análisis profundo el sistema engendrado por Stalin ni la ideología del estalinismo. La explicación de Jruschov planteaba que el “culto a la personalidad” era la causa última de la arbitrariedad, del terror y de las ejecuciones en masa. Es decir, según el dirigente comunista, la causa de las anomalías debía ser encontrada en la personalidad de Stalin, no en el régimen político que había edificado.
Por añadidura, se afirmaba que, pese a los errores cometidos por Stalin, el Partido no se había apartado del rumbo acertado hacia el comunismo. Y se resaltaba como positiva la lucha que Stalin emprendió contra las diversas corrientes de oposición. Así, decía:
El Partido desarrolló una enérgica lucha política e ideológica contra aquellos militantes que actuaban desde posiciones antileninistas, promoviendo una línea política hostil al Partido y a la causa del socialismo. Fue una lucha dura y tenaz, pero necesaria, porque la línea política del grupo de Trotski y Zinóviev y del grupo de Bujarin llevaba en esencia la restauración del capitalismo, a la capitulación ante la burguesía mundial.3
Con el XX Congreso principió en la sociedad soviética el restablecimiento de las normas legales, el reexamen de los procesos políticos de 1935-1938 y la rehabilitación de las víctimas de la sanguinaria dictadura. El testamento de Lenin, cuya existencia se había desmentido, fue publicado. En los distintos ámbitos de la cultura, se expresaba una amplia crítica al culto del dictador. Además, después del Congreso, el Comité Central ordenó la investigación del asesinato de Kírov, episodio que desatara la represión masiva en la Unión Soviética (los resultados de la investigación efectuada por una comisión especial no llegaron a ser publicados).
El año 1956 culminó con los sucesos de Polonia y Hungría, países en que se produjeron vivas protestas y multitudinarios alzamientos en contra de la dominación soviética; particularmente en Budapest, donde el levantamiento popular sería violentamente aplastado por la intervención del Ejército Rojo. En ese momento, como resultado de las reformas de la burocracia, se había empezado a gestar en la sociedad soviética una revisión de la historia por parte de los académicos; sin embargo, los sucesos arriba indicados contribuyeron a que tales intentos cesaran casi de inmediato. Una muestra de ello fue la alteración de la composición del Comité de Redacción de Voprosi Istorii (Problemas de la historia), la principal revista en materia histórica, que puso en cuestión algunos mitos de la historiografía oficial. Así, en la primavera de 1956, Burdzhalov, subdirector de la citada revista, publicó un original artículo en el que reexaminaba el rol del Partido Bolchevique en la primavera de 1917. En éste se demostraba que Stalin, en alianza con Kámenev, se avino al Gobierno Provisional, y que Zinóviev fue un cercano colaborador de Lenin. La publicación de este artículo le valió a Burdzhalov la remoción de su puesto.4 Las revelaciones históricas tuvieron, pues, vida efímera. Por otra parte, el propio Jruschov no convino en que se efectuara una amplia investigación sobre los crímenes del aparato de Stalin y que se revelara las identidades de los responsables de las atrocidades.5 A este respecto, cabe recordar que en los años treinta, Jruschov ejercía funciones en el Partido y estuvo directamente implicado en la política de represión.
El XXII Congreso del Partido Comunista, en octubre de 1961, señaló la culminación de la desestalinización jruschoviana. Salieron a la luz pública nuevas revelaciones sobre las atrocidades ordenadas por Stalin, y se reanudó la reprobación al terror masivo que patrocinó. A partir de entonces, el cuerpo embalsamado de Stalin, que yacía en el mausoleo de la Plaza Roja junto al de Lenin, fue removido. También se trocó el nombre de Stalin grado, la heroica ciudad de la Segunda Guerra Mundial, por el de Volgogrado.
Con todo, el Gobierno de Jruschov mantenía una ligazón ideológica y política con el régimen del que era continuador. El espíritu reformador del “deshielo” no superó los estereotipos del pensamiento político y social. Se defendió el invariable carácter monolítico del Partido, y el programa de reformas careció de una ampliación de la democracia: no hubo promoción en los cuadros del Partido, ni tampoco la participación política de un vasto sector de la sociedad; a la par del mantenimiento de una prensa de Estado dirigida. Además, con evidente optimismo y ausencia de sentido crítico hacia el modelo soviético, se estimó en 1961 un plazo de diez a veinte años para que la sociedad socialista aventajara en todos los planos a los países capitalistas más prósperos. Formalmente, se abandonó la ideología belicista y la estrategia de una insurrección armada como medios para derrotar el orden capitalista;6 se pretendió rebasarlo con los métodos de desarrollismo produccionista y los beneficios de la planificación socialista.
Los factores arriba descritos explican que la revisión historiográfica fuera limitada, parcial, que perpetuara en muchos aspectos la tradición precedente y que estuviera encauzada en las tareas de la propaganda política. Se conservó, substancialmente, los patrones apreciativos y los márgenes estrechos del estalinismo en lo tocante a los núcleos de oposición en el Partido.7 No debe olvidarse, por otro lado, que el más remarcable logro historiográfico de esta época se exhibió en el conocimiento de la colectivización del agro y la deskulakización en 1929-1930.8
El nuevo manual sobre la historia soviética
Como resulta de las variaciones a las que fue sometida la historia oficial, apareció en 1958 el libro Historia de la U.R.S.S. Época del socialismo (1917-1957), que debía reemplazar a la versión difundida por el Curso breve, de Stalin, veinte años antes. Elaborado por la Academia de Ciencias de la URSS con motivo del cuadragésimo aniversario de la Revolución, la obra estaba concebida como manual dirigido a los estudiantes de las escuelas superiores de humanidades, con el fin de exponer de manera sistemática la historia de la Unión Soviética. Conservando su carácter propagandístico, se declaraba una irrealidad en el prólogo: “Después de edificar la sociedad socialista, el pueblo soviético lleva a cabo actualmente con éxito el paso del socialismo al comunismo”.9
De acuerdo con lo sostenido en aquellas páginas, en los veinte años que sucedieron a la Revolución de Octubre, se desenvolvió en la sociedad soviética “el periodo de tránsito del capitalismo al socialismo”, transcurrido el cual se había iniciado “el periodo de coronamiento de la edificación del socialismo y del paso gradual al comunismo”.10
Se puso de relieve que el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética había planteado “grandes y responsables tareas” ante los historiadores, y que el Partido llamó la atención acerca de “la necesidad de esclarecer verazmente la historia de la instauración y el desarrollo del régimen social socialista”.11 Afirmaba que la influencia del culto a Stalin, de modo particular, “hizo que en la literatura histórica se menoscabara el papel de las masas populares en la edificación del socialismo y el papel dirigente del Partido Comunista” en la vida del Estado Soviético. Para suprimir todo acento de personalismo y darle cierto barniz de marxismo al texto, se presenta la historia de la Revolución y de la construcción del socialismo como la historia de “la acción creadora y consciente de las masas trabajadoras, inspiradas y dirigidas por el Partido Comunista”.12
Respecto del Curso breve, esta historia exponía la actividad de Trotsky de manera menos negativa, aunque sin modificar, en lo sustantivo, el guion anterior; proseguía el ocultamiento y la deformación de los hechos que protagonizó en el periodo preparatoriano de la Revolución de Octubre y durante el curso de la Guerra Civil. Las referencias a Trotsky conservaron el carácter de anatema en la historiografía de la época.
Sobre la antesala del “Octubre Rojo” precisa que fue el Comité Militar Revolucionario, creado en el marco del Sóviet de Petrogrado, el responsable de la preparación y ejecución de la insurrección armada, pero omite decir que Trotsky lo presidía. Se rechazaba, por tanto, la historia antecedente que aseguraba que la insurrección se gestó por la labor directo de un “Centro” integrado por un grupo de funcionarios del Partido, entre los que figuraba Stalin. Redunda en que Trotsky declaró públicamente que la insurrección coincidiría con la inauguración del II Congreso de los Sóviets, causando un revés a su puesto en ejecución, pues con ello delataba al Gobierno Provisional la fecha en que habría de producirse el movimiento insurreccional.
Por lo que respecta a la negociación diplomática con Alemania, se dice de Trotsky que era un adversario de la conclusión de la paz, afirmándose y que su planteamiento de “ni paz ni guerra” únicamente podía conducir a la prolongación de la contienda militar, dejando a los alemanes la posibilidad de desencadenar una nueva ofensiva. “La línea de Trotski […] colocaba al Poder soviético bajo la amenaza de desaparecer, decía el manual.13 Su proceder, al decidir no firmar la paz después del ultimátum de Alemania —concluía—, habría de resultar muy oneroso para la Rusia soviética.
En los capítulos dedicados a la Guerra Civil, hay sólo una mención a Trotsky con motivo del VIII Congreso del Partido, celebrado en marzo de 1919. Informa que en esta reunión partidista, los delegados criticaron con severidad las “desviaciones” de Trotsky respecto de la línea del Partido. En particular, indica el rechazo a la consideración de Trotsky hacia los generales y oficiales del zarismo y a su “actitud arrogante y hostil” hacia los cuadros bolcheviques del ejército. A continuación, se afirma que el Congreso reprobó las propuestas de la “oposición militar” que, si bien, criticara con justeza los actos de Trotsky, adoptó posiciones equivocadas en otros asuntos.
En el tema de la discusión sobre los sindicatos, en 1920, se consigna que se manifestaron grupos y fracciones “en contra de la línea leninista”, cuto promotor era Trotsky. Éste “quería que se reforzaran los métodos de mando y los procedimientos de carácter administrativo en el trabajo sindical, ‘apretando’ los cuadros dirigentes de los sindicatos y convirtiendo a éstos en apéndice del aparato del Estado”.14 Líneas abajo se menciona que los trotskistas eran “la fuerza fundamental de los grupos contrarios al Partido”.15
Acerca de la “Carta al Congreso”, escrita por Lenin en 1922-1923 únicamente se citaba la referencia a Trotsky en el sentido de que “no era un bolchevique”, que era un dirigente “pagado de sí mismo” y que “se entusiasmaba más de la cuenta con el lado puramente administrativo de los problemas”. Anotaba también que Lenin criticó la conducción de Stalin en el cargo de secretario general.
Más adelante, el libro apuntaba —reproduciendo las palabras de Stalin— que después de la muerte de Lenin, los trotskistas intentaron “suplantar la doctrina leninista por el trotskismo”.
De “Lecciones de Octubre”, reseña que Trotsky “tergiversaba y rebajaba el papel desempeñado por el Partido bolchevique y por V.I Lenin en la lucha por la Revolución socialista de Octubre”. Por otra parte, oponía a la interpretación de Lenin sobre las fuerzas motrices de la revolución la teoría de la “revolución permanente”, en la que “negaba” el papel revolucionario de los campesinos y la capacidad conductora del proletariado. Por ello, asegura que el Partido “desenmascaró” ante las masas la “esencia pequeñoburguesa” del trotskismo, que fue derrotado. En esta acción resalta el papel que le tocó cumplir a Stalin:
En la lucha del Parido contra el trotskismo, desempeñó un importante papel el Secretario general del C.C., J.V Stalin, quien, en unión de otros dirigentes del Partido, mantuvo una acción consecuente en pro de la línea leninista. Stalin encabezó la lucha política e ideológica contra los trotskistas y otros elementos contrarios al Partido.17
Acerca de la Oposición Conjunta se escribió que:
a) Trotsky y los trotskistas mantenían la idea de la “imposibilidad” del triunfo del socialismo en un solo país, contrariamente a la tesis de Lenin.
b) Los trotskistas y zinovievistas se manifestaron a favor de acelerar el ritmo de la industrialización; pero, en la práctica, esta política conducía al fracaso.
c) La Oposición propuso la elevación de los precios de venta de los artículos industriales, y que fueran aumentados al máximo los impuestos que se cobraba a los campesinos.
d) Los oposicionistas lucharon contra el aparato del Partido, pidieron la legalización de las fracciones y quebrantaron la disciplina y unidad del Partido.
e) La XV Conferencia del Partido (octubre-noviembre de 1926) contribuyó a la lucha contra la Oposición, y el XV Congreso (diciembre de 1927) expulsó del partido a sus dirigentes activos.
Idénticos contenidos fueron expuestos en otras obras publicadas durante el periodo de gobierno de Jruschov.18
Gabriel García Higueras
Doctor en Historia por la Universidad de Huelva, especialista en la Unión Soviética. Es autor de: Historia y perestroika. La revisión de la historia soviética en tiempos de Gorbachov (1987-1991).
Tomado de: Gabriel García Higueras, Trotsky en el espejo de la historia, prólogo de Esteban Volkow, México, editorial Fontamara [colección Argumentos], 2017, 422 p.
1 Fernando García de Cortázar y José María Lorenzo Espinosa, Historial del Mundo Actual (1945-1995) 1. Memoria de medio siglo, Madrid, Alianza Editorial, 1996, p. 144.
2 A pesar del calificativo de “secreto”, el texto del discurso del Jruschov se filtró a los servicios de inteligencia americana y se publicó en Occidente. Moscú nunca desmintió el contenido de la publicación. En 1994 se reveló que un periodista polaco, Víktor Grajewski, fue quien dio a conocer en el Oeste el contenido del discurso. Según su declaración, gracias a una amistad obtuvo en préstamo una copia del “informe secreto” en la sede del Partido Comunista polaco, y al leerlo creyó oportuno darlo a conocer. Para ello, se dirigió a la Embajada de Israel en Varsovia, donde los funcionarios diplomáticos fotografiaron todas las páginas del discurso. EFE, El Comercio, Lima, 22 de junio de 1994, sección B, p. 5.
3 “Informe de Nikita Jruschov al XX Congreso del PCUS, 25 de febrero de 1956”, Suplemento Teórico de la revista Panorama Internacional, Lima, año XX, num 5-6, mayo-junio de 1989, p. 8.
4 R. W. Davies, Soviet History in the Gorbachev Revolution, Bloomington, Indiana University Press, 1989, p. 1.
5 Anton Antonov-Ovseyenko, El tiempo de Stalin. Retrato de una tiranía, México, Edamex, 1980, p. 17.
6 De hecho, el Partido Comunista, en tiempos de Stalin, había renunciado a esta estrategia al adoptar la política de colaboración de clases en el “frente popular”, oficializado por la Komintern en su VII Congreso, en 1935.
7 El dirigismo en la historia se prolongó con Jruschov, quien habría dicho: “Los historiadores son gente peligrosa; son capaces de ponerlo todo de cabeza. Deben ser dirigidos”. Citado por Marc Ferro, Cómo se cuenta la historia a los niños en el mundo entero, México, Fondo de Cultura Económica, 1990, p. 223.
8 R. W. Davies, op. cit., p. 1-2.
9 Academia de Ciencias de la U.R.S.S, Historia de la U.R.S.S. Época del socialismo (1917-1957), México, Editorial Grijalbo, 1958, p. XIII.
10 Ibidem, p. XV.
11 Ibidem, p. XIV.
12 Ibidem, p. XV.
13 Ibidem, p. 105.
14 Ibidem, p. 236.
15 Loc. cit.
16 Ibidem, p. 286.
17 Loc. cit.
18 Ejemplo aducible es la nota biográfica publicada en las Obras escogidas, de Lenin: “Trotsky (Bronstéin), Lev Davídovich (1879-1940): enemigo jurado del leninismo sostuvo la lucha encarnizada contra Lenin en todas las cuestiones de la teoría y la práctica de la revolución socialista. En los años de la primera guerra mundial (1914-1918) mantuvo una posición centrista. Al ingresar al Partido Bolchevique, en vísperas de la Revolución Socialista de Octubre, continuó desplegando una activa labor fraccional. En 1918 se pronunció contra la firma de la paz de Brest. En 1920-1921 se opuso a la política leninista acerca de los sindicatos y el movimiento sindical. En 1923 encabezó la oposición que luchó contra la línea general del partido. El Partido Comunista desenmascaró el trotskismo como desviación pequeñoburguesa en el partido y lo derrotó en el terreno ideológico y de organización. En 1928 Trotski fue expulsado del partido. En 1929 fue desterrado de la URSS y más tarde fue privado de la ciudadnía soviética por su actividad antisoviética”. V.I Lenin, Obras escogidas en tres tomos, Moscú, Editorial Progreso, tomo 3, p. 870-871. [Traducción de la edición en ruso preparada por el Instituto de Marxismo-Leninismo del CC del PCUS, publicada en Moscú por la Editorial Gospolitizdat en 1961].
Asimismo, en la adenda de la edición soviética de Diez días que estremecieron al mundo, de John Reed (Moscú, Ediciones del Estado de Literatura Política, 1957), se incluyó un posfacio con vistas a condenar las posiciones de Trotsky frente la Revolución rusa, en octubre de 1917, fustigar la “revolución permanente”, y se recuerda al lector que, ulteriormente, Trotsky y sus partidarios libraron “en contra la línea general leninista de la edificación del Estado y de la sociedad socialista en la U.R.S.S”. Dado que Reed refiere sin embozos la actividad de Trotsky en la fase preparatoria de la insurrección, los editores se vieron compelidos a decir en el posfacio: “Las condiciones objetivas en las que tuvo que trabajar John Reed para recopilar e interpretar los documentos destinados asu libro no le permitieron estudiar de un modo suficientemente concreto y cerídico la activdad desarrollada por los centros del Partido bolchevique en los días inmediatamente anteriores a la insurrección y en el transcurso de la ésta, por la sencilla razón de que estas actividades del Partido Bolchevique y de Lenin, hasta el momento de la victoria de la insurrección, tuvieron un carácter clandestino. Es natural, pues, que el duelo encarnizado librado por Lenin y sus más cercanos compañeros de lucha contra los capituladores y contra la línea táctica de Trotski no aparezca suficientemente reflejada en el libro de Reed y que el autor no haya podido discernir las contradicciones que se manifestaron en las intervenciones de Trotski durante los primeros días de la Revolución de Octubre”. “Postfacio a la edición soviética (1957), en John Reed, Diez días que estremecieron al mundo, México, Editorial Grijalbo, 1980, p. 340.